No soy una enfermedad

La historia comienza narrando la vida de tres estudiantes, dos muy amigos y uno un tanto extraño. Con el paso de la historia se descubrirá algunos secretos y como es la vida de estos realmente.

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1. capítulo 1

»Ya… ya no puedo más, necesito que alguien me ayude o yo mismo me perderé. Yo… yo no quiero desaparecer«

El joven corrió y corrió sin detenerse en ningún momento por más cansado que se encontraba a lo largo de, lo que parecía ser, un inmenso bosque. Los árboles eran altos, tan altos que era imposible el ver las copas de estos. Mientras el joven corría sin parar el miedo se adueñaba cada vez más de él. La angustia, sin duda era algo que tenía presente desde el día que nació, el solo echo de pensar lo que pasaría le aterraba, pero, aún con tanto temor, muy dentro de sus pensamientos sabía que era lo correcto.

Sabes, es innecesario el que corras de esa forma. Estoy arto. Siempre es lo mismo, corres sin parar tratando de huir de mí, cuando tú sabes que es lo correcto, algo irónico ¿no lo crees así? Disfruta lo que quieras.

No correrás por siempre.

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1º Diciembre

La escuela Shitori, una de las escuelas más prestigiosas en aquella región, se sentía orgullosa de poder preparar alumnos de la mejor forma y asegurarles un futuro exitoso, por esas razones la mayoría de los padres querían meter a sus hijos en aquella escuela de "prestigio". Era cierto el echo de que la escuela era buena, además de que no habían tenido ningún insistente en su registro, sin embargo, algunos alumnos que está "prestigiosa" escuela tenía llegaban a no encajar con las características de esta.

Los rayos del sol comenzaron a alumbrar las calles de la ciudad, se podría decir que eran como las 6:00 am, el aire frío de invierno se podía sentir con más facilidad. Alumnos caminando por las calles dirigiéndose a su escuela, adultos caminando a sus trabajos, las calles comenzando a ser cada vez más transitada. No había duda alguna. Era lunes.

El timbre de la secundaria sonó, avisando así el inicio de las clases. Todos los alumnos caminaron asta sus aulas correspondientes. Algunos iba corriendo, otros de lo más tranquilo, mientras que algunos ya se encontraban en sus aulas de clases pero, sin duda alguna, la mayoría compartía el mismo sentimiento. La escuela es un asco.

Clase 3C 7:00 am

El profesor ya había entrado a la aula, todos los alumnos se encontraban en silencio y sentados en sus lugares, esperando a que su profesor hablara. Aquel profesor saco de su mochila una lista con todos los nombres de la clase 3c, luego de esto se sentó en la orilla de la mesa, cruzó un poco las piernas, observó a todos sus alumnos y comenzó a decir nombre por nombre. El salón estaba conformado por un total de 33 alumnos, los cuales casi nunca faltaban. Cuando el pase de lista estaba por terminar un sonido fuerte interrumpió al profesor. La causa de aquel sonido era una joven estudiante la cual abrió la puerta corrediza del aula con mucha fuerza. Por unos segundos se quedó ahí parada apoyada en la puerta mientras jadeaba, sin duda, aquella joven se podría haber quedado aún más si no fuera por el echo de que le llamaron la atención.

– Señorita Anna Elisabet, por favor tome asiento y deje de interrumpir la clase – aquel profesor era algo frío y normalmente tenía muy mal carácter, lo único bueno que tenía era el echo de que su forma de hablar era muy cortés y educada.

– Lo… lo siento – contesto la joven Anna aún un poco cansada – no volverá a ocurrir – diciendo esto pasó al aula cerrando la puerta detrás suyo con mucho cuidado, posteriormente camino hasta su lugar, el cual era en medio del salón.

