Forever Young *-*

Cuando Kira conoce a One Direction, la boy band más famosa y sexy del momento, no parece demasiado impresionada. Ha oído hablar de ellos, pero Kira está demasiado ocupada tratando de recuperar una reciente ruptura como para dejarse llevar por la histeria que está asaltando a todas las chicas de Londres. Pero, claro, llegar a conocer a los componentes del grupo en la intimidad puede resultar mucho más emocionante de lo que ella imaginaba. Convivir con la banda hará que la vida de Kira no solo entre música, escenarios y ruidos de flashes, sino también amistad, amor, celos y algún que otro malentendido.

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1. *-* Londres *-*

 

 

-¡Kira! ¡Levántate! ¡Nos va a dejar el avión!

 

Me dí la vuelta y me tapé la cabeza con la colcha, intentando no hacer caso a mi mejor amiga, Sam. No se me daban bien las mañanas. Con desgana, eché un vistazo a mi despertador azul… ¡Demonios! ¡Tenía razón! ¡Nos quedamos dormidas!

 

 

Salté de la cama para vestirme y me puse mis jeans grises ceñidos y una camiseta blanca de rayas. El avión salía en menos de una hora, no daba tiempo ni para bañarse. Afortunadamente, en el avión hacia Londres de aquel día solo íbamos a ir ella y yo y, después de los últimos acontecimientos, en realidad no había nadie a quien necesitara o quisiese impresionar.

 

Tomé el cepillo del tocador y lo deslicé por mi desastroso pelo castaño lo más rápido que pude, lo cual era bastante difícil, porque lo llevaba tan largo que me llegaba hasta el final de la espalda. Me moría de ganas de cortármelo, pero mi madre no me dejaba. Con un escaso metro sesenta y con mis ojos verdes tan ridículamente grandes, mi madre me ha llamado siempre su “pequeña sirenita”, y desde que se divorció de mi padre no quería volver a verla triste por ningún motivo.

 

Precisamente era a mi padre a quien íbamos a visitar durante las siguientes dos semanas. Yo acababa de cumplir dieciocho y de terminar el instituto, y no tenía excusa para no ir y quedarme una temporada. Mi madre dijo que fuera, pero yo me seguía sintiendo un poco culpable. Además, no sabía cómo iba a sentirme estando cerca de papá después de no haberlo visto durante tanto tiempo, así que me llevé a Sam como un apoyo emocional. Bueno, para ser sincera, también quería disfrutar un poco de su compañía. Papá no llegaría hasta la segunda semana, y después de las terribles rupturas que ambas sufrimos recientemente, las dos necesitábamos relajarnos. Nada de chicos.

 

Agarré mi maleta, dando gracias por haberla dejado preparada la noche anterior, y bajé las escaleras. Sam me estaba esperando. Al ver la silueta alta y esbelta de mi amiga, que daba golpecitos impacientes en la mesa del vestíbulo con una mano y se apartaba su largo y castaño

 pelo de la cara con la otra, me di cuenta una vez más de lo infantil que parecía yo a su lado. Ella también era, sin duda, la más sensible de las dos.

 

-Así que por fin te levantaste de la cama, ¿Eh? –Me dijo-. Apúrate, tenemos que tomar ese avión.

 

Pero el brillo afectuoso de su mirada color chocolate me indicó que no estaba tan enfadada como parecía. Sam nunca se enfadaba conmigo durante mucho tiempo, hiciera lo que hiciera.

 

-Ya voy, mamá –Bromeé.

-Anda, muévete –Se rio jalándome en dirección a la puerta.

 

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

 

Llegamos al aerepuerto sin aliento, minutos antes de que saliera el avión, y saltamos entre las puertas justo cuando se estaban cerrando. Nos arrojamos sobre un par de asientos con mesita como si fuéramos dos paquetes sudorosos. Sentí que mi estómago protestaba: el viaje de Edimburgo a Londres era largo, y en la carrera enloquecida de casa al aereopuerto no hubo ni un segundo para desayunar.

 

Sam levantó una ceja y sacó de su bolso una botella de refresco de cola y una bolsa de papas.

 

-Toma, creo que te vendría bien esto –Me dijo pasándomelas por encima de la mesa-.

-Gracias, Sam. ¿Qué haría yo sin ti?

 

Sonreí avergonzada. Decidí que ya era hora de dejar de centrarnos en lo desastrosa que era yo y cambié de tema.

 

-Entonces ¿Te gusta nuestro viaje de chicas a Londres?

 

Funcionó. Sam se olvidó de que se suponía que tenía que estar molesta conmigo y asintió con entusiasmo.

 

-¡Si, claro! A las dos nos van a venir genial unas vacaciones y pasar un poco de tiempo lejos de Edimburgo, especialmente de algunas personas que viven allí. ¿No crees?

