LA LLEGADA DE HAGEN BELPHEGUS Y LA PIEDRA ROJA

Nuevos heroes llegan de mucho tiempo de entrenamiento y estudio, para salvar a un reino grande de una peligrosa amenaza.

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1. LA LLEGADA DE HAGEN BELPHEGUS Y LA PIEDRA ROJA

   

En el año 28 después del Despertar Titánico…

 

Sin perder ni un solo segundo, Kinon, Proserpina y Sylvia salieron del barco para los puertos de Freyjheim.

Pero parecía que quedó algo pendiente.

-Hija –llamó Duncan-. Espera.

Proserpina de inmediato volteó a mirar.

-¿Qué sucede papá? –preguntó la joven.

Y con un poder impresionante y la gran concentración que pudo, Duncan Gideons dejó salir una intensa luz blanca de su mano, una luz que poco a poco se fue convirtiendo en un canguro gigante, pero que podía levantarse en la punta de su mano. Ese canguro de brillantes y aura bendita, con el que las plantas recobraron la vida, y las aguas sucias se limpiaron con su sola presencia.

Ese ser de nombre Kiwakoto, que se lanzó hacia Proserpina, y formando un tatuaje en el brazo de la joven.

-Toma hija, para que tengas más poder.

Pero Proserpina miró su brazo con algo de miedo.

-¿Estás seguro papá? Si no tienes a Kiwakoto, estarás vulnerable –aclaró la joven.

Duncan negó con la cabeza en una expresión hermosa.

-No Serina, tú le necesitas más que yo, como tu padre, no sería correcto quedarme este poder para mí. Úsalo sin problemas.

Y Kiwakoto dijo:

-Cuidaré bien de ella Duncan.

Proserpina también sonrió.

-Muchas gracias. ¡No te fallaré!

 

-Te quiero mucho papá.

-Yo también te quiero mucho, hija mía.

Padre y madre vieron a su hija desembarcar en Freyjheim.

 

 

Uno de los miembros de la pandilla era una chica de piel oscura, con una increíble figura, y una larga cabellera negra.

Ella llevaba un vestido revelador, todo de un cuero color gris y revelando su diafragma, unos pantalones cortos, un corsé, en cuanto a las piernas, una llevaba una bota que cubría toda la derecha, mientras que en la izquierda la bota era más corta, mientras que el muslo estaba cubierto de cinturones, y finalmente una gargantilla de cuero. Y los brazos, uno cubría todo su brazo, pero tenía los dedos descubiertos, mientas que otro era otro que cubría sus manos.

 

Sus ojos, sin embargo, eran rojos.

 

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Tenia un gran látigo.

-La maestra Sinka Borden me hizo tan fuerte… y me hizo una mujer.

 

Ella llevaba un vestido revelador, todo de un cuero color gris y revelando su diafragma, unos pantalones cortos, un corsé, en cuanto a las piernas, una llevaba una bota que cubría toda la derecha, mientras que en la izquierda la bota era más corta, mientras que el muslo estaba cubierto de cinturones, y finalmente una gargantilla de cuero. Y los brazos, uno cubría todo su brazo, pero tenía los dedos descubiertos, mientas que otro era otro que cubría sus manos.

 

También mangas abiertas que caían hasta las muñecas.

 

Una marca de belleza cerca del labio.

 

-Pueden llamarme Lynx…

Después de sacar su látigo, el brazo que quedaba libre dejó sacar una especie de metal líquido, que se envolvió en el brazo de la chica.

Todos los pandilleros habían sido derrotados, no parecía tener ningún oponente que fuera capaz de mantenerse arriba, tras los fuertes ataques de Sylvia.

 

……………………………………………………………………………………………………….

 

De inmediato Lynx Byakuya apareció en frente de Sylvia. Cuando las dos se vieron mutuamente, Byakuya disparó una especie de balas con ese mismo metal, pero para Sylvia no fue ningún problema esquivar todas esas balas.

Poco después el metal se materializó, hasta convertirse en una lanza. Byakuya corrió contra Sylvia, y cuando empezaron a pelear, la sirigiana logró escapar de su oponente, aprovechando una pequeña fracción de segundo para traer el fuego azul, y cortar de nuevo la espada.

