Akatsuki Life's

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  • Publicado: 5 dic 2014
  • Actualizado: 11 dic 2014
  • Estado: In Progress
Los personajes son la mayoría de Masashi Kisimoto y TV Tokio Esta historia la comencé hace mucho, y la encontré abandonada y casi sin escribir en un rincón de mi IPhone, así que me decidí a publicarla Una gran escritora y amiga a la que sigo, que os recomiendo que sigáis, me dio la idea de escribir aquí enseñándome sus fantásticas historias Básicamente esta trata de una especie de "culebrón" ninja y a la vez un poco comedia (dentro de lo que se puede) El resto ya lo veréis leyendo Espero que os guste :D

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1. Capítulo 1

Esta es una historia que se me ocurrió cuando estaba aburrida. ¿Qué pasaría si yo viviera con Akatsuki? La verdad es que yo los habría acosado hasta morir y ellos seguramente se habrían tirado por un barranco, pero esta es otra historia un poco "decorada".

CAPÍTULO 1

Siempre había escuchado hablar mal de ellos. Todo el mundo lo hacía. Decían que eran unos asesinos, los ninjas más malvados y unos renegados de sus villas. Y yo siempre pensé eso, porque mi familia y mis amigos habían alimentado así mis pensamientos. Iba al colegio y todas las semanas nos daban una charla sobre Akatsuki, como defendernos de ellos y cómo evitarlos. Los senseis les tenían miedo, a pesar de que fingían muy bien delante de nosotros. De echo, por todo esto y mucho más, los padres tenían miedo de que saliéramos a la calle y nos pasara cualquier cosa. Y por ello yo estaba encerrada en casa, aburrida, con la cabeza apoyada en el cristal de la ventana de mi habitación observando caer pequeñas gotas de lluvia y describiendo en mi diario el paisaje que veía, siempre monótono y triste. Llevaba ya dos horas sin saber que escribir y golpeando repetidamente con el lápiz al cristal, cuando vi pasar una sombra rápida y sigilosa. Un relámpago la iluminó por un momento y pude distinguir una capa negra como el carbón, que no tardé en dibujar en mi diario. La sombra se quedó quieta, bajo mi ventana, como esperándome. Al principio dudé, pero luego pensé que oportunidades como esa no se le presentan a una dos veces en su vida y decidí bajar y seguir a la misteriosa figura que me atraía fuertemente. Abrí la ventana y salté al árbol de enfrente de mi casa y desde ahí descendí torpemente hasta el suelo. La sombra estaba a unos metros de mí. No dudé en salir tras la misteriosa figura, que corría velozmente y de forma astuta me fue llevando cada vez más lejos de mi aldea. Para cuando me di cuenta de su treta, ya era demasiado tarde. Llegados a un punto, la sombra se detuvo y por fin, a la luz de la luna, pude ver sus facciones claramente. Era un chico no mucho más alto que yo, con un sombrero del que colgaban tiras de tela y un pequeño cascabel. Tenía los ojos azules y su cabello era largo y rubio, recogido en una coleta. Su capa era negra, con una tira roja en el centro y... Nubes rojas dibujadas... Como los Akatsuki...

-¿Por qué me sigues? ¿No sabes quién soy? Hum.

-¡Eres un Akatsuki!

-¡Y tú una histérica! ¡Deja de gritar!

No podía parar de gritar y tampoco podía reaccionar. Me había quedado paralizada de terror y mis músculos no respondían. El chico se dirigió hacia mí a paso lento y cuando se plantó frente a mí me desmayé y caí redonda al suelo.

Lo siguiente que recuerdo fue que me desperté en una cama ajena, con vendas cubriéndome la cabeza (por el golpe seguramente) y una bolsa de hielo bajándome una inflamación que me había salido en el mismo lugar. Era una cama bastante cómoda y grande, y la habitación estaba llena de dibujos y figuras de arcilla blanca esparcidos todos por el suelo. No podía moverme y estaba muy magullada, pero al escuchar crujir la puerta hice un esfuerzo y me giré. Era el chico rubio de antes, junto con uno más bajito y pelirrojo que le dio un capón nada más entrar.

-¡Deidara! ¡Pensé que el líder te había dejado muy claro que nada de traer inútiles a la guarida! ¡De qué nos sirve a nosotros una lisiada!

