6:00PM

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  • Publicado: 3 jul 2017
  • Actualizado: 3 jul 2017
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Liesel Shaunner se asoma todos los días a las 6:00pm a su balcón por una sola razón, ver al chico de sus sueños; ¿pero podría imaginarse lo que iba a pasar ? esta no es una historia de amor y definitivamente no tiene un final feliz.

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1. 6:00PM

Liesel Shaunner se levantaba todos los días temprano para asistir a la universidad, tenía una rutina, primero café y luego las noticias, aunque no le interesaba mucho la política le gustaba estar enterada de lo que estaba pasando en el mundo, ya sabes para tener una plática casual con alguien, no estaba demás entablar una conversación  con un chico en algún café; aunque tenía 21 años se sentía muy sola en cuanto a cuestiones del amor, ya hacía varios años que se había ido de su ciudad natal para estudiar psicología en San Francisco y aunque tenía varios amigos de la facultad no podía evitar la sensación de soledad cada vez que regresaba a su departamento después de la universidad.

La primera vez que lo vio fue una fría tarde de otoño cuando se asomó al balcón de su departamento, vivía sola y asomarse al balcón siempre le había parecido interesante, poder observar el mundo de las otras personas, en que estaban pensando , que estaba pasando en su vida en esos momentos; su hora favorita eran las 6:00pm porque le gustaba ver el ocaso que se irradiaba en el cielo, ese día dejo su mochila en el sofá y cuando se asomó ahí estaba el, era apuesto, un chico de piel blanca y cabello castaño, se le asomaba un poco de barba de desde ahí y podía distinguir que tenía los ojos de color café claro, estaba sentado en una banca leyendo el periódico y bebiendo café, ¿cómo no se puede congelar allá afuera? pensó Liesel , hacia un frio tremendo y el parecía estar en pleno verano sentado a la orilla de la playa; después de media hora de estar leyendo el periodo el chico apuesto se levantó y se dirigió hacia el sur de la ciudad, Liesel lo perdió de vista cuando doblo la esquina y deseo poder verlo una vez más.

Y así fue,  el chico apuesto empezó a tener una rutina de sentarse en la banca frente a su departamento a leer el periódico, rutina que también adquirió Liesel, todos los días llegaba y corría a su balcón con un libro o lo que tuviera a la mano, no importaba, no iba a leer, solo iba a observar a este chico que cada día se volvía mas interesante. Liesel empezó a pensar si él se daría cuenta que ella lo observaba, no quería parecer una stalker y mucho menos una loca, pero él nunca levanto su cabeza ni veía para otros lados, siempre su periódico y a veces su celular, y cuando el por casualidad levantaba su cabeza por un ruido o algo inusual ella disimulaba con su libro y bajaba su cabeza, mejor prevenir que lamentar decía, no quería estar en esta situación incómoda en la que se cruzaran sus miradas y el la sorprendiera mirándolo, igual estaba en un segundo piso y era fácil de que el la detallara, quizás alguna vez lo habría hecho, pero dejó esos pensamientos de lado, no quería crearse ilusiones. 

Los días, las semanas he incluso los meses pasaron, nada había cambiado, el seguía viniendo todos los días y ella dejaba de hacer lo que estaba haciendo para asomarse por el balcón, a excepción de los fines de semana y festivos ya que el chico no venía, Liesel pensó que quizás prefería pasar esos días en familia o irse de viaje, quien sabe, al fin de cuentas ella no lo conocía, no sabía cómo sonaba el sonido de su voz o de su risa ni tampoco sabía cómo era su temperamento o ni siquiera su nombre, algo tan simple como eso. Sus amigos que al principio lo tomaron como broma empezaron a preocuparse, lo de Liesel se estaba volviendo más que todo en una obsesión; salía corriendo de sus clases, terminaba los exámenes en menos de 20 minutos, incluso dejaba trabajos y tareas incompletas solo para ir corriendo a su casa a observar a este chico, sus amigas le dijeron que era ridículo, que no le veían ningún sentido a ver a un chico todos los días haciendo lo mismo, le sugirieron que al menos le hablara, que bajara las escaleras y se acercara a él con una excusa, pero Liesel pensó que eso arruinaría todo y podría incluso quitarle la ilusión de verlo todos los días, que tal que tuviera novia o estuviera comprometido, quizás se sentiría incomodo que una chica se acercara donde el con una excusa estúpida, incluso diciéndole la verdad sonaría mas estúpida; ni hablar, no hablaría con él no quería que todo se echara  a perder, si es que había un “todo” en esta situación.

