Un año sabático

Anabelle Moreau tiene todo lo que puede desear. Un trabajo como pianista, amigas que trabajan con ella y un lujoso ático. A pesar de todo hay algo que le hace falta y se resiste en probar de nuevo: enamorarse. Sin embargo ella comenzará a reconsiderarlo cuando conoce a Landon Bloomberg.

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15. Capítulo XIV: Celos

―Te ves bien. Aunque pudiste haberte puesto una falda un poco más larga.

―Pero si en la tienda me dijiste que te gustaba. ¡Tú la elegiste! ―me miré nuevamente en el espejo, me miré en todos los ángulos posibles y no vi nada de malo en lo que llevaba puesto.

―Sí, pero de seguro fue la iluminación de la tienda que me hizo ver mal. Ahora me doy cuenta de que esta demasiado corta.

Que Landon sintiera celos por el largo de mi falda era algo nuevo, yo ya no recordaba que era que un novio me esté celando, era una sensación extraña y al mismo tiempo placentera, porque eso significaba que le importaba.

― ¡Pero si esta dos centímetros arriba de mi rodilla!

―Por eso quería que te compraras un traje Chanel.

―No iba a gastar tanto dinero en un traje que solo usaré hoy ―dije exasperada.

―Yo te dije que te lo pagaba, pero no me dejaste hacerlo.

― ¡Porque no tienes obligación!

― ¡Sí tengo obligación, eres mi novia! ―se pasó la mano por el pelo con frustración y yo me reí― ¿De qué te ríes?

Ver como Landon se frustraba por nuestra discusión, comenzó a darme gracia y a hacer que me relajara. Estábamos discutiendo por algo sin sentido, los dos estábamos comenzando a molestarnos y ambos creíamos tener la razón. Era raro ver como esta era nuestra primera discusión como novios.

―Me da gracia ver cómo te estresas por una tontería.

―Por favor cámbiate la falda ―dijo tratando de relajarse―Te prometo que te recompensaré luego. Es solo que no quiero que nadie más vea tus piernas.

―Ya sabes que no lo voy a hacer y te aclaro que nadie verá mis piernas porque estaremos en Bloomberg Hall y solo vendrán Julia y Marco. Antes de que me digas que es posible que él mire mis piernas, te diré que está demasiado enamorado de su esposa como para mirar a otra mujer.

―Pero... ―lo miré desaprobatoriamente y él se quedó callado.

Landon tendría que saber que su argumento ya era caso perdido, no iba a cambiarme de falda. Me gustaba lo que llevaba puesto y la única que podía decidir que vestir era yo.

―En mi caso a mí me gusta cómo te vez, siempre vas vestido inmaculadamente y eso me da curiosidad, ¿tú eliges lo que te pondrás o tienes algún tipo de asesor o asesora de imagen?

― ¿Tú qué piensas? ―levantó la ceja y me miró.

―Yo creo que si tienes a alguien que te dice que ponerte. Es imposible que tengas tantas cualidades, sería injusto para el resto de las personas que existimos.

―No es mi culpa ser tan perfecto, si supieras como se siente tal vez no desearías serlo. No es trabajo fácil ―se rió y yo lo golpeé suavemente en la nuca y traté de no reír.

―Deja de jugar pareces un tonto ―le recriminé.

―Es broma ―rió nuevamente y pasó su brazo sobre mis hombros― La verdad es que sí tengo una asesora de imagen que me compra mi ropa y lo deja todo listo para que yo solo tenga que sacar un traje que ya este combinado con una camisa, corbata y zapatos.

―Siento que toda mi vida es una mentira ―lo miré de frente con seriedad― He descubierto el secreto de todos los ricos y famosos.

Estallé en risas y el negó con la cabeza mientras se reía.

―Mira quien está siendo tonta ahora. Por otra parte, todos saben que los famosos tienen asesores de imagen, es obvio.

―Yo no tengo asesora de imagen. Solo cuando tengo un concierto me maquilla y me viste alguien más, pero cuando no estoy trabajando todo lo hago yo.