-¡Pero maestro Sasori! Hum. No creo que sea del todo inútil. Cuando se cure, podrá hacer nuestras tareas de casa, ¿no crees? Hum.

-El líder nos matará.

-Bueno, no creo que al líder le importe... Hum. ¿Sabes? Igual esta le gusta más que Konan...

-¡No se te ocurra decir eso enfrente de él!

Yo asistía sin poder moverme a la pelea, que tras unos minutos pasó a ser una pelea artística y me acabaron ignorando. Mientras tanto, yo intentaba levantarme de la cama. Tres veces lo intenté sin éxito, hasta que a la cuarta logré incorporarme y salir de la habitación sin que los dos artistas se dieran cuenta. Tras la puerta había un pasillo largo lleno de otras puertas, todas iguales. Puertas corredizas del mismo color, con nubes rojas dibujadas. Una de las puertas, sin embargo, tenía un patrón distinto: en vez de tener una nube en el centro, tenía un círculo con un triángulo invertido dentro. Pensé que eso podía significar una "salida" y me dirigí rápida hacia ella. Corrí hacia un lado la puerta y entré. Pero no me dio tiempo a ver lo que había porque los artistas ya habían acabado de discutir y salían en mi busca. Así que cerré la puerta y, a oscuras y palpando, fui guiándome hacia lo que creía seguro.

-¡Kakuzu! ¡Enciende la puta luz, que no puedo hacer el maldito ritual, joder!

Me quedé paralizada en el sitio. Había alguien más dentro de la habitación y no parecía muy amigable. Un punto a mi favor era que me había confundido con Kakuzu, que sería seguramente su compañero.

-Yo no he sido Hidan.

Una voz grave resonó en la habitación. ¿Ese era... Kakuzu?

-¡Pues mueve tu puto culo y enciende la luz! ¡Ya sabes que durante el ritual no me puedo mover!

Sí. Era Kakuzu. Me había metido en un buen lío queriendo salir de otro. Escuché pasos perezosos y noté que alguien pasaba muy cerca de mí. Y vi la luz brillar. Cuando mis ojos se acostumbraron al cegador brillo, pude distinguir a un chico joven pero con el cabello gris y corto, sin camiseta y lleno de sangre, con varas clavadas en zonas vitales del cuerpo y apoyado en la pared, encima de un símbolo ya conocido: el círculo con el triángulo invertido. Me miraba sorprendido mientras se sacaba una vara clavada en el corazón. Kakuzu, bastante alto y musculoso, al igual que su compañero, se limitó a cogerme del cuello y levantarme cinco palmos del suelo. Me miró fijamente a los ojos mientras yo luchaba por zafarme de él.

-Kakuzu no te pases, que es una mujer.

-Quién eres -me preguntó ignorando a su compañero.

-No sé qué hago aquí, de verdad. Por favor, soltadme y dejadme ir. No diré nada, lo juro.

-¿Sabes Kakuzu? Podrías dejármela a mí como sacrificio a Jashin.

Kakuzu pareció pensárselo, pero me soltó a los pocos segundos y volvió a su cama a descansar. Hidan me cogió fuertemente del brazo y me arrastró hacia él, se sacó otra vara del cuerpo y me la clavó en el brazo izquierdo. Un grito desgarrador salió de mi garganta y, al hacer un movimiento de dolor involuntario, me rasgó aún más la carne. La sangre salía a borbotones y mis ojos estaban anegados en lágrimas. Mi grito debió alertar al resto del grupo, que no tardó en reunirse en la puerta de la habitación para pedir explicaciones por el escándalo. Conté diez personas en total, incluyendo a Hidan y Kakuzu.

-¡Qué es este escándalo! ¡Quiero descansar! -se quejó una chica de pelo azul.

-Estoy en medio de un ritual, Konan. No vengáis a joderme e iros a tomar por culo un rato.

-Y una mierda Hidan -respondió un chico de piel azul que se asemejaba a un tiburón.

-Quién es esa -preguntó un chico de pelo negro y sharingan, con dos arrugas en la cara.

-Es mi víctima para el ritual.

-¡Ella es nuestra! ¡La encontró el sempai! -chilló un chico con una máscara naranja.

-No, no... Si se la pueden quedar ellos... -dijo Deidara.

-Y una porra. Yo necesito piezas de recambio para mis marionetas y ella me viene estupendamente -comentó Sasori apartándome de Hidan.