 

Sin embargo, el metal regresó a Lynx Byakuya.

 

-Eres una guerrera fuerte –dijo Byakuya-. Me agradas. ¿No te gustaría unirte a mí?

-¿Cómo dices?

-Así es, estaría lindo tenerte cerca, comparto mi cuerpo con Lothar y Nabira…

Volvió a atacar.

-¡Pero a ti intentaría darte algo de mi corazón!

Sylvia se rodeo de sus flamas verdes.

-¡No gracias! ¡Yo las prefiero cuando son honestas y amistosas!

-¡Allá tú!

 

Las dos continuaron luchando.

 

 

 

Kinon arrojaba sus armas contra Hagen, quien se defendía con sus relámpagos chocando con la kusarigama. El choque entre ambos guerreros fue cada vez mas fuerte, con Hagen llenando sus manos, y cada uno de sus dedos

 

Kinon lanzo su kusarigama contra Hagen, una hoz a la vez. Conforme lanzaban sus armas, Hagen se vio obligado a dar varios pasos atrás. Y eso no era todo, conforme iban luchando, varias flamas llenaron las hoces de Kinon. Hagen esquivo unas, pero una de las cuchillas le dio en el brazo.

Hagen se apretó bastante la herida, y respiraba con ansiedad.

En su herida, era como si hubiera una combinación entre sentir limón y larvas dentro.

-¿Te duele? ¡Debería! Esta es una autentica arma de la No-Tierra –comento Kinon.

De lo que no se percato Kinon fue que Hagen Belphegus lanzo una chispa en su brazo, extendiéndose. Kinon no la pudo ver porque quedo mirando el gesto de frustración de Hagen. Toda la electricidad cayo contra Kinon, dejándole aturdido por unos segundos. Suficiente tiempo que aprovecho para agarrar del brazo a Kinon y arrojarle otra poderosa descarga eléctrica.

Siguió así por un minuto, electrocutando a Kinon. El hijo de Lady Tina seguía forcejando, tratando de liberar de Hagen, pero no le fue posible. Y al principio Hagen estaba feliz de ver a Kinon sufrir por los relámpagos, no obstante, en su rostro, se veía una gran angustia, y su mirada era de una gran culpa.

 

 

Hagen se lanzo violentamente contra Proserpina, arrojando con toda brutalidad sus relámpagos, sin embargo, la hija de Persefone y Duncan no tuve ningún problema para esquivar las fuerzas, ya fuera con sus tonfas, o con las flamas verdes sirigiana. Todo el momento en que la electricidad de Hagen iba hacia Proserpina, las flamas verde se dirigían.

-No estas luchando –afirmo Proserpina-. Puedo ver en tu mente, no deseas luchar.

Hagen no hizo caso y volvió a arrojar el trueno de sus dedos, esta vez con menos intensidad. Al mismo tiempo, su rostro estaba bastante intranquilo, pero pronto paso de intranquilo a molesto. Cuando volvió a arrojar sus relámpagos, los hizo sin control, sin precisión, todo lo que tuvo que hacer Proserpina fue moverse a la izquierda y a la derecha, como si estuviera eludiendo peatones. Mientras lo hacia, se acercaba a Hagen, quien lanzaba sus truenos.

-Tienes mucha confusión –señaló Proserpina-. Mucha ansiedad. Porque no deseas matar a esas personas, pero deseas el amor de tu padre.

De improvisto, Hagen arrojo su mano contra Proserpina, quien la esquivo rápidamente, para agarrarla con fuerza, y empujar a Hagen al otro lado de ella.

-No estas siendo honesto –continuo Proserpina-. De ahí viene el conflicto.

-¡No hay conflicto dentro de mi! Se mi objetivo.

Uno a otro, lanzo varios golpes bruscos contra la hija de Duncan y Persefone. Todos fueron esquivados.

-Si no admites lo que sucede, jamás encontraras la paz.

-¡No digas nada!

Hagen volvió a atacar, empezando a sudar y a jadear, todo lo contrario de lo que estaba mostrando Proserpina en aquel momento.

-¿Estas seguro de que tu padre te aceptara? ¿No será de que estas mintiendo?

