EL ASCENSO DE ROXANNE DARK-SORKANA, LA HIJA DEL MONSTRUO

Un ser con un poder nace en la mistica tierra de la Nueva Multiria...

Con serias consecuencias

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1. EL ASCENSO DE ROXANNE DARK-SORKANA, LA HIJA DEL MONSTRUO

Permítanme aclarar de una vez que este cuento no comienza como los anteriores que he narrado. ¡No! Este es muy diferente, este tiene la intención de hablar de un personaje, de una forma que nunca he hecho antes. Un personaje que comenzó… como una neblina, espesa, corrosiva y bastante abrasiva.

Una niebla que se fue materializando lentamente, hasta que, lo creas o no, se transformó en brazos, en piernas, en manos, en dedos, todos ellos unidos por un cuerpo que adquirió, casi de inmediato, un color purpura en la piel.

Todo lo que aquella persona fue capaz de hacer fue gritar y mover sus dedos sin control. En medio de ese frenesí, noto que su cabello era completamente negro. Lo demás que hizo fue alejarse hacia de las paredes hasta que su espalda se unió a ellas. Pero después volteo a mirar en un instante, mirando a la pared e inspeccionándola con las manos, sintiendo el duro y desabrido ladrillo azul que estaba en frente de ella, junto con las rugosas y pesadas líneas de concreto que los unían a todos. Se levanto y movió más las manos para recorrer la pared, hasta llegar al costado.

Luego escucho algo que llamo su atención. Unos sonidos entrecortados, sutiles, pero presentes. Giro la cabeza y vio que caían gotas de agua, y que formaban un charco en el suelo.

 

Aquel ser vio el reflejo, asi como el rostro de una hermosa joven, de largo cabello negro, piel purpura… y unos ojos que tenían una mezcla entre amarillo, naranja y rojo.

Trato de tocar el charco, pero la imagen se disolvió.

 

La joven escucho un sonido bastante fuerte, y movimientos algo tenues que luego se fueron apagando en medio de la oscuridad, terminando con un gran estruendo que asusto a la jovencita. De la oscuridad, salieron unos sujetos en tunicas,

 

-Estas despierta. Eso es maravilloso.

-¿Qué es esto? ¿Dónde estoy?

-Te vamos a ayudar querida. Tu tienes un poder como ningún otro. Y nos aseguraremos de que ese poder sea útil.

-¿Qué clase de poder?

-Eso es justo lo que vamos a averiguar. Observa.

Aquel individuo saco un jazmín, tan suave en los pétalos, y tan robusto en el tallo. La joven de la piel purpura la veía con gran euforia.

-Ahora abre tu mano y tócala.

-¿Qué cosa?

-Toca la flor. Acaríciala. Solo levanta los dedos

De forma inmediata, la joven de la piel purpura alzo su mano, y poco a poco acerco sus dedos hacia la flor.

 

Asi pasaron los días. Cada ve, traían mas seres vivos hacia esa joven, cerdos, bueyes, toros, hasta un elefante. Durante todas esas sesiones, la jovencita fue acercando sus manos hacia ellos, y todos esos seres terminaron agonizando, tratando de escapar en vano, hasta caer al suelo muertos… con su piel y músculos descomponiéndose lentamente.

Y todo el tiempo, la chica solo mantuvo esa mirada de ingenua curiosidad.

Y después seres humanos.

-¡No, por favor! ¡Piedad!

Sus gritos fueron tan duros que podían perforar tus tímpanos.

Aquel

 

Por los siguientes días, esos horribles gritos de agonía acompañaron a la jovencita de la piel purpura, creando en ella escalofríos de horror y pesadillas que se podían decir eran reales. Por primera vez… ella gritaba del miedo.

 

-¡Escapa! ¡Escapa!

 

La joven fue corriendo por los pasillos, sin atreverse a mirar atrás, todo lo que hacía era subir por las escaleras, escapando de aquellas auras que le estaban persiguiendo, no podía detenerse a ver nada, pero sus manos siempre estaban tocando los muros, sin percatarse de que las garras estaban rasguñando las paredes, al punto de crear líneas muy profundas.

