The Incursion

Un mundo desconocido y un par de chicas, a las que les resulta fácil meterse en problemas, nunca son una buena combinación. Cuando Gabrielle King y Grace Dawson se adentran en las profundidades de la Selva Negra, en Alemania, no se esperaban encontrarse con una dimensión totalmente diferente a la suya. Así, este par de amigas tendrán que enfrentarse a las desventajas de conocer un mundo nuevo en medio de guerras, traiciones y magia.

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1. The Intrusion

The Intursion

 

Su madre siempre le decía que tenía un talento especial para meterse en problemas de todo tipo, a la chica siempre se le había hecho una tontería, ¡no siempre se estaba metiendo en problemas y tampoco le era tan fácil hacerlo a propósito! Pero mirándose ahora en la grave situación en la que ella y Grace se habían metido, se dio cuenta de qué sí le era fácil meterse en problemas y generalmente problemas muy grandes.

Se restregaron más contra los retorcidos árboles y arbustos en los que habían hallado refugio, hombro con hombro, las dos con las cabezas agachadas y tratando de pensar en cualquier otra cosa que no fuese aquél horrible sonido. Por todos los cielos, ese horroroso sonido, parecido al rugido de un jaguar pero había algo que les decía que no podía ser un felino como ese, o algún otro animal que ellas conociesen.

Escucharon las ramas crujir bajo las patas de la criatura, un tanto lejos al principio y luego más y más cerca. Grace soltó un leve gemido y Gabrielle sintió que su cuerpo se congelaba cuando todo el bosque se quedó en un atemorizante silencio.

Cerró los ojos con fuerza y lágrimas corrieron por sus mejillas, comenzó a temblar y a hacer esfuerzos enormes para no comenzar a sollozar. Estaba aterrorizada, ella siempre era la chica que  mantenía su optimismo e intentaba tener su mente despejada para encontrar una salida a cualquier problema, pero ahora el temor la paralizaba, no sólo físicamente.

Miró por el rabillo del ojo a su amiga esta hizo lo mismo y por unos segundos se miraron directamente  a los ojos. Gabrielle podía ver el terror en aquellos ojos marrones y una frase se arremolinó una y otra vez en su mente.

 

¿Qué he hecho?

 

***

 

 

 

Dos horas antes, la familia de Gabrielle King y Grace Dawson se reunieron en el hotel donde ya llevaban hospedados unos dos o tres días.

Los padres y hermanos de las dos jovencitas siempre lucían emocionados, siempre hablando de qué otros lugares podían visitar antes de que anocheciese, por lo general hablaban de lugares tranquilos como spas o cafés más cerca de la civilización. Y es que su hotel era uno de los más cercanos al espeso y oscuro bosque, el pueblo más cercano era Triberg y estaba a una hora del hotel.

A Gabrielle no le estaba agradando para nada el viaje, ella era más una chica a la que le gustaba vacacionar en las grandes ciudades del mundo o disfrutar de las mejores playas o parques de atracciones. Grace era más sencilla que su amiga, no sentía disgusto alguno por el lugar y Gabrielle sabía que ella probablemente hablaría de la Selva Negra durante bastante tiempo luego de su regreso a América.

Gabrielle se dirigió al restaurante del hotel, su madre la vio alejarse planeando decirle algo, pero decidió que no tenía muchas ganas de entablar una discusión  con su hija en esos momentos. Grace siguió a la joven y juntas atravesaron largos y fríos pasillos hasta llegar al semivacío restaurante.

— Menos mal. —dijo Gabrielle soltando un suspiro, aliviada. —Creí que este lugar estaría atestado de gente como el primer día en el que llegamos.

Avanzó hasta una pequeña mesa justo en lo más apartado del lugar, tenían una vista impresionante del bosque desde ahí. Gabrielle hizo un esfuerzo para que no se le notase lo maravillada que estaba con la vista, pero Grace no era como ella, así que su asombro brotó de ella como si se tratase de Katy Perry en su video Fireworks.

— ¡Por todos los cielos! —exclamó, corriendo a pegarse al enorme ventanal. — ¿Estás viendo esto, Gabrielle?