-¡Como te atreves!

Siguió eludiendo a Hagen sin poner esfuerzo alguno.

-Y lo que es peor… ¿No te estas mintiendo a ti mismo?

Hagen miro de nuevo.

 

Pero Proserpina salto de nuevo, y pateo a Hagen en la espalda, obligándole a tropezar.

-Piensa muy bien en lo que estas haciendo.

 

Para la sorpresa de Hagen, apareció la esencia de Kiwakoto saliendo del brazo de Proserpina, entrándose en su cuerpo y haciéndole levitar alrededor, para sacudirlo y hacer que se choque contra las paredes y el techo.

Luego, tras empujarlo hacia los suelos, su imagen de canguro de magia blanca salió en frente del sirigiano.

-¡Nunca dejaré que le hagas daño! –señaló- Mi trabajo es proteger a Serina, y si intentas lastimarla, usare toda mi fuerza para causarte daño, pero diez veces peor.

Hagen se quedó horrorizado al reconocer el espíritu de Kiwakoto.

-No puede ser –afirmo-. Una rata alada, con ojos rojos, y rodeado con una esencia de magia blanca… Kiwakoto. ¡Pero no puede ser! Solo Duncan Gideons puede manipular y usar la fuerza de este ser a su antojo, entonces…

Volvio con Proserpina.

-¡Oye! ¡Tú! ¿Cuál es tu nombre?

-Me llamo Proserpina Gideons-Lovecraft.

-¿Gideons-Lovecraft? O sea que tus padres pertenecen a los Nuevos Elegidos.

-¡Duncan Gideons y Persefone Lovecraft son mis padres!

Hagen fue invadido por unos nervios difíciles de controlar.

 

 

Uno de los miembros de la pandilla de François Belphegus, Lothar, se quedó al final del edificio. Y él además estaba rodeado de sus colegas.

-Estamos listos Lothar –dijo uno de ellos.

Lothar dijo:

-Bien. Ahora.

Todos convocaron las sombras de sus brazos.

-¡Un momento! Hagen está adentro.

-Así como esa sirigiana. ¡Es lo mejor! ¡Disparen!

Todos dispararon flamas azules en los bordes del edificio, haciéndolos derribar todos. Poco a poco los cimientos se desplomaron, y empezaron a caer uno sobre el otro, destruyendo los pisos y las escaleras.

Perséfone alcanzó a ver desde lejos.

-¡Proserpina!

Mientras que su hija reaccionó con rapidez.

 

Perséfone llegó para enfrentar a Lothar Belphegus y su pandilla.

-Vengo por mi hija, y me la van a dar.

-Aléjese de aquí señora –amenazó.

Pero Perséfone, mirándole de manera penetrante, solo movió los dedos. Por lo que Lothar se llevó las manos a la sien, sintiendo un terrible dolor. Todos los cómplices de Lothar trataron de atacar, pero Perséfone cerró los ojos, produciendo una poderosa onda de choque que los lanzó lejos, chocando cada uno con distintas partes de la calle.

 

Varios bloques cayeron sobre Hagen, pero Proserpina hizo brillar el tatuaje blanco de su mano izquierda, y las sombras sirigianas de su brazo derecha, para detener las pedradas que le cayeron a Hagen.

-Hija.

-Mamá.

-Concéntrate.

Pero era obvio que Proserpina estaba luchando para mantener su cuerpo firme, con la presión de las rocas.

-Lo intento mamá –le dijo a través de su telepatía-. Pero es mucho. Y además está Hagen.

-Proserpina. Esto es lo que harás.

Madre e hija mantuvieron comunicación de esa forma.

-Toma a Hagen Belphegus y usa la fuerza de Kiwakoto para escapar.

-¡Pero mamá! El edificio se colapsará sobre él.

-Yo lo detendré. Tu haz lo que te digo.

-¡Será mucho para ti!

-Confía en mí Serina.

Proserpina quedó pasmada justo en el momento en que escuchó el nombre Serina de los labios de su madre. Entonces liberó su fuerza sirigiana, rodeó su cuerpo con la energía de Kiwakoto para luego tomar a Hagen y escapar, fundiéndose con algo en forma de luz brillante y saltar como si estuviera en un trampolín.