Los gruñidos detrás de ella se hicieron muy fuertes, por eso sus pasos se hicieron más fuertes. Y trataba de gritar, pero mantuvo su voz completamente callada. Y solo se la paso corriendo, hasta llegar a algo que la oscuridad no le permitió distinguir, si era un muro o una enorme puerta. Trato de empujar lo que tenía en frente, pero nada paso. Empezó a golpear lo que tenía enfrente, pero nada paso. Justo mientras lo hacía, los gritos se hicieron más fuertes.

Ahí fue cuando volteo a mirar, y sintió esa aura muy cerca de ella, como si una mano extraña hubiera tocado mis hombros sin permiso.

Finalmente, la joven gritó, y volvió a usar la fuerza que tenía contra aquella cosa extraña que tenía bloqueándole. No pudo volver nada por la oscuridad y por el ruido, pero lentamente se empezó a agrietar. Y con ello, partes del muro comenzaron a caer, para que así se pueda percatar de la luz del Sol.

¿Cómo expresar sus pensamientos? Había sonreído, y puso su mano en medio de la luz, le pareció caliente y agradable, y era una sensación que creo un poderoso calor en su cuerpo. Pero lentamente volvió en sí, hacia los gritos que le acosaban.

Con todo lo que pudo, golpeo el muro y termino cayendo por una distancia muy alta. Mientras caía, vio la impresionante y balanceada combinación de verde y café que tenían las montañas, bañadas de forma delicada y tierna con los resplandores amarillos del Sol.

Todo ello mientras caía. Y cayó al piso.

 

Lentamente se levantó, notando que muchas de las flores que estaban a su lado, estaba marchitas. Cuando las vio, se puso muy triste.

 

Lentamente, aquella joven empezó a ponerse de pie, sintiendo, por primera vez, la rugosidad que tenía la tierra, y lo duro que se sentían los troncos de los árboles. Pero ello no le importo. Por el contrario, lo que hizo fue sonreír

-Se siente… mucho mejor que las duras piedras que aquel lugar.

Inmediatamente subió su vista hacia el castillo, pero al hacerlo, solo sintió un espantoso escalofrío y un abrumador miedo que hizo que derramase unas cuantas lágrimas.

Salió corriendo sin voltear atrás, pero solo tratando de mirar lo que el bosque tenía para ella. Solo corrió, y corrió, y corrió, bajando por las montañas, trepando por los tallos sin ninguna razón aparente.

Y mientras hacía eso, observaba con curiosidad a los ciervos que se acercaban para hacer cosas como beber de los arroyos, y reunirse para cuidar muy bien a sus crías. Aquella joven pudo sonreír al ver a los animales, tan tranquilos y tan despreocupados.

Sin embargo, su alegría había sido interrumpida por un sonido que se sintió en sus entrañas. Una especie de gruñido. Y siempre que veía a los ciervos, su estómago volvía a hacer el mismo sonido.

-Co… mida…

Bajo los árboles, hasta observar de nuevo a los ciervos, esta vez con una mirada más maliciosa. Camino lentamente por la tierra, procurando no hacer mucho ruido, ni siquiera con sus parpados. Estaba tan cerca, pero luego, para su sorpresa, los ciervos salieron corriendo, o al menos los que podían hacerlo.

 

……………………………………………………………………………………………………….

 

Roxanna volvió a mirar atentamente a los ciervos, acercándose lentamente a ellos, sin hacer ruido alguno, ni siquiera con los parpados.

Para luego salvar con la rapidez de un depredador. El ciervo apenas tuvo tiempo para reaccionar, pero si tuvo tiempo para sufrir cuando Roxanna puso sus colmillos en su cuello.

 

 

 

 

 

Roxanne encontró consigo un túnel bastante oscuro, con los muros de color gris oscuro, rodeados de inscripciones de telarañas de un marrón bastante fuerte, sin mencionar lo que parecían ser batallas que se llevaron a cabo en el pasado. Lentamente, la joven camino por el túnel, en medio de la sorpresa y la confusión que dejo mostrar en sus ojos. A veces se quedaba por más de unos segundos tratando de descifrar lo que parecía decir.

