BORRADOR DEL PROLOGO UNIVERSO 1883 - LA BELLE EPOQUE

La introduccion del nuevo libro en el que estoy trabajo.

UNIVERSO 1883 - LA BELLE EPOQUE.

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1. PROLOGO - EL INICIO DE UNA NUEVA ERA

No olviden escuchar “What a wonderful World” de Louis Armstrong cuando leen este libro.

 

 

BORRADOR DEL PROLOGO DE UNIVERSO 1883 – LA BELLE EPOQUE.

 

 

Jaime Enrique Gutiérrez Pérez

 

2017

 

 

¿Con que clase de palabras debería empezar esta narración? Para empezar, quisiera introducirme; me llamo Alexis Salmfelds, y soy un miembro de la legendaria Juventud Mística Británica. Sirvo en una de las legiones más importantes que existe, la legión Puck, comandada por la capitana Tina Lovecraft.

¿Por qué digo estas cosas? ¿Qué propósito tiene que yo me introduzca de esta forma? Quizás porque, aunque es el año 1883, siento que todavía vivo esos días en donde mi hermano, Duncan Gideons y yo, tratamos de escapar de aquellos que querían destruir nuestra vida. En Sharps-Corll. Pero los vencimos, y ahora… somos muy felices, servimos a la Armonía Mística, la convivencia entre seres humanos y seres místicos, hadas, duendes, pixies, ondinas, ninfas. Una razón para sonreír y para dar gracias a la vida.

Y no somos los únicos. Mi cumpleaños estaba cerca, pero antes, los londinenses tenían razon para celebrar. Poco a poco, en Bromley, Sidcup, Orpington, Chigwell, Kingston-upon-Thames, Harringay, las masas se reúnen en las calles, tanto seres humanos como seres místicos…

-¡Finalmente lo logró!

Decían algunas voces

-¡Finalmente se consiguió!

Decían otras.

Y de inmediato el júbilo invadió las calles, los gritos de euforia se escucharon incluso al otro lado del Canal de la Mancha.

-¡El Parlamento aprobó la ley!

-¡Y el cronograma de debates!

Después de varios meses de debate, después de varias oposiciones. Los periódicos dieron la noticia.

¡APROBADA LA LEY DE PROTECCION DE LA VIDA MISTICA!

Y desde la casa de mamá... Nuestra casa, fue posible escuchar el incesante jubilo de las calles de Londres, que se extendió por días.

Sentí que Fritz había tocado a la puerta.

-Alexis. ¿Puedo pasar?

-¡Por supuesto Fritz! Adelante.

Como había dicho, Fritz entró a mi cuarto de la Juventud Mística; por alguna razón, me sorprendió verle con su traje formal.

-Querida Alexis –sonrio-. Por lo que veo, la estás pasando bien.

Había olvidado mencionar que estaba sentada en mi máquina de escribir, no tardo en acercarse a mí y tomarme de la mano.

-¿Pero qué haces Fritz?

-Es hora de irnos querida Alexis.

-¿Irnos? ¿Adónde? Pero luego Fritz puso cara de desentendido.

-¿Dije irnos? ¡Tenemos una gran misión?

-¿Gran Mision?

-¿Dije Gran misión? Debemos hacer las compras.

Cuando hacia mas preguntas, Fritz me daba puras incoherencias. Aun cuando nos subimos a Bebeshka, ese hermoso lipizzano, mi querido actuaba como tonto. Nos dirigimos por las calles de Londres, observando ese extraño y poco común júbilo, pero como era de esperarse, quedé de pensar en eso cuando vi las sonrisas de los Seres de la Mistia, compartiendo el festejo con los seres humanos.

Tras lo que parecieron ser segundos, llegamos a la casa de mamá.

-Ausgezeichnet! Ya estamos aquí –dijo Fritz.

-¿Mi casa? ¿Por qué estamos aquí Fritz?