―Pero tú eres una mujer, cuentas con el tiempo de hacer compras y de ir a la peluquería. Si eso es lo que más les gusta a ustedes las mujeres. En cambio yo la mayoría del tiempo estoy ocupado trabajando o en la fundación.

―Bien, bien tú ganas esta vez.

― ¿Es decir que te vas a cambiar la falda? ―me preguntó por molestarme.

―No. Creí haberte dejado claro que esa discusión la gané yo, tú ganaste el tema sobre las asesoras.

―No me hacía nada probar ―sonrió― ¿Estás cien por cien segura que no quieres cambiarte la falda? 

―Lo estoy.

―Está bien, pero si algún día no quieres que me ponga un bañador en la playa donde hay muchas mujeres ―resaltó la palabra mujeres― No voy a hacerte caso y no me haré responsable de todas las admiradoras que querrán estar conmigo.

Negué con la cabeza mientras el reía. Landon siempre quería salirse con la suya. El día anterior había terminado convenciéndome de volver a Bloomberg Hall y hoy quería que me cambiara de ropa porque mi falda le parecía demasiado corta.

¡Hombres inseguros, pero tiernos! Pensé.

Yo podía hacerlo sentir celoso, tenía la certeza. Con hombres como él, posesivos e inseguros, se los podía hacer sufrir de celos por cualquier motivo fuera real o no.

―Pues entonces yo usaré un bikini que hará que todos los hombres se babeen y veremos quién estará más celoso, si tú o yo.

―Me rindo. Nunca permitiría que otro hombre te viera en bikini ―se acercó a mí y comenzó a juguetear con el tiro de mi blusa― Pensándolo mejor no es una mala idea que uses esa falda hoy, tal vez mas tarde podría quitártela yo mismo.

Se acercó un poco más y su cabeza llegó justo a la altura de mi oreja.

―Podría quitártela hasta con mi boca si quieres ―su aliento en mi oreja hizo que se me erizaran todos los vellos de mi cuerpo y que comenzara a respirar con dificultad― Podemos jugar un rato antes de que lleguen nuestras visitas.

Mordió delicadamente el lóbulo de mi oreja y bajó el tiro de mi blusa y eso hizo que yo reaccionara.

Lo aparté con mis dos manos y me alejé unos cuantos pasos para así poder recuperar todo mi autocontrol. No iba a sucumbir ante la tentación.

―No esta noche, tigre. No vamos a jugar ―le sonreí― Ahora vamos abajo que Julia y Marco no tardan en llegar.

Levantó las cejas y me miró sonriente. Él no se había esperado esa reacción de mi parte. Finalmente subió sus manos a la altura de sus hombros para demostrar que se rendía.

***

Landon y yo habíamos estado conversando en la sala principal mientras esperábamos a nuestras visitas, hasta que los de seguridad le avisaron a él que nuestras visitas estaban entrando a la villa.

Ambos salimos al pórtico para recibirlos y nos quedamos de pie esperando a que llegaran. Landon me miró un momento, me besó la mejilla y pasó su mano por la parte baja de mi espalda y depositó su mano en la curva de mi cintura. Me encantaba que me tocara, me encantaban esos gestos de pareja.

Entrando por el camino que se abría hacia la casa, vimos el taxi en el que venían Julia y Marco. El auto se detuvo junto a la escalinata y Landon y yo fuimos a saludarlos, mientras ellos bajaban del auto.

Los dos tenían cara de atónitos y la verdad que los entendía porque yo había tenido la misma reacción la primera vez que llegué aquí.

Julia se acercó a mí y me susurró en el oído.

―Esta casa es enorme y hermosa ―dio una vuelta y miró a su alrededor― Ustedes no dijeron nada de que eran millonarios, al menos nos hubiéramos vestido mejor ―rió.

Me reí por el comentario de la ropa. Prácticamente yo había pensado lo mismo cuando conocí a Landon y más cuando llegué a la villa. Me había sentido fuera de lugar al lado de Landon que siempre estaba pulcramente vestido.