-¿Hacia el final? ¿La puerta?

Roxanne camino hacia abajo, reconociendo más imágenes de arañas y de antiguas batallas. Todo mientras sentía un frio que erizaba hasta su piel purpura gruesa. Camino hasta llegar a una puerta completamente metálica, con arañas a cada lado, y varios botones dorados.

 

Finalmente, Roxanne logro sacar toda la fuerza que pudo. Empujo con gran fuerza que termino por tropezarse.

 

Poco a poco, se emprendieron varias flamas en antorchas metálicas, que fueron iluminando al cuarto, que en realidad era tan grande como la sala de un soberano; a los lados habían columnas, cientos de miles de columnas blancas que se extendían hasta el final de tu visión. En la parte superior, se repartían entre pilastras de bestias, o también entradas.

Pero en la parte superior, había una enorme pechina, con inscripciones de alguien muy familiar.

-¡Araknos!

Y una voz le dijo:

-Asi es.

Ello asusto a Roxanne.

-¿Quién dijo eso? ¿Tu?

-Si… Hija mia. Yo soy tu padre.

Era obvio que Roxanne se mostraba confundida.

-Yo soy el Generalisimo Araknos Roxanne. Soy tu padre, naciste de mi, y también de una mujer… llamada Frigga Ilmatar

 

Era obvio que Roxanne se mostraba confundida.

-Yo soy el Generalísimo Araknos Roxanne. Soy tu padre, naciste de mí, y también de una mujer… llamada Frigga Ilmatar.

 

La cara de Roxanne estuvo completamente llena de confusión.

-No recuerdo nada. No recuerdo eso. Ni el rostro de mi madre, ni el de mi padre. Nada.

-Veo que tengo mucho que aclararte pequeña -continuo la voz de Araknos-. Pero, antes que nada, te debo advertir que no es una historia con un final feliz. Siéntate y te lo explicare.

Roxanne obedeció, y luego la luz se puso en frente de ella.

-Veras. Hace ya varios años, conquiste a una hermosa mujer de Freyjheim, llamada Frigga Ilmatar. Tenía un cabello dorado que era más brillante que el mismo sol, unos ojos azules, de tal vida que ni siquiera el océano era capaz de crear. Y su sonrisa era exquisita, era la mujer más bella de la existencia misma. Y yo me enamore de ella, y ella de mí. Los dos terminamos juntos. Vivimos una vida tranquila, normal. Yo estaba convencido que tu madre me amaba, tanto como yo la amaba a ella. Vivimos asi por toda nuestra vida juntos.

Luego tuvimos una hija. Tu hermana. Jannika Ilmatar.

En ese momento, Roxanne mostro una gran cara de interés.

-¡Increíble que tenga una hermana!

-Y tiene la apariencia y encanto de tu madre. Aunque después se cambio el nombre… por el…

Araknos puso un gran énfasis en su voz, y sus palabras sonaron con tanta fuerza que parecieron una estaca.

-…Meredith Dark.

-¿Se cambio el nombre? ¿Por qué?

-Porque ella supo quien era yo en realidad. ¡Todo lo que paso fue que, de repente, decidio que yo no la merecia! ¡Trato de matarme! Y cuando pensó que lo logro, uso un ritual de los duendes, para liberar a tu hermana de ti. Y de ahu… Naciste tu.

Pronto, la cara de Roxanne paso de la curiosidad al horror. Su cuerpo temblo un poco, y ella miro a la luz con tristeza.

-¿Pero por que? ¿Por qué me hizo eso?

-Porque no te quería. De verdad lamento mucho que tengas que escuchar esto de mi. Pero es la verdad… Hija mia.

 

-¿Pero por qué? ¿Por qué me hizo eso?

-Porque no te quería. De verdad lamento mucho que tengas que escuchar esto de mí. Pero es la verdad… Hija mía.

 

Roxanne, abrumada por los eventos, se arrodillo, y miro al piso, como deseando que este se abriera para tragársela entera.