 

Los dos no tardaron en encontrar la salida. Una vez fuera, Perséfone, sin hacer mucho esfuerzo, liberó la magia que sostenía el edificio, y usarla en forma de barrera que los protegió a todos del posible asbesto.

Luego, la madre fue con su hija, acariciando su calva

-¿Estás bien mi amor? –le miró con tierno rostro maternal.

-Si mamá.

Emocionada, Proserpina abrazó a su madre.

-¿Y eso? –preguntó Perséfone.

-Nada. Es solo que estoy muy feliz de verte mamá. Muchas gracias por salvarnos.

-¿Cómo crees? Soy tu mamá, y siempre te voy a proteger.

Y entonces Proserpina señaló a Hagen.

-¿Y él mamá?

 

 

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Varios bloques cayeron sobre Hagen, pero Proserpina hizo brillar el tatuaje blanco de su mano izquierda, y las sombras sirigianas de su brazo derecha, para detener las pedrazas que le cayeron a Hagen.

 

-Hija.

-Mamá.

 

 

 

No tardo en dejar ir a Kinon, quien cayo inmóvil en el suelo, convulsionado. Hagen le miro indeciso y arrepentido, mientras que Lady Tina lo vio todo.

-¡Kinon!

Proserpina y Sylvia también fueron a ayudar a Kinon. Pero el hijo de Tina no respondía.

-¡Kinon! ¡Kinon! ¡Hijo!

Por mas que intentaran revivir a Kinon, no podían, mientras que Hagen veía con arrepentimiento. Al final, una chispa eléctrica apareció en sus dedos , y la lanzo hacia el pecho de Kinon.

Karfkol estuvo presente durante toda la escena, y antes que Hagen pudiera escapar, furioso, se puso detrás suyo, y arrojo una gran fuerza psíquica, de tal manera que salio disparado contra el árbol, y cayo inconsciente.

 

Poco a poco , Kinon se despertó, adolorida y algo mareado. Todas las chicas se alegraron mucho, y Lady Tina, abrumada por la felicidad, pudo haber ahogado a su hijo con ese poderoso abrazo.

-¡Mi niño! 

Kinon no supo como reaccionar.

-¿Mama?

-¡Estas bien! ¡Hijo mío!

Tina soltó lagrimas.

-Gracias mama.

 

Los guardias tenían a Hagen vigilado, aún cuando dormía. Y él, a cambio, miraba con desprecio a sus centinelas. Ni siquiera se molestaba en comer, tan solo llevaba una fuerte mirada fría hacia todo su alrededor. A veces hasta se sentaba en la orilla de su celda, girando su mirada de un lado a control, sin un patrón fijo. Era en realidad un movimiento de pupilas apático.

Ni más ni menos.

Eso fue hasta que Karfkol Glumbearl entró a su celda, y se le quedo mirando. Obviamente aquella mirada era de un ferviente desprecio. Pero Hagen no le hizo ningún caso.

-Gracias –afirmó Karfkol.

Muy para la sorpresa de Hagen. Al final el muchacho levanto la cabeza.

-Lamento haberme demorado en venir a verte –comentó Karfkol.

Luego sonrió y su tono se hizo más relajado.

-Créeme que ya estaba así de cerca de arrancarte tu manzana de edén por lo que casi le hiciste a mi hijo –siguió con la misma aura-. Pero mi esposa me convenció de calmarme. ¡Y vaya forma en que lo hizo! Normalmente poca gente hace que entre en razón en tan solo unos segundos, siendo Tina uno de ellos.

Hagen no dijo nada, solo miro a Karfkol con indiferencia, a veces aprovechaba para volver a mirar al piso.

-Mira, tu padre le está haciendo un gran daño a Freyjheim, y debemos detenerlo –señaló Karfkol-. El objeto que intento robar sigue siendo un arma desconocida para nosotros, y con su corazón sucio... ¿Quién sabe de lo que la piedra es capaz?

-¿Usted qué sabe sobre mi padre?

Karfkol se detuvo con mirada de curiosidad.

-¿Como dices?

