No soy una enfermedad

La historia comienza narrando la vida de tres estudiantes, dos muy amigos y uno un tanto extraño. Con el paso de la historia se descubrirá algunos secretos y como es la vida de estos realmente.

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3. Capítulo 1 parte 3

1 de Diciembre 12:09 pm

Mojado, incómodo y molesto. Realmente no entiendo el por qué vengo a esta maldita escuela》

– Literalmente soy un fantasma ante todos ellos, aunque, tampoco es como si realmente quisiera llevarme bien con alguno de ellos. Ja, me dicen escoria a mí y ellos son mil veces peor que yo –

»Sabes que es mentira, no hay nadie peor que tú, y si fuera así ¿por qué no está muerto aún?«

– Cállate.

El joven empapado de pies a cabeza siguió caminado por los pasillos quejándose una y otra vez, perdiendo así el hilo principal del porque acabo tal y como estaba. Después de un buen rato de meditar y quejarse de todo lo que había sucedido decidió perder las dos primeras clases estando en la azotea de la escuela, siendo otra persona se iría de la escuela pero no podía hacerlo por dos simples razones. La primera era por el simple echo de que su mochila seguía ahí y, para él esa mochila era algo importante, aparte, según él, nadie en su sano juicio se iría sin su mochila. La segunda razón y la más importante era el echo de que lo había prometido. Dejó de caminar sin rumbo alguno y comenzó a subir las escaleras asta llegar a la azotea, estando ahí, se sentó y siguió quejándose un poco más.

– Aveces me pregunto el por qué es tan importante... como sea, tampoco es como si me fuera a importar la respuesta. – segundos después el joven entró en un sueño profundo.

1:00 pm

El timbre sonaba y sonaba anunciando el cambio de clases. Aquel joven dormido en la azotea de la escuela comenzaba a moverse de incomodidad ante aquellos ruidos tan molestos.

– Leonor – comenzaba a decir entre sueños, no paraba de llamar a aquella tal "Leonor". Una vez el ruido fue demasiado molesto comenzó a abrir los ojos poco a poco dándose cuenta de dónde estaba.

– Mierda, me quede dormido... otra vez – sin volverlo a pensar se levanto de aquel lugar y comenzó a bajar las escaleras. – Micael por favor deja de hacer siempre lo mismo – se repetía una y otra vez a sí mismo como si el echo de hacer eso cambiará las cosas.

Camino y camino por un tiempo. El caminar de Micael era tan lento que cabía la posibilidad de que en lo que llegara la clase ya estuviera por la mitad. Siguió con ese paso un poco más y, cuando Micael se dio cuenta ya se encontraba frente a la puerta del salón. Extendió una mano y como si nada abrió la puerta entrando así al salón. Muchos se le quedaron viendo y, el maestro que se encontraba presente solamente regaño a los alumnos que dejaron de prestar atención a su clase. Tratando de hacer el menor ruido Micael se sentó en su lugar determinado para después sacar sus cosas y poner algo de atención en aquella clase. Todo el tiempo de aquella clase su mirada estaba dirigida al profesor y, por lo tanto, se percataba una y otra vez de aquella joven que no le quitaba los ojos de encima.

No deja de verme. ¿Acaso tiene la intención de volverme a hablar? Ella y su amigo se parecen demasiado, tan insistentes, no les vasta con ser ignorados todos los días. Ahora que lo pienso, ella siempre anda con moretones. No me digas que...》

Ante aquellos pensamientos Micael rápidamente voltio la mirada dirigiéndola hacia lo ventana. Por algún motivo se encontraba totalmente horrorizado de sí mismo y con ganas de vomitar e irse de ahí de una vez.

2:30 pm

Todos comenzaron a salir de los salones al toque del timbre y, como era algo que se veía todos los días de clases, Micale salía hasta lo último. Una vez se aseguraba de estar solo se paraba de su lugar y se iba. Cada vez que salía le gritaban de cosas o simplemente lo ignoraban por gusto, era como si de alguna manera la quisieran lastimar diciéndole esas cosas. Micael estaba seguro de que todas esas personas ahí lo odiaban y si no era así por lo menos le tenían miedo sin embargo, a pesar de todo eso, el seguía su camino sin decir ni hacer nada. En esa ocasión todo el mundo comenzó a hablar de lo que había sucedido, cuando pasaba Micael lo decían cada vez más y más fuerte para que se escuchara, y no dejaban atrás en ningún momento la oportunidad de insultar a Anna.

