Cadavre Exquis

Por el año 1925 un grupo de surrealistas utilizó un proceso creativo innovador que lograba revelar los aspectos no verbalizados del inconsciente de cada uno de los miembros de el grupo que lo practicaba, este fue nombrado "Cadáver Exquisito". Casi un siglo después cuando cuatro amigos se descubran atrapados en un Internado en Angers, Francia en el auge de su juventud, y decidan huir separados, descubrirán que juntos la huida puede ser creativa, espontánea, intuitiva e infinita. © A.A.C.N, 2016. REGISTRADA EN SAFE CREATIVE, PROHIBIDA SU COPIA O ADAPTACIÓN.

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4. Trois

Había llovido a cantaros toda la noche así que por las nubes aún teñidas de tonalidades grisáceas se filtraban alguno que otro rayo de sol que apenas y le arrancaba a Guiseppe dos reflejos del pelo negro.

Estaban sentados los tres en un balcón y sus pies se extendían algunas hectáreas del jardín bien cuidado del Sainte Agnès.

Peppe infló el pecho y se le escapó un leve suspiro.

En esta última semana sentía que había crecido más que en toda su vida.

Habían acabado temprano sus exámenes y decidieron darse un descanso lejos de los demás. Como siempre.

Dominique suspiró también, pero el suyo fue pesado y profundo.

La rubia advirtió que Noah la estaba observando y esbozó una sonrisa.

—¿Qué prefieren, ser devorados por un zombie o devorar un zombie? —preguntó Dominique tratando de aligerar el ambiente.

—Devorar uno por supuesto, nadie debe ser privado del placer de llegar a conocerme. —Noah respondió y los otros dos se rieron negando con la cabeza.

—¿Y tú Peppe? ¿Devorar o ser devorado? —Dominique alzó una ceja y rió con picardía.

—De hecho suponiendo que los zombies existieran y yo tratará de "devorar" uno técnicamente me convertiría en uno ya que al alimentarme de este y su materia podrida con células muertas o potencialmente alteradas entrarían en...

—¡Ya hombre! Solo contesta no queremos una cátedra sobre los zombies y su composición orgánica.

—Supongo que ser devorado porque no me gustaría convertirme en uno. —Peppe se encogió de hombros.

—¿Vivir con tu esposa e hijos pero poco dinero o tener todo el dinero del mundo y estar solo?

—¿Es enserio? Apuesto cien euros a que sé lo que Noah contestará. —Peppe rió.

—Pues si pensante que quiero vivir con mi familia y poco dinero adivinaste.

—¿Enserio? —Peppe y Dominique le preguntan al mismo tiempo algo desconcertados.

—¡No! ¿Acaso no me conocen? —soltó divertido rascando su nuca.

—Bueno yo creo que la primera.

—¿Y tú Dominique? —Noah le inquirió.

—No no, yo solo hago las preguntas. —respondió sonriendo.

—¿Con o sin hijos?

—Con —respondió Peppe—. Hija —agregó.

—Igual. —Noah contestó con una sonrisa ladeada mirando a la nada.

—Sin. —Dominique también respondió y los otros dos voltearon a verla—. No me gustan los niños y la idea de engordar.

—Sí, lo sabemos. Los pobres niños del teatro nos ilustraron un poco el panorama. —Peppe recordó.

—¿Qué? ¿Les hablaron mal de mi esos mocosos?

—O no no, descuida Madame Minique. —Noah le dijo burlón y el rostro de la rubia se tornó rojizo. Los tres rieron.

Estaba oscureciendo y pronto se desvanecieron los rayos del sol para dar lugar a un azul profundo casi igual como al de los ojos de Peppe, contundente y gélido.

—Creo que ya deberíamos volver. —Noah advierte.

—No quiero, tengo temor. —un ligero humo salió de los labios de Dominique. Su tono fue febril y preocupante.

—De hecho el término correcto en este contexto sería "miedo" Heidegger, piensa que el temor encuentra su origen en algo determinado o definido. Lo que al hombre le inspira temor es el mundo como tal, en cambio el miedo siempre encuentra su origen en algo externo, que solo un ser que se preocupe por su Ser puede tenerlo. —Peppe le aclaró.

—¿Heidequé? —Noah inquirió mirándolo. Parecía estar burlándose como siempre.

—Heidegger, un filósofo... —la voz se le fue apagando.

Hubo un silencio insustancial como es usual en los momentos tensos. El viento sopló con intensidad mientras inconscientemente Giuseppe cerró los ojos.

Se sentía más grande, más pesado en pensamiento y en espíritu.

De pronto unos dedos fríos y ávidos le rodearon el cuello y él tensó los músculos.

Dominique y Noah advirtieron presencias umbrías a sus espaldas pero para cuando se percataron del ataque a su amigo este ya estaba morado de la asfixia, luchando para tumbar a Apollo hacía atrás porque delante le quedaban dos metros al vacío y bonitos tulipanes.

Cassius se plantó desafiante ante Dominique mientras Noah ayudaba a Giuseppe tirándole un puñetazo en la nariz a Apollo. —Suéltalo hijo de perra. —exclamó Noah mientras un tercero se sumó. Peppe logró zafarse enderezarse y cuando calculó que estaba lo suficientemente lejos del balcón propinarle un gancho en el abdomen se lo dio a Apollo. Apollo le devolvió el puñetazo a Noah en el rostro cerrándole el ojos de inmediato y un tercero de cabellos rojizo un poco más bajo que los otros dos le dió un puñete a Peppe partiéndole el labio.

—Golpean como niñas. —Apollo era muy alto y atlético y le era un insulto el vano golpe de Peppe.

—¡Déjenlos! —Dominique suplicaba muerta de miedo.

—Ya. Paren. —Cassius les ordenó a sus perros muy divertido.

—¿Qué pasa Cassius? Solo nos estábamos divirtiendo un poco. —El pelirrojo le contestó.

Pero este lo ignoró, estaba mirando a Dominique quien aunque con las manos temblorosas lucía indolente e inquebrantable—. Vine a que cumplas tu parte del trato. —la tomó del brazo y tiró de ella.

—¡Suéltala maldito hijo de perra! —Noah no tardó en escurrirse hacia él y meterle un empujón seguido de un puñetazo con lo que ambos cayeron tumbados al suelo. Peppe intentó separarlos cuando vió que Noah ya no tenía más fuerzas y había demasiada sangre. Apollo y el tercero hicieron lo suyo y sostuvieron sus brazos tras su espalda pero él no dejó de sacudirse mientras ambos recitaban un coro de insultos.

—¡Hija de puta ya verás me las pagarás toda la escuela se enterará de que eres una soplona y una puta! —Cassius vociferaba apuntando y disparando dardos verbales contra Dominique.

—¡Vete a la mierda imbécil si te veo cerca de ella te rompo las pelotas idiota! —gritó Noah mientras los otros se iban, la cara le ardía y gotas de sudor resbalaban por su rostro que ahora se encontraba comprimido en una mezcla de furia y agotamiento increíbles.

Dominique aún se hallaba de pie pero con las manos apoyadas en el balcón solo para aún estarlo.

Giuseppe recobraba el aire y el cuello le dolía, sabía que tenía aún la marca de las manos de Apollo en el.

Dominique se acercó y los abrazó con tanta gratitud que les fue imposible no responderle el abrazo.

A los segundos Madame Curie y dos profesores más los encontraron en el balcón.

—A dirección ahora. Los tres. —Fue lo último que escuchó Dominique antes de caer inconsciente al suelo.

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