-¿Qué usted que va a saber de él? De todas las dificultades por las que tuvo que pasar para poder sobrevivir hasta este punto –afirmó-, él jamás tuvo más opción que dedicarse a los saqueos y a los asaltos. Fue duro conmigo. Si, pero es porque nuestra vida siempre ha sido dura. Y ahora nos irá peor.

-Te equivocas. ¡A ti te va a ir peor! –exclamó Karfkol-. ¿Ya viste cómo te abandono? –suspiro moviendo su mandíbula, como en aire de confusión-. Ni siquiera yo sé por dónde empezar. ¿Sabes lo que son las Piedras Rojas? Perdón... Las piedras de Gilda. Armas fuera de este mundo, poderes terriblemente animales, y prohibidos. Vienen de la sangre. Y no sólo de los astrales. ¡De todas las criaturas de la Nueva Multiria!  Incluso de los dragones. No creo que tenga que decirte de lo que es capaz un dragón.

Karfkol suspiró.

-Realmente me salí del tema –comentó-. Lo que trato de explicarte es que yo ya tengo historia con tu padre, y de lo que puede ser capaz.

-¿Ya terminó señor profesor? ¿O debería decir seguir traidor?

Karfkol, aunque molesto en sus ojos, mantuvo la calma.

-Papa me contó que usted y Lady Tina le traicionaron, que abandonaron a mi abuela, que por ello enfermo y murió, que no le dejaron tener una medicina. ¡Y mi madre también!

Sin que se diera cuenta Hagen, Lady Tina estaba escuchando del otro lado.

-¡Y como la capturaron y la retuvieron por un mes! ¡Hasta dejarla prácticamente en estado catatónico!

Unas imágenes despertaron de la cabeza de Tina, cuando estaba encadenada en frente de Francois Belphegus, y de los momentos en que, en ese estado, trataba de alcanzar comida, pero no podía por la distancia. Y cuando Francois le disparaba a ella magia Sirigiana sin control.

Pero pronto esos recuerdos desaparecieron. Lady Tina volvió al presente. Y no tardó en entrar en la celda.

-¡Eso no pasó como lo estás contando! –afirmó Karfkol.

-¿Cómo sabes que eso es como dices? –preguntó Lady Tina de forma muy abrupta.

Luego los dos le pusieron atención.

-Lo siento cariño –afirmó Tina-, no pude evitar entrar e intervenir –luego fue con Hagen-. Y Hagen. Dime una cosa. ¿Por qué crees eso? ¿Porque viste así a tu madre o porque fue tu padre quien te lo contó?

-¿Y eso que más da? –preguntó Hagen desafiante.

Tina clavo una penetrante mirada hacia Hagen.

-Tu padre fue quien te dijo eso –dedujo-. Nos podemos dar cuenta. Y tú nunca la has visto.

-No le tengo miedo a Lady Tina de Sirigia. Mi padre me contó toda la verdad.

-Si. Igual que te contó todo de las Piedras de Gilda. ¡O las consecuencias de activarla! ¡Cómo el que pudieron absorberte y matarte!

Hagen finalmente quedó en shock.

-Eso pensé. Y te cuento algo más Hagen –continuó Tina-. Tu padre me hizo esas cosas a mi.

Luego se sentó en frente de Hagen.

-Oye. Dime una cosa Hagen –afirmó Tina-. ¿Tú querías hacer todo lo que te dijo tu padre?

-Era la única forma de ganarme su cariño.

-¿Pero te sentías bien? ¿Era lo que se corazón anhelabas? ¿Lo que quieres en verdad?

Finalmente Hagen guardó silencio, le quitó la mirada a Tina, y con voz escueta, dijo:

-No. ¡No lo quiero!

-¿Y qué es lo que quieres? –preguntó Tina una vez más.

-No lo sé.

 

-Y también... Muchas gracias por salvarle la vida a nuestro  hijo –sonrío de nuevo Tina.

 

 

 

Kinon termino cayendo al suelo. Trato de levantarse, pero el fuerte dolor se lo impidió. Todo lo que pudo hacer fue tomarse el tiempo para subir.

Con Hagen Belphegus acercando, metiendo las chispas en sus dedos.

