Cadavre Exquis

Por el año 1925 un grupo de surrealistas utilizó un proceso creativo innovador que lograba revelar los aspectos no verbalizados del inconsciente de cada uno de los miembros de el grupo que lo practicaba, este fue nombrado "Cadáver Exquisito". Casi un siglo después cuando cuatro amigos se descubran atrapados en un Internado en Angers, Francia en el auge de su juventud, y decidan huir separados, descubrirán que juntos la huida puede ser creativa, espontánea, intuitiva e infinita. © A.A.C.N, 2016. REGISTRADA EN SAFE CREATIVE, PROHIBIDA SU COPIA O ADAPTACIÓN.

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2. Un

—Después de las fiestas empieza nuestro último año. —Giuseppe dijo mientras el viento le removía el cabello azabache hacia el rostro.

Él lo ignoró mirando hacia el roble que a estas alturas le parecía eterno e indolente contra el tiempo que cada vez parece correr con más prisa, arrasando y llevándose consigo a los espíritus indecisos, a los que hicieron muy poco y a los que hicieron demasiado.

La idea de convivir en un internado a Giuseppe le pareció una fantástica oportunidad de recrear escenas de Zoey 101 o vivir las suyas propias, idealizó una vida independiente y la posibilidad de realizar en carne propia miles de aventuras y desventuras.

Y la vida en el Lyceé Sainte Angès no distaba mucho de ser así, la cuestión era que él no era un adolescente socialmente activo y su vida no era precisamente digna de una serie.

Además el tercer año le chocó toda esa cuestión de sentir la ausencia de un soporte paterno porque simplemente sus padres dejaron de recogerlo en las vacaciones y todo eso.

Pero con ocho años metido en el hoyo te acostumbras y aprendes a encerrar los disgustos y penas muertas en un cajón junto a todas tus esperanzas.

Y aquel día nebuloso solo le era capaz de evocar Sweater Weather de The Neighbourhood y un futuro cercano muy difuso.

—Peppe, tú no piensas más que en el futuro y te estas perdiendo del presente. —Dominique dijo con suavidad mientras enredaba su dedo en un mechón de su rubio cabello, estaban sentados en el jardín a la sombra de un árbol delgado y con raíces gruesas, Noah estaba sentando sobre una de ellas.

Y lucía un poco perdido aún cuando del bolsillo izquierdo de su chaqueta sacó un cigarrillo y del derecho un encendedor.

—Es una mierda. —admitió llevándose el cigarrillo a los labios. Lo dejó allí mientras la punta incandescente ardía y él aclaraba sus ideas. Tenía la cara angulosa, los ojos avellana, llevaba el pelo castaño claro alborotado y casi siempre una sonrisa ladeada. —No creo poder soportarlos más tiempo, seis años son demasiado. —agregó para luego expulsar el humo azulado por un costado de la boca.

Amaba hacerse el interesante.

—Si serás capullo. Llevamos ocho años. —Dominique lo interrumpió—. Y apaga esa porquería que nos meterás en problemas.

—Tranquila princesa. —le dijo y apagó el cigarrillo contra el césped con un aire descarado. Ella rodó los ojos y cruzó los brazos.

—¿Qué piensan estudiar? —preguntó Giuseppe

mientras se abrazó a si mismo, hacía frío.

Y el viento soplaba tan fuerte que parecía susurrar en alguna lengua mística e incomprensible para los inmortales.

Giuseppe tenía un rostro fino y aristocrático, cejas pobladas que enmarcaban sus grandes ojos azul noche, los labios finos y parecía que tenía las palabras en la punta de la lengua, que siempre quería acotar algo pero tal ves lo creía demasiado profundo como para que los demás lo escuchen y no lo tilden de pretencioso o en el mejor de los casos de loco.

Era un irlandés con apellido estadounidense en un internado francés y con fama de antisocial.

—Mi padre quiere que estudie Administración de Empresas o Negocios Internacionales. —dijo Noah alzando las cejas y riendo un poco.—Esta loco. Yo claramente nací para ser actor porno.

—¿Tú actor porno? —Dominique lo miró divertida mientras con su pulgar y su índice indicó un centímetro y luego se hecho a reír.

Giuseppe rió por lo bajo.

—¿Lo quieres comprobar tu misma? —le ofreció Noah con toda la desfachatez del mundo.

—Paso. —Dominique siguió riendo pero su lenguaje corporal advertía que le idea la incomodaba un tanto.

El viento comenzó a rugir y ella se pegó al cuerpo de Giuseppe en busca de algo de calor.

Envolvió sus brazos en la cintura del irlandés y reposó su cabeza en su torso.

Eran frecuentes aquellos espontáneos ataques de cariño de ella hacía él.

Y a pesar de los tantos años de amistad él aún no lograba sentirse cómodo cuando ella invadía su espacio personal de tal modo.

Noah los miró de soslayo y se acrecentó en él las ansias de encender otro cigarrillo solo por el mero deseo de que con el humo se desvaneciera aquella escena.