—Sí, sí. —dijo la chica con una sonrisa socarrona mientras caminaba hacia su amiga y admiraba la imponencia que ese bosque tenía. Gabrielle colocó sus manos en los bolsillos de sus jeans y miró un poco más allá de los árboles cercanos al hotel, ahí donde la niebla era tan densa que cubría casi todos los árboles y sólo dejaba ver la punta de estos.

Algo le hizo sentir cierta ansiedad, tenía ganas de explorar, por primera vez desde que había llegado al lugar sintió ganas de pasearse por el lugar y respirar el aire puro. No sabía qué le estaba pasando , pero ciertamente había algo en ese bosque que le llamaba tanto la atención, no sólo el hecho de que era todo un espectáculo de la naturaleza y más cuando el sol estaba por ocultarse y había un contraste perfecto entre el bosque y el cielo estrellado.

—Vamos.

— ¿Qué? —preguntó Grace, mirándola con intriga.

— ¿No quieres dar un paseo por allá? —señaló con la cabeza el bosque y su amiga le miró aún más confundida. Gabrielle puso los ojos en blanco y suspiró, su sonrisa socarrona volvió. — ¡Vamos a explorar un rato!

—Sé que sueles hacer muchas tonterías y que siempre estoy siguiéndote. —comenzó Grace. —Pero en esto no cuentes conmigo ¿sí? Estoy muy cansada como para salir a meterme en problemas.

— ¿Si te das cuenta que cuando te niegas a alguno de mis planes terminas acompañándome de todas maneras, verdad? —comentó Gabrielle tratando de sonar seria pero casi soltando una carcajada al ver a su amiga sonrojándose. —Está bien, iré sola. Quizá…tarde un buen rato.

Caminó con decisión hasta salir del lugar, los pasillos se oscurecían cada vez más gracias a que la noche ya casi cubría por completo el cielo. Cuando por fin llegó a la recepción observó si alguien la seguía o si algún familiar estaba por ahí, afortunadamente no había nadie, ni si quiera los empleados prestaban atención. La emoción de estar saliéndose con la suya le recorrió el cuerpo y salió rápidamente del Hotel.

El viento frío chocó contra su rostro y sus brazos desnudos, entrecerró los ojos y parpadeó repetidas veces abrazándose a sí misma, bueno, primera mala idea: no tomar algo con lo que abrigarse. Se quedó quieta mirando hacia enfrente allá donde un sendero se abría paso entre la neblina y el bosque, miró por sobre su hombro el hotel y frunció el ceño, no planeaba pasar ni una media hora ahí fuera con tremendo frío sin algo con lo que abrigarse bien, así que todo su plan tendría que recorrerse hasta el siguiente día.

Decidida a volver a la calidez del hotel, dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso al edificio, mirándose los pies con desanimo. Al entrar de nuevo al vestíbulo su sonrisa volvió a pesar de sentir el rostro entumecido por el frío.

— ¿En serio te saliste como si estuviésemos en Hawái? —le reprendió su amiga mientras Gabrielle le observaba ponerse una gabardina azul, un par de guantes y una mochila que estaba llena de Dios sabrá qué. —Te conseguí otra gabardina y un par de guantes también. Dios, Gabrielle ¿qué harías sin mí?

Le tendió las prendas y Gabrielle se las puso sin decir una palabra más. Gabrielle era la impulsiva y optimista mientras que Grace era quien pensaba mejor las cosas, la realista. Grace hurgó en su mochila y luego volvió a cerrarla, observó a su amiga con una sonrisa y Gabrielle pudo ver cómo la emoción surgía en la chica.

—Hay que salir de aquí antes de que alguien quiera detenernos. —comentó Gabrielle y tomando la mano de su amiga salieron corriendo del lugar.

Quince o veinte minutos  después llegaron por fin al bosque, se detuvieron en el sendero de piedra y observaron juntas el interior de la famosa Selva Negra. La neblina parecía salir del mismísimo bosque pues comenzaba a avanzar hacia ellas con algo de lentitud, pero eso no le impidió moverse hasta cubrir los talones de las chicas y continuar avanzando. Gabrielle dejó salir un profundo suspiro, algo dudosa miró a su amiga y notó la tensión en ella, le dio un codazo y Grace pareció relajarse un poco más.

