Palabras Efímeras, tan efímeras como el humo de tabaco

La nicotina se ha vuelto parte dé mi sistema, espero que algún día puedas perdonar mis errores

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3. Arsénico.

El ronroneo de mi gata me hace levantarme, la cabeza me da vueltas y el olor tabaco ha impregnado tanto mi alcoba que no recuerdo el olor de una mañana primaveral. Ya han pasado seis meses desde que te fuiste, el tiempo no transcurre de la misma manera desde que no estás aquí.

Cati, mi mascota me camina entre las piernas desnudas, me ronronea y me acaricia con sus peludas patas. La tomó en brazos y la cargo como a un bebé, ella se deja hacer y efímeramente me devuelve un poco de la nula felicidad que me acompaña en mi alma.

Hoy ha venido mi hermana menor a pasar por la casa, ha dejado un desastre como siempre al tratar de hacernos de desayunar a padre y a mí. Exclama con tristeza que; sí estuvieras aquí todo sería más fácil. Me pongo a su par y le aprieto un hombro, ella sabe que con esa acción le digo que todo estará bien.

El felino me sigue a todas partes, va detrás de mí siempre, aguardando mis pasos y protegiendo mi sombra, a veces, me caza algo y lo deja en mi cama. No tengo las fuerzas suficientes para gritarle o reprenderla por dejar los animales muertos ahí; sólo me limitó a acariciar su cabeza y darle un abrazo.

Cuando suelo atraerla a mi pecho, ella impone sus peludas patas a modo de barrera, no le gusta que la sofoquen pero se deja hacer por el simple hecho de verme sonreír lúgubremente.

En las tardes, cuando me colocó las gafas de leer y me siento en el sillón de la sala a leer un libro o simplemente a tomar un té, ella se trepa a mi regazo, mullendo mis piernas haciéndolas más cómodas para ellas. Realmente no sé qué haría sin ella, tal vez, estaría menos cuerda de lo que estoy.

Dejo de lado mi actividad y acarició su lomo, ella cierra sus ojos y se descansa en mi piernas, a veces le cuento que las estrellas no son efímeras, que ellas siempre están ahí, aún después de su muerte las vemos brillar y viajar a través del inmenso e infinito Universo, le cuento que los que somos nada somos nosotros, que morimos y sólo quedamos vivos en los recuerdos de nuestros seres amados, que los que cargamos con una condena maldita somos nosotros, porque damos una minúscula felicidad para ser remplazada por una cuantiosa tristeza, que no se puede borrar ni con la alquimia, sí es que esta fuera verdadera.

Mientras rasco su barbilla y ella me observa con sus felinos ojos, una pequeña lágrima desciende de mis orbes, mientras ella demuestra su devoción por mí, yo me hago añicos pensando en lo que pasaría sí es que ella no me ayudará a superar el vacío que me dejaste.

Tal vez preguntes de dónde es que tengo una mascota sí tu las odiabas en casa, es cierto eso, pero a la pobre la habían dejado desvalida en callejón con varios gatos y unos cuantos perros, la felina estaba desnutrida y su maullido perdía fuerza al son que sus pequeños latidos se hacían débiles. Por casualidad pasé por ahí y no resiste el hecho de ver como los demás gatos la acechaban como una nueva presa para pasar la noche. Saqué un paño de mi bolso y la envolví, rápido la lleve al veterinario.

Aguarde a que el señor Roberto pudiera atenderla, le dije que en la tarde iría a verla, le pedí con frenesí que hiciera todo por salvarla, después de ello salí y me dirigí a comprar comida para gatos. Y después retorné al callejón; habían dos perros y tres gatos, a como pude los subí a la parte trasera del coche, los llevé con la clínica, pedí que les bañaran, le tendí a la chico la bolsa con comida y le indique que hiciera lo que pudiera con ellos.

La gata sobrevivió pero estuvo en chequeo varios días, al cuarto fue que me la pude llevar a casa, había decidido quedarme con los animales, a decir verdad no era muy buena nombrando cosas; así que le hable a Isabel, y ella dijo que se quedaría con los perros, que le iría bien a las chiquillas empezar a tener responsabilidades, en ese instante me volví su tía favorita.

Los otros dos gatos fueron adoptados por la señora María, la viejecilla que vive en lo alto de la loma, ella dijo que estaban tan viejos que suponía morirían casi igual, un remolino de sentimientos me hizo hervir la sangre pero me abstuve de decir algo, pues la señora no había dicho nada para ofenderme.+

A las dos semanas, Cati, como le había puesto mi padre andaba persiguiendo a un ratón falso que habíamos traído de la gran ciudad, ella hizo mella en mi constante tristeza. No quiero que nunca se aparte de mi lado, no sé si pueda soportar lo mismo una segunda vez. 

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