—Peppe, ¿vamos a la fiesta de Cassius? —Noah carraspeó, Giuseppe se enderezó en su sitio y Dominique se separó de él.

—¿Cassius? No estoy invitado. —respondió él acomodándose las gafas. Eran negras y de pasta gruesa, miopía y un poco de astigmatismo.

—No seas tonto, a esas cosas nadie está invitado, cada quien se pasa la voz y lleva a su gente. —su voz sonaba burlona como siempre, se creía superior en los temas sociales solo porque los otros dos eran unos inadaptados.

—Si no quiere no quiere ir, no tienes porque burlarte. —Dominique hace una mueca en señal de su molestia.

—Al parecer todos están muy sensibles hoy. ¿Acaso están con el mes o algo así? —La rubia bufó y volvió a cruzarse de brazos.

Noah podía a llegar a ser muy gilipollas aveces.

—Iré. —aceptó Giuseppe, su voz adquirió un matiz más grave y su respuesta fue contundente.

Dominique lo miró incrédula y antes de irse solo añadió: —Ustedes son increíbles.

En el mal sentido por supuesto.

*

Giuseppe estaba solo en una esquina de la habitación con alguna bebida alcohólica en un vaso de plástico rojo en la mano.

Contó veintidós personas en total.

Las paredes de la habitación de Cassius Bouffard y Apollo Laborda eran monocromáticas, cuadros con pinturas abstractas basadas en rojos y blancos, y un estante de trofeos.

Se acomodó el cuello de la camisa azul metálico que traía (Dominique se la había obsequiado su cumpleaños pasado porque según ella resaltaba sus ojos) a causa de que hacía un calor abrumador allí dentro y las luces de ambientación lo estaban mareando.

—¿Crees en los fantasmas? —le susurró a Giuseppe una voz de chica al oído. Apestaba a tabaco y tenía uno de esos chokers rodeándole el cuello.

La música era fuerte y dudó en si de verdad una completa extraña le había preguntado si creía en los fantasmas.

Además cuando llegaron todos habían saludado a Noah y a él lo habían ignorado a tal punto que llego a cuestionarse si era invisible social o físicamente.

—¿Perdón? —igual preguntó por si las dudas. La chica se hecho a reír. Tenía bonita risa.

El pelo castaño oscuro y unos grandes y hermosos ojos turquesa.

De hecho era muy atractiva.

—Que si crees en los fantasmas.

—Uhm, ¿invisibles o de los que vomitan ectoplasma? —Ella parecía estar confundida ante la pregunta de Giuseppe pero al final sonrió (tenía los dientes un poco amarillos y Peppe se atrevió a apostar que era a causa de la cafeína y el tabaco) y se llevó el cigarrillo a los labios y siguió sonriendo, dio una larga calada para luego expulsar el humo azulado en la cara de Peppe.

Él dudó si ella aún quería que respondiese pero aún así se arriesgó a aburrirla. —Bueno creo en las almas, de hecho Platón expresa su pensamiento de que somos esencialmente alma y que esta es inmortal, Sócrates concuerda con él en eso. Y supone que conformada por otras tres: alma racional, que es el principio de conocimiento racional, alma concupiscible, que es la tendencia hacia el placer y por último el alma irascible, que es la tendencia a poder superar adversidades. Supongo que todo eso no puede simplemente morir.

—¿Te haz metido NZT? —dijo la muchacha claramente impresionada y ahora Peppe fue quien se hecho a reír. —Ya, ¿que dirías si te digo que soy un fantasma?

—Te diría que el nivel de alcohol en tu sangre es más alto que mi autoestima. —ella sonrió satisfecha. Era muy hermosa. Y estaba tan oscuro.

Ambos silenciaron y dejaron que sus ojos hablaran, ella se acercó hacia sus labios y los besó tal y como el mar estrella y rompe contra las piedras de la orilla, uno demasiado arrasador y otro demasiado dependiente.

Duraron una rato hasta que tuvieron que tomar aire.

Pronto Giuseppe se acordó de la frase que Nietzsche le dijo a su amada en su primer encuentro.

Y sintió la necesidad de por más ridículo que sonara recitársela a aquella extraña chica con aquellos ojos que podrían tragarse el universo entero. —¿Desde qué estrella hemos venido a encontrarnos aquí?

Ella lo miró negando con la cabeza divertida.

—No lo arruines.

La supervisora del plantel Madame Curie llegó a la fiesta resonando las pantuflas contra la madera y con una mirada furtiva.

Tenía la cara enrojecida, y las hebras de su cabello platino y negro estaban desarregladas.

Sus grandes ojos verdes ardiendo y sus patas de gallo con restos de crema humectante.

Claramente no esperaba esto.

Ella creía imponer bastante respeto como para evitar estas cosas.

Giuseppe se asustó. Todos lo hicieron.

Anotó sus nombres en un papel y para cuando Peppe se acordó de que no sabía el nombre de su amada y volteó a verla esta había desaparecido sin más.

Dejó a Giuseppe con un mal sabor de boca, el corazón agitado y la posibilidad de solo haber sido un alma pasajera con ganas de besar.

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