Lemonade.

"Si la vida te da limones, haz limonada". El que inventó este tan famoso dicho claramente no tenía ni idea de que carajo haría si la puñetera vida no le daba ni un solo maldito limón. Claramente debió de ser alguien que en la vida le dieron todos los limones que quiso e hizo toda la puñetera limonada que se le antojó. Se que se preguntarán: Hey _____, ¿por qué estas hablando de limonada? ¿Que carajos tiene que ver la puñetera limonada con la estúpida y sufrida historia que vas a contar? ¿Por qué te hablas a ti misma si nadie te ha preguntado nada? Bueno, hablo sobre limonada porque esa metáfora se cuadra perfectamente con la historia que estoy a punto de contarles. Porque si la vida me hubiera dado los limones suficientes yo hubiera hecho la suficiente limonada y estaría lo suficientemente feliz como para no tener que contarles esta historia. Pero por otro lado agradezco que no me los haya brindado, porque ya que no los tenía... alguien me los tuvo que dar.

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1. Prólogo

Un golpe. Dos golpes. Tres golpes. Lo bueno de tener siete años y tener la habitación de tus padres al lado de la tuya es que cada vez que necesites algo solo tenes que dar tres pasos y tenes su puerta justo frente a ti. El problema de tener la habitación de tus padres junto a la tuya es tener unos padres como los míos.

Cuatro golpes. Cinco golpes. Seis golpes. Wow, papá está muy enojado hoy... y borracho. Generalmente se la agarra con mamá por el hecho de que le fue mal en el trabajo, o algo no le salió como quería o el partido de su equipo favorito terminó y el resultado no fue a su favor en las apuestas.

Ya no hay golpes. Me abrazo a mi mantita y agarro del brazo a mi osito Teddy. el es el único amigo que tengo, es mi única compañía. Bueno el y mi diario, claro está. Mi diario es mi confidente. Es donde yo plasmo absolutamente todos, pero TODOS mis sentimientos, mis temores, mis dudas, mis ilusiones y sueños y, por sobre todo, mis deseos.

Siento un portazo y agradezco saber que es mi padre yéndose. Se oye el motor del auto arrancar desaforadamente y un chirrido de la goma de las ruedas del auto. Gracias al cielo mi padre se ha ido.

No crean que esto pasa muy a menudo, solo sucede los viernes en la noche. Es como una rutina, mi vida es una rutina permanente, nada me sorprende, todo es igual, es simplemente monótona. Para mi madre es exactamente igual pero yo no puedo discutir con ella sobre mi padre ya que no es asunto mío, o la excusa que pone ella: "Son temas de adultos amor".

Recuerdo la frase que mi madre me dijo hace unos días. Tomo mi diario con extremo cariño y lo abro en una hoja vacía, comenzando a escribir con mi lapicera favorita, de esas que hacen luz y tienen todas esas cosas bien chulas:

"Querido Diario: Papá se fue de nuevo y esta vez fue más leve que la anterior por lo que yo pude escuchar. Parece que solo fueron seis golpes, la última vez escuche doce.

Mamá hace unos días, un par para ser más exacta, me dijo una frase que me impresionó mucho: "Si la vida te da limones, ____, haz limonada". Es extraño, porque no me gustan los limones pero además de eso no se a que se refiere. Creo que quiere decir que tenes que tomar lo que la vida te da y con eso hacer lo que debes hacer, pero honestamente no entiendo porque si a ti la vida te da no se... manzanas en vez de limones... no se puede hacer limonada con una manzana! Se puede hacer jugo de manzana... si, eso me gusta más que la limonada.

A propósito, Steve me invitó a jugar a la pelota hoy en el recreo del colegio. Sigo pensando que es un arrogante pero es lindo. Tiene ojos azules y ademas un muy lindo cabello. No creo que yo le guste, pero Stacy me dijo que no invita chicas a jugar a la pelota a menudo y eso me hizo sentir extremadamente bien...

Me voy a dormir, tengo sueño y a Teddy se le están cerrando los ojos.

Te quiero diario, hasta mañana.

______, x"

Guardo lentamente mi diario y mi lapicera bajo mi almohada y me tapo con la sabana y después con la acolcha. Acomodo a Teddy a mi lado y me quedo mirando la pared celeste de mi habitación hasta caer en un profundo sueño, esperando que al día siguiente las cosas puedan mejorar y teniendo la leve esperanza de que, algún día, mi padre pueda llevarme al colegio como los padres de las otras niñas. Que me lleve a pasear en el auto con Chucky, mi perro, y que terminemos comprándonos un helado juntos y comiéndolo hasta sentir que se derrite entre nuestros dedos. Aunque en mi foro interno sabía, y sé, que mi papá no es como los otros papas...

Y que yo no soy como las otras niñas.

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