Él no dijo nada; solo me escoltó fuera del caballo y, tomándole de la mano, me escoltó en la entrara. Del otro lado, alguien estaba espiando. ¿Habrá sido Duncan? Pero mi lado de fastidio despertó.

-¡Suficiente Fritz! ¿Qué está pasando?

Fritz, mirando la calle, señaló algo.

-Ein Schwimmer! ¡Una carroza!

-¿Qué?

-Ahora vamos.

-¡Fritz!

No había forma de predecir lo sucedido al abrir esa puerta.

¡Sorpresa! ¡Feliz cumpleaños Alexis!

 

Todos estaban ahí. Duncan, Perséfone, Fritz, Endora, Newt, Riley, mamá, Theo y Charles, rodeados de varios platos y vasos. ¡Lo había olvidado! ¡Era mi cumpleaños! Me sentía muy feliz. ¡Y el pequeño Rick Peyton! ¡El bebé de Newt y Riley estaba precioso!

-¡Feliz cumpleaños Alexis! –me dijo Duncan.

-Alles Gute zum Geburtstag mein Fraulein! Meine Liebe!

-¡Diecinueve años! ¡Un sueño hecho realidad! –exclamó Perséfone.

No pude contenerme. Así que fui a abrazar a Duncan.

Y mamá se acercó a nosotros.

-Y también tenemos otra razón para celebrar –dijo mamá-. Charles. ¿Les muestras por favor?

-Por supuesto señora Valeria. 

Charles sacó un ejemplar del Mystical Journal.

-Vean esto muchachos.

El encabezado no pudo dejar de llamarnos la atención.

 

“EL PARLAMENTO VOTA A FAVOR DE LA LEY DE PROTECCIÓN DE LA VIDA MÍSTICA”

 

Literalmente estaba luchando por no explotar de emoción. Pero mis manos no podían quedarse quietas. ¡La legislación! ¡La legislación que estábamos esperando con tanta ansiedad! ¿Acaso sonaba? ¿Era verdad?

No me había dado cuenta cómo mamá me masajeó los hombros.

-Tranquila mi amor. Respira hondo.

Le hice caso a mamá.

-Perdón mamá. No sé qué decir.

Perséfone me dijo:

-Lo que tú quieras Alexis. Y éste es solo el primer paso.

Esas palabras se quedaron en mi mente.

-¿El primer paso? –pregunté.

-Hija. Esta ley empieza a proteger los derechos de los Seres de la Mistia. Ahora las experimentaciones similares a las de Sharps-Corll son ilegales, y se castigaran hasta con cadena perpetua, y se les deben hacer autorías a las compañías que empleen a seres místicos. Sin mencionar que los seres místicos menores de edad que trabajan reciban más protección.

-¡Como era de esperarse de Su Majestad La Reina Victoria! –dijo Duncan.

-Ella dijo que iba a insistir en proteger a los seres místicos –agregó Perséfone sonriendo.

Esta vez, volví a ver el periódico, al final en frente de recuerdos de los años de Sharps-Corll que ya no me hacen llorar.

 

Dios salve a la Reina.

 

Todos levantamos las copas para festejar el cumpleaños de Alexis, junto con el enorme pastel de ginger y fresa que se encontraban en medio del cuarto de la familia Gideons-Salmfelds. Y luego todos aplaudieron.

-¡Porque es una buena compañera! ¡Porque es una gran compañera! ¡Y que cumpla mil años más! –empezó a cantar Duncan.

Finalmente, todos le dieron una gran ovación a Alexis, quien sonrió con una gran ternura.

Por su parte, Valeria Salmfelds tocó su copa tres veces, para así llamar la atención de todos los invitados. -Amigos, amigos. Discúlpenme mi rudeza, pero me gustaría decir un par de palabras.

-¿Mamá?

Luego mamá se dirigió a todos.

-Alexis. Mi niña. Al verte, veo que te has convertido en una hermosa mujer, la más inteligente, la más valiente, y la más compasiva de todas. Te confieso que nunca pensé volverte a ver, pero ahora… Me siento muy feliz por todo lo que has logrado, y todo lo que vas a lograr. Nunca habrá mujer alguna como tú, mi gran orgullo. Mi gran Alexis.

