La chica ideal


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7. CAPÍTULO#7 -LOS PROBLEMAS TIENEN NOMBRE.

Ya era de mañana, y yo apenas había dormido unas horas... mi cabeza daba vueltas, era como sentir una resaca, pero sin haber disfrutado del alcohol, no quería levantarme, sentía ganas de vomitar, ¿Por qué?, pero recobre toda la energía al recordar quien está en casa, "no, no podía darme el lujo de no disfrutar el día con mi primo" como pude me metí a la ducha y me quede ahí como por 30 minutos exactos, ni uno más, ni unos menos.

Toc, Toc... no sé si así suenen las puertas, pero alguien había entrado a mi habitación y tocaba la puerta del baño, ¿Quién era?, si me encontraba sola, y digo eso recordando, que mi padre fue a trabajar, mi hermana salió a dar sus tutorías a la biblioteca y mi madre había llevado a mi primo al supermercado, ella también tenía muchas cosas que hablar con él.

No sabía, si salir, o no salir, en este momento odiaba a mi familia por haberme dejado sola, aunque eso fuese normal, odiaba mi estúpida forma de entrar al baño, con simplemente una toalla y dejar todas mis cosas afuera, si necesitaba defenderme de alguien, tendría que elegir, entre que me viese desnuda, pero pegándole con todo lo que tengo o que me mate, pero con mi dignidad, aunque me podría quitar la toalla después de matarme, pero yo ya no estaría consciente... pero, pero, pero solo peros, ya basta, debo de pensar rápido. Yo tantas veces criticando las historias de terror, mil veces diciendo, que yo no iría a ver lo que pasaba si estuviese en una situación así, quejándome de cómo es que se pueden quedar paralizados en situaciones donde yo correría, pero mírenme ahora, paralizada, encerrada en un baño sin poder moverme, durante todo este monologo conmigo misma, le estuve diciendo a mis piernas que se movieran, pero no se han movido ni un centímetro, ¿Qué estaba pasando conmigo?

Toc, Toc... se vuelve a escuchar como tocan la puerta, pero ningún sonido aparte de eso. Agarro mi botella de shampoo, ¿para qué?, a no sé, tal vez si le hago un lavado de cabello no me mate, obvio que no es por eso, en estos momentos lo único que piensas es en no salir vulnerable ante un posible homicida, uno tiene que agarrar lo que este a su alcance.

Quería con todas mis fuerzas que ese shampoo ardiera como el mismo infierno en los ojos de ese maldito asesino, también quería que fuese mi primo o alguien de la familia, que hubiese vuelto... trague saliva y sin pensarlo pregunte:

—¿Quién está ahí? —Genial, había caído completamente en una película de terror, solo me faltaba mencionar la famosa pregunta cliché de todos los que morían y con una muerte dolorosa... ¿¡qué pasa conmigo!?

—Disculpe. —Su voz era dulce y hermosa, no parecía la de un asesino, pero aun así eso no me confortaba, podría ser como en la novela de Telemundo, "Alguien te mira", nadie se esperaba que el asesino fuese el doctor, guaperrimo, que hablaba bellísimamente hermoso, pero decidí salir.

Al salir, me encontré con un chico, me asusté... ¡Oh por dios, era mi fin!, era guapo como ese doctor, adiós triste vida, pero gracias por dejarme morir con una vista hermosa.

—Disculpa... mm, por, ahh... disculpa por haber entrado sin avisar, tienen una fuga de gas en el patio y es peligroso. —Esto me lo dijo el sexy doctor asesino que vivía en mi imaginación, que no servía los 365 días del año y 366 en año bisiesto, se le había ocurrido funcionar hoy, dándome un susto enorme, y una equivocación muy penosa, claro que él no podría saber, pero podría darse cuenta si seguía sin decir nada.

—Podrías esperarme a fuera, necesito cambiarme. —Dije con la mayor calma que pude conseguir en estos momentos.

—Claro, disculpa. —De esta forma salió y se quedó sentado en las escaleras, yo todavía tenía la botella de shampoo en la mano, era vergonzoso, en todo lo que había pensado, pero no pueden culparme, es mejor ser prevenido que lamentar.

Salí de la habitación, y no pude evitar contemplarlo, era muy lindo, más allá de lo físico, tenía algo en él, que me hacía sentir nerviosa, pero de una forma agradable.

Oh, no, se dio cuenta de que lo estaba viendo, creo que lo puse incomodo, porque no sonrió solo espero a que me acercara.

—Podrías decirme, ¿Quién eres?

—Sí, soy el hijo de los nuevos vecinos, estaba jugando con mi hermano futbol, y se voló a su patio y salte, por la pelota, note que olía a gas y encontré la fuga. —Note que su voz temblaba.