Las cosas empezaron a cambiar en verano, el chico apuesto empezó a faltar, ya no venía tan seguido, Liesel pensó que quizás era porque estaba de vacaciones, ya los cursos habían terminado y todo el mundo estaba disfrutando del verano; no se alarmó mucho por eso y decidió retomar con sus actividades diarias sin que eso le afectara. Pero cada vez faltaba más, ya no venía 3 veces a la semana si no 1 y después cada 15 días y así, hasta que un día pasó lo que Liesel temía, el chico guapo que tanto la había fascinado todo este tiempo dejo de venir. Al principio lo tomó con calma, había pasado un mes pero no era para alarmarse, por unos instantes tuvo un pensamiento horrible de que le pudo pasar algo, fue fugaz pero que la hizo estremecerse; empezó realizar paseos a esa hora del día para distraerse, aunque muy en el fondo sabía que no era para eso, tenía la esperanza de que en uno de esos paseos se lo encontraría, no estaba segura si le hablaría o no pero con tan solo mirarlo iba a ser suficiente para ella; caminaba en la misma dirección que el chico tomaba todos los días después de sentarse en aquella banca y cada día llegaba más lejos, no se podía imaginar donde vivía el, o si vivía cerca, las calles estaban repletas de tiendas y supermercados y eran muy transitadas, nada tranquilo para una familia de los suburbios; pero más adelante, 4 manzanas después exactamente, Liesel se dio cuenta de que había un conjunto de casas que nunca había visto antes, no era de explorar el lugar donde vivía y muy raras veces salía de su casa y la universidad, pero ese conjunto de casas le recordaba el lugar donde nació, estaba lleno de vida y si concentraba un poco su olfato podría oler el aroma de comida casera, aroma que hace mucho tiempo no recordaba.  Empezó a caminar por este conjunto de casas, estaba maravillada, se sentía como en un sueño o una de estas películas de su infancia donde todo era de colores bonitos y el sol siempre brillaba, cuando se dio cuenta de que estaba vagando sin sentido y con cara de boba visualizó a lo lejos una casa que estaba llena de gente, estaban vestidos de negro creía ella y cuando se acercó más pudo notar que era un funeral, no quería ser irrespetuosa y acercarse mucho, era un momento privado de esa familia y no estaba vestida para la ocasión, pero fue como si sus piernas no hubieran escuchado la orden de quédate quieta y da vuelta atrás porque cuando se dio cuenta estaba en la entrada de las rejas que conducían a la casa;  la gente parecía estar tranquila, con caras tristes y cansadas pero tranquilos, nadie lloraba desconsoladamente, eso la hizo recordar una clase que tomo de su curso donde el profesor les había comentado de que la gente vive el duelo de maneras diferentes, ella no se lograba imaginar cuan diferente podía ser para cada persona ni como reaccionaria ella, nunca se le había muerto nadie cercano y no quería ni imaginarlo; mientras estaba en su trance y recordando su clase una mujer rubia un poco mayor que ella se le acerco con una sonrisa y le pregunto si conocía a la persona que había muerto – ¿eras su amiga?- creyó haber escuchado, pero como estaba envuelta en sus pensamientos y no estaba segura que le había preguntado aquella mujer solo asintió con la cabeza, en cuestión de segundos y cuando quiso reaccionar estaba sentada en el sofá de aquella casa con una taza de café en su mano y rodeada de gente que estaba hablando muy bajo, casi murmurando; una mujer un poco mayor que la anterior que se le había acercado , se le sentó a su lado y le dedico una sonrisa, le dijo que el ataúd se lo habían llevado en la mañana pero que la gente se había quedado todo el día haciéndole compañía, -no sabes lo irónica que puede ser la vida cuando el cáncer se lleva a tu hijo menor en el momento más inesperado-. -¿Cáncer?- respondió Liesel.

-Sí, pensé que eras su amiga, cuando llegaste parecías muy confundida, lo entiendo él era una persona muy reservada y nunca le hablo a sus amigos de aquello, ni siquiera hablábamos de eso en familia, pensamos que si lo ignorábamos la cosa no se iba a empeorar tanto-dijo la mujer negando con la cabeza lentamente.

Liesel no sabía muy bien lo que estaba ocurriendo, muy en el fondo quizás si lo sabía pero no estaba muy segura de ello, tenía que salir de dudas de todas maneras, algo le decía que tenía que hacerlo. Miro a la mujer detenidamente y le preguntó- ¿puedo ver una foto de su hijo?-

La mujer no dijo nada pero se levantó rápidamente y extendió su brazo hacia una pequeña mesa que tenía frente al sofá y cogió en sus manos un portarretrato donde estaba toda su familia, lo miro por unos instantes con una leve sonrisa de tristeza y se lo pasó a ella. Liesel dudo unos segundos en cogerlo pero lo hizo y cuando por fin vio la foto sus ojos se abrieron como platos, tenía la leve sospecha pero de todas formas fue una gran sorpresa para ella, no podía creer que era el, el chico guapo que tantas veces miró por ese balcón y que creyó que algún día iba a conocer, todas sus esperanzas de siquiera cruzar un hola con él se esfumaron por los aires, ni siquiera lo conocía pero podía sentir una tristeza inmensa por dentro, o un vacío, no estaba segura de que era. La mujer debió de percibir el asombro de Liesel porque la dejo sola unos segundos mientras asimilaba la situación, luego de un momento se levantó de su lado y le dijo- sabes cariño, le dije a mi hijo que si no se atrevía a decirle a sus amigos sobre su enfermedad que les escribiera una carta, me entregó unas cuantas antes de empeorarse pero hay algunas que no alcanzó a ponerles destinatario, quizás haya una para ti, ¿Por qué no subes a su habitación y miras si alguna de esas cartas estaba dirigida a ti?-. Liesel no quería decirle a la señora que en realidad no conocía a su hijo y que era muy probable que él no la conociera a ella  o que si quiera la hubiera mirado un día, pero le dio pena explicarle él porque estaba ahí o como había conocido a su hijo, así que solo dijo que si y dejo que la señora la acompañara hacia la habitación, después de estar ahí la mujer cerró la puerta y la dejó completamente sola.

