Un rezo para el diablo

Imagina que no tienes escrúpulos, un profundo odio por la humanidad, armas de fuego, y una capacidad física que te permite enfrentarte a casi todos, ¿qué harías?

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1. Frío y posibilidades.

¿Quisieras escuchar una historia tierna y linda? ¿Te gustaría que te relatase un cuento donde exista el final feliz? Tal vez deseas que te hable sobre un mundo donde las lomas y las colinas están colmadas con césped y flores, donde los árboles son abundantes y las aves vuelan libres... Tristemente, este no es el caso; te relataré una historia de frío, dolor, tristeza, recuerdos amargos... Una historia de sangre y lágrimas, te invito a que visites un mundo donde las risas son escasas y las sonrisas valen oro; bienvenido a Tétrica.

Esta historia comienza en la ciudad de "Evercry", un lugar en vías de desarrollo donde las personas sufren hambre y frío. En esta ocasión el invierno estaba en su punto más frío, 13 de diciembre... 4:23 pm. A decir verdad, este mundo no es muy avanzado; el vapor continua como la mayor fuente de energía además del eventual uso de cristales de maná que solamente los nobles más adinerados podían costear.

Como sea, en esta ocasión, en Evercry, pasaba algo; de la fábrica alimenticia donde se trataban las carnes salían los niños de sus turnos. Sí, así es. Niños; una de las fuerzas laborales más abundantes de la época... La fábrica se encontraba en la zona centrar y comercial de Evercry, y las columnas de humo negro que salían de ella a menudo se esparcían en el cielo y se mezclaban con las grises nubes que cubrían este mundo durante once de los 12 meses de cada año. Había un grueso río, el "Lagrimal" le llamaban los habitantes de la ciudad, que corría bajo el puente que llevaba hacia la entrada de la fábrica... le llamaban así porque según las historias, una mujer fue abandonada, y lloró durante siete días y siete noches, hasta que un pequeño arroyo se convirtió en un río que corría hasta el mar Triste. El Lagrimal estaba congelado...

Sonó el silbato, y a los segundos salieron los niños corriendo, gritando y saltando... Podría decirse que solamente los niños eran los que sonreían de manera natural en este sitio. Iban vestidos con boinas y gorros para mantenerlos cálidos, ropa de tela y algodón tan usada que ya estaba rasposa y parchada. El carbón les dejaba manchas sobre las mejillas y manos que ya estaban callosas.

De entre todos los niños había una muy especial, una niña de quince años y larga cabellera castaña que le llegaba hasta la mitad de la espalda. Mientras todos corrían, ella, Maya, iba caminando con la vista enfocada en el cielo donde se había abierto un punto donde se podía ver el cielo azul. Llevaba las manos al en la espalda, juntas. Su caminar era armónico y tarareaba mientras lo hacía.

< ¿Por qué Jack no fue a trabajar hoy?> Se preguntaba. Sus compañeros la rodeaban con ansias mientras volvían con prisa a casa. ¿Sabes por qué Maya no iba corriendo? Porque ella y su hermano, Jack, no tenían padres ni algún miembro familiar conocido. Su padre los había abandonado hacía ya diez años, y desde entonces nada habían sabido de él.

Aquel día, ese martes, Jack había desaparecido de la fábrica justo antes de que comenzaran su turno en la cinta transportadora. Aunque algo preocupada, se sintió aliviada, pues a las cuatro horas de empezar el turno, a eso de las nueve de la mañana, había sonado el silbado de alarma y habían dicho que un niño había caído en la cinta y había perdido una pierna en la sierra fija que cortaba los huesos de cerdo.

-¡Maya! ¡Maya!- La joven escuchó la voz de su hermano mayor llamándola desde la distancia. Maya alzó la mirada y encontró a su hermano corriendo contra la corriente de niños alegres que salían de la fábrica. Jack llevaba un saco grueso tejido y un gorro.- ¡Maya!

-¡Jack!- Respondió Maya, apresurando el paso a su encuentro. Eran muy cercanos... Se querían el uno al otro... Algo muy poco usual entre los hermanos de tu época, querido lector. Se encontraron a los pocos segundos de enfrentar a la corriente infantil. Se abrazaron con cierta firmeza, Jack solamente respondió con el brazo izquierdo, el otro lo mantenía detrás suyo.- ¿Qué te pasó en el brazo?- Preguntó Maya con una ligera preocupación.

Jack soltó una sonrisa y una risa. Los blancos dientes que tanto se esforzaban en mantener brillaban de manera opaca. Entonces le mostró el brazo derecho y lo que sostenía. Lágrimas escaparon de su rostro mientras tomaba el regalo de Jack con sus manos.

-Mamá...Papá...- Murmuró. Sostenía una fotografía donde se encontraban a Jack y a Maya, diez años más jóvenes, y junto a ellos sus alegres y sonrientes padres. Su madre, Olivia, una mujer de larga cabellera castaña como la de Maya, ojos claros como la miel, igual que sus descendientes. Su padre, Boone, era un hombre fuerte y de serena apariencia, su cabellera era corta y de un castaño más oscuro que Olivia, a decir verdad... Si bien, Maya se parecía a Olivia, Jack no se parecía demasiado a su padre, el chico deseaba ser como él, pero le resultaba imposible; era un hombre estoico y de alta voluntad.- De dónde...?

-Feliz cumpleaños.- Dijo Jack con una gran sonrisa. Maya lo abrazó de nuevo mientras las lágrimas seguían deslizándose por sus mejillas.- La encontré en el desván, la llevé a restaurar con el anticuario.

¿Crees en el destino? ¿Crees en un dios? ¿Crees en el azar? Yo creo en las posibilidades... Y es curioso, ¿Cuáles eran las posibilidades de que el viento soplase lo suficientemente fuerte como para arrancar la fotografía de la mano de Maya y arrastrase la imagen hasta el Lagrimal? Poco tardó la fotografía en convertirse en un tesoro personal y poderoso. 

Maya se escapó del abrazo de Jack y persiguió la fotografía mientras el aire la arrastraba por sobre el hielo.

-¡Maya, vuelve aquí!- Exclamó Jack a punto de caminar sobre el hielo, pero él era más pesado que ella, y si se atreviese a caminar sobre el hielo seguramente se rompería. Maya, por otro lado, lograba caminar a poca velocidad, entre el miedo a que se rompiese el hielo y a resbalar ella no podía correr. 

-¡No pasa nada!- Respondió Maya sin alejar la vista de su tesoro.- Ya casi la tengo...

Se hincó de manera lenta una vez que el viento paró de soplar, y con cuidado se estiró hasta lograr tomar la fotografía.

-¡La tengo!- Exclamó la chica. Se puso de pie y comenzó su lenta retirada... Comenzó a nevar de nuevo, poco a poco los copos de nueve volvían a caer sobre Evercry y una segunda ráfaga de viento le volvió a quitar la fotografía de la mano... Entonces hubo un sonido, un crujido...

-¡¡MAYA!!- Gritó Jack al ver a su hermana hundirse bajo el hielo. La corriente era fuerte, y el agua tan helada que la misma sangre parecía perder su calidez. Curioso es el cómo funciona el mundo y sus posibilidades.

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