Rosas Negras «Niall Horan»

Niall Horan

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3. Capítulo 1

Las luces multicolores perturbaban su vista, aunque no era nada comparado con la molestia que sentía al estar entre un gran grupo de personas amontonadas en un pequeño local.

Apenas logro pasar detrás de Jesse, entre tantos murmullos indecentes que recibía de parte de otras personas. Un joven de unos cuantos años mayor que ella, estuvo a punto de tocarla indebidamente, pero ella logro escabullirse entre la multitud.

Estos lugares la estresaban, más que por la música a un volumen descomunal, le fastidiaba la cantidad de personas que había ahí, mejor dicho le fastidiaba la cantidad de personas indecentes e incultas que había ahí. Se preguntó si en este mismo club habría un narcotraficante de drogas metido entre el bullicio, era muy probable que una buena cantidad esté involucrado en al menos un delito.

La música transe sólo le hacían perturbarse más, resoplando a cada paso que daba y quejándose en su amiga por todo el sacrificio que hacía al ir junto a ella.

Tras un largo recorrido, Jesse y Diana lograron encontrar un asiento en la parte trasera. Primero se sentó Jesse, y luego Diana se deslizo en el sofá de terciopelo azul.

- Ya vez que no fue tan difícil. - Dijo Jesse apoyando sus codos sobre la mesa de cristal.

- Habla por ti misma. - Le respondió Diana, haciendo caso omiso al teléfono vibrante en su bolso.

Jesse saco de su cartera un labial rojo junto con un pequeño espejo, con el cual poder maquillarse. El labial era de un rojo intenso, que resaltaba entre su tez pálida. Su rostro era una perfecta combinación de contrastes, sus ojos eran pequeños pero muy bien definidos y un tanto alargados; su cabello estaba perfectamente cortado y lizo caía hacia la altura un poco más baja de sus hombros, negro como la noche, su piel blanca y sus labios largos y anchos de un color casi tan pálido como su piel. Cada vez que Diana la miraba, sólo lograba bajarse el autoestima, se notaba a más allá de kilómetros que ella no era nada comparada con Jesse.

- Da igual. - Guardo el labial junto con el espejo en su cartera otra vez. - El hecho es que estas aquí, ¿No?

Bella se encogió de hombros

- ¿Cuánto tiempo estaremos aquí? - Pregunto impaciente, siguiendo con la mirada a las personas bailando y riendo.

- El suficiente como para que te embriagues y termines disfrutando de la noche.

Sus ojos se abrieron como dos grandes pelotitas de golf ante tal respuesta, Diana no estaba acostumbrada a este estilo de vida que llevaba Jesse, sus noches se basaban prácticamente en estar en su departamento, junto a unos amigos sentada en su viejo sofá que había heredado de su madre, comiendo palomitas. No en salir de club en club oliendo a licor. Todo lo contrario a su mejor amiga.

- Esto es muy incómodo. - Admitió - La cantidad de personas me abruman.

Era verdad. En el local, la mayoría de chicas llevaban vestidos que más parecían tops, con un gran escote que atraía la mirada de muchos hombres que no demoraban en tocarlas y hacerles propuestas indecentes. Volteó a mirar a Jesse. También se vestía de la misma forma que las demás, sin embargo había algo especial en ella, emanaba la idea de "No soy un juguete, si te metes conmigo, lo haces para siempre". Luego imaginé como me verían los demás, sólo llevaba un vestido de encaje blanco con el cabello cayendo para ambos lados. Me sentí nerviosa.

-Oh Diana, has el intento por favor.

Diana no tuvo tiempo de responderle, porque un mozo se acercaba hacia ellas con un delantal negro y una libreta en mano.

Es lo más elegante que he visto en este lugar, pensó Diana.

-¿Qué desean? - Preguntó mirando primero a Jesse, con una libreta de hojas amarillas en manos.

Esta pareció tomarse un tiempo para pensar en lo que iba a tomar, pero finalmente dijo:

- Un Vodka.

