La chica ideal


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8. CAPÍTULO#8 - ¿QUÉ HACES AQUÍ?

Mi madre se encontraba abajo, esperando a los invitados, a los vecinos, a los groseros, bueno, no conozco a la familia del grosero, pero dicen que el cómo educas a tus hijos, refleja cómo eres... claro, tomo en cuenta que no siempre es cierto.

Yo estoy en mi habitación arreglándome, deseando que me dé gripa, calentura o que me pase algo, claro nada grave, pero si algo con lo cual decirle a mi madre que no podre bajar, pero no, al parecer mi cuerpo solo puede sentirse mal, en ocasiones híper importantes para mí, como el salir con mi primo, que por cierto no ha regresado, ya es muy noche y me preocupa que ande solo, ustedes saben, las cosas pueden cambiar mucho en 2 largos años y él no ha estado aquí en ese tiempo.

—Hija, ya llegaron los vecinos. —Me decía mi madre a través de la puerta.

—Madre, pasa, necesito hablar contigo.

Ella entro, y en realidad no sabía porque se lo había pedido, si porque no quería bajar y encontrarme con... bueno ya saben, o si era porque me preocupaba Jano

—¿Qué paso?, ¿te sientes bien?

Era mi oportunidad, decirle que estaba mal y quedarme en mi habitación o decirle que me encontraba bien y que me dejara ir a buscar a mi primo, podría decirme que no, y tendría que bajar de inmediato.

—Estoy bien. —Ya no hay marcha atrás, además como mi padre siempre me había enseñado, la familia es primero, aun primero que nosotros mismos, esto último nunca me lo ha dicho, pero al ver como lo hace por nosotros, sé que él así lo cree.

—Entonces bajemos.

—Madre, quería, ver si me dejabas ir a buscar a Jano. —Su cara demostraba desaprobación, estaba lista para decirme que no y yo para escucharlo, cerró la puerta del cuarto.

—¿Esto es importante para ti?

Me sorprendió que me preguntara eso, una ligera sonrisa se dibujó en mí, al notar que en sus ojos había ganas de comprender lo que hacía, más que de reproche.

—Sí, lo es.

—De acuerdo, pero te pediré algo. —Sus ojos se llenaron de una satisfacción, medio macabra para mi gusto.

—¿Qué? —Conteste con inseguridad y un poco de miedo, aunque era mi madre, y no creo que fuese algo peligroso, aunque es peligroso que las madres que son las que te conocen más que cualquier otra persona, bueno los padres... te pidan algo, nunca sabes que será.

—Te lo diré mañana, vete por la ventana, diré que estas enferma, fíjate donde pisas, de acuerdo.

—Si, gracias. —Ella solo sonrió, y salió.

Yo agarre mi bolsa y con el mas sigilo que pudiese, me aventure a salir por la ventana, era una noche hermosa, mi casa no estaba tan alta, era lo bueno, por eso mi madre sabía que podía salir por aquí, no creo que quisiera matarme Jajaja. Admire un poco el cielo, donde se encontraban millones de estrellas, pero era momento de irme, y me dirigí al lugar donde estaba la escalera.

—¡Ay! —Grite asustada y al recordar que teníamos invitados susurre. —¿Qué haces aquí sentado?

—Vine a admirar el cielo.

—Si aja, pero ¿Por qué desde mi techo?

—Daah, mi techo es viejo y frágil, apenas lo están reparando ¿que no ves?, además quería ver si salías por la ventana a acosar a otro muchacho. — Volteo a verme de forma burlona.

—Si hablas de lo que paso en la mañana...

—¿Paso algo? —volteo con sarcasmo a los lados, se notaba que transpiraba sarcasmo por todos lados. —no me di cuenta.

—Mmmm, lo que quiero decir, es que miraba a la nada. —Se notaba que no me creía, y la verdad ni yo lo hacía.

—Entonces, ¿no notaste mi pantalón pegado, a mi gran trasero sexy?, era negro. —Se levantó y recargo en la pared donde estaba mi cuarto.

Y decían que las chicas éramos las que adivinábamos las cosas.

—Era azul y no, no lo vi. —No, dije algo que no debió a haber salido, nunca de mí, todo por siempre corregir a los demás.

—¿Cómo sabias que era azul?, si no lo viste.

—¿Cómo subiste? —Evite su pregunta cambiando el tema... si ¿y?

—Por la escalera.

—Pareces delincuente.

—Mmmm, seeee, ¿Y?, ya entré a tu casa como uno, ¿Qué más puedo perder?, te doy tiempo para que vayas por el shampoo, anda ve.

Era desesperante, burlón, en nada se parecía al chico que vi en la mañana con la voz temblorosa, no se ¿Cuál me agradaba más?, ¡OH SI!, ninguno.

