Bienvenida a SunnyHills

"¿Os imagináis que a un adulto lo metieran en un coche a la fuerza y lo alejaran de su casa y sus amigos sin pedirle permiso? Yo lo llamo secuestro, ellos mudanza." Para Claire Shaw, mudarse a un barrio de lujo lleno de gente snob es la peor de las maneras de empezar el verano, aunque no todo es lo que parece, y a veces no hay que dejarse llevar por las apariencias.

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1. Bienvenida a SunnyHills - Prólogo

"¿Os imagináis que a un adulto lo metieran en un coche a la fuerza y lo alejaran de su casa y sus amigos sin pedirle permiso? Yo lo llamo secuestro, ellos mudanza."

Suspiré por enésima vez en cinco minutos y apoyé la frente contra la ventana del coche que - muy lentamente - seguía al camión de mudanzas que se llevaba toda mi vida hacia nuestra nueva casa. Tras el compromiso de mamá, ella y su prometido, habían decidido irse a vivir juntos unos meses antes de la boda, para - según me dijeron "acostumbrarse a vivir en pareja". Yo no me podía imaginar la vida fuera de el pequeño apartamento del centro que en el que había vivido desde que tengo memoria y la sola idea de dormir en otro lado que no fuera mi habitación de siempre hacia que se me pusieran los pelos de punta.

 

Para ser sincera, no era un gran cambio - ni siquiera íbamos a salir de la ciudad y mamá incluso me había dejado quedarme en el mismo instituto que los años anteriores, a pesar de que este estuviera en la otra punta de la ciudad - el único problema era el barrio al que nos mudábamos; una zona residencial situada en la parte alta de la ciudad; un barrio lleno de casas de lujo y gente... no tan de lujo. Todo el mundo sabe que los que viven en "Sunny Hills" son una panda de snobs superficiales y mezquinos. Bueno, eso al menos es lo que se dice por la ciudad, yo jamas había conocido a nadie de mi edad que viviera allí, así que no tenia forma de saber si era cierto o no.

 

- ¡Claire vamos, alegra esa cara! - me faltarían dedos en las manos para contar las veces que mamá me había dicho eso desde que nos subimos al coche, pero eso de "alegrar mi cara" seguía siendo tan imposible como la primera vez. Giré la cabeza para mirarla, ella tenia los ojos fijos en la carretera - cosa bastante inútil ya que llevábamos casi media hora en un atasco que no parecía que se fuera a solucionar pronto.

 

- Me llevas lejos de todos mis amigos, a un barrio lleno de gente horrible ¿Que quieres? ¿Que salte de alegría? - gruñí, volviendo a apoyar la cabeza contra el cristal.

 

Escuché a mamá suspirar y el coche se quedo en silencio durante unos segundos, me sentí mal por contestarle así, ella estaba muy ilusionada por irse a vivir con Chris, pero también tenia que comprender que yo no tenia a nadie en aquel barrio, y aunque mis amigos estuvieran a un viaje en bus, eso no me era suficiente.

Por fin, el camión de delante se puso en marcha, y pudimos avanzar con normalidad, traté de romper el silencio incomodo que se había formado en el coche, pero no sabia que decir.

- Seguro que haces alguna amiga allí, ya veras - me volví a mirarla con gesto herido, como si lo que acababa de decir fuera la cosa mas ofensiva que jamás se hubiera dicho. Y para mi... así era. Tendrían que pasar mil años antes de que siquiera se me pasara por la cabeza el hacerme amiga de alguien de Sunny Hills.

- Ademas, no creo que sean tan malos como dices, mira a Chris, el se crió allí y no es ningún monstruo.

 

Rodé los ojos y dejé escapar un suspiro más. "Ojala mamá tenga razón..."

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