El mozo anoto el pedido en su libreta con tal rapidez que pudiera parecer como si sólo hubiera trazado una línea. Después de esto, miró a Diana que no tenía ni la menor idea sobre que pedir. No quería sentirse estúpida ante tu su amiga, es decir ¿Quién va a un bar y solo pide agua? Le parecía muy absurdo. Sin embargo, tenía pendientes para mañana y no era cualquier ensayo en el estudio. Había esperado desde los quince años para esto, tres años, observando como chicas maduras y elegantes, practicaban por meses la misma rutina: El cisne blanco. Por fin la espera había terminado y había cumplido los dieciocho años, la edad requerida para participar en la obra del gran Convent Garden y, claro está, no perdería esa oportunidad por nada del mundo, tampoco aceptaría algún error suyo, ninguno.

- Sólo agua, por favor.

Las miradas extrañas, tanto del mozo como de Jesse, la hicieron reducirse en su asiento, queriendo que el sofá la tragase.

El mozo suspiró y anotó el pedido de la joven en su libreta. Al término, dio una leve reverencia en modo de retiro y se fue.

- Sólo agua. - Jesse imitó la voz de Diana, burlándose de su decisión. - ¿En serio?

- ¿Qué esperabas? - La voz de Diana se notó tan segura que sorprendió a Jesse y hasta a ella misma. - Mañana son las audiciones, no deberíamos estar aquí. En este momento podría estar en el estudio, ensayando, no me puedo permitir cometer un error.

- Justo por eso estamos aquí. Necesitas relajarte, Diana. - Bufó Jesse, observando adelante, donde el mozo volvía con una bandeja de plata que reflejaba la luz en la cara de esta, provocando que hiciera una mueca en el rostro.

- Su orden. - Dijo el mozo, alejandolas de su conversación.

Depositó los vasos, uno con agua y otro con vodka, ambos con una rodaja de limón en la cubierta y una pajilla.

Jesse fue la primera en coger el vaso y darle un buen sorbo. Diana observaba a su amiga un tanto nerviosa y a su vez, tomó el vaso tímida y le dio pequeños sorbos, tratando de desviar su mirada. En realidad se sentía como pez fuera del agua en ese lugar.

- Diana, quiero que salgas. - Decretó Jesse.

Diana volvió a ver a su amiga incrédula. Antes su vaso habría estado a recién empezar, ahora a penas quedaban gotas del vodka. Jesse la observaba de arriba a abajo, enarcando una ceja.

- ¿Disculpa? - Preguntó Diana algo confundida, no esperaba esa respuesta de su amiga.

- Vete. - Soltó ella. - Quiero que vayas, te diviertas y luego vuelvas riendo, agradeciéndome por haberte traído

- ¿Qué? Pero...

- Vete. - Replicó Jesse, empujandola del asiento, Diana tuvo que pararse y caminar a un lado, o si no hubiera caído al suelo.

Diana miró confundida a su amiga, se acomodó el vestido que se le había levantado y salió maldiciendo en mil idiomas a Jesse por traerla hasta este lugar con la mentira de una cena semi-formal. Ahora se veía obligada a mezclarse con las personas con las que no quería relacionarse y aún peor, debía de sobrevivir a la tentación de beber algo que la distrajera de mañana.

Al otro lado del local, un irlandés con nombre de Niall, daba su primer paso en la entrada del club. Sus nuevos compañeros de piso se habían encargado de hacerle conocer todos los centros nocturnos con apenas dos días de recién llegado a la capital de Inglaterra. Él sólo se dejaba llevar por sus amigos, no comentaba y no hacia nada, sólo ignoraba y se limitaba a sentarse a un rincón de los clubes, esperando a que los tres chicos se cansaran de "divertirse" y volvieran donde él para que pueda volver al departamento.

Pensó en hacer lo mismo esta noche, al igual que las anteriores. Un compañero suyo (Pues no había llegado a tal confianza de llamarlo amigo), Louis un chico con barba fina y cabello castaño tirando para marrón, lo empujaba y reía a su costado. De los tres, era con quién menos simpatizaba, su manera de ir por la vida, no era del todo su agrado.

- Pero avanza, no seas tímido. - Rió Harry, dando leves codos a Javaad, quién rodó los ojos y siguió caminando.

