Solo un beso - Akatsuki no Yona

He aquí un fanfic con los personajes de Akatsuki no Yona pero sin seguir la misma ruta de la historia.
Los personajes no me pertenecen.

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El tiempo pasa y los días y los años provocan el cambio de las estaciones y de la vida. Yona y Hak siempre habían sido muy unidos de niños, compartiendo su infancia juntos, llenos de risas.
Nueve años después, Yona pierde a su padre y es arropada en la casa de Hak por el abuelo Mundok. Por desgracia, aquél niño dulce ha cambiado, pero lo que no comprende es si para bien, o para mal de ella.

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1. Capítulo 1

Hak se recostó en el sofá mientras miraba pensativo al techo. Hacía días que los recuerdos de su niñez aparecían en su mente y lo seguían a lo largo del día. No entendía porqué ahora venían a él. Pero ahí estaban, fuertemente arraigados a su memoria.
Solo una idea, un único nombre, Yona. Eso era lo único que necesitaba para que aquellos recuerdos volvieran a él y surgieran a la vida de sus cenizas.
Si cerraba los ojos, podía recordar sus ojos violetas, su cabello rojo como el atardecer y sus mejillas rosadas.
Incoscientemente sonrió. Le había costado años olvidarse de aquella niña y ahora, de la nada, había vuelto a aparecer delante de sus ojos.
Había sido hacia dos días más o menos cuando recibió la noticia de su abuelo de que Yona vendría a su hogar. A primera vista cuando llegó, no había sido capaz de reconocerla. Su cabello, que durante su niñez había sido corto, ahora permanecía largo. Había crecido, al igual que él, pero de diferente forma.
Él, nieto de un aristócrata, no estaba realmente relacionado por sangre con su abuelo pero había sido criado como su verdadero nieto. Aprendiendo múltiples habilidades típicas de un hombre.
Ella, hija de un noble de alta cuna, había sido criada como una dama, viviendo rodeada de lujos como la única hija de la casa. Pero todo eso se había perdido, su padre había fallecido y nunca volvería a vivir en el mismo hogar de su infancia. Nunca volvería a verlo.
Cuando había llegado a su casa, había estado sorprendido. Y aún mas lo estuvo cuando supo lo ocurrido. Desde aquél día no había vuelto a hablar más con ella a pesar de vivir bajo el mismo techo. No sabía que decirle, ni mucho menos qué hacer. Verla de nuevo no había entrado en sus planes después de 9 años.
Mientras seguía divagando, Hak no notó como la puerta se abría y alguien entraba en la estancia. Nadie solía entrar en aquél habitáculo, no había prohibido durante aquellos días en los que había necesitado relajarse en solitario. Tampoco notó cuando aquella persona se situó a un lado de él en el sofá, sentándose en el suelo.
-¿No te aburres de estar solo? -preguntó una voz femenina.
Por reflejo, Hak se levantó de un salto y se echó a un lado, tocando con el respaldo del sofá. El corazón le latía con fuerza mientras su respiración intentaba volver a ser acompasada. No la había oído entrar.
-¿Qué haces aquí? -preguntó sorprendido y algo molesto. Nunca le habían gustado las sorpresas.
-Toqué antes de entrar pero no me escuchaste -respondió la pelirroja mientras se levantaba y retocaba su falda-. Así que decidí entrar.
Hak permaneció en silencio.
-¿Estás vivo? -preguntó Yona.
Hak la escrutó con la mirada. Ella no debía de estar ahí.
-¿Qué haces aquí? -preguntó mientras se levantaba de su asiento.
-He venido a buscarte -respondió.
Hak negó con la cabeza mientras se acercaba a ella. Podía oler perfectamente la lavanda desprenderse de ella. Lavanda y ¿puede que vainilla?
-Quiero decir, ¿qué haces en esta casa? -volvió a preguntar lentamente en un susurro.
Yona lo miró.
-El abuelo me pidió que viniera.