—Por cierto, ¿Cómo te llamas?

—Adivina. —Me lo decía sin mirarme a los ojos, ahora que lo pienso en ningún momento ha hecho contacto visual conmigo, tampoco es como si quisiera que lo hiciera... pero era raro, sus palabras, al menos las que ahora me decían, notaban una seguridad, de un chico que no tiene miedo de decir lo que piensa, aun así, pareciese un poco coqueto, pero su mirada o más bien su no mirada demostraba todo lo contrario.

—No tengo tiempo, tengo que ir a buscar a alguien.

El seguía recargado a la pared, mirando hacia el cielo, pero después de mis palabras volteo al piso.

—Al muchacho de la mañana, supongo.

—Si, por cierto ¿Qué no tendrías que estar en la cena?

—No, yo no quise venir.

—Mmmm o ¿solo estás acostumbrado a entrar sin permiso a un lugar? —Espero y halla notado mi sarcasmo, ya que estamos en el techo y si se lo toma muy en serio, podría aventarme y decir que fue un accidente, que me caí sola y nadie vengaría mi muerte y por eso mi alma estaría en pena todos los días de mi vida o de mi muerte mejor dicho... aparte soy muy joven para morir.

—Jajaja, eres graciosa, dime... aparte de acosadora, mal agradecida, bipolar y payasa... ¿Qué más eres?

Lo bueno que lo tomo con humor, pero yo... ¿acosadora?, ¿payasa?, mal agra... bueno eso sí y lo de bipolar, pero lo demás, claro que no, este chico ya se estaba tomando atrevimientos mayores.

—No te importa, además tengo prisa.

Di un mal paso y me gustaría decir que el caer era hermoso y desparramarte en el piso genial, pero no lo sé, porque alcanzo a tomar mi mano el chico grosero, que no se miraba mal de cerca, y mucho menos bajo las estrellas, quede tan cerca de él, que el color de sus ojos parecía que me pertenecía, era algo hipnotizante, él se hizo hacia atrás jalándome también.

—Ten más cuidado. —Lo dijo en un tono autoritario, que hizo que mis pies dudaran en moverse un centímetro lejos de, él... debo admitirlo, estaba nerviosa, él me ponía nerviosa y no podía evitarlo.

Logre recuperar mi voluntad y lo aparte de mí, pase por su lado, y ahora si fui a las escaleras, no mencione nada, ni unas gracias, ahora si era extremadamente la chica más mal agradecida que había en esta tierra... pero no era porque yo quisiera, pude recuperar mi voluntad de movimiento, pero al parecer mis palabras y aliento se quedaron con él.

—De nada. —Me dijo con un tono sarcástico, que creo que era obvio, más que las demás veces, pero no podía decir nada, dentro de mí me daba una cachetada y mil más para decir algo, pero nada salía de mí, lo único que hice fue girar y verlo a los ojos...

¡Oh, por dios, se volvió a ir la voluntad de movimiento, en las manos!, solo me encontraba ahí, mirándolo, si no le daba miedo en ese momento, es porque este chico está acostumbrado a ver muchas películas de terror extremo, mi mirada era como la del exorcista, Freddy, Jasón, Chucky, el demonio que despierta cada 23 primaveras, en esa escena de la película 2, donde los chicos estaban en el camión y él los estaba mirando y a uno le saco la lengua, como diciendo... "Oh, que suculento aperitivo eres"... estaba segura que en ese momento era horrible verme, pero algo hizo que no apartara su vista de la mía, y eso que desde que estábamos hablando, evito verme todo el tiempo.

Regrese a mi postura y baje las escaleras, desde abajo, cuando ya no podía verlo, ni él a mí, grite fuertemente.

—¡Gracias! —Salí corriendo, en medio de la calle.

Lo bueno de la noche es que en algunas calles, los autos ya no pasan, bueno no muchos... puedes correr en ellas y sentir la libertad, y el acogedor frio de la hermosa noche, y que mejor que acompañarla con estrellas, era grandioso... cerré los ojos y extendí los brazos, mirando al cielo, como en las típicas novelas de amor donde está lloviendo y una persona disfruta de la lluvia, pero como mi vida no es una historia de amor, no está lloviendo, yo solo estoy disfrutando de la noche y sus lunares estelares. De pronto sentí una mirada y a lo lejos del otro extremo de la calle, había una silueta, era extraño, también se encontraba en medio de la calle como yo y me estaba viendo o eso me indicaba su postura.

Ahora habíamos vuelto a la película de terror, ¿Por qué?, no puedo morir sin que me hayan amado, o sea, mi vida es una mierda, he amado, pero aún no me han amado.