—A, está bien, y ¿Cuánto tardaras en arreglarla? —Él se quedó extrañado por mi pregunta.

—Disculpa, te dije que soy tu vecino, no reparo tus desastres. —Me lo dijo en un tono grosero, en realidad no halle nada ofensivo en mis palabras así que no iba a disculparme, al contrario, iba a jugar su jueguito, valga la redundancia.

—Perdón, pero es que no sirve de nada, si no lo vas a arreglar, ¿Por qué viniste? —Creo que en ese momento entendí a lo que se refería cuando mi madre decía, que yo tenía el poder de sacar de quicio a cualquier persona, este muchacho estaba rojo de coraje.

—Oh, perdón, pero eso no es un agradecimiento, por tomarme la molestia de venir hasta aquí, para evitar, que tu casa estalle, contigo a dentro. —Susurro —aunque no sé si eso sería malo.

—¿Dijiste algo?, bueno no importa, si fuese cierto lo que dices, lo arreglarías. —El soltó una pequeña risa sarcástica.

—Me voy, contigo no se puede.

—No me tutes, no te di permiso.

—Perdón, con usted no se puede... por cierto, si se quiere defender de alguien, no le servirá de nada un shampoo.

No podía creerlo, él había adivinado lo que pensaba hacerle, si resultaba ser un asesino, pero obvio no lo iba a aceptar.

—Por si no lo sabes, yo siempre saco el shampoo del baño.

—Lo que digas. —Soltó otra hermosa, pero fastidiosa burla sarcástica y se fue, sin voltear a verme, pero con la mano en alto diciéndome adiós, de una forma burlona.

Me encontraba totalmente y extremadamente exorcizada, hasta se me había olvidado que me sentía mal en la mañana, mi respiración era fuerte, claro a propósito, siempre lo he hecho para demostrar que estoy enojada, y ahorita lo que me daba más enojo es que nadie podía escucharme respirar fuerte.

Le hable a Sonia, ya que quería desahogarme, y porque no le había hablado ayer y eso que me lo había pedido, alguien iba a estar muy enojada y dramática y créanme que no sería yo.

—Mmmm, miren nada más, quien ha regresado.

—No es para tanto, solo no nos hemos comunicado en 24 horas.

—Ha sido más que eso.

—Bueno, me vas a escuchar. —Sonia muy pocas veces me había oído así de enoja, así que dejo los reclamos a un lado y decidió escucharme.

—¿Y cómo era el chico?

—¿Por qué quieres saber?

—Pues para ver si voy más seguido a tu casa.

Yo me encontraba frustrada, fastidiada y hambrienta... y lo peor es que no había nada en la cocina, esto si era una verdadera historia de terror y más si la cocina hubiese estado llena, ya que sé que mi hambre me hubiese segado, haciendo que no me acordara que había una fuga de gas y moriría en una explosión, ¡boom!, ¡boom!... ya me imagino lo que dirían las noticias, "El pez por su boca muere" esta chica por tratar de llenar su boca con comida, murió en el intento y con el estómago vacío. Ya sé, eso no tiene sentido, pero ¿Qué esperaban?, tengo hambre y eso me hace perderme, aunque la voz de mi amiga, hizo que volviera a la realidad.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—Lo que te pregunté.

—Si lo que quieres que responda es si es guapo, pues sí, no lo negare, es muy, pero muy guapo. —Lo dije con un tono de resignación, y de fastidio, no me gustaba admitir que un chico tan grosero hubiese sido bendecido con tal belleza.

—Descríbemelo.

—No.

—Anda, no seas mala.

—No importa lo que digas, no lo haré.

—Soy tu mejor amiga, ¿Qué tal si es el hombre de mi vida?

—Dudo que mi vecino lunático sea el hombre de tu vida, espero que no.

—Bueno, si no me lo describes no podría prepararme para rechazarlo. —Sentía su sarcasmo en cada una de sus palabras, obvio conociéndola como la conocía, Sonia jamás rechazaría a un chico como él.

—Bueno, es alto, como 1.80, delgado, pero musculoso, moreno, ojos cafés, y pelo lacio negro y un poco largo, y no sé qué más decirte.

—¿Cómo lo sientes?

—Ni lo toque. —Se lo dije nerviosa, y no sé porque, si no había pasado nada con él, bueno me había visto en toalla, prácticamente desnuda, bueno, tampoco, colgué el teléfono.

