Protect Me

- Te llamé para que nos vuelvas a dar tus servicios. - Snade, te dejé claro que no volvería a trabajar para ustedes. - Vamos, hace más de tres años que pasó esto. – sacó una foto de una pequeña carpeta. La puso boca abajo. La curiosidad invadió a Sean. - Esta vez tenemos a una experta masajista. Jennifer Davis. Ha tratado con personajes importantes, incluido a Alexander Donovan. - ¿El criminal? - Eso creemos. Últimamente han muerto muchas chicas, y tememos que haya sido él. Además, pensamos que Jennifer ha tenido relaciones con Alexander. Y puede ser la próxima en morir. Tendrás que interrogarla para averiguar si sabe algo y… - la penetrante mirada de Snade se clavó en la de Niall– protegerla de cualquier peligro. Tú eres el más adecuado para ello, has sido uno de los mejores entrenados. - Piensalo.

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1. Chapter 1

El Lamborgini de color negro aparcó delante de la clínica. Sean se quitó las gafas y miró por la ventanilla. Jugueteó con la foto en sus dedos. Volvió a mirar a la mujer que había en ella. Preciosa. Sean se acomodó en el asiento de su coche. Un top negro, unas gafas Ray Ban y unos shorts tejanos que dejaban a la vista unos buenos muslos. Sandalias de tacón alto y el negro pelo suelto.
Sonrió, era lo suficiente explosiva para que los hombres se tuvieran que girar para volver a verla. Algo distrajo su atención. Eran las siete y media de la mañana, y alguien abría la clínica.

La vio, de espaldas metiendo la llave en el cerrojo del portal. Llevaba un jersey de media manga y una minifalda que llegaba por media cintura. De nuevo las provocativas sandalias negras de tacón. Entró y dejó la puerta abierta, aguantada por una especie de chisme pequeño, en su pie. 

- Bueno, vamos a ver qué aplicada es en su faena.– Sean intentó asomarse, vio a Jennifer terminando unos arreglos en la oficina principal. Se relamió al verla agachada. Hermoso trasero. Alguien entró por la puerta.
- Buenos días, preciosa. Ella se giró y se levantó, analizando quien era. Sonrió. 
- Hola, Alex. – observó que llevaba algo en las manos - ¿Y eso? – alzó una ceja.
- Es para ti. – le alcanzó un ramo de flores enorme.
- No hace falta que me regales nada… - dijo ella fingiendo una sonrisa. 


Sean no dejó de observarlos. Sacó un par de fotos con la cámara que le había prestado Snade. 

- Así que es cierto que estas con ese criminal, muñeca… - sonrió – la sorpresa que te vas a llevar cuando te diga que es un coleccionador de mujeres muertas. 

Se volvió a acomodar en el asiento y siguió observándolos.

- Espero que hoy aceptes la cena… - dijo Alexander acercándose a ella. La intentó besar, pero Jennifer lo rechazó. 

- Alex, solo eres un cliente más. No relaciono el trabajo con el placer.

Sean soltó una leve carcajada.

- Buena chica. Sigue rechazándolo. – sonrió. Una sonrisa limpia y blanca, que haría estremecer a cualquier mujer en solo verla. Cogió su calibre del 38 y lo colocó en su cinturón, camuflado.

Alexander la miró apenado.

- ¿Qué es lo que no te gusta de mí? – dijo abriendo los brazos.

- A ver… - Jennifer puso los enormes ojos grises, en blanco. – que sí, que eres muy atractivo y que tendrás a muchas mujeres detrás. Pero a mí, no-me-gustas.

Alex se le abalanzo. Las alarmas de Sean se despertaron y se dispuso a salir. Pero lo único que hizo Alex fue besarla. Jennifer lo forzó a dejarla.

- Piénsalo ¿vale? – se giró, dejándola perpleja.

Jennifer negó con la cabeza y se metió en la clínica masajista de nuevo.

- Bien… - Sean miró el reloj. Las ocho.

Sintió que alguien entraba en la clínica. Se fijó en quien era. Una mujer, más o menos de la edad de Jennifer. Rubia, pelo recogido. Iba con una falda ceñida negra, dejando ver las piernas. Una blusa blanca, escotada que no daba bastante a la imaginación. Sean volvió a sonreír.

- Vaya con la secretaria, tam
poco se queda atrás. – abrió la puerta del coche y salió, cerrando con el mando inalámbrico el precioso Lamborgini.

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