Su cuarto tenía un olor peculiar que Liesel no sabía describir exactamente, pero podría decir que olía a pizza mezclada con un olor a lavanda; tenía un cuarto muy ordenado, nada fuera de su lugar, muchos libros y papeles que quizás su madre estaba recogiendo porque estaban empacados en cajas, tenía poster de películas antiguas de superhéroes y una foto en su mesa de noche donde salía con su familia en unas vacaciones en la playa. Liesel se quedó unos segundos viendo todos los detalles de ese cuarto e imaginándose a este chico aquí sentado o acostado en su casa, era la hora y todavía no podía creerlo, después de unos minutos de estar divagando en su propia mente se acercó a la mesa de noche y abrió en cajón, no estaba segura de que estaba buscando, era obvio que no iba a encontrar nada ahí para ella pero ya que se encontraba en su habitación quiso ver quien fue realmente este chico.

En el primer cajón Liesel encontró varias cartas que él había escrito, observó algunas que iban dirigidas para sus amigos más cercanos y otro para una chica de nombre Ana, no quiso ser entrometida y leerlas, eso era algo personal entre él y sus amigos, si las leía sentía que le estaba faltando el respeto; después de varios minutos de estar sentada con las cartas en las manos las puso en su sitio y se levantó, ahí no había nada más, era hora de volver a casa y tratar de superar ese extraño episodio de su vida. Cuando estaba dispuesta a irse de aquella habitación algo la hizo voltearse, no creía en el sexto sentido pero en ese momento juro que había sentido un fuerte presentimiento de darse la vuelta y abrir el cajón que se encontraba en el escritorio, y así lo hizo, Liesel camino lentamente y abrió aquel cajón en el que encontró una carta, la única que no tenía nombre, sus manos temblaban y estaban sudando y ella no sabía porque, levanto la carta a la altura de sus ojos y la abrió lentamente, su respiración se entrecortaba y sentía punzadas en el estómago, cuando por fin pudo abrirla completamente leyó lo que estaba escrito en tinta con esa hermosa letra

Querida chica del balcón,

He pensado mucho en escribir esta carta, sé que soy un estúpido porque quizás no leas esto, mi salud está empeorando cada día más y no sé si mis fuerzas me den para llevarte esta carta, ya no puedo salir de mi casa, mi cuerpo no aguanta estar parado mucho tiempo, pero escribiré tu dirección para que mi madre te la haga llegar. Sé que es extraño que te esté escribiendo, te estarás preguntando como se de ti o como si quiera se tu dirección, pues veras mientras tú me observabas cada tarde por aquel balcón yo siempre te veía a ti, tú no te dabas cuenta pero desde que me di cuenta que vivías ahí y que te asomabas todos los días a la misma hora decidí ir cada día solo a verte, nunca me atreví a saludarte o acercarme a ti, soy una persona muy tímida en ese aspecto y pensé que quizás podría ser incómodo para ti; espero que leas esta carta cuando aún este vivo porque me gustaría ver tu sonrisa una vez más y por qué no también tomarnos un café y hablar de la vida. Esta enfermedad te enseña apreciar todos los momentos de la vida por que no sabes cuándo podrán irse para siempre, fue algo repentino para mí y para mi familia, no sabíamos cómo manejar esto y ellos nunca quisieron hablar de eso pero todos sabíamos en el fondo que esto iba a ir empeorando cada día más, ahora me arrepiento de no haberme acercado a ti y conocerte, sé que nos íbamos a llevar bien, tenía ese presentimiento y soy muy bueno con eso. Me gustaría saber tu nombre, poder pronunciarlo en mi cabeza por un instante es un deseo muy grande para mí, chica del balcón si lees esto y todavía sigo sentado en esa banca cada día a las 6:00 pm solo te pido que me dediques una sonrisa, con eso es suficiente para mí.

Con mucho cariño,

Mark Stone.

 

Meses más tardes alguien me contó que Liesel ya no se asoma más por ese balcón, ya casi nadie la ve y poco sale de la casa o de la universidad, las 6:00 pm no ya no es una hora significativa para ella si no una hora más para estudiar y hacer sus deberes, dicen que se mudara a otra dirección, una muy lejos de ahí y lo más importante que no tenga balcón.

 

 

 

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