-No deberías de estar aquí -respondió-. Alguien como tú que ha perdido sus posesiones y su estatus no debería permanecer a este mundo.
-¿Qué quieres decir? -preguntó Yona, dolida. Nunca se habría esperado tales palabras de él.
-Vete de aquí.
No supo en qué momento echó a correr. Ni en qué momento había salido de la casa. Había corrido hacia los jardines con tanta rapidez que apenas podía respirar. Después de tantos años, nunca pensó volverlo a ver y menos en estas circunstancias. Hak había cambiado. Ya no era aquél niño pequeño de diez años que recordaba y ella tampoco tenía ocho. Las cosas se habían vuelto diferentes para ellos y él la había tratado como a una extraña.
Paró de correr en algún momento, supuso que no podría dar un paso más si no descansaba. Había llegado a unos bancos del jardín rodeados de arbustos sin florecer.
Cuando regresó a la mansión, nadie había parecido notar su ausencia. Hak el que menos. La cena se había sumido en un complejo silencio, con el único sonido de los cubiertos. Ni siquiera la había mirado en toda la noche.
-Yona, querida -la llamó el anciano rompiendo dicho silencio.
-¿Sí abuelo?
-¿Te importaría ir a mi despacho después de la cena?
Yona asintió.
-Está bien.
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-¿Qué querías abuelo? -preguntó Yona tras entrar detrás de él en el despacho.
-Me han informado de que saliste corriendo de la estancia de Hak -dijo-. ¿Ha ocurrido algo?
Yona guardó silencio. No tenía idea de qué decir. Si era sincera, posiblemente recibiría ayuda de él pero también era posible de que Hak se alejara más de ella.
Sonrió.
-Todo está bien -respondió-. Simplemente tuvimos un desacuerdo pero todo está bien ahora.
Mundok la miró dubitativo.
-¿Estás segura de ello, Yona? -preguntó-. Sabes que eres como una nieta para mi, siempre seré alguien en quien podrás confiar.
-Sí -respondió sonriendo-. Muchas gracias, abuelo.
Tras su conversación con Mundok, Yona salió de la habitación para dirigirse a su dormitorio. Al llegar, Hak le esperaba junto a la puerta, a un lado de la pared.
Permaneció en silencio, mirándolo atentamente hasta que decidió hablar.
-¿Qué te ha dicho el anciano? -preguntó.
-Solo quería saber si me encontraba a gusto -respondió.
Hak la miró sin decirle nada. Simplemente la miró mientras se acercaba a ella. Yona podía volver a sentir su calor procedente de su cuerpo y como las mejillas le ardían. No entendía el por qué de su cercanía, ni mucho menos lo que pensaba.
-No vuelvas a molestar al anciano -dijo finalmente-. Si necesitas a alguien, búscame a mi pero a él no le vengas con uno de tus problemas a él.
Yona abrió los ojos.
-¿Qué se supone que significa eso? -inquirió molesta.
-Te digo que no busques cumplir tus satisfacciones en un pobre anciano de buena fe.
Al principio le costó comprender las palabras del joven. Cuando lo hizo, las mejillas de Yona comenzaron a tornarse rojas como su cabello.
-Eres un... ¡Eres un depravado! -alzó la voz molesta al tiempo que le golpeaba la cara. Al principio nunca pensó que le pegaría, pero su instinto le había dicho que lo hiciera.
Hak permaneció en un silencio preocupante. Tanto, que Yona no sabía como respondería.
Fue solo un segundo, un único movimiento con el que tiró de ella y la metió dentro de su habitación. La espalda de Yona chocó contra la pared, al tiempo que Hak la acorralaba mientras acercaba su cara a la de ella.
-Escúchame bien -dijo con voz sorprendente mente peligrosa-. No vuelvas a hacer una cosa así nunca más. ¿Queda claro? -preguntó.
Yona asintió como pudo y cuando Hak se alejó, se dejó caer en el suelo. Su cuerpo temblaba ligeramente y le costaba levantarse.
Lo último que supo de Hak fue irse de la habitación.

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