Por esas palabras, me apresuré a abrazar a mamá.

-Sin embargo, una madre no puede preferir a un hijo sobre el otro. ¿Verdad Alexis?

Sonreí y dije.

-Si mamá.

Luego fue con Duncan y Theo.

-Duncan. Me siento muy orgullosa de ver, tan fuerte y tan inteligente, no importa lo que diga la gente sobre Newton o Galileo. Un hombre íntegro y valioso para la humanidad, en todo lo que haces y todas tus maravillosas propuestas para el mundo. Sigue así mi gran hombre.

-Gracias mamá.

Luego vio con Theo.

-Y mi pequeño Theo. Nada me tiene más feliz que verte crecer para ser tan maravilloso como tu hermano, aunque ya lo eres. Por eso, sigue con tu sonrisa y tu entusiasmo, esa siempre es una de las cosas que te hace tan especial.

Theo le dio un abrazo a mamá.

Y pude darme cuenta que Duncan y Perséfone estaban bailando juntos, y después sentados juntos, tomados de la mano.

-Todos estamos juntos Perséfone. Y me siento muy feliz por ello.

Perséfone aprovecho para mirar por la ventana. -

Y también la reina nos acompañará.

-Así es Perséfone. Su gran espíritu y solemnidad nos acompañarán…

-¡No, no, no Duncan! ¡Digo que está por venir! ¡Está allá!

No tardé en notar la sorpresa de Duncan al mirar por la ventana. Nuestra maravillosa soberana, la Reina Victoria, escoltada por la Guardia Real, bajaba lenta y vigorosamente de su carruaje, en compañía de Lord Chambelán, y caminaba con bellísimos pasos, iluminando la atmósfera con su poderosa presencia.

-¡Mamá! ¡La reina Victoria viene para acá! –dijo Duncan.

-¿Qué cosa? –Mamá no hizo reparos en ocultar su sorpresa. Y en efecto, ella y yo miramos por la ventana. Y no nos tomó más de una mención para regar nerviosismo en el ambiente, a excepción de Theo, quien se sentía muy emocionado por la presencia de la Reina. Afortunadamente mamá y Charles se pusieron al frente.

-¡Tranquilos! ¡Tranquilos muchachos! –exclamó- Todos mantengan la calma. La Reina debe tener una buena razón para venir a nosotros. A lo mejor viene por Duncan y la legión Puck. Déjenme hablar con ella.

Inmediatamente mamá abrió lentamente la puerta, siendo recibidos por la Reina, siendo tan bella como siempre.

-¡Majestad! –mamá se arrodilló.

-Está bien Valeria. No les voy a quitar mucho tiempo –aseveró su Majestad-. Sé muy bien que Alexis está de cumpleaños. Vine a desearle una feliz celebración en persona. A ella y a Duncan –lanzó su mirada hacia mis compañeros de la legión Puck-. Pero como veo a la capitana Lovecraft y a su escuadrón, me gustaría hablar con ellos y con el capitán Mendel. No se preocupen, solo serán unos diez minutos.

Tina dijo:

-Por supuesto Su Majestad. Siempre tenemos tiempo para usted. ¿Verdad Karfkol?

-Si Majestad –afirmó Karfkol.

La Reina Victoria sonrió. ¡Que maravillosa era su sonrisa!

-Por aquí muchachos.

-No nos demoramos mamá –dijo Duncan.

-Sigan con la fiesta.

Me sentía muy extraña siendo rodeada por la Guardia Real de Su Majestad, como si fuera una descendiente de Victoria y Alberto. Pero mi corazón saltaba con la fuerza para tocar el cielo cuando me acercaba al carruaje de la Reina. ¿Hubiera sido posible para mí imaginar algo así hace tres años? Mi mente se sentía como un collage de voces desconocidas.