Escuche la puerta de enfrente abrirse, me fije por la ventana y estaba mi madre hablando con el grosero, por una extraña razón no podía apartar mi mirada de su cuerpo, tan moldeado, como se le acomodaba su playera, a cada uno de sus músculos, a su abdomen, mi mirada bajo a su trasero, ¿¡Qué!?... todas lo hacemos, aunque nos hagamos las muy santas, es inevitable hacerlo, también tenemos hormonas alborotadas y es como un instinto, la mirada baja automáticamente, lo mire y por un rato olvide que las ventanas eran transparentes, estaba mordiendo mi labio inferior, cuando de repente sentí una mirada.

Oh no, mi madre ya se había metido y él se había girado hacia... ¡oh por dios!, me había mirado, viendo su gran y sexy trasero, él se rio, y movió la cabeza en negación, y yo pues que podía hacer, fingí que me estaba quitando algo del labio y cerré las cortinas, lo más rápido que una persona pudiese hacerlo.

¿Cuántas vergüenzas más pasaría gracias a, él?? Claro que fue su culpa, todas las personas son conscientes de su anatomía, no debería usar pantalones tan pegados, con tremendo cuerpecito que dios le dio, claro a de pensar que no es para que se lo coman los gusanos.

—¡Bu! —Mi primo estaba muerto de risa, al ver mi reacción después de haber emitido un ruido tan simple como "BU" y lograr asustarme, lo voltee a ver casi, casi fantaseando con tener la visión de ciclope en los x-men o como se diga, pero no, el seguía con sus burlas.

—¡Ya!, lograste asustarme, a mí, a la chica que se asusta con un día lluvioso cuando se acaba de arreglar el cabello, que gran logro... - Moví las manos como si tuviese una bandera agitándola, mientras apoyaba a un equipo. —Wuju.

—Ay prima, con esas bienvenidas, sí que dan ganas visitarte. —Su sarcasmo era más que justificado, se sentó con muy pocas ganas, y me hizo sentir culpable... malditos hombres que pueden hacer que una chica pierda el control en todos los sentidos.

—Disculpa, no quise hacer que te sintieras mal, mira mejor vamos al parque y te compro un batido, ¿Qué dices?

—Que fácil es, hieres a uno y crees que un simple batido lo puede arreglar todo. —Me lo decía en un tono triste, muy fingido para mi punto de vista.

—Bueno, ¿Qué te parece, un batido, y una hamburguesa?

—¿Con papas?

—Sin papas, pero con helado.

—Mmmm, está bien. —Y así se negocia el perdón de la familia... con comida.

Salimos de la casa, de esta al parque eran como 7 cuadras, pero no nos molestaba caminar, a pesar de haber pasado toda la noche hablando, aún quedaba bastante por decirnos, el uno al otro.

Salimos de la casa y mi primo era súper caballeroso, con todas y eso lo hacía ver más guapo de lo que era, el dejo que saliera primero, y en cuanto lo hice, ahí estaba afuera, era el chico grosero, el vecino que todas deseaban y lo digo, por el simple hecho de que ya todas las chiquillas inmaduras de mi cuadra, andaban ahí, tratando de tocar los brazos, abdomen y creo que hasta su sexy, pero grosero trasero, él noto mi mirada y sonrió como si se burlara de mí, no entiendo porque, ni que a mí me interesara, yo le di una sonrisa forzada, para que se diera cuenta que el interés no estaba, de pronto su sonrisa se borró, y me di cuenta de que había notado al chico guapo que venía conmigo, claro mi primo, pero él no tenía que saberlo.

Ese momento no pudo ser más perfecto, o eso creí, después que cerró la puerta, me ofreció su brazo, para caminar agarrada de él, mi primo era como un adonis, y ahora me tocaba sonreír a mí, y así lo hice, aunque él no me la correspondió.

Jajaja era un juego infantil, tratar de poner celoso a un chico que apenas había conocido hace unas horas, pero en mi defensa él empezó, yo no tengo la culpa, además con él, yo podría estar 100% segura que él siempre tendría la culpa.

Nos alejábamos, y sentía su mirada en mí, pero lo que realmente creo que le ardió, fue que mi primo el perfecto, un hombre que me pretendía, ante sus ojos, le sonrió y le dio los buenos días, muy cortes, y hacía notar su perfección ante él.

Compramos unos helados y decidimos sentarnos en el pasto, mi primo y yo nos teníamos mucha confianza, a veces parecíamos novios, y saben que es lo malo de eso, que a veces te puedes topar con personas, personas que son parte de tu vida y pueden interpretar de otra forma la situación... mi primo se encontraba manchando mi nariz de helado, en ese momento note estacionado en frente de nosotros el carro de Antonio, a pesar de no estar haciendo nada malo, me puse nerviosa, no encontraba que hacer, nunca en mi vida había ocultado a mi primo, pero en serio tenía unas ganas inmensas de hacerlo para que Antonio no se diera cuenta, de que estaba con un chico súper guapo, pero no podía hacer nada, solo deje que pasara lo que tuviese que pasar.