—No pongas esa cara. —reprendió la rubia. —Grace, estaremos aquí poco tiempo ¿está bien? No nos desviaremos mientras sigamos el sendero y, cuando tengamos la sensación que nos hemos alejado lo suficiente volveremos ¿está bien?

Grace asintió, con decisión plasmada en sus ojos. Entonces las dos comenzaron a caminar lentamente por el sendero rocoso, incomodas en un principio, pero al pasar los minutos la caminata comenzó a hacérseles más “divertida”; sin embargo, el ambiente del bosque les parecía algo extraño, había cierta pesadez en el aire y la neblina casi no las dejaba ver. Por suerte, Grace era alguien preparada, pues a pesar de que sabía que sólo estarían dentro del bosque unos minutos la joven había llevado un par de linternas. Y no sólo eso, mantas, agua, algunos dulces y vendas.

—Te agradezco las linternas —comenzó Gabrielle moviendo rápidamente la suya y luego manteniéndola firme en el camino. —Pero en un rato regresaremos, no vamos a necesitar nada de lo otro.

—Nunca se sabe, Gabrielle. —respondió la chica deteniéndose de pronto e iluminando algo más allá del sendero, justo en medio de los árboles. Grace observó con más detenimiento lo que iluminaba y la emoción e intriga le inundaron, Gabrielle seguía caminando y hablando sin percatarse de que su amiga se había quedado atrás. — ¡Gabrielle, espera!

Gabrielle se detuvo y miró por sobre su hombro a su amiga, mirando con irritación como la chica comenzaba a abrirse paso entre los árboles. Corrió hacia ella y, mientras le hacía preguntas, la siguió hasta que se encontraron con otro sendero, el cual parecía mucho más viejo que el principal.

—Se supone que no debemos desviarnos del sendero, Dawson. —le reprimió Gabrielle mientras se quitaba una rama del pelo y su amiga continuaba caminando con decisión. — ¿Qué rayos estás haciendo?

Su amiga la miró por sobre su hombro y se llevó el índice a los labios, indicándole que callara, luego continuó caminando como si nada. Gabrielle se sintió un tanto ofendida pero no sólo eso, la actitud de su amiga la estaba asustando, ella no solía ser así, más bien sería al revés. Gabrielle debía ser quien estuviese desviándose y Grace quien intentaría persuadirla para regresar; la actitud de su amiga estaba totalmente fuera de lugar, simplemente no era ella, por muy emocionada o valiente que se sintiese en alguna situación Grace nunca se arriesgaría de una manera como esa.

La caminata duró varios minutos más, por momentos ya no caminaban en una sola dirección, ahora rodeaban ciertos árboles y continuaban alejándose más y más.

—Hablo en serio, Grace. —su voz se tornó severa pero su amiga ni se inmutó. —Vamos, hay que regresar al hotel ya, no me gusta esto.

Su amiga continuó ignorándola y Gabrielle comenzaba a sentirse aún más desesperada e irritada, perdiendo ya los estribos, jaló a Grace por el brazo aplicando más fuerza de la que quería y la empujó hacia ella haciendo que su mochila chocase contra el pecho de Gabrielle; pero fue demasiado tarde, los pies de las jóvenes ya habían traspasado cierto límite, el sendero se había perdido varios metros atrás y cuando Gabrielle se dio media vuelta para buscarlo con la linterna no había nada. Ahora se encontraban frente a un enorme árbol, muy grueso y parecía bastante viejo, se veía completamente diferente a los demás árboles e incluso de tonos más oscuros en su tronco y hojas.

Había algo perturbador en él pero Grace parecía no notarlo puesto que se acercó al árbol y puso su palma sobre su tronco, alzando también la mirada y observando muy detenidamente el movimiento de las hojas con el viento, disfrutando el sonido que hacían las ramas gracias al viento.

— ¿Por qué haces un gran alboroto por esto? —preguntó su amiga en un extraño tono monótono. —No es como si no pudiésemos encontrar el camino de regreso sin un estúpido senderito de piedra.

— ¡Genio! —exclamó su amiga mientras caminaba y continuaba buscando con desesperación. — ¿Tú te crees que es tan fácil? ¿Acaso recuerdas el camino por el de donde vinimos?