En cuanto nos subimos al carruaje real, no pude evitar manifestar toda mi sorpresa, se veía pequeño desde afuera, pero era una belleza adentro. ¡Digna de nuestra cálida y sabia soberana! La Reina Victoria nos invitó a sentarnos a su lado.

-Para empezar muchachos, no deben preocuparse; esta vez no vengo con una misión –nos aclaró-. Solo deseo hablar con ustedes, porque creo que todos merecen una audiencia conmigo, como equipo y como individuos. Como sabrán, reciente el Parlamento aprobó la Ley de Protección de la Vida Mística, para evitar que horrores como los de Sharps-Corll se repitan en nuestra tierra, esperamos que ese sea el primer paso, en especial porque ha pasado algo maravilloso.

-¿Qué cosa Majestad? –preguntó Duncan. -No sé cómo describirlo. Pero se podría decir un aura de optimismo para toda Europa. Recientemente me reuní con el káiser y el presidente francés. Los tres hablamos y se les veía muy joviales; se nota que han dejado atrás los rencores de la Guerra Franco-Prusiana. Y París está recuperándose, junto con las economías de Francia y Alemania.

-Si. Cézanne… La capitana De Vries me mandó una carta –reveló Tina-, diciendo exactamente lo mismo Majestad, y mencionó sobre un gran proyecto… Una… Torre de metal en el centro de la ciudad.

-Pero lo que me tiene más contenta, es que nuestro Imperio está pasando por la misma bonanza, nuestra economía ha crecido, muchos científicos se han acercado con increíbles sugerencias tecnológicas, ha habido nuevos pintores, escritores, escultores.

-Son excelentes noticias Majestad –dijo Duncan.

-Lo sé Duncan, pero…

-¿Qué sucede Majestad? –agregó Perséfone.

-La verdad es que yo deseo usar para unir a nuestra sociedad. La ley es sólo el comienzo. Junto con el Primer Ministro, tenemos más propuestas, escuelas, orfanatos, hospitales, bibliotecas, que puedan servir para seres humanos y seres de la Mistia, así como otras leyes que esperamos acorten la distancia entre ambos. Que ellos también sean parte de este crecimiento, tanto económico como social. ¡Es lo que más deseo en este momento ahora! ¡Y sé que es lo que mi querido Alberto hubiera querido! El también fue un defensor de la causa mística. ¡Él tuvo el sueño de una bella época, en donde todos tuvieran las mismas oportunidades! ¡El derecho de mirar al futuro con optimismo y esperanza!

Con esas últimas palabras, el rostro de mi hermano se llenó de una obvia euforia, como si las palabras de la Reina le hubieran sugerido un nuevo propósito en la vida.

-¡Y deseo que ustedes me ayuden con este sueño!

-Claro que si Majestad –comentó Tina- Cuente con toda nuestra lealtad, para hacer ese sueño realidad.

La Reina Victoria volvió a sonreír.

-Muchas gracias a todos. Y Alexis.

Me mostró una gran caja envuelta en papel de regalo.

-Feliz Cumpleaños querida. Espero algún día tener tu perdón… Por lo sufrido en Sharps-Corll.

No tuve las palabras correctas ante la disculpa de la Reina. ¿Por qué me fue tan difícil responderle? ¿Por qué no pude aceptar de inmediato?

-No debe disculparse Majestad –finalmente le dije-. Todos han sido muy buenos conmigo. En especial usted. Y daría mi vida por todos. ¡Y muchas gracias por su hermoso regalo!

Pero la Reina sacó otros dos presentes.

-Estos son para ti Duncan Gideons.

-¿Para mí?

-Así es. Por estos dos últimos años. Tus cumpleaños. ¡Que los dos tengan muchos más!

-Muchas gracias Majestad. Mi gratitud es tan extensa como las estrellas –comentó Duncan.

Una vez más, la Reina Victoria nos bendijo con su sonrisa.

-De acuerdo. No les retengo más –afirmó la reina-. Que disfruten la fiesta.

