Forbidden & Impossible

Tal vez eres demasiado tímido para aceptar tus sentimientos, te moldeas por un código social aparentemente correcto y te olvidas de escuchar tu corazón. Ya sabes lo que quieres, ¿por qué lo complicas? Hay quiénes dicen que la sangre es todo lo que nos define... No permitirás que eso te domine, ¿o si?

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1. Prólogo

Todo podría resumirse a un beso.

Era sencillo.

Rozar sus labios para descubrir si sería correspondido. Sentir la calidez de su aliento y ser consciente de su contenida respiración. Tener su acelerado corazón contra su cuerpo y conducir sus fuertes manos a su espalda. Deshacerse de las ataduras de la ropa y eliminar los espacios entre sus cuerpos. Escuchar cómo decía su nombre, cómo gemía y suplicaba por más. Esperar el deseado 'te quiero' que tantas veces escuchaba entre sueños mezclado con la pasión del momento... Sencillamente no existiría mejor instante. Ahora que se deshacía de la camisa y dejaba al desnudo su perfecto cuerpo, la mente de Lucas trabajaba a toda velocidad recorriendo cada músculo de su espalda. Agradecía estudiar anatomía y que el ejercicio le marcara tan bien la espalda.

Lucas no se quedaba atrás respecto a eso, su abdomen marcado por el ejercicio, sus brazos fuertes y espalda ancha combinado con las largas jornadas de fútbol, le convertían en el centro de atención de las chicas del instituto... o al menos cuando estaba solo. La única persona a la que Lucas admiraba ─junto con el 95% de la población femenina de la escuela─, estaba justo frente a él, con la piel brillante del sudor y el cabello alborotado. Thomas Pierse. Entonces... Lucas era gay y se sentía terriblemente atraído a su heterosexual mejor amigo. Eso no era nada bueno y dolía como una patada entre las piernas.

Thomas, como era costumbre, salía de su práctica de boxeo a la misma hora que Lucas dejaba la de fútbol... Una maravilla de coincidencia para la insaciable creatividad de su amigo. Claro que el primero era totalmente ajeno a los sentimientos del futbolista.

─Bien, yo propongo, asistir a la fiesta que planea el equipo de porristas esta noche ─soltó Thomas sacando a Lucas de sus nada puros pensamientos.

─¿Qué? Ah... Yo paso. Mañana tengo examen de biología y ni siquiera he abierto el texto. 

La verdad era que Lucas ya estaba bastante preparado para ese examen, solo que con el tiempo, había empezado a irritarle la monotonía y el engaño de una vida heterosexual que en definitiva, jamás podría llevar. Calificar a Thomas como su "mejor amigo" empezaba a doler más de lo que era normal y Lucas necesitaba superarlo o conquistarlo... aunque la más sencilla era la primera opción. Thomas se negó a insistir y entró a la ducha del gimnasio, sacando la ropa por el lado de la puerta. Lucas se dio cuenta que no se podía quedar más y gritó una cortante despedida antes de abandonar las instalaciones. Caía una suave llovizna cuando dejó el lugar, así que se puso el gorro de la sudadera y caminó a casa con las manos en los bolsillos, una escena típica de película. Sus pies levantaban el agua en las aceras y los autos amenazaban con empapar sus tenis, pero a Lucas no le importaba. 

Llegó a casa 15 minutos después con la sudadera mojada y el cabello escurriendo. Fue a la cocina y se deshizo de una parte de la ropa para no ensuciar el piso que su enigmática madre limpiaba con tanto esmero. Subió a su habitación y entró al baño para acabar de limpiarse. Esperó unos segundos mientras el agua se calentaba, se desnudó y entró dejando que el agua tibia se llevara todo de sí. Sería un alivio que el agua pudiera sacar a Thomas de su cabeza con la misma velocidad con la que se llevaba el estrés. Unos minutos después, Lucas tomó la toalla y se la envolvió en la cintura mientras con otra más pequeña secaba su cabello. Su IPhone empezó a sonar y la pantalla se iluminó con una rubia de ojos claros que sonreía a la cámara. 

─Laura, ¿a qué se debe el honor de tu llamada? ─respondió Lucas con su voz más dulce, finalmente, su imagen era la de un seguro y heterosexual chico popular. 

─Luqui... ─empezó ella, ignorante del odio que tenía su interlocutor a ese apodo─ Thomas nos comentó que no irás a nuestra fiesta de esta noche ─terminó ella y un coro de pucheros sonaron al fondo.

─Hermosa, tengo que estudiar, ya sabes que se me dificulta la biología...

Mentira.

─Siempre obtienes las mejores calificaciones ─dijo ella haciendo un énfasis en el tono de voz que acompañaba una carita de perrito regañado.

Lucas rodó los ojos consciente de que necesitaba una mejor excusa para salir de ese pequeño inconveniente, pero la única salida rápida era la vergonzosa.

