I knew you were trouble

Enamorarse de quien no debía, ese fue el gran error de Marie. Su vida era perfecta hasta que él llegó a poner su mundo de cabeza. La enamorará, la enviciara con sus besos y caricias, pero lo que empieza mal...

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2. La llegada del problema.

Me desperté en una mañana como cualquier otra. Tenía que ir a la escuela así que me levanté sin ganas; tendí mi cama, fui al baño y me duché rápidamente.

Mientras me duchaba pensaba las mismas cosas que pensaba cada día. Estaba inmersa en mi rutina y nunca se pasó por mi cabeza que algo pudiera ser diferente aquel día. Estaba muy equivocada; todo estaba por salirse de control, y yo odiaba no tener el control.

Usé unos jeans, zapatillas, una camiseta negra ajustada y una chaqueta –lo mismo que casi todos los días–; estábamos a inicios de Enero y aún hacía frío. Até una coleta de lado con mi cabello y usé una bufanda roja que salía con las zapatillas. Que dejara mi vida de popular atrás no significaba que no podía vestirme decentemente.

Tomé mi bolsa, la crucé de lado sobre mi cuerpo y bajé por mi desayuno. Sólo comí una tostada  y un poco de jugo de naranja, subí nuevamente a cepillarme los dientes y salí de casa.

Si se preguntan por mis padres, ellos vivían en Manchester, dejándome a mí en Londres; se mudaron porque mi abuela materna vivíá allá y estaba algo enferma. Quise irme con ellos pero no me dejaron ya que no creyeron conveniente que en mi último año me cambiara de escuela, pero es que ellos no sabían cómo era mi escuela...

Como decía vivía sola desde el año anterior, ya faltaban pocos meses para que acabara la escuela. Bueno faltaba TODO ese semestre, pero estaría bien. Mis padres me dejaron la casa para mí sola, me enviaban dinero, el cual ahorraba para la universidad –aunque esperaba ganar una beca–; además trabajaba en una cafetería por las tardes, entonces siempre tenía dinero cuando lo necesitaba. Toda esa experiencia me había ayudado a ser más independiente. Y sí, extrañaba a mis padres, pero estar sola era bueno por momentos.

Me fui caminando a la escuela, me ayudaba a pensar. A escucharme. Usualmente no usaba el auto que mis padres me habían dejado, la verdad es que no era mi estilo, eso se lo dejaba a Tiffany y su pandilla de Barbies. 

Les contaré un poco sobre mi escuela. Como toda escuela tenía sus 'Jerarquías'. Primero iban los populares, en ese grupo estaban Tiffany, Rose, Laura y Kate. Todas ellas miembros de las porristas –nada extraño, ¿no?–. En ese grupo también estaban: Harry, Louis y Josh. Harry salía con Tiffany, Louis con Rose y Josh coqueteaba con Kate, pero nunca lo hicieron formal. ¿Quiénes eran ellos? Josh y Louis estaban en el equipo de Fútbol y Harry era simplemente popular por ser 'Un galán'.

En el segundo nivel estaban el resto de las porristas, los que jugaban basquetbol, el resto del equipo de fútbol y los presidentes de la clase. En el tercer nivel estaban los normales, personas comunes y corrientes que sólo estaban aguardando para salir de allí y hacer sus vidas. Entre esas estaba yo, con mis amigas Luisa y Jo, y por supuesto mi mejor amigo  Niall; era el chico más tierno que había conocido. Salía con Jo, pero no eran nada oficial.

Y en el último lugar estaban 'los nerds' –aunque por ratos pertenecía a este nivel–, los matemáticos, club de ajedrez y ese tipo de cosas.

Sí, así era mí escuela; no me molestaba, tampoco me agradaba. Cada día llegaba a clases, era atenta y me iba muy bien en las materias –esperaba obtener una beca en danzas, me había estado esforzado mucho por conseguirla–, almorzaba con mis amigas, volvía a clases, iba tres horas a clases de danzas, luego iba al trabajo hasta las ocho y media y volvía a casa; hacía mis deberes  e iba a la cama a esperar a que llegara el siguiente día.

Recuerdo que hacía un par de años había decidido entrar al grupo de porristas, presenté las audiciones y pasé, pero después de dos meses me salí; simplemente no me sentía cómoda estando con los populares, eran detestables. Además de otras cuestiones personales que arruinaron todo mi cuento de hadas de chica popular.

Entré a la clase de cálculo, estaba sola ya que Luisa, Niall y Jo no habían tomado esa clase. Pintaba como un día normal, hasta que la directora interrumpió después de unos quince minutos de clases sobre ecuaciones.

–Buenos días.

–Buenos días –respondimos todos.

–Profesor Rivers hoy tengo un nuevo alumno para su clase. Sigue Zayn –hizo una señal a la puerta. Entró un chico con una chaqueta de cuero, jeans ajustados, zapatillas, el cabello despeinado y lindos ojos miel. Típico bravucón.

Dejé de mirarlo de inmediato, no me importaba mucho otro chico malo en la escuela, me importaba muy poco quien fuera o qué hiciera ya que ni siquiera estaba en mi nivel de jerarquía. Los bravucones simplemente no encajaban en ningún lado y fastidiaban a cualquier nerd que se le atravesara. Simples neardentales. 
Volví a la ecuación que el profesor había dejado en la pizarra. La respuesta era 27.

–¡Srta. Saint Cloud! –no me había dado cuenta que el maestro estaba llamándome.

–Eh… ¿Sí, Señor Rivers? –respondí volviendo a la tierra desde el espacio virtual de las matemáticas.