-¡Ya basta! ¡Vamos a intervenir!

Mientras Hagen se acercaba a Kinon, volvió a sacar su espada. Pero no vio cuando Proserpina lanzo las flamas verdes, apartando a Hagen de Kinon. Y sin decir nada, la hija de Persefone y Duncan le miro de manera amenazante.

-Fuera de mi camino –dijo Hagen.

Sylvia llego para ayudar a Kinon. Y siempre que Hagen trataba de avanzar, Proserpina lanzaba flamas verdes.

-¡Háganse a un lado para que yo pueda cortarle la cabeza a Kinon! –demando Hagen furioso.

Pero sin que se diera cuenta… Proserpina estaba en frente de el, a pocos centímetros de su rostro. Con su rostro aun impasible, y el de Hagen claramente confundido, Proserpina coloco sus manos en el abdomen de Hagen. Y tras un forcejeo en su rostro, oprimió el pecho de Hagen, de tal manera que salió disparado hacia un poste de luz. El impacto hizo que el palo se rompiera.

Cuando Hagen abrió los ojos, Proserpina quedo en frente de el, con la mirada todavía fría.

-¡No me interesas mujer!

-¿Y después que? ¿Crees que voy a dejarte? Si matas a mi primo, Sylvia y yo te buscaremos. ¡Y no sobrevivirás contra mi!

-¡Como si valiera la pena preocuparme por una cualquiera!

Enfadada al punto de convocar sus ojos sirigianos, Proserpina lanzo la energía de Kiwakoto contra Hagen. ¡Hacer que hiciera varias vueltas! Hagen no dejaba de gritar, sintiendo algo parecido a un millón de clavos en cada gramo de su cuerpo, un hormigueo en cada neurona de su cerebro, una sensación de tener agua hervida en las venas, y terribles nauseas.

-¡La sensación de Kiwakoto! –exclamo Proserpina observando a Hagen- ¡Pone las reacciones eléctricas de tu cuerpo al máximo!

Hagen siguió con las mismas sensaciones mientras que Kiwakoto le daba vueltas en el aire.

-¡Regresa Kiwakoto!

Kiwakoto volvió a Proserpina, y Hagen cayo al suelo.

-Y eso es solo una muestra de mi fuerza –agrego Proserpina.

-¿Por qué te importa tanto el? Solo es un tipo.

-¡Es mi primo! ¡Mi familia! ¡Yo lo protejo a el! ¡El me protege a mi! Ya deberías saber como funciona.

-¿Familia? Tu estas solo en este mundo. La vida sigue sin importar quien muere. ¿Por qué pierdes el tiempo con una personas? Todos estamos solos, vivimos solos y morimos solos.

Proserpina quedo aterrada por las palabras de Hagen.

-¿Cómo puedes decir eso?

-Así es la vida. No valemos nada.

Proserpina pregunto:

-¿Entonces por que quieres matar… ¡No! Corrijo. ¿Por qué te comportas como si estuvieras obsesionado con Kinon?

 

Un ruido de las calles distrajo a Proserpina, haciéndole voltear a mirar a las luces. Para cuando volteo con Hagen, esta había desaparecido.

-¿Quieres que le busquemos? –preguntó Kiwakoto.

-No. Kinon esta lastimado. Tenemos que volver Kiwakoto.

-De acuerdo.

Francois Belphegus  se quedó mirando con ira a su propio hijo.

-¿Qué crees que haces?

-Papa por favor, los dos necesitamos ayuda –afirmó-. Tenemos un grave problema. Estas personas... Puedes decir que son nuestros enemigos, pero en realidad son nuestros aliados. No hay razón para seguir con esta rivalidad, nos está haciendo daño. A ti te ha hecho mucho daño.

Le tendió la mano a su padre.

-Vamos papa, dejemos que nos ayuden.

 

Pronto Francois sintió como su corazón se hizo más callado, como su respiración se hizo más lenta, su mirada más piadosa. Se pudo de pie, y fue con su hijo.

-Claro que si hijo –se le veía realmente contento-. Vamos a que nos den una mano.

-Gracias papa.

Francois abrazo a su hijo, y por un tiempo, Tina miro con calma a padre e hijo...

