Akatsuki Life's

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  • Publicado: 5 dic 2014
  • Actualizado: 11 dic 2014
  • Estado: In Progress
Los personajes son la mayoría de Masashi Kisimoto y TV Tokio Esta historia la comencé hace mucho, y la encontré abandonada y casi sin escribir en un rincón de mi IPhone, así que me decidí a publicarla Una gran escritora y amiga a la que sigo, que os recomiendo que sigáis, me dio la idea de escribir aquí enseñándome sus fantásticas historias Básicamente esta trata de una especie de "culebrón" ninja y a la vez un poco comedia (dentro de lo que se puede) El resto ya lo veréis leyendo Espero que os guste :D

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2. Capítulo 2

Sinceramente, no sé en qué estaría pensando cuando escribí este capítulo. Estaría en un momento romántico, supongo.

Este es el Capítulo 2. Si no os habéis leído aún el 1, os lo recomiendo encarecidamente, ya que si no, la lectura se os hará extraña y perderá emoción.

Y si habéis leído ya el 1, os lo agradezco y espero que os guste el trabajo al que tanto tiempo le he dedicado.

¡Muchas gracias por la lectura!

Y sin entretenerme más...

CAPÍTULO 2

-Deidara.

Todos se quedaron estupefactos. ¿Por qué pronuncié ese nombre? Él ya se había negado rotundamente y encima había ofrecido a un sustituto en su lugar. Además, se notaba que la idea lo incomodaba mucho. Aunque me hubiera recogido y traído aquí, se notaba que mucho cariño no me tenía. Pero prefería dormir a su lado antes que al lado de unos psicópatas como Hidan o Kakuzu o de unos tétricos como Itachi o Sasori. Tobi estaba descartado por ser "irresponsable" según Konan, y Zetsu y Kisame eran muy extraños. Y si no podía ni escoger a Konan ni a Pain... Sólo me quedaba Deidara. A él no pareció gustarle, pero acató mi decisión sin casi quejarse.

Volví a entrar a la habitación del principio, la misma habitación llena de dibujos y figuritas y me tumbé en la misma cama gigante y cómoda, pero con una diferencia. Ahora no dormiría sola. Y por aquella razón (y porque necesitaba ayuda para cambiarme, ya que la herida del brazo me lo dificultaba) a penas me desvestí y procuré taparme con la manta lo máximo posible. Pero a él eso pareció traerle sin cuidado. Se desvistió delante de mí, dejándose sólo unos shorts negros con pequeñas explosiones dibujadas.

-Qué miras, hum.

-No... Nada...

-¿Konan no te había dejado un pijama?

¿Un pijama? Lo que me había dejado Konan era una camiseta de tirantes y ropa interior.

-Me gustaría cambiarme la ropa interior por lo menos... Pero por lo del brazo no puedo...

-Sasori tenía razón cuando dijo que las lisiadas como tú son inútiles, hum -resopló bastante fastidiado.

Para mi sorpresa, cogió las prendas de Konan y las dejó encima de la cama, a mi lado. Seguidamente subió de un salto y me incorporó, sentándome en la cama. Por un momento nuestra mirada coincidió y lo vi sonreír de forma demasiado dulce para ser un asesino despiadado. Pero la sonrisa duró poco. De sopetón, me quitó la camiseta y me puso de espaldas, para desabrocharme el sujetador. Yo esperaba impaciente y nerviosa y no pude evitar sonrojarme cuando, quitándomelo, tocó mis pechos y dejó soltar una exclamación, seguida de una sonrisa.

-¿Q... Qué te hace gracia?

-Tienes los pechos pequeños. Eres muy plana, hum.

Seguidamente, y sin dejarme tan sólo reaccionar, me plantó el sujetador que me había dado Konan y lo abrochó lo más apretado que pudo, ya que me venía gigante. Yo no protesté en ningún momento, a pesar de que me dieron ganas de darle una bofetada. Por supuesto, las bragas me las cambié yo y la camiseta igual, aunque me doliera el brazo a horrores. Pero lo peor era dormir con él. Cuando él se durmió y yo ya estaba casi dormida, su mano izquierda (bueno, la boca de su mano izquierda) empezó a lamerme la mejilla y cuando la aparté, se me tiró encima la derecha, que me mordió en el cuello. Por si fuera poco, cuando logré librarme de ellas, la boca de su pecho empezó a babear y me mojó entera. Asqueada, retrocedí lo máximo que pude y me golpee la cabeza contra la pared, causándome un segundo chichón, a parte del que ya tenía por el desmayo. Gemí en voz baja y volví a recostarme e intenté conciliar el sueño. No podía. Me movía inquieta y nerviosa hasta que noté que algo pasaba por bajo de mi brazo y me cogía por la cintura. Era él.

-A ver si paras de una puñetera vez, hum. Los artistas necesitamos unas horas de sueño - me susurró, acercando sus labios a mi oreja.

