Un año sabático

Anabelle Moreau tiene todo lo que puede desear. Un trabajo como pianista, amigas que trabajan con ella y un lujoso ático. A pesar de todo hay algo que le hace falta y se resiste en probar de nuevo: enamorarse. Sin embargo ella comenzará a reconsiderarlo cuando conoce a Landon Bloomberg.

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14. Capítulo XIII: Aclaraciones

― ¿Cómo supiste que estaba aquí?

―Siempre supe dónde estabas. Desde el momento en el que saliste de la villa.

Fruncí el ceño y lo miré sin entender nada.

No era posible que él haya sabido donde estaba porque me fui en un taxi y al irme no hice ningún ruido para que él no me escuchara desde su despacho.

―No entiendo, explícame a que te refieres.

―La sirvienta no llamó un taxi, me avisó a mí y yo mandé al chofer de la fundación para recogerte. No te molestes, lo hizo porque tenía órdenes mías de avisarme si rechazabas salir con el chofer de Bloomberg Hall, ella solo siguió mis órdenes.

― ¿Por qué hiciste eso? Es una falta de respeto a mi privacidad, no tenías derecho.

―Tienes razón no tenía y no tengo derecho, pero tengo la obligación de preocuparme por tu seguridad, al menos mientras estabas en Bloomberg Hall. Entenderás que por mi posición de poder tengo mucha gente que quiere hacerme daño y hay muchas formas de dañarme y chantajearme para así poder sacarme dinero o algún otro beneficio. Si tuvieran que secuestrarte para pedir una recompensa no lo pensarían dos veces, esa gente no tiene escrúpulos.

Me crucé de brazos y asentí, aunque no estaba del todo de acuerdo con su argumento. ¿Por qué me raptarían a mí para sacarle dinero a Landon si no soy nada de él?

Y recordé el artículo de la revista. Pero seguía sin tener demasiado sentido, porque planear un secuestro lleva mucho tiempo. No es algo que se pueda hacer de un momento a otro, y ese artículo había sido publicado recién esa mañana. Así que las posibilidades de que hubiera habido un secuestro dirigido hacia mí para hacerle daño a Landon, eran nulas. Eso me llevaba a pensar que él había pensado demasiado bien su excusa para que yo le creyera, aún así no caí en ella.

―Sabes que no te creo, ¿verdad?

― ¿Tan malo es tu concepto sobre mí?

―Que te crea o no, no se basa en el concepto que tengo de ti, sino que tu argumento es poco creíble.

― ¿Por qué? Te prometo que es la verdad. Si estas basando tu opinión sobre el artículo de la revista de hoy tendré que decirte que estas mal. A los pocos días de que llegaste a la villa salió un artículo en el periódico local donde decía que mi prometida se había mudado a Bloomberg Hall. Ellos se referían a ti.

― ¡¿De qué estás hablando?! No entiendo nada de lo que estás diciendo. Yo no soy tu prometida.

―Ya lo sé Anabelle, debí explicártelo antes pero no quería que te sintieras avergonzada. Un mes antes de que llegaras a Nueva Zelanda yo estuve en París por negocios y estuve demasiado involucrado en los medios porque se me vio entrar a un hotel en París con una morena y todos pensaban que por fin el soltero de oro había sido flechado. Cuando volví a Wellington y al tiempo de no verme con la mujer misteriosa, el rumor se esfumó.

―Hasta que llegué yo.

―Sí. A la semana que llegaste publicaron el artículo. Decían que al fin se había descubierto la identidad de la mujer misteriosa.

― ¿Y por qué yo no me enteré de nada sobre esto?

―Gasté una gran suma de dinero para que el rumor fuera local y para que el periódico no volviera a publicar nada parecido, por eso me molesté por el articulo de hoy ―se acercó a mí, agarró mis brazos y me atrajo más hacía él― Fue por eso que el día que te besé en la piscina me fui y te dejé. Me dijiste que te soltara y recordé la noticia y la promesa que me había hecho a mí mismo, que nada iba a pasar entre los dos. Así no podían asegurar que el rumor fuera real y nada se saldría de control. Pero no pude alejarme de ti, Anabelle.

― ¿Por qué yo Landon? Hay tantas mujeres mucho más hermosas que yo, más inteligentes, más talentosas y simplemente mejores. Pero me elegiste a mí. ¿Por qué?

―Porque ninguna de esas mujeres eres tú.