La silueta se iba acercando, y de nuevo paso, no podía moverme, no podía decir nada, ni un solo grito, empezó a llover.

Genial, una película de terror con lluvia, un nuevo cliché... tal vez me enamore del asesino, o tal vez solo quiere mi corazón... pero claro ¡FUERA DE MI!, no podía moverme, ¿Qué hago?, cerré los ojos, si, patético, resignada a morir...

En unos simples segundos una respiración estaba frente a mí, y obvio una persona, eso quiero creer.

—No permitiré que andes en la calle sola, a esta hora, por cierto, me llamo Wish.

Mi gran sorpresa al abrir los ojos, mi desconocido vecino grosero y sexy, estaba frente a mí, del cual ya sabía su nombre, no pude hacer más que poner cara de alivio, sentí las gotas de lluvia, suaves y cálidas en mis mejillas y manos, ¿sería mi historia de amor, este chico grosero?

—¿Qué pasa?, ¿Te asuste?

Ya basta Norma, no te gusta, dile algo.

—No, solo me agarraste de sorpresa. —Sonreí un poco. —¿Wish?

—No me mires así, ¿pregúntale a mis padres?

—¿Deseo?

—Tiene más significados que ese.

—¿Cuáles?

—Pretensión, anhelo... —Me miro con picardía. —soy como un anhelo.

No pude evitar sonreír, ¿de dónde había salido este chico?, mi mirada bajo, pero esta vez no fue su trasero el que llamo mi atención, esta vez mire su sonrisa, era hermosa, pero más hermosos eran sus labios...

Pero que estoy pensando, debo apartar mi mente de ese tipo de cosas.

—O, pretencioso. —sonreí con ironía, y de una forma poco torpe.

Habíamos olvidado que estábamos bajo la lluvia, era todo un cliché, que no estaba dispuesta a seguir... si la vida lo había puesto, para que yo viviese una historia de amor, que a algunos haría llorar, otros reír y muchos otros vomitar, no gracias, yo iría en contra de todo eso.

—Bueno, ¿por dónde quieres empezar a buscar a tu novio?

Decir o no decir he ahí el dilema... acaba de mencionar la palabra novio y si no lo corregía ahorita, ¿Qué pensaría cuando se diera cuenta?

—No es mi novio, es mi primo, bueno no es mi primo, pero nos criamos juntos es como...

—Tranquila no tienes por qué explicarme. —Miro a los lados y se quedó pensando.

—¿Pasa algo?

—No, solo pienso como tu primo.

—Pero si ni lo conoces.

—¿Recuerdas lo que siempre dicen las chicas cuando están dolidas con un hombre?

—Pues decimos muchas cosas.

—De que los hombres están cortados por la misma tijera... ¿recuerdas?

—Sí.

—Pues te contare un secreto. —susurro en mi oído, haciendo que se me enchinara la piel con solo sentir su aliento. —Es cierto, pero no por las cosas malas, si no, porque a veces pensamos igual.

Jajaja es muy ocurrente, sus caras, gestos, todo su lenguaje corporal era inocente... pero no podía creer que en un chico de 20 años hubiese inocencia... y eso pensando que sea 1 año mayor que yo.

—De acuerdo, dime entonces, ¿A dónde?

—Hacia allá... —Señalo al mismo tiempo de que su cuerpo iba hacia aquella dirección.

—Pero de allá venimos. —Se regresó y con una pequeña risa. —por eso digo que mejor para allá.

Caminamos y caminamos, ya se me había hecho largo el camino, y tal vez soy una tonta al seguir a un chico del cual no sé nada y que iniciamos mal, pero ya era muy tarde como para regresar el tiempo... además de que eso no existe.

—Ya llegamos. —Dijo alzando los brazos y deteniéndose en una casa abandonada.

—Estas loco, si crees que me voy a meter ahí.

—¿Tienes miedo?

—Obvio. —No me importaba admitirlo, cuando uno tiene miedo es mejor aceptarlo, así le ahorras a las personas de que te estén retando.

—Pero, yo estoy contigo.

—Jajaja no sé si eso sea bueno...

Mi imaginación ha andado muy imperativa este día, no quería arriesgarme a pasar por otra de mis locas historias, de amor, terror, misterio, o comedia.

—Eso me ofende.

—¿En serio?

—No, pero debes darte cuenta, de que no eres muy buena conmigo.

—Dímelo, cuando te importe, como te trato.

—Claro que me importa, no creas que voy por la vida, ayudando a las personas para que me traten mal.

¿Ustedes que harían?, ¿confiarían en un completo extraño?... si su respuesta fue no, mátenme, ya que cometeré la peor locura de la vida de un adolecente... cuando ya pasé esa etapa, tengo 19 ya soy adulta, necesito llamarme de alguna forma, aunque en realidad no cumpla con los requisitos más que la edad para entrar a esa categoría.