Cuando Anna se sentó algunos se le quedaron viendo, unos que otros con odio, otros con risa y por último, solo uno no prestaba atención a todo lo que sucedía. Tantas miradas rodeando a solo una joven era algo agobiante, sin embargo, aunque esta lo noto desde un principio jamás dijo o hizo algo, ya que solo se limitó a sacar sus cosas de su mucho la y ponerlas en su pupitre. »Fue un alivio que no llegara tan tarde, por lo menos llegue antes de que el profe comenzará a dar su clase« pensó mientras suspiro aliviada »Me pregunto si por lo menos esta vez noto que existía, o si alguien de aquí existía« pensando esto volteo la mirada hasta la parte de atrás del salón, exactamente al lugar que se encontraba frente a la ventada. En aquel lugar se encontraba un joven el cual tenía la mirada fija en la ventana, este tenía aproximadamente unos 16 años, cabello plateado, casi tirando a un blanco, ojos color carmesí como la sangre y su piel tan fina y de un color claro, que, se llegaría a pensar que es de porcelana.

Una vez lo vio por unos cuantos segundos, se volteó nuevamente al frente y comenzó a prestar atención.

»Incluso hoy, después de casi 10 años me sigo preguntando el porque tengo que estar aquí, las miradas siempre están en mi, y más aún cuando se trata de aquella chica, sin duda es algo molesto e incómodo. Aparte, ¿de que sirve venir a estudiar si ni siquiera eras una persona real?«

Aquello era la discusión que tenía este joven todos los días en la primera clase, pues, en esta era en donde las personas casi no lo veían y podía aprovechase tranquilamente ese tiempo para pensar.

Clase 3A 7:00 am

– Muy bien chicos, antes de empezar hay que pasar lista como siempre – estas palabras fueron las primeras que se escucharon en el momento que la puerta se abrió y el profesor entro. – Por favor Esteban pasa lista – dijo con la lista en mano entregándosela a un alumno que se encontraba en uno de los asientos de adelante.

– Con mucho gusto, pero ya le e dicho que no me diga Esteban – le contestó de la forma más amable que pudo mientras tomaba aquella lista.

– Lo siento joven Rodrigo – diciendo esto, algunos estudiantes comenzaron a reírse por la confianza que tenían con aquel profesor. Aquel profesor era joven, quizás unos 25 años, su actitud era positiva y siempre trataba de llevarse bien con todos sus alumnos, este profesor era el favorito de toda la escuela.

Receso 11:30 am

El timbre volvió a sonar, las aulas se comenzaron a quedar vacías poco a poco, el descanso que la mayoría quería ya había llegado. Mayormente, a esta hora la mayoría bajaba o salió de su aula de clases, aunque, algunos permanecían en esta, pues les gustaba comer ahí.

En los pasillos de la escuela Anna iba caminado en dirección del la clase 3a, ya que ahí se encontraba su amigo de la infancia.

–¡Rodrigo! – grito Anna al ver a su amigo, seguido de esto corrió asta el.

– Anna no grites, ni corras, sabes que no está permitido – le contesto deteniendo a su amiga con una mano para que dejara de correr.

– Lo siento señor perfecto – le replicó con un tono de burla.

– No digas eso, sabes que me molesta, aparte, alguien me dijo que llegaste tarde y en la clase de él profe Lanier.

– E… eso no es cierto – negó rotundamente con la cabeza mientras jugaba un poco con sus dedos – No sé cómo te enteras de das cosas y no te puedes enterar de cómo se llama nuestro "chico misterioso".

Rodrigo no contesto absolutamente nada, se quedó en silencio por un buen tiempo. Lego de un rato una sonrisa apareció en su rostro, miro a Anna a los ojos y comenzó a caminar. La joven se quedó paralizada por unos cuantos segundos ante aquella acción, quedándose atrás por un momento. Una vez reaccionó apresuró el paso y lo alcanzó quedando en silencio.

11:45 am

Los minutos pasaron y ambos no habían dicho ni una sola palabra en aquel tiempo. Quizás fuera el echo de que ambos amigos estaban acostumbrados a ese tipo de situación que ni siquiera sentían incomodidad alguna.

– Elisabet – el silencio fue roto por la voz de una de las compañeras de Anna, la cual la llamo una sola vez y comenzó a indicarle que fuera con ella.

– Te veo al rato – fue lo último que le dijo a su amigo antes de irse. Él no contesto.

Camino hasta sus compañeras y, una vez cerca una de ellas le pasó el brazo por los hombros colgándose de estos. Aquel grupo de no era de muchas personas, estaba conformado por solamente 4 chicas las cuales siempre se veía que hablaban con Anna.