 

Sonreí con cierta tristeza. El dolor que mostraban los ojos de Sam por culpa de la ruptura, tan dura y tan embarazosa con su ex, Josh, que la terminó con un SMS, se reflejaba en los míos. Era mucho menos reciente, pero Jacob mi novio durante mucho tiempo, se había ido con otra, dejándome hecha polvo. Sobre todo porque la “otra” había sido nuestra mejor amiga, Lucy. Sam, ella y yo estábamos tan unidas que parecía que no era posible estarlo más, pero ahora no nos hablábamos con ella. Y seguía siendo doloroso pensarlo.

 

Sonó el celular de Sam, permitiendo que me distrajera de aquellos horribles recuerdos. Los sacudí de mi cabeza y respiré hondo. Por eso nos íbamos a Londres: para acabar de olvidarnos de chicos que no nos merecían. Iba a ser divertido. Era el momento de relajarse y pasarla bien.

 

-¿Quién es? –Pregunté.

 

Sam frunció el ceño mirando a la pantalla, y dio un golpe rabioso sobre la mesa con el celular. Se cruzó de brazos y miró por la ventana.

 

-¿Estás bien? –Le pregunté, arrepintiéndome enseguida de preguntar algo tan idiota.

 

Sam me miró con los ojos llenos de lágrimas.

 

-Era Josh.

-¿Qué? ¿Qué demonios quiere?

 

Sam se puso a mirar su camiseta y a juguetear con ella.

 

-Dice que… -Y el resto fue un murmullo inaudible.

-¿Cómo?

 

¿Qué le pudo decir para hacerle daño ahora?

Sam volvió a mirarme.

 

-Dice que quiere volver conmigo –Gimió.

-¿Qué dice qué?

 

Lo que faltaba. Iban a ser nuestras vacaciones, solo mías y de Sam, y ya había un chico que se las arregló para empezar a destrozarlas. Tomé el celular de la mesa.

 

-¿Qué haces? –Preguntó Sam, preocupada.

-Le escribo un mensaje.

 

Sam saltó de su asiento, tratando de agarrar el celular.

 

-¡Nooooo!

 

Me recosté hacia atrás para mantener el celular fuera de su alcance.

 

-Si, Sam. Ese chico es malo para ti. No te llega ni a la zuela del zapato.

 

Sam parecía consternada, pero no cedí. Era por su propio bien.

 

-Nadie, y repito, nadie deja a mi mejor amiga con un asqueroso SMS. Por su culpa, llevas una semana comiendo porquerías y viendo cosas asquerosas en la tele. Y yo también he tenido que verlas. Y después de eso ¿Piensa que vas a volver con él?

No tenía palabras para describir el asco que me daba, así que en lugar de seguir hablando acabé de escribir el SMS.

Sam volvió a sentarse, derrotada.

 

-¿Qué le escribiste? –Murmuró.

-Nada del otro mundo –Sonreí-. Solo que como intente volver a jugártela, voy a ir a buscarlo para darle su merecido.

 

Durante un instante, Sam pareció sorprendida, pero enseguida se empezó a reir.

 

-Gracias, Kira.

-Para eso están las amigas.

-Y hablando de eso –Me dijo Sam observándome con atención-, ¿Qué pasa con lo tuyo? ¿Cómo vas?

-¿A qué te refieres? –Intenté hacerme la tonta.

-Ya sabes –Dijo afectuosamente-. ¿Crees que estás preparada para pasar la página, después de Jacob? No has mencionado el nombre de un solo chico desde que lo dejaste. ¡Ni siquiera alguno de la tele!

 

Sam sonrió de oreja a oreja y me di cuenta que estaba tratando de animarme.

 

No sabía que decirle. Se suponía que yo era la más fuerte de las dos, pero Sam me habría descubierto. Me conocía demasiado bien. Así que me dediqué a mirar el suelo.

 

-Kira… Kira…. Mírame, ¿Has..? –Tuvo un momento de duda antes de seguir- ¿Has pensado si alguna vez podrás perdonar a Lucy por lo que pasó?

-¡No! ¡Y tu tampoco deberías! Las amigas no se hacen eso.

-Ya lo sé –Repuso ella con tristeza.

 

Sabía que Sam echaba de menos a Lucy. Incluso yo lo hacía, algunas veces, pero nunca iba a perdonarle que traicionara una amistad por un chico. Y sabía que mientras yo no hablara con ella, Sam, que era muy leal, tampoco lo haría.

No me gustó que la conversación estuviera tomando esos caminos.

 

-Bueno, vamos a cambiar de tema. ¡Estas son las dos semanas que tenemos para divertirnos! Tenemos que olvidarnos de todo lo demás.

 

Sam sonrió.

 

-Tienes razón. De todas formas…, si conocieras a alguien en Londres, podrías tener un romance de verano.

-Ni loca.

 

Sam se empezó a reir. 

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