–Le estaba diciendo que será la tutora del señor Malik. Debe adelantar los trabajos que ya hemos recibido este semestre –se rascó la nariz–, y lo que sea que vayamos a hacer y de seguro no comprenderá.
En la cara de exasperación del profesor pude ver que él sabía tan bien como yo que ese chico malo no haría nada, y sería un grano en el trasero para su clase y toda la escuela.

–¿Quién? –pregunté sabiendo la respuesta y deseando que fuera otra.

Señaló al nuevo chico. –No necesito una tutora –interrumpió él haciendo mala cara. ¿Pero quién se ha creído?

–Bien. Pruébelo –lo reto el maestro entregándole un marcador para que resolviera la ecuación de la pizarra. La resolvió, estaba correcta.

–Está bien señor Malik. Tome asiento –el chico se fue a la silla justo detrás de la mía.

La clase continuó. Zayn era muy bueno para esa materia pero jamás me quitaría mi promedio –sí, era un poco competitiva–. Me sorprendió que cuando el maestro le pedía las respuestas las tenía correctas. Por un momento creí que de alguna manera estaba haciendo los cálculos con un móvil o tal vez copiando las respuestas de mi libreta, que a  decir verdad estaba en su rango de visión.
El timbre sonó, tomé mi mochila, la crucé de lado y caminé hacía la puerta. Estaba un poco apurada porque debía hacer una parada en el baño antes de la clase de química.

Para mi sorpresa al salir del baño me encontré con el chico nuevo; tenía un casillero cerca al mío pero no me fijé mucho. Caminé hacía mi casillero, saqué mis libros de química y unas galletas, necesitaba comer algo entre clases para regular mi presión. Tontas enfermedades.

Cerré mi locker y allí estaba él apoyado en el casillero de al lado, con el antebrazo contra el metal y una sonrisa de pagado de sí mismo.

–¿Sí? –le pregunté secamente. Mi teoría de que me copiaba en matemáticas cobró fuerza de un momento a otro en mi mente y me hizo repelerlo.

–Hola. ¿Cómo te llamas? –sonrió, algo dentro de mí cambió. ¿Qué? No lo sé. Tal vez sólo fue mi voz interna pidiéndome ser cortés con el recién llegado.

–Me llamo: No-tiene-por-que-importarte, señor no-necesito-una-tutora –le sonreí falsamente callando mis voces internas de conciencia cívica y cordialidad.

–Qué lindo nombre –se burló– Ya enserio...

–Marie. ¿Necesitas algo? –no planeaba ayudarle, sólo fue algo que se escapó de mis labios por la cortesía que al fin pudo salir de donde la tenía encerrada, amarrada y callada.

–Sí, una tutora de Química.

–Olvídalo –dije girándome para ir a mi clase. Su mano atrapó mi brazo y me hizo volverme hacia él.

–No tienes que ser tan grosera –su tono era rudo.

–Así soy; además no sé nada de química –mentí.

–Claro y el cuadro de honor de la escuela miente –¡Tonto promedio!

–Esa es mi gemela. Tal vez ella te ayude –me zafé de su agarre–. Que tengas lindo día. Bienvenido a la escuela –me fui a mi clase después de haber apenas escuchado algo de sus labios sobre “un infierno".

Para mí desgracia estaba también en esa clase y tenía justo había un lugar vacío junto a mí. Reaccioné y dejé mi maleta en el asiento. Se acercó, cogió mi maleta y la puso en mis brazos. –Ese es el lugar de mi maleta.

–Qué mal, ¿no? –sí, era un chico rudo. Estaba a punto de responderle pero la maestra Fitzpatrick llegó. 

Mientras la profesora explicaba mirando la pizarra, Zayn agarró su cabeza con su mano, hundiendo sus dedos en su cabello y me miraba fijamente. Intenté no voltearme pero...

–¿Qué me ves? –dije suave para no interrumpir la clase.

–¿Quieres ser mi tutora? –usaba su sonrisa para manipularme. Una sonrisa de suficiencia que a decir verdad se le daba muy bien. Era un 10% más guapo cuando sonreía. Quizás 20%.

–No, te dije que le dijeras a mi gemela –sonreí y volví a mi cuaderno.

–¿Por qué estás tan nerviosa? –preguntó de la nada sin quitarle los ojos de encima.

–¿Nerviosa? –¿Quién se cree?

–Sí. ¿Acaso te asusto? O no... –me fijé en él y estaba achicando los ojos, coló examinándome– ¿te gusto? –sonreía.

¿De dónde había sacado la confianza para tutearme, incluso para hablarme después de haber sido tan cortante en el pasillo? –No. Sólo que nadie me había hecho enojar tanto como tu antes.

–¿En serio? –asentí para cortar la “conversación". –Pues lo lamento. ¿Empezamos de nuevo? –¿Había escuchado bien?

–Está bien –suspiré cediendo de nuevo ante mi no-tan-deseada cortesía–. ¿Quieres que sea tu tutora?

–Por favor.

–Okey. Hablamos en el almuerzo. Ahora déjame concentrarme en la clase –pedí común tono más calmado y digno de una señorita.

–¿Estás diciendo que yo te desconcentro? –esa sonrisa. Vaya que se tenía confianza. Bastante.

–Ignoraré eso –volví a mis apuntes.

Salí de clases hacía el prado de la escuela; tenía una hora libre así que aprovechaba para leer o escuchar música. Salir un poco del mundo escolar y ser libre. Estaba en mi mundo –siendo libre– cuando vi al nuevo empujando a un chico. ¿Qué le sucedía? A penas era su primer día y ya estaba siendo un problemático, aunque no me sorprendía, todo él decía: PELIGRO.

Y lo peor apenas estaba por llegar...

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