– ¿Qué…qué sucede? – con un pequeño quejido fueron las palabras que dijo Anna al momento de sentir como una de ellas se colgó de sus hombros.

– ¿Por qué esa cara larga? Deberías de estar más animada, después de todo te estamos hablando – unas risas no muy fuertes se encaucharon en aquel grupo – por lo visto ya casi no te duele o ¿me equivoco? Como sea, queremos hablar contigo, así que ven, vamos al lugar de siempre.

– Yo… bueno, es que yo…

– ¿Tú qué? No tienes nada mejor que hacer, aparte no te puedes negar – la que parecía ser la líder de aquel grupo se acercó a Ana y la agarro de la muñeca apretándola fuertemente – así que vamos – comenzó a jalar de ella.

12:00 pm

El receso había terminado y con el sonido del timbre todos los estudiantes comenzaron a regresar a sus salones.

El profesor correspondiente a la clase 3c aún no se encontraba en el salón, por lo tanto se podía escuchar el bullicio en el salón.

Anna estaba sentada en su lugar con una botella de agua cerca, volteo a ver a aquel chico de piel de porcelana y, después de unos segundos se paró para acercarse a él y hablarle. Camino hasta el con la botella de agua en mano y justo cuando estaba cerca de tropezó y callo al suelo. El echo de que terminara en el suelo hizo que no se percatara al instante de lo que había pasado. Cuando se levanto y dirigió su mirada a aquel chico se dio cuenta que este estaba mojado a causa de la botella de agua que traía en la mano.

– Lo… lo siento mucho – la joven estaba un poco asustada, por lo que no sabía que más hacer aparte de disculparse – de…deja traigo una toalla, eso podía servir – dijo acercándose más a él. En un momento ya estaba frente a él apuntó de tocarle el cabello.

Un ruido hizo que toda la clase se callara enseguida y que todas las miradas fueran dirigidas hacia aquel lugar al final de la fila a un lado de la ventana. El joven avía apartado la mano de Anna con un golpe.

– No vuelvas a intentar tocarme – fue lo único que dijo el joven casi en un susurro. Él joven se paró de su lugar y, frente a aquella multitud, se fue del aula de clases.

»Sabes que esas cosas son demasiado crueles. Me decepcionas, creí que eras más inteligente que eso. Que idiota«

– Cállate.

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2:30 pm

"– ¿Te enteraste, de lo que pasó en 3c?

– Si, obviamente.

– Aquel chico es muy problemático.

– No entiendo cómo sigue en la escuela.

– Pobre chica, de seguro la hizo llorar.

– Ja, de seguro se lo busco, hasta donde se ella es una tonta.

– ¿Quién?, ¿la escalaba de Esteban?

– No le digas así. "

Los comentarios comenzaron a esparcirse una vez el timbre sonó. En poco tiempo más de media escuela estaba hablando de lo que había pasado en 3c. Todos los alumnos se encontraban fuera de sus aulas camino a sus casas, pues el día de clases ya había terminado, aunque los comentarios acerqué de lo sucedido en un aula de clases no paraban.

Caminado por los pasillos de la escuela Rodrigo estaba totalmente molesto por el simple echo de escuchar lo mismo a cada rato, aunque, cuando el se acercaba a un grupo de estudiantes estos se callaban y cambiaban de tema.

– tsk – hizo un quejido de enojo mientras caminaba – parece que no se pueden callar de una vez – dijo esto más para sí mismo y sin intención alguna de que alguien lo escuchara.

En un momento cuando iba caminado se percató del echo de que las charlas aumentaron aún estando el cerca, no lograba comprender el por qué pasaba esto, hasta que alzó la mirada y se percató de quién estaba delante de él. Era aquel joven.

Desde que aquel joven había entrado a la escuela Rodrigo había intentado de todo para saber algo de este, pero cualquier intento terminaba en fracaso, así que su última opción fue el tratar de ser su amigo. No lo a logrado. Por lo tanto para tratar de hacer algo por este avía decidido defenderlo en algunas ocaciones y, ahora se le presentaba la mejor oportunidad.

– ¡Silencio! ¡No tienen derecho a hablar sobre eso!

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