Dos lágrimas rodaron por mis mejillas y él me abrazó. Me abrazó y me apretó contra su cuerpo y podía sentir su corazón latiendo acelerado igual que el mío. Y se lo agradecí con toda mi alma y con mi mente porque estar entre sus brazos me hacía sentir mucho mejor.

―Porque eres sencilla, porque tienes ideas propias ―comenzó a susurrar en mi oreja― porque eres generosa y porque simplemente eres perfecta para mí. Eres todo lo que estaba buscando.

Lo besé. Lo besé con delicadeza y lentamente, quería disfrutar el momento, quería disfrutarlo a él y el dulce sabor de sus labios.

Pensé todo lo que me había dicho mientras no besábamos, aún así no todo encajaba. Me separé de a poco y lo miré a los ojos.

―Sabes que aún quedan cabos sueltos. Los artículos no coinciden, primero dijeron que era tu prometida y luego tú amante.

Suspiró con resignación y negó con la cabeza. De seguro pensó que no le pediría más explicaciones, pero yo necesitaba aclaraciones sobre el tema, necesitaba entender para poder confiar en él.

―Es que la mujer de París fue olvidada, tú no eres morena y era más polémico decir que eras mi amante.

―Tienes razón. Pero, ¿quién era esa mujer con la que estabas en París?

―Es la hija del jeque Alí al-Saud Bin Qatar, mi socio, le vendo petróleo debes en cuando y ese día él no pudo asistir a la reunión que teníamos programada para una venta y mandó a su hija en su lugar.

―Lo siento. Es solo que no puedo dejar de hacerte preguntas, no quiero que nada se interponga entre nosotros. Quiero confiar plenamente en ti.

―Te entiendo. No me pidas disculpas, por favor.

―Está bien ―le sonreí, tomé su mano y se la apreté― ¿Vamos?

Caminamos agarrados de la mano y nos acercamos a la mesa donde estaba el buffet. Cada uno se sirvió un plato de comida para luego sentarnos en una mesa acompañados por una pareja.

― ¿Vas a comer ese pedazo de cordero? ―me preguntó Landon― Porque si no lo harás me lo puedes dar a mí.

―Lo comeré pero puedo darte de probar ―sonreí tiernamente y él me miró suspicaz.

Él estaba a punto de pinchar un pedazo de cordero con su tenedor hasta que moví el plato fuera de su alcance.

―Si lo quieres tendré que dártelo yo.

Me miró contento al entender mi juego. Soltó sus cubiertos, cruzó sus brazos sobre su pecho y abrió su boca para que introdujera el pedazo de cordero. Exagerando mis maniobras con el tenedor pinché el cordero, corté un pedazo y estaba a punto de meterlo en su boca, pero comencé a hacer un ruido como de avión y volteé el tenedor.

―Abre la boca porque se acerca el avioncito ―le dije entre risas.

―Pero la tengo abierta ―se quejó y eso me causo más risa.

Metí el tenedor en su boca y el hizo un movimiento sexy con sus labios para sacar el pedazo de cordero. Me miró, sonrió y me guiñó el ojo.

― ¿Qué tal? ¿Te gustó? ―le pregunté luego de parar de reír porque la pareja que compartían la mesa con nosotros, nos estaban mirando.

―Sí, pero me gustó más que tú me lo dieras. Ahora es mi turno de darte de comer a ti.

―No, estás loco. Tal vez en venganza me lances la comida en la cara o me tires el vaso de jugo en mi ropa.

― ¿Qué? ¿Yo? ―dijo con un tono de inocencia sobre actuado― Pero si yo soy un ángel.

Los dos reímos y él me tomó la mano por debajo de la mesa, se inclinó hacia mí y con su nariz acarició la mía.

― ¿Hace cuanto están juntos? ―preguntó el joven que estaba al otro extremo de la mesa, junto a una chica a la cual tenía rodeada con un brazo.

Miré un segundo a Landon y me quedé muda, porque nosotros no estamos juntos o al menos no formalmente ya que Landon nunca me lo pidió.

No sabía que responder, no podía decir que no estábamos juntos mientras Landon y yo habíamos estado flirteando durante toda la cena. Tal vez debería mirar a Landon y alentarlo a que respondiera, porque mientras más nos tardábamos en responder más incomodo se hacía el momento.

―Sí, dile cariño hace cuanto tiempo estamos juntos.

―Bueno... Si no me equivoco en mayo de este año hacen cinco años que estamos juntos ―dijo pensativo y yo moría de ganas por reír, pero me aguanté― ¿Ustedes?