Entramos a la casa, él con una gran determinación y yo con un maldito miedo, que me hacía querer traer un pañal, íbamos adentrándonos más a la oscuridad, y Wish, prendió la lamparita de su Nokia, no podía creerlo, un chico de su edad, el cual tenía unos padres con buena solvencia económica y lo sabía porque ellos tenían cadenas de oro blanco, esas no son nada baratas y ahora que me fijo Wish también tiene una y no es que tenga algo en contra de los Nokia, solo que es de los que aún están en blanco y negro, aunque es más gris que blanco.

—Te sorprende mi lámpara ¿verdad?

—Si, Jajaja. —Sonreí de una forma improvisada y, muy poco creíble.

—¿Cómo se llama tu primo?

—Jano.

El empezó a gritar Jano, cada vez que pasábamos por un lugar de la casa... de pronto notamos, una silueta tirada en el piso, nos acercamos y era Jano, estaba herido, supongo que alguien lo había asaltado.

—Llama a una ambulancia, ¡pronto! —Se lo ordene de una forma extremadamente fuerte, supongo que, ante la situación, no me iba a decir cosas como: hazlo tú, no me grites, ya cálmate... nada de eso salió de su boca, al contrario, marco rápido a emergencias.

—Bueno, ¿en qué podemos ayudarle?

—Necesitamos una ambulancia... —Wish empezó a dar las indicaciones de donde estábamos, y dijeron que tardarían 30 minutos, ¡no manches! Mejor manden al SEMEFO, pero no quedaba de otra más que esperar, note que Wish se quitó la camisa.

—¿Qué haces?

—Es para detener el sangrado, te pediría la tuya, pero eres mujer y pensarías mal.

Efectivamente, pensaría mal, él apretó su camisa contra la herida y la verdad era una situación angustiante, pero ya saben él estaba frente a mí, sin camisa, se miraban todos sus músculos, y pues en estas situaciones lo que más quieres es distraerte, y pues me distraje, claro sin dejar de preocuparme, pero me distraje.

—¿Qué miras? —Me pregunto con una sonrisa, al ver mis ojos perdidos en él, voltee rápido a su rostro.

—Nada. —Seguro ya no hablaba conmigo, si no con la miss tomate, sentía el color de mi cara cambiarse, ¿Cómo se siente un color?, pasa una gran vergüenza, enojo, o cualquier otra emoción, así se siente cambiar de color, o si, las emociones tienen color, pero muy pocas tienen colores que se noten.

—¿Segura?, no puedo creer que, ante esta situación, aun puedas acosar.

—No te estoy acosando.

—Lo que digas.

Volteé mis ojos hacia arriba, y evite mirarlo hasta que llegara la ambulancia, él había logrado calmarme y evitar que yo pensara que Jano moriría, me dijo que la herida no era grave, y que con impedir que saliera mucha sangre bastaría para que estuviese bien.

—¿Puedes relevarme?

—¿Por qué?, ¿A dónde vas?... no quiero quedarme sola.

—No voy a ningún lado, esto es cansado, necesito descansar los brazos, además si cumple el hospital con el tiempo acordado, solo faltan 10 minutos para que lleguen.

Tenía razón, y pues, aunque no me gustara la sangre, tenía que hacerme cargo de mi primo, aunque eso implicara ver sangre.

—Por cierto, ¿Cómo te llamas?, nunca me lo dijiste.

—Nunca preguntaste.

—Porque normalmente, cuando alguien te dice su nombre, tú también lo haces.

—Ya te habrás dado cuenta, que yo no soy normal ¿verdad?

—Si, lo bueno que lo dijiste tú y no yo.

—Jajaja. —Hice una risa sarcástica. —payaso.

—No, la payasa eres tú, recuerda.

—A, ya que tocas ese tema, dejemos algo...

—Shhhh.

—¿Qué pasa?

—Shhhh. —Se acercó a mí y puso su mano en mi boca, y empezó a susurrar. —al parecer no estamos solos.

Mi corazón empezó a latir fuertemente, podrían ser los paramédicos, pero no se habían escuchado las sirenas... solo se escuchaban pasos y voces, aunque no se distinguían lo que decían, había un gran ropero en la habitación donde estábamos, Wish, me indico que me metiera, y cuando lo hice subió a Jano conmigo.

—Por favor, no salgas, hasta que yo venga por ti y no dejes de presionar la herida.

—No quiero estar sola, entra, cabemos los 3.

—No, yo veré como los saco de aquí.

Se alejó y cerró la puerta, estaba oscuro y la verdad no quería prender nada, no fuese que hubiese algo conmigo, prefería no averiguarlo.

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