Su amiga pareció reaccionar, Gabrielle detuvo su búsqueda y miró asustada a Grace. La expresión que tenía le pareció de lo más peculiar, lucía como si acabase de despertarse y apenas estuviese dándose cuenta de lo que estaba pasando, el terror en sus ojos hizo que el cuerpo de Gabrielle se estremeciese. Comenzó a sentirse culpable, y es que claro, si no fuese por ella no estarían metidas en este lío, si no hubiese convencido a Grace de salir a explorar seguirían en el hotel y, probablemente, disfrutando de sus cómodas habitaciones.

—Vamos…—Gabrielle se encontró con que le costaba trabajo hablar normalmente, su voz había salido apenas en un susurro y luego de unos segundos de silencio volvió a hablar un poco más firme. —Ayúdame a buscar el sendero o a recordar algo que pueda servirnos, no hay que perder el tiem…

Se quedó callada al ver cómo su amiga se había alejado del árbol y ahora caminaba a la dirección contraria. Gabrielle se mordió el labio y frunció el ceño, ¡claro que no sólo era su culpa! Grace estaba actuando estúpidamente también y si continuaba así todo empeoraría. Soltó un gruñido y corrió detrás de ella, la chica se había alejado ya bastante y Gabrielle se sorprendió por su rapidez cuando ni si quiera estaba corriendo. Le estaba costando mucho seguirle el paso y varias veces casi la deja muchos metros detrás.

— ¡Grace! —gritó, pero la chica no volteo ni hubo una reacción, simplemente continuaba avanzando mientras su amiga gritaba su nombre una y otra vez. — ¡Detente, Grace! ¡Detente!

La luz de su linterna se hacía cada vez más tenue y comenzaba a aterrarla que de un momento a otro se apagase y la oscuridad la llenara de desesperación y miedo, a un grado en el que dejaría de seguir a su amiga y ella se quedaría ahí y esperaría a que alguien la ayudara. Pero, a pesar del terror que le provocaba tan solo el imaginarse una situación como esa, continuó corriendo detrás de Grace observando con detenimiento la cabellera castaña revolotear en la mochila de su amiga.

Cerró los ojos rápidamente y se colocó las manos en el rostro cuando, en algún punto del bosque, los arbustos y árboles estaban tan juntos y eran tan espesos que era difícil caminar entre ellos sin que las ramas te rasguñasen el rostro; pero cuando abrió los ojos su corazón se paralizó y sintió como si un balde de agua fría le cayese desde la cabeza hasta los pies.

Grace por fin se había detenido, la luz de su linterna seguía tan fuerte como antes pero no se enfocaba en un solo lugar, sólo se tambaleaba de un lugar a otro gracias al temblor en la mano de Grace, leves gimoteos salían de sus labios y Gabrielle no podía moverse, sabía que las dos estaban temblando, pero simplemente se sentía totalmente paralizada.

Frente a ellas había alguien alto, casi tan alto como los árboles mismos, vestía un inmaculado smoking y de su mano blanca como un muerto colgaba un reloj de bolsillo dorado. Gabrielle alzó lentamente la vista hacia la cabeza de eso y quiso gritar pero nada salió de su garganta; aunque esa criatura les estaba dando la espalda, era fácil saber de qué era su cabeza: un conejo blanco, con el pelo casi gris en algunas zonas gracias a la mugre y bajo las orejas el pelo era casi nulo.

La linterna de Grace de pronto se enfocó de nuevo, justo detrás de la nuca de la criatura y, por un momento en el que todo pareció ir en cámara lenta a los ojos de Gabrielle, lo único que pudo escuchar Gabrielle fueron los “clics” provenientes del reloj, luego crujidos parecidos al de huesos rompiéndose justo cuando el conejo movía sus brazos para alzar el reloj a la altura de su rostro, como si estuviese comprobando la hora.

—Si conocieras el tiempo tan bien como yo, no hablarías de perderlo. —dijo el conejo, su voz era muy potente, rasposa y fría. Grace gritó fuertemente, la criatura la miró por sobre su hombro y Gabrielle por fin dejó salir un alarido al ver la falta de piel en el rostro del conejo, tampoco poseía ojos ni nariz.

Las corrieron en la misma dirección, probablemente por minutos no dejaron de llorar ni de correr, hasta que Gabrielle observó como Grace se detenía por unos segundos y luego corría en otra dirección. Gabrielle corrió hacia esa dirección y sintió que algo la jaló por el brazo, tirándola al suelo. Estuvo a punto de gritar, pero al ver a Grace a su lado haciéndole una seña para que no gritase se relajó un poco.