-No es justo -decia-. Yo no escogí nacer de esta forma. Nada. Todo lo que soy, todo lo que tengo. Nadie me pregunto si quería todo esto. Simplemente cayeron en mi sin aviso. ¡Y ahora todos en Multiria me odian por ello! ¡No me han dejado ser lo que quiero ser! Todo lo que hicieron fue señalarme con el dedo. Llamarme una monstruosidad. Una bestia… Un ser sin corazón.

Las lágrimas salieron de sus ojos, y Roxanne empezó a llorar de forma callada.

-No estés triste hija mía. Esto no es tu culpa -dijo la voz-. Pero hay algo que debes saber.

-¿Qué cosa padre?

Y con una voz muy directa, Araknos dijo lo siguiente:

-Que tu no naciste para ser parte de Multiria.

-¿A qué te refieres padre?

-Nosotros somos de un origen distinto, muy oscuro, tanto que este mundo, Multiria, no puede tolerar. Y por Naturaleza, nos perseguirán y nos matarán, por el simple hecho de existir. Nos tienen miedo, nos rechazan, debido a que somos superiores a ellos en todos los sentimientos. Somos mejores que ellos, y nos merecemos dominar a estos mugrosos seres de Multiria. En pocas palabras, nosotros debemos conquistarlos y someternos, que hagan nuestra voluntad y cumplan nuestros deseos.

Roxanne se calmó más.

-Pero eso hará que nos odien más.

-Siempre nos odiaran. Nada cambiara eso. Lo que debemos hacer es dominarlos… a todos. Tu propósito es tomar mi lugar, y dominarlos.

-¿Pero como hago eso?

 

Sigue la luz. Y lo sabrás.

 

Obedeciendo a su padre, Roxanne fue para ver los pasillos.

 

-Siempre nos odiaran. Nada cambiara eso. Lo que debemos hacer es dominarlos… a todos. Tu propósito es tomar mi lugar, y dominarlos. 

-¿Pero cómo hago eso?

-Sigue la luz. Y lo sabrás.

Obedeciendo a su padre, Roxanne fue para ver los pasillos. En Esta ocasión, la mirada de Roxanne se encontraba fría y bastante calmada, mirando mientras más antorchas se prendían a lo largo de aquel santuario del legado de Araknos. La joven empezó a caminar, y mientras lo hacía, pudo reconocer algunos de los grabados que se encontraban en las paredes, una de las figuras era la de su padre, el Generalísimo Araknos, y la otra era de un ser de largo cabello y abundante barba. Creo que muchos podremos reconocerle.

Mientras más caminaba, los pasos de Roxanne se hacían más fuertes y más sólidos. Y ni siquiera se detenía para parpadear. Pero parecía que lo que estaba recorriendo se sentía como una eternidad. Sin embargo, eso no le importaba a Roxanne. Todo lo que tenia en su mente fueron los recuerdos de persecución, de desprecio y de miedo que le dieron los seres de la Nueva Multiria. Ello hizo que bruzara los dientes y cambiara sus pupilas a mas animalísticas.

 

Al final, llego a la zona mas grande del templo. Ni siquiera la vista al cielo podía decir cuando se llevaba al techo. Pero habían varios pisos, decorados con varias columnas, con pilastras de rostros de tarántula.

Y detrás de esas columnas, estaban cientos de bultos blancos en un material pegajoso y suave. ¿Huevos? ¿Crisálidas? Era difícil saberlo para mí. Pero no para Roxanne. La joven toco los envases, y sonrió.

 

-Muchas gracias padre. Ahora dime por donde empiezo.

-Por mi guía. Escúchame hija.

 

Roxanne Dark-Sorkana se quedo mirando hacia aquellas construcciones, y lo hizo con una mirada bastante fría, pero también relajada.

-¿Cómo te sientes? -pregunto Araknos a través de aquella luz.

Con voz calculadora, Roxanne respondio:

-Bastante bien padre. Estoy lista.

Luego volteo a mirar a la luz.

-Solo necesito una cosa mas…

-¿Qué cosa Roxanne?