―Nosotros llevamos tres años juntos y nos casamos hace dos semanas. Ahora estamos en nuestra luna de miel.

―Qué bonito ¿Cómo se conocieron? ―les pregunté.

―Nos conocimos en la universidad, él comenzó a darme tutorías de economía a pedido del catedrático porque yo tenía dificultades y bueno, las cosas fluyeron y comenzamos a salir ―sonrió y abrazó a su marido― Por cierto me llamo Julia y él es Marco.

―Un gusto, yo soy Anabelle y él es Landon.

― ¿Y ustedes, cómo se conocieron? Por tu acento se nota que eres francesa y por el acento de él se nota que es de aquí, así que se me hace que es una historia interesante ―preguntó Marco.

― ¿Estás seguro que quieres saber? Es una historia larga y aburrida ―dije nerviosa.

―En realidad es corta y graciosa ―me contradijo Landon― Yo puedo contárselas si quieren.

―Por favor, insisto.

―No la recuerdo con mucho detalle, pero lo que sí me acuerdo bien fue que yo estaba en París cenando por negocios en Le Meurice y nos estaban sirviendo la comida, cuando pasa esta mujer de vestido rojo y chocó al mesero haciendo que este derramara toda la comida y nos regara a todos los que estábamos en la mesa. Molesto era poco para lo que estaba en ese momento y todavía más porque la mujer que fue la culpable de todo, no se detuvo para pedir disculpas ―se calló un momento y nos sonrió para dejarnos con el suspenso. Incluso yo no pude dejar de mirarlo con intriga, aunque se suponía que yo "sabía" la historia― El mesero nos ayudó a limpiarnos, se deshizo en disculpas y nos prometió que la cena iba a cuenta de la casa. Sin embargo yo no me sentía satisfecho, seguía molesto y quería que esa mujer pagara lo que había hecho.

<<Aunque sea una disculpa hubiera estado bien. Luego de terminar de comer con mis socios, me paré para ir al servicio. Cuando me estaba lavando las manos la puerta se abrió de golpe y entró la mujer de vestido rojo que era la causante del accidente anterior. Y eso no era lo peor, sino que se había equivocado y entró al servicio de hombres.

― ¿Qué más? ―preguntó Julia intrigada y yo asentí de acuerdo con ella.

―Y nada, que esa mujer de vestido rojo está sentada al lado mío ahora.

―De ninguna manera. No puede ser. ¿Y cómo pasó eso? ―dijo Marco asombrado.

―Es que no pasó ―dijo Landon y se carcajeó solo como él podía hacer, mientras Julia y Marco lo miraban estupefactos por haber creído semejante tontería― Lo siento, solamente quería ver su reacción.

―Me siento un estúpido ―dijo Marco mientras comenzaba a reír y Julia y yo nos uníamos a su contagiosa risa.

―Hasta yo casi me creo su historia, así que no deberías sentirte así. Hay que admitir que tuvo harto misterio y drama ―me burlé.

―Entonces ustedes no están juntos hace cinco años y no se conocieron en Le Meurice ¿No? ―preguntó Julia― Porque en unos cuantos segundos llegué a pensar que tal vez la forma en la que se conocieron fue romántica y diferente. Sinceramente creo que merezco saber cómo se conocieron.

―La verdad es que nos conocemos hace poco y no somos ni siquiera novios, o al menos no formalmente. Lo conocí cuando me uní a su fundación hace unas semanas.

―Yo te considero mi novia ¿Por qué dices que no lo somos?

―Porque no me lo has pedido y no quiero suponer cosas que no son ―le dije avergonzada y miré mis manos para evitar su mirada. No me sentía avergonzada por hablar de este tema con él, sino porque teníamos a una pareja en la misma mesa presenciando todo.

―Ana ―me llamó para que lo mirara, pero no quería que me viera ruborizada― Mírame por favor.

Lo miré un segundo y luego apoyé mi cabeza en su hombro. Al menos si no quería mirarlo, tenía que tocarlo para no sentirme alejada de él.

―Ana, ¿Quieres ser mi novia?

Me estrujé en su hombro le di un pequeño beso ahí y con voz débil le respondí.

―Sí.

Sabía que me estaba comportando como una adolescente enamorada de un chico guapo, pero me divertía y me emocionaba. Landon era muy atractivo y había sido inalcanzable por un tiempo así que consideraba que la situación era una recompensa.

Además, un hombre que besaba tan bien se merecía que una mujer se obsesionara con él.