Eso era lo que habían vivido segundos antes de encontrarse ahí sentadas escuchando a un animar rugir en la oscuridad del bosque. La linterna de Grace se encontraba apagada en su regazo y la de Gabrielle se le había caído al momento en el que habían empezado a correr. Esperaron lo que pareció una eternidad, pero probablemente sólo habían sido veinte minutos, mínimos.

El miedo de Gabrielle comenzó a desvanecerse poco a poco. No podían estar ahí sin hacer nada, no debían dejar que su miedo fuese lo que las llevase a la muerte, tenían que salir del bosque ya, y permanecer ocultas hasta que lograran sentirse a salvo no les iba a servir de nada. Frunció el ceño y, con decisión, se puso en cuclillas, tomó la linterna de Grace, la encendió  y se asomó lentamente, cubriendo aún parte de su cuerpo con el árbol y algunos arbustos. Grace lanzó un gemidito de sorpresa pero reprimió sus protestas, no quería que alertar al horrible conejo.

—Se ha ido…—murmuró Gabrielle sin despegar la vista del panorama que tenía frente a ella, la neblina seguía ahí y todavía era algo difícil de ver el entorno pero gracias a la linterna podía enfocar perfectamente el suelo, otros árboles, rocas, arbustos y cualquier sombra que le pareciese sospecho y sí, al parecer aquella cosa había desaparecido al fin. —Vamos, Grace. Tenemos que irnos pero ya.

— ¿Y cómo quieres que hagamos eso? —le preguntó su amiga, claramente irritada. — Si antes estábamos perdidas ahora es peor, estamos demasiado lejos del único jodido punto de referencia que teníamos.

Gabrielle se llevó la uña de su dedo índice y lo mordisqueo pensativa, mientras las dos salían de su escondite.

—Pues…—comenzó Gabrielle rascándose la parte trasera de su cuello. —Regresemos a donde comenzamos a correr, de ahí podemos intentar…

— ¡Olvídalo! —exclamó su amiga, Gabrielle le miró molesta ¿es que acaso no recordaba que esa cosa podría escucharla? — No planeo regresar ahí, ¿qué tal si regreso a donde lo encontramos? Hay que continuar por otro lado, en algún momento podemos reencontrar el sendero por el que originalmente entramos al bosque.

Gabrielle lo reflexionó un poco y luego asintió, dudosa. Claro, no era el mejor plan, podrían perderse todavía más (si es que eso era posible) pero no se le ocurría ningún otro plan y, ciertamente, tampoco quería regresar a donde encontraron al conejo. Buscó su linterna y cuando la encontró la encendió, su luz había vuelto a la normalidad

Entonces, caminaron en otra dirección. Sintiendo tensión en todo su cuerpo y un temor que no cedía al pensar en que podrían volver a encontrarse algo peor que el mismísimo conejo. Anduvieron por mucho tiempo y ahora probablemente sí habían sido horas, descansaban de vez en cuando, apagaban sus linternas, se sentaban sobre troncos y pegaban sus espaldas,  Gabrielle vigilaba y Grace dormí, a veces era al revés; pero ni los descansos ni las cortas sesiones de sueño les estaban ayudando mucho.

En un momento, Gabrielle dejó salir un sonoro suspiro y se recostó en el tronco de un árbol. Con los ojos cerrados y resistiendo las lágrimas, estaba tan cansada y tenía miedo. Hacía frío y las dos necesitaban comer, querían rendirse, acostarse y esperar a que amaneciese para así esperar a que alguien comenzara a buscarlas o pudiesen ver mejor su camino. Pero en cada descanso, cada vez que podían conciliar el sueño, súbitos recuerdos del Conejo volvían a ellas y les era casi imposible mantenerse calmadas, manteniendo el pánico a raya, siempre con la sensación de que, por nada del mundo, debían detenerse por más de unos minutos.