Las palabras de la joven se sintieron como un relámpago que encendia cada nervio del cuerpo.

-Un uniforme. Para dar el mensaje a Multiria de donde pertenezco.

Araknos rio.

-Aprendiste todo hija mía. Estoy orgulloso.

 

Sin perder ni un segundo, Roxanne Dark-Sorkana entro a una de las crisálidas, la cual se abrió en frente de ella. Entro de inmediato, y luego, tras mover los dedos, logro hacer que la crisálida se cerrase.

-Como un tributo a mi hermana…

La crisálida se volvió a abrir en un minuto. El vestuario de Roxanne era completamente distinto. Ahora ella vestía un largo leotardo negro, de pierna alta y cuello de tortuga, también unas botas cafés, que envolvían medias ajustadas en toda la pierna, unidas a través de correas de liga en cada media. Lo otro que llevaba Roxanne era un abrigo purpura que no cubría los hombros, con algunas secciones que parecían ser de cuero grueso.

Finalmente, en los brazos, Roxanne llevaba unos guanteletes negros que solo se sostenían en un dedo.

 

-Estoy lista.

-Estoy lista.

La luz se puso al lado de Roxanne.

-Te ves muy bien hija mía.

-Hago esto para empezar de nuevo. Desentenderme de estos necios mortales -afirmo Roxanne-. Pero no es solo si el comienzo.

-¿Y entonces que es lo que deseas hacer?

Roxanne apretó los puños, y su mirada era de un ser de fuera de este mundo, de mas allá de las estrellas conocidas, de un monstruo del oscuro del espacio.

-Mi sed de venganza es poderosa. No puedo olvidarla -revelo-. Y la única forma en que puedo apaciguarla es llenando mi corazón. Hubo unos bastardos que me atacaron cuando escape de mis captores, trataron de matarme sin compasión. ¡Y si los dejo vivir, me veré como alguien débil y será un gran insulto a la estirpe de Araknos! Debo matarlos. Por favor padre. Por esta vez.

Luego la voz de Araknos dijo:

-¡Así será hija mía!

 

A los pocos días, Roxanne Dark, convocando a varias de las arañas y monstruos de su padre, volvió a la aldea. Los miro a todos con ira, odio, y otras emociones que encendieron intensas luces rojas en sus ojos, e hicieron que salieran varios ojos en sus brazos. Y solo basto un alarido de ella para mandar a las bestias contra aquella aldea, para destruirlo.

Nadie quedo vivo al final, ni los hombres, ni las mujeres, ni los ancianos, todos terminaron muertos, y las casas fueron rodeadas por las terribles flamas, y las arañas que se quedaron para consumir los cuerpos de los cadáveres.

 

En medio de las flamas y de la muerte que estaban despidiendo los cadáveres de toda la aldea, y en todos los corredores, mientras que las pequeñas arañas de Roxanna se acercaban para devorar lentamente a los muertos.

Y la joven fue hacia la cara del hombre que le había ayudado, dejando atrás a sus esbirros para ese nauseabundo festín.

………………………………………………………………………………………………………..

 

Cuando llego con aquel hombre, lo encontró en medio de varios escombros, luchando para salir de ahí. Pero el horror de repente le detuvo; el miedo de repente le hizo sentir una gran parálisis, como si su cuerpo hubiera decidido dejar de luchar contra su propia voluntad.

El miedo… de reencontrarse con Roxanna.

-¡Tu!

Ahora la mirada de la joven era de un gran odio; cuando se le quedo mirando, todo lo que recordó fue el rechazo que le dio, después de haberle amado, después de haberle aceptado. Y lo que era mas… en medio de su siniestra sonrisa, Roxanna tenía una nueva imagen en su mente, la de ver el cuerpo del hombre que le acepto sin vida, como un banquete para las arañas.

Levanto la espada.

-¡No, detente! ¡Por favor!

Pero otra vez… la mirada de Roxanne solo mostraba un corazón frio, y de nuevo caer su filo hacia el cuello del hombre.

