Cadavre Exquis

Por el año 1925 un grupo de surrealistas utilizó un proceso creativo innovador que lograba revelar los aspectos no verbalizados del inconsciente de cada uno de los miembros de el grupo que lo practicaba, este fue nombrado "Cadáver Exquisito". Casi un siglo después cuando cuatro amigos se descubran atrapados en un Internado en Angers, Francia en el auge de su juventud, y decidan huir separados, descubrirán que juntos la huida puede ser creativa, espontánea, intuitiva e infinita. © A.A.C.N, 2016. REGISTRADA EN SAFE CREATIVE, PROHIBIDA SU COPIA O ADAPTACIÓN.

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3. Deux

Giuseppe camina por los pasillos con las manos en los bolsillos y la capucha puesta ocultando su cabellera alborotada.

Cargaba ojeras y unos ilustres ojos azules.

El sonido de la lluvia contra la acera era la música de fondo y el olor a pasto mojado inundaba sus fosas nasales.

—¿Estudiaste para el examen? —Giuseppe se dirige a Noah quién estaba con el ceño fruncido y la cabeza gacha. No habían cruzado palabras en toda la mañana, simples miradas o gruñidos en asentimiento. Giuseppe no se extrañó, hacía demasiado frío como para pensar en el millar de posibilidades por las que Noah podría estar enfadado.

—Sí. Un poco. Creo. —su voz sonó árida y distante, como si se hubiera tragado toda el arena del Sahara.

—Bien.

—Sí.

—¿Crees que Madame Curie llamé a nuestros padres?

—No. —la voz de Noah volvió a su normalidad, burlona y con una pizca de soberbia.— A lo mucho nos castiga una semana.

—Bien.

—¿Tomaste? ¿Fumaste?

—No, no.

—Bien.

La lluvia azotó sin piedad y apresuraron el paso hacia el salón.

El examen constaba de preguntas básicas de Historia Universal y Giuseppe contó dieciséis fragmentos de luz esparciéndose por su carpeta de madera.

Miró a través de la persiana abriendo con sus dedos entre ella solo por curiosidad.

Y la vió, o al menos eso creyó.

Estaba de espaldas con una polera azul grisáceo y con el cabello lacio y mojado suelto.

Parecía estar escondiéndose de alguien. O de todos.

—¡Montgomery! —su profesor le llamó la atención, Giuseppe brincó en su asiento y se alejó de la ventana.

Y terminó su examen con restos de polvo en sus dedos y sin lograr evitar que su mente divagara en ella y en la inmensidad.

Los motivos navideños estaban por doquier y cambiaron la lluvia por la práctica del coro del internado con canciones navideñas.

Como todos los lunes luego de clases irían a buscar a Dominique al teatro donde enseñaba a niños menores, estaban preparando una obra musical navideña. Era perfeccionista, muy poca paciencia, pero tenía talento.

Se había ganado algunas llamadas de atención por hacer llorar a un par de niños pero sin más voluntarios al taller de teatro no tenían con quien remplazarla. Era Dominique o nada.

Terminaron los exámenes del día y intercambiando respuestas llegaron al teatro.

Era mediano y muy viejo. En algunas de las butacas la tela ya estaba rota y dejaba ver la espuma de mala calidad.

Entraron por la puerta de atrás del teatro esperando encontrar a Dominique con moviendo el pie impaciente indicándoles que habían llegado tarde como siempre.

Pero no estaba. Así que entraron al cuarto de caracterización. Quince caritas desorientadas les dieron la bienvenida.

—¿Y Dominique?

—¿Madame Minique? —una pequeña rubiecilla les corrigió y ambos se miraron extrañados.

—¿Qué mierda? ¿Ella los hace llamarla así? —Noah soltó y Giuseppe le propinó un codazo. Él solo se encogió de hombros.

—Sí, sino —un moreno hizó gesto de decapitación con su mano y Noah se horrorizó.

—¿Dónde está ella? —preguntó Giuseppe.