Mi primo me conoce como la palma de su mano, noto que estaba un poco tensa, y él se apartó un poco de mí, sin tener que decirle nada, creo que noto que era la distancia la que quería cambiar.

—¿Dónde está? —Me pregunto con un tono de indiferencia.

—¿Dónde está quién?

—El chico que te interesa.

—¿Por qué preguntas eso?

—Se te olvida,  ¿quién me enseño como se comportaban las chicas?, se te olvido ¿quién me enseñó a besar?, Ja claro eso no tiene nada que ver, pero me gusta cuando te pones roja, el caso es que te conozco.

No entendía por qué sacaba ese tema, éramos unos niños, el beso fue en la mejilla, y era un tema del cual casi no me acordaba, pero no me disgustaba, al contrario, me divertía que me hablara, o mejor dicho que habláramos de nuestros momentos y travesuras que hacíamos cuando éramos pequeños.

Estábamos riendo cuando de pronto escucho una voz cerca de mí, voltee a un lado y a unos centímetros se encontraba Antonio.

—Hola, ¿Cómo está?

—Ooooo, hola, estoy muy bien, ¿y tú? —Lo dije de una forma nerviosa a tal punto que Antonio se dio cuenta.

—Perdón, creo que interrumpí algo. —Pensaba que lo había dicho por mí, pero después me di cuenta, que mi primo tenía una cara de pocos amigos y esa era la razón por la cual, Antonio pensó que había interrumpido algo, estoy segura que pensó que era algún tipo de cita.

Antonio se despidió y se dirigía a su auto, yo no pensaba seguirlo, no quería dejar a mi primo solo, así que  me quede observando cómo se alejaba.

—¿Qué esperas? —Me dijo Jano, mientras miraba al cielo, y se recargaba con los brazos al suelo.

—¿De qué hablas?

—Ve, y explícale, nuestra situación, es lo que quieres.

—¿No te importa que lo haga?

—Mientras no me dejes aquí solo, durante más de 30 minutos, por mi está bien. —Por algo no le creía, pero no tenía razones para odiar a Antonio, ni lo conocía. Estaba a punto de irse, me apresure, fui tras él.

—¡Antonio!, espera. —Él se detuvo y giro hacia mí, note que su mirada se dirigía hacia mi primo una que otra vez, pero no le tome importancia. —¿Cómo estás?

—Bien, Jajaja, ¿solo corriste para decirme eso?

—No, bueno sí. —No quería dar explicaciones que no me pedían, además de que parecía que él estaba bien, no pasaba nada raro y no se miraba que estuviese enojado. —se me olvido presentarte con mi primo.

Oh sí, soy un genio, halle una forma de decirle que era mi primo sin necesidad de que parezca una explicación.

—Descuida, no creo que tu primo este muy interesado en conocerme. —Me lo dijo con una seguridad, que hasta me hizo sentir muy apenada y avergonzada por el comportamiento de mi adonis perfecto, que ahora no me parecía tan perfecto. —no me lo tomes a mal, pero no creo que sea buena idea, que él y yo nos tratemos, además estará muy poco tiempo aquí.

—¿Cómo sabes eso?

—Eso no importa, me tengo que ir. —Tal parecía que ellos ocultaban algo, pero no tenía ni una idea de que. Se despidió de mí, solo levanto una mano en señal de adiós a mi primo y el con una sonrisa fingida, le regresa lo mismo, pero se notaba el desagrado entre los dos, y era obvio que ellos escondían algo.

Regrese con mi Jano, y lo mire con ironía, él no me miro ni una sola vez, hasta que le obligue.

—¿Harás como si nada pasara?

—No pasa nada.

—¿Ustedes se conocen? —Si había logrado que me viese, eso termino cuando le hice esa pregunta, se quedó callado y se levantó. —será mejor que nos vayamos de aquí.

—Nunca nos hemos ocultado nada.

—Creo que hay que empezar a hacerlo. —Él se fue enojado hacia un lugar que no era la casa, y lo hubiese seguido, si no me lo hubiese prohibido.

Volví a mi hogar, y al llegar mi madre estaba conversando con los nuevos vecinos, y ahí se encontraba también el grosero, del cual aún no sabía su nombre, mi madre me llamo, mientras ellos se despedían de ella.

—¿Qué paso madre?

—Nuestros vecinos nos acompañaran a cenar, hoy. —Dentro de mí, solo estaba la palabra no, no y no, ¿Cómo iba a compartir la mesa con alguien que no soportaba?, ella se metió a la casa y yo me senté en las escaleras, tenía mucho en que pensar...

No es fácil olvidar los problemas, cuando estos tienen nombre y apellido, cuando estos tienen vida propia.

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