Roxanne inmediatamente tomo la cabeza cercenada.

-Lo que ustedes los hombres llaman amor y bondad son solo veneno. Una muestra clara de su existencia pútrida y toxica, de que tan egoístas son en realidad estos llamados seres humanos. No hay amor y bondad, solo cobardía y mentira, tal y como tú lo dijiste padre. ¡Eso es todo lo que ustedes son! Y por eso… No deben vivir.

 

Con sus colmillos, empezó a comer la cabeza, como si fuera fruta.

 

“Amor y bondad… sentimientos inútiles”

 

Lo que hizo Roxanne Dark-Sorkana fue quedarse mirando mientras toda la aldea había sido destruida sin piedad y consumida por las carnívoras arañas que había llegado a su mando

Pero, a juzgar por la mirada que ella, tenia, no estaba feliz, todo lo que hizo fue apretar los puños con mucha fuerza, en especial cuando veía el color de la despiadada noche, el mismo color de la misma oscuridad que vio cuando ella nació.

-Aun queda algo que debo hacer -dijo Roxanna.

 

Pocas horas después, ella fue con sus arañas hacia un lugar que pudo reconocer, el bosque que vio por primera vez cuando escapo de la fortaleza oscura. Montada en uno de sus esbirros, fue destruyendo cada uno de los árboles que se interponían en su camino, y lo mismo matando a todo ciervo, alce o ardilla que sus ojos encontrasen.

Levanto la mano cuando vio las frías rocas de la fortaleza.

Su mirada de odio era tan intensa que hasta los músculos de su rostro sintieron un terrible dolor.

 

Roxanne no tardo en subir por la montaña, quedando en posición firme y de lado, como si sus pies se pegaran a la pared. Se mantuvo así hasta llegar con el nigromante.

 

La batalla duro poco, y aquel hombre le miro con horror, de la misma forma que el anterior.

-Tengo que darte las gracias… Soy invencible, ni los Dioses pueden matarme gracias a ti -dijo con frialdad.

El nigromante pregunto:

-¿Qué eres tú?

Roxanne levanto la espada.

-La hija de Araknos.

 

La dejo caer con violencia.

 

“Puede que el amor y la bondad sean toxicos, pero la libertad es un gran tesoro, lo único que vale la pena”

 

Una histérica risa salió de ella.

 

 

Idunn intentaba recuperarse, pero estaba tan débil que no podía ni siquiera mover la cabeza, pero todo lo que hizo fue quedarse mirando a Roxanne Dark-Sorkana, teniendo la pura, limpia, divina y magnánima manzana.

Su rostro se llenó de angustia.

-¡Detente! ¡No lo hagas! ¡Por favor! -suplicaba Idunn.

Sin embargo, la euforia en el rostro de Roxanne Dark-Sorkana era como ninguna otra. Parecía bañada por una desinhibición humana, su sonrisa no parecía una que podría ser copiada por humano alguno, sus pupilas dilatadas solo veían la fruta, con sus parpados paralizados.

-Finalmente. ¡Seré libre! -afirmo.

Luego, su mandíbula se abrió tan grande, que sus colmillos inferiores se mostraron. Muy para su sorpresa, la manzana fue cambiando de color, de roja pura a café cruda, y de ser una fruta tiesa, paso a ser una masa maloliente y fétida, de la que incluso Roxanne sintió repelús; por lo que tiro la manzana lejos.

Al caer al piso, hasta las moscas se precipitaron a lo que quedaba de la manzana. Roxanne solo miro con horror y tristeza.

-¿Qué fue lo que paso? -pregunto tratando de contener su aliento.

Idunn finalmente se puso levantar.

-Mis frutos son para las criaturas que vienen de la esencia de la que se crea la Nueva Multiria -dijo Idunn-. Solo aquellos que nacen de esa energía pueden tener mis manzanas. Solo aquellos que tienen un aura benigna y benévola pueden tocar mis frutos. ¡Pero tu esencia esta podrida! ¡Lleva el olor de Araknos! No pudiste cargar con un ser más toxica, por eso nunca podrás tener mis frutas. ¡Solo mira a tu alrededor! ¿Por qué crees que se ha podrido todo lo que tocas?