Grace no le dijo nada, incluso fue a colocarse a su lado y las dos se quedaron ahí unos minutos. Tratando de perderse en sus pensamientos, buscando cualquier otra solución que no implicase seguir penetrando en ese horrible bosque o tener que quedarse ahí sentadas de brazos cruzados. Gabrielle alzó la mirada hacia el cielo, desde que habían entrado al bosque no lo hacía, y lo que vio hizo que su boca se abriese como si estuviese bostezando.

Globos brillantes flotaban lentamente, siempre elevándose. Eran tantos que casi cubrían el cielo nocturno, a Gabrielle no sólo le sorprendió el número sino también la intensidad de su brillo ¿Cómo es que no lo habían notado todo este tiempo? Y tampoco era posible que acabasen de ser lanzadas al cielo nocturno, iban ya bastantes altos como para haber aparecido repentinamente, además de que su forma de avanzar era lentísima. Grace aún no lo había notado así que, sin despegar la vista del cielo, estiró su brazo hasta la chica y la zarandeo para llamar su atención. Grace no comprendió al principio, pero al notar su expresión y la dirección en donde la atención de su amiga estaba puesta, alzó la vista y  también abrió la boca, sorprendida.

Gabrielle se despegó del árbol y caminó un poco más en medio del camino por el que habían estado andando. Tontamente alzó las dos manos, como queriendo alcanzar uno de esos hermosos globos, y una sonrisa se le dibujó en los labios, Grace la miró y sonrío de igual manera.

De algún u otra forma aquél espectáculo de luces era tranquilizador, aunque no supiesen donde rayos estaban ni qué era la criatura con la que se habían encontrado, se sentían reconfortadas por la luz y el ligero aroma a incienso que inundó el bosque. Pero su momento de paz se vio interrumpido por una fuerte voz varonil y el sonido de varios caballos galopando en su dirección.

— ¡Eh, tú! —gritó aquella voz. — ¡Apártate del maldito camino si no quieres que te aplastemos!

Gabrielle miró hacia su derecha y, cuando vio a unos tres hombres cabalgando con rapidez en su dirección sin tener la intensión de detenerse, se apartó de un brinco hacia donde Grace se encontraba. Eran hombres altos y fornidos, empuñaban espadas y usaban pesadas armaduras blancas como la nieve, cuando pasaron frente a ellas redujeron un poco su velocidad y las observaron por unos segundos, con sonrisas burlonas en sus rostros. Uno de ellos tenía el cabello oscuro atado en una alta cola de caballo que hacía que su rostro anguloso se viese bien favorecido, sin embargo, cuando se alejaban, las miró por sobre su hombro y no parecía contento con ellas.

No mucho tiempo después más caballos se acercaron ahora eran unos veinte hombres, aunque también había unas cuantas mujeres, todos de aspecto fuerte y hermoso a pesar de que muchos de ellos poseían cicatrices horribles en sus rostros o cuellos. Ellos también llevaban armaduras, pero estás eran negras o totalmente rojas, muchos de ellos llevaban estandartes blancos con alas de ángel bordadas en dorado.

Gran parte del grupo las ignoró a pesar de que las habían visto detenidamente no se molestaron en preguntarles qué hacían ahí tan tarde y luciendo como un par de perritos asustados. Sólo un par de ellos, quienes eran los últimos en el grupo, se detuvieron, curiosos, a ver quiénes eran estas chicas vestidas en ropas tan curiosas.

Un hombre de más o menos treinta años de edad, con el cabello largo hasta las orejas, ondulado y marrón , poseía un semblante de autoridad digno de un rey, observaba a las chicas con verdadera curiosidad, pero algo en los ojos verdes del hombre hizo que Gabrielle se diese cuenta de que tampoco confiaba en ellas. La mujer, hermosa y de imponente presencia, las miraba con una sonrisa de amabilidad pero que no llegaba a sus ojos, en ningún momento pareció un gesto sincero; llevaba el cabello corto hasta las orejas y rapado del lado derecho de la cabeza, donde mostraba una fea cicatriz por quemaduras.

—¿Qué están haciendo dos damas en un bosque tan peligroso como este? —pregunta el hombre, más para su compañera que para ellas. — ¿No se supone que Rigel le había sugerido a su padre un toque de queda para todas las damiselas del Imperio?

—Dos rebeldes adolescentes, supongo. —Respondió la mujer sin despegar la mirada de las chicas, — Y por todos los dioses ¿qué están usando? ¿Vienen de algún otro lugar fue del Imperio?