 

...

 

...

 

Sin embargo...

-¡Hagen!

Varias garras sirigianos atravesaron el abdomen de Hagen Belphegus... Garras, que salieron del propio Francois. Y todos, Lady Tina, Karfkol, Kinon, los Caballeros, miraron espantados aquella escena.

¿Y Hagen? Lagrimas salieron de sus ojos, cayendo al suelo, incrédulo de lo que sus ojos y su cuerpo estaban viviendo. Francois sacó las garras, ignorando a su hijo.

 

Como ya lo había dicho, Hagen quedó en el suelo, desangrandose lentamente, mientras que no solo Kinon y su equipo, sino también Lady Tina de Sirigia y Karfkol Glumbearl observaron con horror aquella imagen de Francois apuñalando a su hijo con las garras Sirigianas.

-¡No puedo creerlo! –la madre de Kinon susurraba, y con la vista como lo que tenía en frente le estuviera robando su cordura, como si fuera toda una imagen fuera de este mundo-. ¡Monstruo!

Cuando Lady Tina recuperó el sentido, así como el aliento, lanzó una mirada terrible contra François Belphegus; era casi como si quisiera matarlo con únicamente sus ojos. Y lo mismo Karfkol.

 

El padre de Kinon se arrojó de manera violenta contra François Belphegus.

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Hagen empezó a convulsionar y un sonido de ahogamiento salió de su boca cada vez que respiraba.

Tina siempre se quedó a su lado.

 

Y justo en aquel momento, llegó la Princesa Marina Ashwolhf volando a Goliath. Cuando el enorme escarabajo aterrizó, ella se bajó y corrió hacia Hagen, ignorando por completo la batalla entre Francois y Karfkol.

-Perdona la demora Tina –comentó la Reina Insecto- ¿Me permites?

La de los ojos de amatista se hizo a un lado, para que Marina pudiera ver a Hagen. Y tras palmear sus manos, sus manos fueron llenadas de su aura y luz rosadas, las cuales tocaron de inmediato al cuerpo de Hagen; lentamente se lleno de la misma aura de las manos de Marina, llegando hasta las heridas, y estas se empezaron a cerrar lentamente, pero eso no paró la tos de Hagen, ni la sangre que salía de su boca. Tina le tomó de la mano.

-Tranquilos. Hagen se pondrá bien –comentó Marina-. Solo unos segundos más.

-Si ustedes estás aquí Marina, eso significa... –señaló Tina.

-¡Si! ¡Susana esta conmigo! Ayudará a Kinon enfrentando a esa bestia!

 

Poco a poco, la respiración de Hagen Belphegus volvió a la normalidad.

 

Y entonces las ramas aparecieron, y de ellas, salió la Reina Susana. La hermana gemela de Marina fue al lado de Hagen, observando cómo lentamente su respiración volvía s la normalidad.

-¡Ya está! ¡Listo para una vida! –exclamó Marina.

Entonces las gemelas de Répticus voltearon a ver la intensa batalla que vivían Kinon y su equipo.

-Ve hermana –le dijo a Marina descansando su mano en la de Marina-. Kinon y sus amigos te necesitan. Nosotras cuidaremos a Hagen.

-Te quiero Susana.

-Y yo a ti Marina.

Haciendo caso a su hermana, Marina fue a pelear.

 

 

-¡Esta será nuestra ultima batalla! –exclamo Karfkol.

 

Karfkol convoco a Sleipnir y se lanzo con furia contra François, y este mantuvo una gran fuerza en su mano. Las dos espadas chocaron violentamente contra la otra, con la intención de quebrarse, con el padre de Kinon arrojando con cada vez mas fuerza, de arriba abajo, y de todos los lados. Abrumado por el gran poder de Sleipnir, François se lanzaba contra Karfkol a pesar de tener que retroceder por culpa de la espada de su enemigo. Con ello fue subiendo por las escaleras, mirando atrás a todos los espacios posibles para ponerse a salvo de los ataques de Karfkol.

