Un año sabático

Anabelle Moreau tiene todo lo que puede desear. Un trabajo como pianista, amigas que trabajan con ella y un lujoso ático. A pesar de todo hay algo que le hace falta y se resiste en probar de nuevo: enamorarse. Sin embargo ella comenzará a reconsiderarlo cuando conoce a Landon Bloomberg.

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13. Capítulo XII : Noticias

Me quedé parada mirando a Landon alejarse por el pasillo, molesto por la conversación que los dos habíamos tenido. Él no estaba siendo prudente con la decisión que quería tomar. Según él, los periodistas habían dicho cosas groseras sobre mí, pero yo no tenía ningún problema, porque sé que puedo hacer que Michelle aclare las cosas en algún periódico o revista sin necesidad de dejar a alguien sin trabajo.

Me molestaba más cada vez que pensaba sobre lo ocurrido. Landon se enojó por una tontería y eso me irritaba a mí. No iba a permitir que él hiciera una cosa por un impulso del momento.

Salí de la habitación y fui por el mismo camino en el que se marchó Landon. Bajé las escaleras y caminé hasta su despacho. Suponía que él estaba ahí, así que toqué la puerta y no hubo respuesta. Volví a tocar pero esta vez un poco más fuerte. Escuché ruidos dentro del despacho así que no había duda de que estaba dentro ignorándome. Dejé de lado mi vergüenza y abrí la puerta. Landon estaba sentado en su silla de cuero frente a su escritorio escribiendo en una agenda, levantó la vista y me miró molesto por mi intrusión.

―No voy a dejar que hagas algo contra el tipo que tomó las fotografías. Me parece que estas teniendo una reacción demasiado infantil.

Me miró con ironía, se levantó de su asiento y caminó con pasos lentos hacia mí.

― ¿Te parece infantil mi reacción? ―me preguntó en un susurro muy cerca de mi rostro. Me estremecí al sentir su aliento muy cerca, hasta casi olvidar porqué estaba molesta. Usé toda mi fuerza de voluntad porque no iba a dejar que él se saliera con la suya con sus encantos― Porque a mí me parece que tu reacción es más infantil que la mía. Vienes aquí e irrumpes en mi despacho sin que te invitara a pasar, solo para decirme que no me vas a permitir que deje sin trabajo a un hombre que no conoces y que manchó tu reputación. Como si yo fuera a hacer lo que tú me digas.

¿Cómo se atrevía a decirme eso? No pensaba quedarme a descubrirlo tampoco. No iba a permitir que nadie me volviera a pisotear, no dejaría que él me hablara de esa forma. Tal vez si había irrumpido en su despacho pero no era como para que él me hablara de esa forma.

― ¿Piensas que ese hombre manchó mi reputación? Pues yo no lo creo, porque él no escribió ninguna mentira. No soy nada tuyo y hemos compartido besos un poco pasados de la raya. No sé que somos y eso prácticamente me convierte en tu amante, así que la persona que redactó esa noticia no está diciendo ninguna mentira. Las fotografías muestran claramente cuando entré en tu habitación. Yo sé que no hicimos nada, pero ellos no lo saben. No estoy diciendo que ellos tenga derecho a opinar o a suponer que estábamos haciendo algo, sino que los dos debimos ser más discretos porque vivimos bajo el ojo público.

Me di la vuelta y salí del despacho, cerrando la puerta de un portazo. Subí las escaleras y caminé hasta mi habitación. Entré al vestidor donde estaba mi ropa y comencé a sacar todo lo que me pertenecía y a ponerlo sobre la cama. Luego todo lo iba a guardar en mi valija y me marcharía de ahí.

No estaba en mis planes aguantar la ironía y los caprichos de nadie.

Cuando terminé de sacar mi ropa, que no era mucha, tomé mi celular y llamé a Michelle. Después de varios segundos atendió mi llamada.

―Ana, un gusto saber de ti.

―Michelle es urgente necesito que me hagas un favor.

―Lo que quieras ―dijo preocupada.

―Necesito que le digas a Gabrielle que busque un lugar donde me pueda quedar por unos días en Wellington, mientras busca una casa fija para que me quede ahí hasta que acabe el año. Perdón que te haya hablado solo para eso, pero sé que si le hubiera hablado directamente a ella para que lo hiciera, se hubiera puesto a hacerme preguntas en vez de hacer lo que le pedí ―le expliqué un poco agitada.

―Te entiendo, aunque ahora me preocupaste a mí. ¿Está todo bien por allá?

―Sí. Es solo que decidí que ya no me voy a quedar más en la villa de Landon, ya es hora que busque un lugar propio.

―Sabes que puedes contarme lo que quieras y si me necesitas no dudaré en tomar un avión hasta allá por ti.