Roxanne volvió a mirar el sendero que recorrió.

-¡No es posible!

Con su mirada, ella entendió las consecuencias

 

Miró al cielo, de forma inhumana, y saltó una carcajada tan poderosa, que ahuyentó a las aves.

 

-Te hare pagar por esta alevosía.

 

-No puedes matarme.

 

Roxanna Dark-Sorkana empezó a reír de manera descontrolada, casi muy histérica. Su frenesí fue tan total que se tapó la cara con el rostro, y de nuevo su cara se fue haciendo escarcha, para dejar mostrar sus patas de araña, y haciendo que uno de sus ojos sea negro.

 

Meredith fue testigo de todo, y trato de atacar de nuevo a Roxanna; por su parte, lo que ella hizo fue, tras recomponer su rostro, abrir su boca y sus manos, para disparar telaraña que atraparon a la Cazadora Estelar y le hicieron caer al suelo.

En medio de su alegría, Roxanne volvió lentamente hacia Meredith.

-Es lindo. ¿No es cierto? ¡Como la vida te da grandes bendiciones aun con tu energía tan corrupta!

Pero se puso con un gesto de ira, y se meció la yugular. Luego volvió a sonreír y miro a Meredith.

-¡Te censuro querida hermana! ¡Te detesto! –a pesar de sus duras palabras, Roxanne no dejó de sonreír- ¡Te rechazo! Incluso rechazo compartir tu voz.

Saco una de sus garras.

-No lo tolero. ¡No lo quiero! Y… voy a darme una propia.

¡¿Sera bueno para mi describir lo que después pasó?!

 

Roxanne, con su garra, se produjo un corte en medio de su garganta, abriéndosela a los lados. Y entonces se metió su mano, cortándose la piel, dejando salir la sangre que derritió todo a su paso. Se colocó todo, y la piel alrededor de la cortada fue cambiando de color a roja, por su parte, Roxanne mostro gesto de asfixia y dolor, cada vez más duro… Hasta que se sacó la mano de la garganta.

Meredith miró todo con horror y asco. Mientras que una cicatriz en forma de rombo se puso en medio del cuello de Roxanne.

-¿Qué tal? –su voz ya no era la misma de Meredith-. ¡Así está mejor!

Era de alguien igual de joven, pero el tono, el timbre y el sonido eran distintos.

 

-¡Ahora me siento como yo misma! Hermana

 

Y con ello, queridísimo lector, concluyo la historia de cómo había nacido esa chica… llamada Roxanne Dark-Sorkana. Aquella jovencita que hace tiempo se había proclamado la Hija Legitima de Araknos.

Desde aquel lugar desconocido, siempre vigila celosamente a todo el resto de la Nueva Multiria, siempre controlado a diestra y siniestra las bestias que su padre le había legado.

Pero había algo más.

 

A través de aquellas visiones que había visto, con la luz que su mismísimo padre le había regalado, pudo notar la existencia de algunos muchachos, del Reino de Sirigia, o algunos al menos, porque otros eran de la llamada Diaspora Sirigiana.

Entre ellos, uno que parecía tener dieciocho años de edad.

-¿Qué es aquello lo que veo? -se preguntó desde su trono.

El muchacho era de piel morena, con un notorio cabello café, y los ojos amatista, era alto, esbelto, bastante fuerte en los brazos a pesar de lo delgados que se veian. Tenía ropas que mezclaban los colores negros, castaños, rojos y azules oscuros, como pasaba con todos sus compañeros. Y tenía como arma un par de hoces que descansaban sobre una cadena que, al lanzarlas las hojas, hacían que regresasen a su legítimo dueño.

La mirada de Roxanne era de un intenso deseo caliente que salpicaba su corazón y su cuerpo.

En medio de las visiones, pudo escuchar un nombre.

-Kinon.

Ello fue todo lo que necesitaba.

-Con que… ¡Kinon!

 

Luego se levantó de su trono, sin dejar de prestarle atención a Kinon.

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