-¿No desea quedarse Majestad? El pastel de Perséfone será el mejor que ha probado –comentó Duncan.

-Por favor Duncan –Perséfone se sonrojó.

-Me encantaría, pero me esperan asuntos de Estado.

En otra ocasión. Nos escoltaron fuera del carruaje, y nos llevaron de vuelta a la casa. ………………………………………………………………………………………………………....................................

Y en la noche, tras esa hermosa fiesta, Duncan fue a la alcoba de nuestro querido hermano menor, para su habitual lección de matemáticas, y en aquella ocasión, era como multiplicar grandes números.

-Asi que lo que haces es primero multiplicar el digito de la derecha, pones el valor abajo –enseñó Duncan-, y luego el de la izquierda, y por último los sumas los dos.

-Entonces si tomo el 23 y primero lo multiplico por 3…

-Te da 69. Mientras que 23 por 20 es 460. ¿Y a qué te da la suma de los dos? Tras analizar los números, Theo finalmente respondió:

-529.

-¡Ya lo tienes! Ahora. ¿Listo para resolver unos por tu cuenta?

Les llamé a ambos para comer, sin darme cuenta lo que pasaba.

-Duncan, Theo, la comida está lista.

-¡Genial! –exclamó Theo.

-¿Vamos y comemos?

-¡Si señor!

 Mis dos hermanos fueron a la puerta, y al abrirla, Charles se interpuso en su camino, para darles una suave palmada en la calva a Theo y a Duncan.

-Amo Duncan. El joven Theo no ha completado uno de sus ejercicios. Y como su hermano, usted debe hacer que resuelva al menos uno, antes de ir a comer.

-¡Por favor Charles! Ya hemos estudiado mucho –dijo Duncan.

-Si Charles, y si no comemos, no aprenderé. ¿Verdad Duncan?

-Tú lo has dicho hermanito.

Pero Charles permaneció impasible.

-Estoy de acuerdo. ¡Señora Valeria!

Los dos, aterrados, regresaron al cuarto.

-Solo uno amo Theo.

 

La cena pasó rápido, y mientras todos nos divertimos, Duncan salió a los campos, para darse cuenta de la Luna, tan bella y tan blanca como todos siempre lo hemos visto.

-¡Hola Duncan!

Perséfone fue la que habló. Ella se acercó a Duncan lentamente, y mi hermano le escoltó de la mano, para ayudarle a bajar las escaleras.

-¿Qué haces Duncan?

-Nada Perséfone. Solo miraba la Luna. En Londres no es muy frecuente ese lujo.

-Lo sé querido, pero ahora está más bella y brillante que nunca.

Los dos se quedaron mirándola. ¡No fue posible para Perséfone darse cuenta que Duncan le abrazó en la cintura! Aunque estaba lejos, pude notar que ella estaba avergonzada.

-Disculpa Perséfone –dijo Duncan-, es que realmente echaba mucho de menos abrazarte y consentirte.

-Duncan –con lentitud, pero con ternura, Perséfone se acurrucó más a mi hermano-. ¡Yo también echaba de menos tus caricias y tu cariño!

¡Ya sabrán lo que pasó después! Los dos tomaron más fuerza sus manos y se besaron en los labios, con Duncan masajeando lentamente la espalda de Persefone. Theo y yo nos quedamos viendo, pero él se alejó de inmediato. ¡Ya saben cómo son los niños!

Fritz sí me acompañó. Al final, se quedaron abrazados, compartiendo su tierno calor, mirando a la hermosa Luna.

-La Reina se veía muy jovial. ¿Verdad Duncan?

-Sí Perséfone. ¡Me llenó de júbilo verla así! ¿Pero qué crees que habrá querido decir con eso de época dorada?

Y Perséfone, siendo ella la que masajeaba la espalda de Duncan, respondió:

-No lo sé cariño, pero debemos tener fe en ella… En nosotros, y el futuro. Después de todo… Nosotros tenemos ese deseo, nuestras familias, nuestros colegas…

-¡Y nuestro país!

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