Nuevamente había una que otra persona esperándolo a la salida para pegarle, en esta ocasión parecía ser, lo que ahí llamaban "los chicos malos de la escuela". Una cantidad de 5 personas lo esperaban a la salida, al ver esto Micael solamente suspiro y sin tratar de de huir se dirigió hacia ellos con toda la tranquilidad del mundo, seguido de esto aquellos estudiantes lo apartaron de la entrada de la escuela para llevárselo a una especie de callejón que se encontraba ahí cerca. Al cabo de unos cuantos minutos Micael estaba caminando hacia su casa sin ningún rasguño o herida.

Todos los días de clases el iba caminando a la escuela y regresaba de la misma forma, no importa qué tan tarde saliera de la escuela, esto siempre era así. El camino hacia su casa era un poco largo para algunas personas, pero, para él era solo una pequeña caminata de quizás 20 minutos. Habían varias ocaciones en las cuales llegaba excesivamente tarde a su casa, otras en las cuales la lluvia lo agarraba a mitad de camino llegando horriblemente mojado a su casa, pero, a pesar de todo eso jamás le daba por irse en algún carro o en trasporte. Gracias a que se iba caminando solo surgieron diferentes rumores, el más aceptado era el echo de que Micael no tenía el dinero para pagar un transporte, sin embargo, algunas personas no creían en esto, pues la escuela en donde se encontraban era demasiada cara como para poder decir que no tenía el dinero suficiente y como nadie había visto a alguien de su familia, les resultaba más difícil el saber si realmente era tan pobre.

Después de recorrer cierta distancia se comenzaba a notar más gente, en especial niños y señoras las cuales estaban a fuera de sus casas platicando. Entre tantas pláticas que lograba escuchar una en particular le llamo un poco la atención. Aquellas señoras hablaban de las ultimas noticias.

– ¿Lo viste?, volvió a atacar.

– Si, si lo vi, y esta vez atacó con todas sus fuerzas, o al menos eso dicen.

– Yo cada vez tengo más miedo de dejar a mis hijos salir, nunca se sabe si ese loco está pasando al lado tuyo –

Cualquier persona que pasara por ahí entendería de que era lo que estaban hablando, pues, hace algunos años, un asesino apareció y, por lo que encontraban en los restos de los cuerpos, siempre mataba a sangre fría, sin embargo todos sus asesinatos eran diferente. Era muy difícil que aquel asesino matara dos veces de la misma forma y, si esto sucedía, cambiaba un poco el método, de esta forma se llegaba a complicar más la forma de atraparlo. El como conocían a aquel asesino era un misterio, pues entre todo lo que hacía dilo una cosa lo identifica. Después de matar a una persona agarraba el celular de su víctima y mandaba la foto del cuerpo de este con un número al lado, por lo que decían, aquel número significaba el número de acecinados. El último fue 8.

A pesar de que aquellas señoras hablaban de las noticias realmente para Micael no era más que relevante, la conversación llegaba a ser un tanto "interesante" pero no lo suficiente como para hacer que se detuviera y escuchara con más atención. Las señoras hablaban muy fuerte, así que, antes de llegar a ellas, Micael ya las estaba escuchando y después de pasarlas aún podía percibir sus voces.

Mientras caminaba una de sus manos iba metida en la bolsa del frente de su pantalón, mientras que la otra se iba moviendo con el ritmo de su cuerpo en movimiento. Como de costumbre caminaba de lo más tranquilo y despreocupado del mundo, realmente no tenía motivo alguno por el cual apresurarse, pues desde hace ya unos años Micael vivía solo en una casa que se podría decir que era grande. Después de caminar por un rato, Micael se detuvo frente a una casa de un color crema la cual era de dos pisos, la vio por unos segundos y luego de examinarla soltó un leve suspiro y camino hacia la puerta de aquella casa. De su mochila saco una llave y con esta abrió la puerta, luego entro y una vez dentro cerró la puerta detrás suyo. Al entrar había un pequeño pasillo de unos 2 metros de distancia, cuando pasabas este lo primero que veías era una amplia sala, a la izquierda de esta otro pasillo, a la derecha estaba la cocina y detrás de la sala estaban unas escaleras. Micael pasó por la sala dejando su mochila en un mueble y subió por aquellas escaleras. Una vez arriba había un pasillo bastante amplio y cada cierta distancia habían unas cuantas puertas tanto del lado izquierdo como del lado derecho. Micael entró a la segunda puerta del lado derecho quedándose ahí encerrado hasta la noche.

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