Palabras Efímeras, tan efímeras como el humo de tabaco

La nicotina se ha vuelto parte dé mi sistema, espero que algún día puedas perdonar mis errores

1Me gustan
0Comentarios
100Vistas
AA

2. Alquitrán.

En las noches el sueño es mi maldición, haciendo que te vea tan real, tan tangible, no puedo soportar la idea de que cuando el alba ascienda tú no estarás. ¿No tengo derecho a preguntar porque no estás aquí, verdad?

Mis ojos esmeraldas traen consigo una fina capa de maquillaje depresivo, no, no me refiero a que ahora me maquille, no me malentiendas, hago una alusión a mis ojeras, marcadas y marchitas. Por un instante me he reído, pero me vuelvo a destruir al pensar que ya no estás para decir que soy una persona muy ocurrente.

Tocan a la puerta al tiempo en que el encendedor extingue el fuego y el humo grisáceo recorre mis pulmones. Niegan frente a mí, es él de nuevo, ahora no sólo debo cargar con mi sufrimiento, sino que debo ser fuerte por los demás. ¿Recuerdas cuándo te decía que sin ti no somos nada? Bueno, eso se hizo realidad, pero no es que te esté echando en cara las cosas, sólo... sólo necesitaba contártelo.

Y cuándo me refiero a él, habló de padre, es tan jodidamente ridículo contemplar como la ausencia de una persona puede hacer flaquear la vitalidad de sus compañeras. Él toma mi mano izquierda, en dónde está más de la mitad del pitillo consumiéndose, me lo arrebata, lo arroja al suelo y lo pisa con furia.

Por primera vez mi padre ha alzado su mano contra mí. Me vuelvo iracunda hacía el, con rabia en la mirada y a punto de gritarle miles de cosas impropias, hasta que me percato que se ha dado cuenta de lo que ha hecho, posa su gran y basta mano a media cara, y unas lágrimas están bajando desde sus negros orbes.

Respiró hondo y lo abrazo, sigo siendo una enana a su lado, a veces me da rabia que sólo tenga un metro con cincuenta y tres de altura. Padre da un respingo y con los brazos temblorosos rodea mis hombros. ¿Qué le ha pasado al hombre de mi vida? Todo esto es mi culpa, todo es mi culpa...

Susurra entre sus temblorosos labios una súplica, a lo que niego con frenesí, tomó entre mis delicadas manos su tosca cara y le sonrío con ternura, el repasa el dorso de su mano por mi hinchado pómulo. Esto es lo que ha dejado tu ausencia, pero por más que parezca una simple y dolida réplica; es todo lo contrario, te lo cuento, porque sólo a ti te tuve confianza toda la vida. Y sí piensas que te reclamo de todo esto, déjame aclararte que no, no es así, y al final la única culpable soy yo. 

Join MovellasFind out what all the buzz is about. Join now to start sharing your creativity and passion
Loading ...