Landon inclinó su cabeza un poco para llegar hacia mí y me besó con dulzura con sus firmes labios. Él llevó su mano a mi cuello y me acercó más hacia él, sus labios sobre los míos ejerciendo una presión justa, se sentía como una húmeda y cálida caricia. Cada vez que él me besaba me hacía perder el aliento.

Nos separamos y él me rodeó con uno de sus brazos y me atrajo hacia él. Me encantaba sentir su brazo rodeándome, sentir su roce y oler su delicioso aroma.

―Ustedes dos se ven muy lindos juntos. Los felicito ―sonrió Julia― Y por eso mismo, pienso que deberíamos dejarlos solos. Fue un gusto conocerlos a ambos.

Ella y Marco se levantaron de la mesa, se agarraron las manos y estaban a punto de marcharse, hasta que los interrumpí.

―Gracias ―sonreí― Quería saber hasta cuando se quedan en Wellington, tal vez podríamos salir los cuatro juntos a algún lado.

―Esa es una gran idea. Si quieren podríamos salir a cenar mañana en la noche, nosotros nos estamos quedando hasta el sábado temprano, así que mañana es nuestro último día entero aquí -dijo Julia.

― ¿Por qué mejor no vienen a cenar a mi casa? -comentó Landon.

―Excelente, también podrías pasarnos tu número de celular y nosotros te llamaremos mañana para que nos des la dirección ―le contestó Marco.

Luego de que intercambiaran sus números, nos despedimos de ellos y los vimos marcharse. Era raro como mi relación con Landon estaba evolucionando con pasos de gigante. ¡Hasta ya íbamos a tener una salida con una pareja de amigos!

Sin embargo se sentía bien, porque no era algo planeado, sino algo totalmente espontáneo y que pasó sin ser esperado. Eso me hacía feliz, era raro ver que en unas circunstancias totalmente extrañas había conocido a alguien increíble. No sentía amor por Landon, pero sí cariño. Era difícil no sentir algo por un hombre tan amable y atento como él.

Me parecía irreal ver como todavía existían las personas que aún siendo ricas e importantes, podían conservar su humildad y amabilidad. Tal vez había pocas, pero Landon era la prueba de que quedaban unos cuantos.

Tal vez su forma de ser se debía a lo difícil que había sido obtener para él todo lo que posee ahora, tal vez por eso sepa valorar más las cosas que tiene y valorar más a las personas que lo rodean. Porque sabe que es no tener nada, ni nadie.

***

Estábamos en el hotel European, donde yo había dejado mis cosas para ir al Jardín Botánico. Landon pensaba que íbamos a recoger mis cosas para que yo volviera a la villa, pero lo que él no sabía es que yo no volvería allá. Quería tener mi propio lugar desde que llegué a Wellington, pero no había tenido la oportunidad o las agallas de decírselo a Landon y ahora que ya estaba fuera, no pensaba volver, peor ahora que era "mi novio", no quería que estuviera manteniéndome mientras yo tenía las posibilidades de hacerlo.

―Gracias por acompáñame hasta aquí, fue muy amable de tu parte ―le dije a Landon mientras los dos estábamos parados en la entrada del hotel.

―Pensé que vendrías conmigo a la villa. Anabelle no puedo dejarte aquí, no dejaré que pagues un hotel mientras puedes estar en Bloomberg Hall y tener todo lo que quieras.

―Por favor no quiero hablar de esto, solo me quedaré aquí hasta que mi asistente encuentre una casa en alquiler. No puedo seguir aprovechándome de tu hospitalidad, no me siento cómoda haciendo eso.

Empujé la puerta del hotel para entrar, pero Landon me jaló del brazo y me impidió que entrara al hotel.

Estaba segura que para él era como una ofensa a su hombría que yo me fuera de Bloomberg Hall y viniera a pagarme un hotel, conocía a hombres como él. Quieren ser caballerosos pero a veces atraviesan la raya entre caballerosos y machistas. Yo no era pobre, podía pagarme un hotel y un alquiler si quisiera.

―No hagas esto, vuelve conmigo ya estoy acostumbrado a tu presencia conmigo.

―Aún me verás, recuerda que eres mi novio y no podrás librarte tan fácilmente de mí.

― ¿Lo prometes? ―con ambas manos me agarró la cintura y me paró firme ante él.

Le sonreí con dulzura y no pude más, me rendí ante su ternura y lo abracé. Acaricié su cabeza mientras lo tenía rodeado por el cuello.

―Te lo prometo.

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