Castaway; l.h


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2. Uno

—¿Y bien? —pregunta Molly, apenas insinuando una sonrisa.

La volteo a ver por tan solo unos segundos antes de desviar mi mirada a mis desgastadas converse negras. Se exactamente a lo que se refiere, así que decido ignorarla. Jalo delicadamente las mangas de mi suéter, tratando de proteger mis manos del frío. Apenas es octubre, pero pareciese que el invierno se ha adelantado.

—Lorel —gesticula con cuidado.

La miro, por fin prestándole atención. Molly me dedica una sonrisa de suficiencia y se acomoda un mechón rubio detrás de la oreja. Sus ojos verdes brillan por la luz y sus labios (antes rosados) se han puesto blancos por el frío, sin embargo, sigue viéndose bien. Aunque nunca haga el más mínimo esfuerzo. Así es ella, Molly Baker siempre luce perfecta.

—No puedo —murmuro enterrando mi rostro en mis manos.

—Oh, vamos. No puede ser tan difícil. Solo necesitas acercarte y hablarle acerca de videojuegos...¡y boom! —Hace un gesto extraño con las manos—. Caerá a tus pies. Todos los chicos son unos frikis.

—Cameron no luce del tipo que juega videojuegos— la contradigo.

—¿Football entonces?

—Lo dudo.

Molly suspira frustrada y se recuesta en mi cama, escondiendo su cara entre las almohadas. Está tan cansada de tener esta conversación como yo, pero es lo que sucede cada vez que este tema sale a la luz. Molly insiste en que por una vez deje de lado la timidez y le hable a Cameron, pero definitivamente es muy fácil para ella sugerirlo, puesto que mi mejor amiga y yo no solo somos diferentes físicamente. Molly siempre ha sido el tipo de chica que ama las aventuras y el cambio, yo, por otra parte, prefiero seguir la rutina.

—Es tu vecino, Lo. Solo intenta coincidir con él cuando...eh, ¿saques la basura?

—Eso sería totalmente patético.

Gruñe, exasperada. —Tienes razón.

Suelto una risilla que suena bastante forzada y me recuesto junto a ella. Molly se remueve exageradamente a mi lado, tratando inútilmente de entrar en calor y estoy a punto de decirle que pare, pero el sonido del timbre me interrumpe. No me muevo ni un milímetro, esperando que el sonido cese, lo cual lamentablemente no sucede.

—Ya vuelvo —murmuro antes de levantarme de la cama y salir del cuarto.

Bajo rápidamente las escaleras y sin siquiera echar un vistazo por la mirilla, abro la puerta. Tan pronto como lo hago, unos enormes brazos me rodean con fuerza, dejándome sin aire. Maldigo por lo bajo, sabía que no debía abrir la puerta. Estoy segura de que podría pegarme un letrero en la frente que dijera "detesto los abrazos de oso" y probablemente Michael lo ignoraría.

—¡Hey, Lo! Creí que nunca abrirías —e

Se aparta poco a poco y puedo notar cómo una gran sonrisa se extiende por su rostro. Guarda su mano derecha en el bolsillo de su sudadera negra y con la otra sacude suavemente su cabello. Frunzo el ceño al notar que este ya no es azul como el viernes pasado, sino violeta. Involuntariamente esbozo una sonrisa. Sin duda Michael Clifford no podría vivir en un mundo en el que no existieran los tintes color fantasía.

—¿Qué le pasó a tu cabello azul? —pregunto curiosa.

—Ya sabes, pasó de moda. Me gusta más este color —contesta encogiéndose de hombros. Un gesto muy común en él.

Michael cierra la puerta detrás de él y sin siquiera voltear a verme, camina hasta el sofá.

—Como sea, ¿qué haces aquí?

—No tenía nada que hacer, mi madre está trabajando y ya estoy harto de enseñarle a tocar guitarra al mocoso de al lado —explica dejándose caer en el sillón— ¿Tienes palomitas?