Las chicas estaban en shock, todo había sido un cambio tan repentino, primero un Conejo horrible las había perseguido y ahora se sentían como en La Tierra Media o algo por el estilo.

—Amm…—comenzó Gabrielle, su voz temblorosa, sintiéndose tan nerviosa como si estuviese hablando con su cantante favorito o dando un importante frente a miles de personas. — ¿Es esto alguna especie de broma?

El hombre ladeo la cabeza levemente hacia un lado y alzó una ceja, parecía desconcertado pero al mismo tiempo lucía divertido. Sin embargo a la mujer la pregunta no le había parecido nada graciosa, entrecerró los ojos y miró a las jóvenes con desprecio.

— ¿Nuestro interrogatorio te parece una especie de broma? —cuestionó la mujer, enfatizando la última palabra, Gabrielle se estremeció ante la frialdad de su voz. La mujer observó a su compañero. — ¿Qué hice para que mi autoridad no causase más miedo a jovencitas como estás,Baham?

Su compañero rodó los ojos y decidió ignorar la pregunta de la mujer. Miró a las chicas de nuevo, pero ahora con seriedad sin llegar a verse molesto o irritado, simplemente como si estuviese aburrido.

— ¿De dónde vienen, señoritas? —preguntó. — Es lo único que necesitamos saber, nuestro deber es velar por todos y cada uno de los ciudadanos del Imperio. Si están en problemas y no son de por aquí es necesario que lo sepamos.

Grace se colocó a un lado de Gabrielle y le tomó la muñeca, apretándosela un poco. Las dos intercambiaron miradas y asintieron. No necesitaban saber si aquellas personas iban a algún festival nerd de la edad media o algo por el estilo, sólo querían salir de ahí.

—Somos americanas, vinimos de vacaciones con nuestros familiares y nos hemos perdido. —comenzó Grace, su tono era casi desesperado. — De casualidad ¿ustedes saben cómo podemos regresar a Triberg?

Los dos individuos parecían verdaderamente desconcertados por las palabras de la castaña, pestañearon varias veces e intercambiaban miradas de total asombro. Cuando el hombre, Baham, volvió a su expresión seria, a las muchachas no les gustó nada lo que dijo.

—Jamás hemos oído hablar de algún lugar llamado América o Triberg.

Un silencio incómodo se hizo entre ellos, Gabrielle frunció el ceño y contó hasta diez.

—Muy bien. —murmuró mirándose los pies y relajándose. —No me interesa si necesitan estar dentro de sus estúpidos personajes para poder entrar a su festividad nerd medieval o si sus estúpidos trajes les costaron mucho. Lo único que quiero es volver a ver a mis padres, dormir y comer hasta morir, y si ustedes continúan con su estúpida actuación de caballeros rudos no van a ayudar en nada, ni a mí ni a mi amiga, dos chicas perdidas en el bosque que llevaron horas sin saber nada de la civilización. La cara de la mujer se tornó roja del enfado y Baham soltó una carcajada. Se bajó de su caballo y ellas pudieron ver lo alto que era, Gabrielle y Grace apenas y le llegaban al pecho.

—No tenemos ni una pista de lo que estás hablando, jovencita insolente. —comentó aún sonriente, lo que hizo todo más perturbador, Gabrielle esperaba que el hombre estuviese tan enfadado como su acompañante. —Pero en definitiva no vamos a dejar a dos locas sueltas en el Imperio, así que vámonos.

La mujer también se había bajado de su caballo y de improvisto los dos habían tomado cada uno a una chica. Gabrielle forcejeó con Baham y Grace con la otra mujer, pero era inútil. Los dos eran demasiado fuertes y ni se inmutaron cuando ellas los golpearon un poco en los brazos, les daban patadas o trataban de morder sus manos.

Baham tomó a Gabrielle por la cintura y la subió al caballo, luego él se subió e hizo que la chica pasara las manos por su torso. Gabrielle estaba tan sorprendida por lo que estaba pasando que no quiso moverse, no iba a arriesgarse a caer del caballo o algo por el estilo. Comenzaron a avanzar a rápida velocidad, con Grace y la mujer detrás de ellos.

 

Por supuesto, ninguna intentó liberarse.

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