―No "somos" millonarios ―hice un gesto apuntando toda la villa― Él es millonario, yo simplemente me estoy quedando aquí por un tiempo. Y por lo que llevan puesto ni te preocupes, no están nada mal.

―Así que te estás quedando por un tiempo ―me codeó mientras levantaba las cejas con cara sugerente― ¿Desde cuándo?

―Hace tres semanas y dos días ―dije luego de haber hecho las cuentas en mi cabeza.

―No es mucho tiempo. ¿Hasta cuándo te quedarás?

―No lo sé. Me estoy tomando un año sabático y desde que llegué quiero tener un lugar propio, pero Landon me ha convencido para que me quede aquí. De lo que sí estoy segura es que no me quedaré un año entero aquí.

―Entiendo tu preocupación, yo haría lo mismo. No querría que él piense que estoy interesada en su casa o dinero.

―Exacto, aunque él sabe que no es así.

―Me alegro que lo tenga claro.

Landon y Marco que habían estado conversando parados un poco alejados, se acercaron a nosotros y cada uno fue con su respectiva pareja.

― ¿Entramos? ―nos dijo Landon a todos.

Todos asentimos y subimos la escalinata para entrar a la casa. Con Landon los hicimos pasar a la sala principal y sentarse para esperar hasta que alguna sirvienta nos avisara que la comida estaba lista para pasar al comedor.

Marco y Landon se sumieron en una conversación sobre sus respectivos trabajos y negocios, mientras Julia y yo escuchábamos todo un poco aburridas ante aquel tema que no nos interesaba demasiado, así que sin que ellos se dieran cuenta ambas nos levantamos, salimos de la sala y nos fuimos a sentar a la biblioteca.

― ¡Dios! ―exclamó Julia al sentarse en uno de los sofás Chesterfield― Estos hombres que les encanta aburrirnos con esos temas de negocios.

Yo me senté en frente de ella y reí.

―Dime qué haces todos los días en este lugar, ¿no te aburres? ―me preguntó Julia.

―Bueno siempre estoy ocupada con la fundación organizando eventos, kermeses y campañas de solidaridad ―Julia asintió con la cabeza mientras le explicaba todo―Apenas tengo tiempo para sentarme, por lo tanto nunca me aburro porque estoy con mi mente ocupada.

―Eso es genial. Yo quisiera tener tiempo para estar haciendo ese tipo de cosas pero todo el tiempo estoy trabajando en la oficina.

―Podrías hacerlo siendo una voluntaria ocasional, ya que no tienes tiempo para ser una voluntaria recurrente. O podrías tomarte un año como yo, por hacer esto dejé mi carrera estancada y no me arrepiento, se siente tan bien saber que ayudas a personas que te necesitan. A veces pienso que hacer esto me ha ayudado a madurar más.

― ¿Por qué piensas que te ha hecho madurar?

―Porque al llegar aquí he visto en las condiciones que viven estos niños huérfanos y abandonados y eso me ha hecho darme cuenta de que soy una persona muy afortunada, siempre he tenido lo que quiero y ellos simplemente se satisfacen con que uno les dé un techo.

―No debe ser trabajo fácil ver todo eso, te admiro Ana. No cualquiera hubiera dejado su carrera para venir a ayudar niños huérfanos. Y no solo eso, lo estás haciendo por un año entero. Realmente me inspiras.

Le sonreí tímidamente y le agradecí en silencio.

Era extraño que alguien me dijera que me admiraba. Yo nunca había sido alguien a la que las personas podrían decir que admiraran. Simplemente era demasiado corriente para eso. Ser pianista no cambiaba nada, habían miles de pianistas mejores que yo. Pero se sentía bien, demasiado bien que algunas personas pensaran así de mí.

― ¿Eres feliz Julia? Porque yo ahora lo soy, soy totalmente feliz.

―Soy más que feliz, Marco alegra mis días. Landon te hace feliz ¿verdad?

―Lo hace y lo hace muy bien.

― ¿Te refieres a que lo hace bien? ―hizo una seña obscena con sus manos y yo me sonrojé, mientras ella reía a carcajadas.

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