—Michael, estaba con Molly.

—Ugh. Pues échala. —Arruga la nariz—.No me agrada

Me vuelvo rápidamente al escuchar unos suaves pasos provenientes de las escaleras. Inmediatamente me topo con Molly, quien parece estar muy concentrada apuñalando a Michael con su mirada. Apoya su peso en su pierna derecha a la vez que se cruza de brazos. Estoy segura de que le fastidia el simple hecho de tener siquiera que compartir aire con él.

—Te escuché, imbécil —responde poniendo los ojos en blanco. —De cualquier forma ya me tengo que ir, Lorel. Tristan me llamó, quiere que le haga compañía.

—¿Segura? –pregunto dubitativa.

Tristan es el novio de Molly, y el amor de su vida, según afirma. Han estado saliendo desde hace algunos meses, desde que comenzó el instituto, para ser exactos. Molly iba directo a su casa cuando Tris se le atravesó con su bicicleta, haciéndole perder el equilibrio y caerse. Después de que Molly desquitara su enojo con una serie de insultos hacia su persona, él empleó su don de persuasión para invitarla a salir, y luego de unos días, ella terminó cediendo. Como mencioné antes, todo es muy sencillo en su mundo.

—Claro, nos veremos luego —dice yendo hacia la puerta. Antes de salir, se voltea y le dedica una falsa sonrisa a mi mejor amigo— Y Michael, espero que mueras.

Una vez que escucho la puerta cerrarse de un portazo, me siento a un lado de Mike, dejando escapar un largo suspiro de resignación.

—Si que es fastidiosa —se queja.

Le sonrío, divertida por su reacción y recargo mi cabeza en su hombro antes de volver a hablar.

—¿Qué quieres hacer?

—Podemos ver una película y encargar pizza, muero de hambre —comenta frotándose el estómago, como para recalcar su punto.

—Bien, llama tú, el número está pegado en la nevera.

Antes de que pueda agregar algo más, Michael salta del sofá y camina hasta la cocina, tarareando una canción infantil en el camino. Mike adora las películas infantiles casi tanto como adora la pizza, lo cual lo convierte en un blanco fácil para las burlas de Molly, pero lo cierto es que todos lo que hace lo convierte en un blanco fácil para las burlas de Molly. Ellos dos tienes este tipo de competencia rutinaria que consiste en probar quién es mejor. Se detestan, eso está bastante claro, pero pareciese que siempre están intentando superarse hasta en lo más mínimo.

—Ya lo encontré —informa, sentándose de nuevo en el sillón y marcando el número de la pizzería—Así que...¿cómo va el plan "Hacer que Cameron se dije en Lorel"?

—¿El plan qué? —interrogo, levantando una ceja.

Alguien debería darle un premio a este chico por su objetividad. Sin duda no tiene ningún problema con ser directo en momentos muy poco oportunos.

—¿Ya has hablado con él? —dice, ignorando mi pregunta.

Me encojo de hombros.

—Solo me ha hablado para quejarse de la señora Robinson.

—¿La anciana que me lanzó su bastón la semana pasada?

Asiento, soltando una suave carcajada.

—Entonces tendremos que pensar en algo.

—Oh, no, por favor —suplico. Supongo que es mi último recurso. No quiero que Michael intervenga. Entiendo que quiera ayudarme, pero conociéndolo terminará haciendo las cosas más complicadas y eso es lo que menos quiero.

Frunce el ceño, claramente fastidiado.

—Bien —gruñe— como sea, sería muy idiota si pasa de ti, Lo. No necesitas a un friki descerebrado como él.

Mi boca se curva, dejando entrever una gran sonrisa. Friki fue el termino con el que Molly se refirió a él hace un rato.

Ambos guardamos silencio durante unos cuantos segundos, sin nada más que añadir. Lentamente coloco mi mano encima de la suya. Le doy un suave apretón.

—Gracias, Mike.

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