Con el que tenía más afinidad, era Zayn, que era el único con el que más o menos compartía la calma.

- Vamos, no seas tan duro. A penas a llegado, no aspires a que sea extrovertido. - Justificó Harry, que hasta el momento se había mantenido al margen.

Los cuatro chicos avanzaron hasta adentrarse en el centro del local. Sebastian tendió a sentarse en un taburete de la barra del bar, observando como sus compañeros se abrían paso fácilmente entre la multitud hasta quedar en el centro de la pista, riendo junto a alguna chica que habría sido débil y hubiera caído bajo los encantos de cada uno.

Niall miró sólo por unos minutos y volvió su mirada al bar, golpeando sus dedos con la barra de madera.

Luego de unos minutos, en los que Niall habría estado mirando fijamente a la nada, el barman que lo había estado observando mientras limpiaba el fondo de una copa con una servilleta, se le acercó, junto con la misma copa, sólo que ahora llena de vino.

- Tenga. - El barman dejo la copa justo adelante de Niall. - Cortesía del club.

Niall miró como se iba, luego a la copa. Recobró la compostura y trató de pensar en como lo verían los demás. Había estado prácticamente desparramado sobre la barra, dando golpes con sus dedos y cabizbaja. Si él se hubiera visto, hubiera pensado que era un hombre con una decepción amorosa y estaría en ese lugar buscando salir de la depresión.

Esa imagen de él, se disolvió en su cabeza en un segundo, cuando decidió darle un sorbo. Era la primera vez que bebía en estos días, pues antes se había rehusado y a parte no contaría con el dinero para pagarlo, pero ahora era cortesía y no quería quedar como un maleducado y la imagen de él con su postura anterior, le ayudó.

Movió lentamente la copa en su mano, haciendo que la línea perfecta de vino se agitara y destruyera. Volvió a mirar atrás, como Louis, Harry y Zayb reían junto a chicas que de seguro ni sabían su nombre. También vio como le miraban burlones, hasta Zayn que hasta el momento no lo había hecho, lo hizo.

Se decidió, iba a salir con ellos, estaba harto de siempre quedarse atrás y esta noche sería diferente.

Se levantó del taburete, dando un pequeño salto hasta el piso, girando a la izquierda. Pero algo se topó en su camino.

Era Diana, que había caminado hasta la barra a esperar a que su amiga se canse y la llevara a casa. Sin embargo, no contaba con que alguien le lanzará vino en su vestido blanco. La sangre le hervía bajo la piel, odiando a esa persona por lanzarle el vino tinto sobre tela blanca.

- ¡¿Pero qué te pasa?!- Exclamó.

Ella levanto su mirada completamente furiosa, pero su expresión cambio al ver lo que se encontraba delante suyo, era un joven. Sus ojos se envolvieron en una mirada confusa, tierna, furiosa y un millón de sentimientos que sería difícil nombrar. El abdomen de su vestido estaba húmedo debido al vino que le había caído encima suyo. Pero aún así no pudo mover ni un solo músculo para limpiarselo

- Lo lamento tanto. - Tartamudeo aquel joven de ojos azules como el mar, tan intensos que cualquiera se perdería con solo mirarlos.

No emitió ningún sonido, se limitó a bajar su mirada, y con su mano, empezó a sobarse la mancha.

Él todavía seguía algo nervioso, no sabía exactamente que hacer, la chica en tan sólo cinco segundos de haberla mirado, le había hecho perder la cabeza. Miro como frotaba su mano la tela blanca, aunque más se fijó en su melena castaña. Pequeñas ondulaciones caían hacia su espalda, haciéndole perder aún más la cabeza.

Tardo unos segundos en volver a la realidad, y darse cuenta que la joven aún estaba algo fastidiada por el vino que estaba encima de ella. Con los nervios aún de punta, alargo su mano, cogió una servilleta y se la tendió.

-Toma. - Fue lo único que logró decir, aún tartamudeando.

Ella volvió a mirarle, en ambos recorrió un cosquilleo en la parte dorsal, en otras palabras, sintieron las famosas mariposas en el estomago, que ella tanto odiaba y él tanto esperaba.

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