Entonces, finalmente se quedo quieto y François también lanzo su espada para chocar con Sleipnir, todo el tiempo el sirigiano apunto hacia la cabeza de Karfkol, con cada ataque que el lanzaba, el padre de Kinon se defendía con Sleipnir. Ahora era François quien avanzaba, y Karfkol el que retrocedía, golpeando la espada de Karfkol con cada vez mas fuerza. Karfkol no tardo en volver a atacar, sintiendo el frenético salto de su corazón, que intentaba escapar por el pecho, así como la caliente sangre que hervía hasta crear un monstruo. Todo ello mientras que François revivía desde su tumba mental los recuerdos de Zhenya y Mezza Glumbearl una vez mas.

-¡Esos recuerdos están lejos de ti! –exclamo Karfkol con ira.

Karfkol lanzaba su espada, de manera que la de François salía empujada hacia el ambiente, triturando y partiendo ramas, arboles, rocas, de todo, con algunos pedazos de todas esas molestias, cayendo y abriendo punzantemente la piel de ambos guerreros.

Karfkol volvió a atacar, sacudiendo a Sleipnir, de manera que François luchaba para mantener su filo estable. No fue sino hasta que sintió a Sleipnir rasguñar el lado derecho de sus costillas que los dos tomaron distancia uno del otro.

-¡Eso era lo que esperaba! –exclamo François-. Esa sed por la muerte, esa bestialidad con la que debiste proteger a tu hermana. ¡En vez de reemplazar con tu hijo y tu esposa!

Gritando, Karfkol volvió a lanzarse con la mirada de animal dominando su rostro. Los dos caballeros lucharon de nuevo. A veces François pudo rasgar los brazos de su oponente con su espada, pero para Karfkol eso no parecía importar. Todo lo que hacia era menguar las manos acalambradas de su enemigo, y así dejar caer sus armas.

Y entonces Karfkol, viendo un punto ciego en François, aprovecho para golpearle en la cara. Y después en el estomago… varias veces.

Y ello termino con un golpe en la cara.

 

François trataba de levantarse.

-¡Esto es inusual! ¡Es como si buscaras ver mi sangre!

Enfadado, Karfkol grito:

-¿Es que en serio no sientes nada por lo que acabas de hacer? ¿Es que acaso no sientes pena por lo sucedido con tu hijo?

Impasible, François se puso de pie, sin quitarle la mirada a Karfkol. Lentamente levanto los dedos de su mano izquierda, creciendo sus garras sirigianos hacia la cara de Karfkol. Afortunadamente el las bloqueo con Sleipnir.

-Maldito –replico Karfkol.

 

 

 

François Belphegus había sido escoltado por los guardias de Sirigia, y mientras tanto, paso en frente de su hijo Hagen.

-Papa. Lo siento mucho…

-¡Cállate! –su padre le miro con desprecio-. Tu no existes para mi. A partir de ahora, no tengo hijo alguno.

Todo el cuerpo de Hagen termino temblando, mirando con miedo al piso, completamente paralizado, como si las palabras de su padre se hubieran tornado en pequeñas agujas, cayendo una por una y penetrando en su piel, en sus huesos, en sus ojos, en sus uñas, en sus nervios, en cada parte de su ser, yendo mas allá de su propia alma.

Incluso sus piernas cayeron moribundas, y finalmente cayo al piso.

 

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François tuvo su mente en un estado vacío, su expresión estaba completamente muerta, y desde su mirada, hasta los ambientes mas bonitos de la Nueva Multiria se veían completamente gris, inclusive las lagrimas de su rostro, y el dolor en su corazón.

 

 “Solo, traicionado, sin propósito, sin nada, sin razón de vivir”

 

Tomo los dos puñales de amatista, justo en frente de su corazón. Acercándolo lentamente, listo para que atravesase su pecho.

-Hay otra cosa que puedes hacer –dijo Karfkol Glumbearl.

A su lado, se encuentra su esposa.

-No vale la pena que te quites la vida Hagen –afirmo la de los ojos de amatista.

-Se parte del equipo de Kinon, y conoce del mundo mas de lo que siempre esperaste ver.

 

Y entonces dio comienzo la nueva etapa en la vida de Hagen Belphegus. En compañía de los guerreros liderados por el hijo de Lady Tina de Sirigia.

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