—No ha venido la estamos esperando hace rato. —dijo otro niño alargando la "a".

—Gracias.

Cuando salieron el aire helado les impactó en la cara, era preciso hallar a Dominique pronto.

—Somos unos pésimos amigos, seguro enfermó y por eso no ha ido al teatro, ni siquiera notamos que no vino a dar examen. —Giuseppe estaba indignado por no haber notado su ausencia.

Es que era lunes y los lunes da clases en el teatro, además ayer se había enfadado con ellos  y cuando eso pasa suele desaparecer un rato hasta que ellos corran a buscarla y disculparse.

Le gustaba el drama dentro y fuera del teatro.

Cuando llegaron a la habitación de Dominique esta olía a su característico olor a vainilla francesa, pero sin señales de ella.

Su cama estaba desarreglada y todas sus almohadas estaban en el suelo. Su tocador casi vacío y todos sus cosméticos en el suelo.

Fue una alerta.

Algo no estaba bien.

Noah se agachó al suelo y recogió una fotografía: eran los tres el primer año que se conocieron, Dominique en el centro muy sonriente, Noah y Giuseppe a los lados dándole un beso en sus mejillas.

Era una fotografía muy tierna en verdad.

Noah sonrió al recordarla.

—Hey, mira —se la mostró a Giuseppe quien estaba pasmado mirando aquel caos con ganas de ordenar todo.

—Que linda foto —admitió él. Y pronto un destello de alarma se encendió en su mente y volteó la fotografía, en la parte de atrás una fecha resaltó: 21 - 12 - 08.

—¡Mierda! Mierda, mierda, mierda. —Giuseppe se pasó las manos por el cabello azabache algo frustrado.

—¿Qué pasa? —Noah se preocupó.

—¡Que somos unos verdaderos idiotas!

—¿Qué?

—¡Que ayer que fuimos a la fiesta fue nuestro aniversario de amistad, cumplimos ocho años Noah, ocho años!

—Carajo.

Salieron de la habitación aún con la fotografía decididos a encontrar a Dominique.

Y en el último lugar que se les ocurrió buscar fue quizás el más evidente.

La banca en el patio trasero de la que se adueñaron ocho años atrás.

Apretando los dientes se sentaron uno a cada lado de su rubia amiga ahora cabizbaja.

—Dominique...lo sentimos tanto. —habló Giuseppe y Noah le mostró la fotografía que habían hallado en su habitación.

Ella la miró y sus labios se curvaron en una tenue sonrisa.

—Eran buenos tiempos. —murmuró.

—Son buenos aún. —dijo Noah, ella negó con la cabeza y repentinamente se echó a llorar.

—Lo siento. —se disculpó ella.

—Hey, tranquila no llores así, sabes cuánto te queremos y sabes que somos unos imbéciles para las fechas. Además los días son efímeros, ¿qué mejor prueba de que nuestra amistad crece que nuestras memorias juntos? —la intentó calmar Giuseppe. Ella volvió a negar.

—Lo siento —repitió—. Los acusé con Curie y ahora Cassius lo sabe, me ha dicho que si no quiero que toda Sainte Agnès sepa que soy una soplona tengo que... tengo que...tengo que pasar la noche con él. —sollozó.

—¡¿Qué?! ¡Mataré a ese hijo de perra! —se exaltó Noah, parándose del asiento.

—¿Pero por qué nos acusaste? —Giuseppe le preguntó.

—¡Porque se fueron, por eso, porque era el día de nuestro aniversario y me dejaron sola!

Noah puso las manos sobre su cabeza.

Estaba furioso y quería romperle las bolas a Cassius por amenazar a Dominique y estaba enfadado con ella por su actuar.

—Ya, lo hecho hecho está, tú tranquila Dominique nadie te hará nada, aquí nos tienes para defenderte. –Giuseppe habló con seguridad.

—Dejaré sin hijos a ese hijo de puta si te hace algo.

Ella se secó las lágrimas y sonrió satisfecha, como si hubiera logrado su cometido.

—Gracias chicos, los amo.

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