Palabras Efímeras, tan efímeras como el humo de tabaco

La nicotina se ha vuelto parte dé mi sistema, espero que algún día puedas perdonar mis errores

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1. Amoniaco.

Me hice adicta a los cigarrillos y a portar una pequeña navaja de mi gargantilla. Desde el día en que te fuiste, cada hora, cada maldito segundo que recorre constantemente las sesenta pulsaciones para formar un estúpido minuto, me acuerdo de ti.

¿Por qué te fuiste de mi lado? ¿Por qué te apartaste cuándo más te necesitaba? ¿¡Por qué!?

Antes de que malinterpretes, la cuchilla que pende de mi cuello, no es para matarme... no tengo el suficiente valor para hacerlo, pero es algún tipo de amuleto que me recuerda a ti, de cierta manera, porque sí paso el filo por mis venas tal vez pueda verte, porque me recuerda a la muerte, porque me recuerda a que ya no estás.

Sé que odias a las personas que fumas, pero es lo único que me hace levantarme por las mañanas y salir a trabajar, su humo se disipa entre el invisible oxígeno y mi persona, recordándome cómo fue que te esfumaste de mí lado, es masoquista, quizá, pero son las pequeñas cosas que no me hacen olvidarte.

Con el alcohol no tengo problemas, por más que lo consuma, su contenido caliente y embriagante no hace que pueda olvidarme de ti, sólo crea espejismos falsos y que no me confortan, me hace recordar los malos momentos, que no quiero que se inmiscuyan en tu noble recuerdo y no me aterriza en la realidad.

No te preocupes, las drogas nunca fueran hechas para mí, es algo a lo que me he estado negando constantemente, tal vez por respeto a tu memoria, o porque al final los medicamentos son drogas. No lo sé, quizá sea por eso.

Mis amigos no dejan de hacerme visitas unas dos veces por semanas, la rutina es la misma, tomamos unas tazas de cafés, me fumo un pitillo y ellos me dan un apretón el hombro. A veces pienso que tu partida fue más dura para ellos que para mí. En ocasiones salimos a comprar cosas, en otras vamos a un evento, a veces simplemente se duermen conmigo, pero a la mitad de nuestro sueño, me levantó y me dirijo al baño.

Cuando tanteó más o menos la hora en que se levantan, me acuesto de nuevo con ellos, con los párpados cerrados y respirando tranquilamente. Siento que no debería engañarlos, pero es lo que mejor sé hacer. Tal vez debería liberarme por un día, eso es lo que mi mente ronda, pero la realidad es más distante y traicionera.

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