Noté cómo la boca de su pecho seguía expulsando babas, como sus manos me mordían y, sin embargo, lo único que escuché fue su susurro, gracias al cual, pude dormir al fin.

Me desperté bastante tarde, buscando inconscientemente la mano que me había arropado aquella noche y, al no encontrar a su dueño, me incorporé repentinamente palpando toda la cama. Al fin lo encontré, durmiendo acurrucado de espaldas a mí y al borde de la cama, casi en el suelo. Me acerqué deslizándome silenciosa y poco a poco fui acortando distancias entre nuestros rostros, hasta tenerlos casi pegados. El corazón me palpitaba fuertemente mientras acercaba mis labios a los suyos, en un acto inconsciente de curiosidad y cariño. Y justo cuando nuestros labios se iban a unir, me dio un manotazo en la boca. En cierta manera obtuve lo que quería. La boca de su mano lamió mis labios y lo que al principio parecía un beso, acabó convirtiéndose en un mordisco. Aparté rápidamente la cara y del impulso tiré a Deidara al suelo. Se golpeó primero la cabeza contra la mesita y rebotó directo a tierra. Se escuchó un fuerte impacto y por un momento pensé que lo había matado, pero por suerte se levantó dolorido y me miró confuso. Luego se vistió y me ayudó a mí también. Como si no hubiera pasado nada. Cogió los kunais de un cajón de su mesita de noche y los guardó en unos bolsillos secretos de la capa. Me agarró del brazo y me condujo hasta el salón y, una vez allí, me ordenó quedarme quieta porque él iba a salir fuera y si me movía de allí, me daría cuenta de lo cruel que podía llegar a ser. Tragué saliva mientras lo veía alejarse, hasta que se escuchó un portazo. Se había ido. De repente, la casa se me antojó grande y siniestra. El viento soplaba fuerte y las ventanas se abrían y cerraban. Miles de sombras bailaban a mi alrededor y varias velas se apagaron de golpe. Estaba sola. Mi corazón palpitaba fuertemente y echaba de menos la presencia de algún Akatsuki en casa. Cuando me atreví a moverme, ya habían pasado quince minutos. Me movía poco a poco, intentando no hacer mucho ruido. Cuando llegué al pasillo, este me pareció aún más largo de lo habitual y mi cuerpo temblaba como un flan mientras corría hacia la salvación. Entré rápidamente y cerré de un portazo nada más pisar suelo seguro. La habitación de Hidan y Kakuzu. Me pareció un lugar seguro porque, según me había contado Konan, Hidan es Jashinista (de una religión un "poco" satánica, la verdad) y en la habitación tenía guardados varios rosarios de su religión que supongo espantarán los "malos" espíritus. Me puse a rebuscar y entre las sábanas encontré uno (además de varias revistas de chicas en bikini, una estatuilla de un demonio y varias "varas del dolor", que es así como llamo a las varas que se clava Hidan en sus rituales). Lo cogí nerviosa entre las manos. Era un collar lleno de bolitas, como los rosarios, pero en vez de llevar una cruz, llevaba el círculo con el triángulo invertido. Empuñé el collar como si se tratara de un talismán y lo agité nerviosa en todas direcciones. Y justo cuando empezaba a tranquilizarme, escuché un ruido. Y luego otro. Pasos. Se acercaban a la habitación. Sin pensármelo, enrollé una de las revistas y me escondí tras la puerta y cuando se abrió... Descargué un golpe sobre la cabeza de lo que entraba con todas mis fuerzas. Entonces "eso" (que resultó ser Hidan) tropezó y se dio con todos los morros en el suelo. Besó el suelo literalmente.

-¡BASTARDA! ¡PUTA ATEA DE MIERDA! ¡AHÍ TE FOLLE NEMO HIJA DE PUTA!

Kisame, el chico pez, que pasaba justo en ese momento, parece que se ofendió por lo de "NEMO" e Hidan se llevó una patada en el trasero que lo envió al otro lado de la habitación.

-¡KISAME...! ¡AAARGH MIS REVISTAS SECRETAS! ¡Que no las vea Kakuzu! ¡Escóndelas!

Y ahí estábamos los dos, que si uno se escondía una revista en los calzoncillos, que si yo me metía varias bajo la camiseta... Y nos llegó justo esconderlas para cuando llegó Kakuzu. Y la treta habría colado, de no ser porque Kakuzu, al verme más gorda que de costumbre, me metió un "gentil" puñetazo en la barriga y una de las revistas salió volando por el cuello de la camisa. Y como había supuesto, las revistas se las había robado Hidan a Kakuzu, y la paliza que se llevó fue impresionante. Y la bronca que me llevé yo también lo fue. Como castigo, Hidan dormiría con Deidara y yo en el sofá. Sinceramente, no lo veía como un castigo. O al menos al principio...

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