─Lo cierto es, Lau, que tengo que cuidar a Dani, mi primo ¿lo recuerdas? ─soltó aprovechando que había compartido una relación de 7 meses con la chica y que ella conocía al pequeño de 6 años.

─¿En serio?

─Si, me daba algo de pena decirles la verdad porque no quiero que me tachen de niñero o algo parecido.

Laura soltó una risa nerviosa y aseguró que eso jamás pasaría, de hecho, a la chica le parecía tierno que Lucas se preocupara por detalles tan insignificantes ─e imposibles considerando lo enamorada que estaba la chica─, como para mentir. Al otro lado de la linea, Lucas cerraba los ojos con fuerza, quería finalizar la llamada pero la chica no dejaba de hablar. Se acercó a su puerta y la golpeó tres veces simulando que alguien llegaba a su casa.

─Hermosa, tocan la puerta, debo irme ─la cortó y colgó sin esperar respuesta. 

Para su sorpresa, alguien si tocaba la puerta. Se puso la ropa interior rápido y una pantaloneta que encontró en el piso y bajó corriendo para atender. Thomas lo miraba con reproche y con una sonrisa burlona. A Lucas se le detuvo el corazón pero recuperó la seguridad antes de que su amigo lo notara. Esperaba a muchas personas antes que a él pero no quería ser más evidente considerando el rechazo que le había dado en el gimnasio. Thomas entró como invitado ─que lo era─ y se tiró en el sofá viéndolo mientras esperaba una respuesta. Cuando vio que su amigo no abriría la boca, se resignó.

─¿Dónde está tu primo?

─Aún no llega ─contestó Lucas con fingida tranquilidad en su voz.

─Aja. ¿Por qué no quieres ir?

Mierda. Así era como Thomas descubría cada una de sus escapatorias. Y para Lucas era algo irresistible... debía dejar de pensar así. Lucas se dejó caer en el sofá frente a su amigo con la cabeza entre las manos.  

─Estoy cansado ─se limitó a decir. Y era verdad, solo que no explicaría la situación completa.

Thomas no dijo nada, le dio unos amigables golpes en la espalda y dejó la casa con una débil sonrisa, no podía juzgar nada a pesar de no saber las verdaderas razones por las que su amigo se negaba con tanta decisión. Lucas estaba cansado de tener que actuar. Claro que Thomas también tenía sus secretos.

Cuando dejó la casa de su amigo, Thomas canceló su asistencia a la fiesta asegurando una emergencia familiar en un pueblo cercano a la ciudad. Nadie pudo conseguir información pues él no era de los que buscaba excusas. Para él solo era "no" y ya, todos lo tenían bastante claro para la fecha. Corrió a la casa de sus padres y trepó a su habitación por el árbol del patio trasero; se suponía que no dejaba la casa hasta la noche así que había salido "en modo sigiloso" ─las ramas del árbol habían crujido, las hojas secas habían golpeado las ventanas de la cocina y el salto que había dado había sido bastante ruidoso─, pero al entrar, sus padres estaban en la puerta de la habitación juzgando su actitud con la mirada. Thomas hizo una mueca sentado en el marco de la ventana.

─No tomas en serio ni tus propias condiciones ─reprochó su madre.

─En mi defensa, no saldré en la noche.

Sus padres se miraron con sorpresa y salieron de la habitación sin decir palabra alguna. Thomas se bajó del marco de la ventana y escondió su cabeza entre las almohadas. No quería esconder tantas cosas, a su mejor amigo, a su novia, a sus amigos. Quería una vida normal en la que pudiera ser él mismo, e incluso tal vez, ver que los demás lo admiraban. Ser solo el chico guapo de la escuela le traía sin cuidado, de poder, le daría el "título" a alguien más y demostraría su verdadero yo... Pero habían reglas, códigos, cosas que la sociedad no vería como nada más que una forma de llamar la atención, y aunque Thomas amaba ser el centro de atención, esa no era la razón. Había visualizado muchas veces cómo sería la reacción de Lucas, en muchas de sus imaginaciones, su mejor amigo le ayudaba a expandir la noticia de forma correcta; en otras, solo se alejaba.

Thomas tenía miedo a la soledad. Jamás en su vida había tenido que enfrentar eso, siempre había alguien a su lado para reconfortarlo o solo para golpearlo unas cuántas veces. Quizás por eso no soportaba la idea de que la gente se alejara cuando se descubriera la verdad, y todas las noches escribía un mensaje con explicaciones que duraba 5 minutos en la pantalla antes de ser eliminado como los anteriores a ese. Era frustrante. Sus padres sabían que ya no quería seguir guardando el secreto, pero conseguían tres excusas por cada decisión que su hijo tomaba. Ya no querían someterse a pensamientos erróneos o miradas despectivas inundadas de terror. Su hijo había llevado una muy buena vida en Canadá como para arruinarla de nuevo. Claro que Thomas no recordaba "vidas" anteriores. 

Las cosas salían de acuerdo a un elaborado plan que Thomas no iba a arruinar. 

 

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