-A ver, qué pasa aquí.

Un chico pelirrojo y con piercings avanzaba mientras decía esto. Yo cada vez me encogía más por el dolor y gemía y jadeaba cogiéndome el brazo.

-Podríamos quedárnosla Pain, ¿no crees? -preguntó Deidara.

Pain no dijo nada. Se limitó a levantarme del suelo y a llevarme fuera de allí. Detrás nuestro iban Deidara y Konan. Me sentí realmente asustada porque no sabía qué me iban a hacer. Por todo lo que me habían contado, me imaginaba que me iban a torturar y asesinar de la forma más cruel. Pero no pasó eso. Todo lo contrario. Me llevaron a una habitación de paredes blancas y con material médico y camillas. Me tumbaron en una y seguidamente Pain le ordenó a Konan que me curara mientras él le pedía explicaciones a Deidara. Los chicos marcharon y nos quedamos solas.

-Siento que hayas tenido que pasar esto -se disculpó mientras me curaba la herida.

-Me quiero ir a mi casa...

-De momento eso no va a poder ser. Tus heridas son preocupantes y prefiero vigilarlas de cerca.

-¿Me vais a matar?

-No, por favor. Nosotros no matamos a indefensos. Y ahora estate quieta y no te muevas. Voy a vendarte el brazo.

Hice caso y procuré no moverme mucho, a pesar de que dolía. Acabó en pocos segundos, mientras me hablaba de los miembros del grupo, y me aconsejó que procurara no mover mucho el brazo ni hacer movimientos forzosos con él. Se comportó muy bien, y la imagen que tenía de ellos se tambaleó durante unos pocos segundos. ¿Realmente eran tan malvados como los pintaban? Konan me condujo a un pequeño salón donde estaban los demás decidiendo qué hacer conmigo. Las opiniones eran variadas y estaban divididos en dos grupos: los que querían que me quedara (Deidara, Sasori, Tobi e Hidan) y los que no (Kisame, Itachi, Kakuzu y Pain). En medio de todos estaba un chico que parecía una planta mitad negra mitad blanca y, según Konan, se llamaba Zetsu. Se mostraba neutral e impasible y parecía un juez en medio de la batalla campal. Konan se mostró disgustada con Pain ante la negativa de éste a que me quedara y ella decidió desempatar votando que sí quería que estuviera con ellos. Por supuesto, la decisión era temporal y cuando mejorara me iría de allí o... Me matarían. Aunque había ganado la votación y habían cinco personas de mi parte, tenía verdadero miedo y no sabía si habría sido mejor morir antes o después. Por supuesto, el debate no acabó ahí. Lo siguiente era decidir en qué habitación dormiría y con quién, ya que las heridas precisaban de vigilancia las veinticuatro horas.

-Que duerma con Konan -dijo Kisame, comentario que luego retiró al ver la mirada asesina de su líder.

-Pues si no es con Konan, ¿con quién duerme? -por fin, Itachi formuló la pregunta que todos esperaban tras un silencio incómodo.

-Puede dormir con Deidara. Es lo más cercano a una chica -rió Hidan. La risa de Hidan era macabra y parecía la de un verdadero psicópata, cosa que me heló la sangre. Me acurruqué sin querer hacia un lado, acercándome sin darme cuenta a Deidara, que no dudó en rechazarme dándome un ligero empujón para devolverme a mi posición inicial.

-¿Y porqué no duerme con Tobi? ¿Verdad que le harías un favor al sempai?

-Síiiiiiii -afirmó entusiasmado Tobi.

-No. Tobi es muy irresponsable y ella necesita unos cuidados -dijo Konan librándome del suplicio de dormir con él- Lo mejor sería que durmiera con alguien más cuidadoso, como... Itachi por ejemplo.

-Me niego -se apresuró a responder el aludido.

- Pues viendo que no funciona así, a votación otra vez -resopló el líder, cansado ya de tanta conversación.

-¿Y porqué no elige ella? -dijo Sasori.

Y de repente, como si un resorte los hubiera accionado, se giraron todos expectantes aguardando a mi decisión. Por primera vez en mi vida sentí que el corazón se me salía del pecho y sudaba a mares. Era una decisión difícil, aunque ya tenía varias opciones descartadas (como Konan o Hidan). Vacilé un tanto, y la voz me temblaba cuando pronuncié su nombre...

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