―No necesitas preocuparte por mí. Solo tuvimos una discusión que me hizo entrar en razón.

― ¿Se puede saber por qué discutieron?

―Porque él quiere dejar sin trabajo a la persona que tomó unas fotografías de nosotros ayer. Te enteraste sobre las fotografías ¿verdad?

―Leí algo hoy en el periódico, pero no quise mencionártelo ―suspiró― No me parece propio de él hacer eso.

―A mi tampoco y cuando le dije que no lo hiciera, reaccionó mal. No me gustó nada su manera de actuar, yo pensé que él era diferente. No digo que sea un mal hombre, pero no puedo creer que se deje llevar por la rabia y trate de hacer algo tan bajo. Personas como él y con un trabajo tan importante como el que tiene, no deberían rebajarse al nivel de hacer algo semejante.

―Olvídalo de todos modos ya te iras de su villa.

―Sí. Aunque no sé si decirle que me iré o irme sin decir nada.

―Eso esta difícil pero si le dices que te irás tal vez trate de persuadirte.

Era por eso que temía decirle a Landon que me iba, porque no quiero que me pida quedarme ya que sé que voy a ser débil y cederé a su petición.

―Lo sé. Creo que será mejor que me vaya sin decirle nada. Luego puedo llamarlo y decirle que me fui.

Después de tener una corta conversación con Michelle en la que me dio varios consejos, cortamos la llamada para que ella pudiera llamar a Gabrielle y pedirle que me buscara una casa en alquiler.

Decir que tengo miedo de lo que va a pasar es poco. Sé que si me voy de la villa, todo lo que estábamos comenzando con Landon no sería igual. Pero tenía que tomar el camino correcto y cumplir lo que me propuse. Tal vez lo que compartí con Landon tenía que ser algo fugaz. Y nada más.

Comencé a guardar mi ropa en mi valija y a tratar de recolectar todas mis cosas para no olvidar nada. Cuando acabé, salí de la habitación y bajé las escaleras para buscar a alguien del servicio.

Necesitaba que alguien llamara un taxi para que me llevara al centro y esperar a la llamada de Gabrielle.

Caminé un poco por la casa pero no vi a nadie, así que no me quedó de otra más que entrar a la cocina, donde era seguro que iba a encontrar a alguien del servicio. Al entrar vi a la misma señora que nos aviso de la cena a mí y a Landon, la primera noche que pasé aquí.

―Disculpe ―llamé su atención― ¿Será que me puede llamar un taxi, por favor?

―Por orden del señor Bloomberg, si usted quiere salir puede decirle al chofer que la lleve donde quiera.

―Bueno. Aunque hoy preferiría que me llamara un taxi.

―Por supuesto ―me contestó. Al instante caminó hasta un teléfono que estaba colgado en la pared y llamó al taxi― Llega en diez minutos.

―Gracias ―le agradecí. Salí de la cocina y volví a mi habitación para tomar mi valija, bajé nuevamente las escaleras y salí de la casa.

Esperé en el porche a que el taxi llegara y que lo hicieran entrar en la villa.

Me sentía un poco culpable por dejar la villa como si fuera una fugitiva, pero no me quedaba de otra. No quería arriesgarme a que Landon me pidiera quedarme o a que descubriera que me estaba yendo y que no tratara de detenerme. Estoy segura de que eso me dolería mucho.

Escuché el motor de un auto acercarse y bajé la escalinata hasta el jardín; estaba segura que era el taxi.

El auto aparcó frente a la escalinata y el chofer del taxi se bajó para ayudarme con mi valija. Luego de agradecerle, me subí al auto y le indiqué que me llevara al centro.

Al llegar al centro, específicamente al restaurante y hotel de tres estrellas, European. En el que esperaría la llamada de Michelle para decirme donde me quedaría a pasar la noche. Y si no conseguía ningún lugar, podría pasar la noche en este hotel, que no estaba tan mal para ser un hotel de tres estrellas.

Acomodé mi valija en un rincón de la habitación y me saqué los zapatos para echarme hecha un ovillo en la cama.

Aunque había sido menos de cuarenta y ocho horas lo que había compartido con Landon, no podía evitar sentirme un poco decepcionada porque había llegado a sentir por un corto momento esperanzas de que él era el correcto.

Pero me equivocaba, como siempre.

Una de las desventajas que tengo es que confío demasiado rápido en las personas y no espero a que me demuestren sus palabras con hechos. Era muy ingenua para algunas cosas y para otras no.

Sabía que Landon se tardaría en darse cuenta que había dejado Bloomberg Hall porque estaba molesto conmigo y de seguro no se daría cuenta hasta la hora de cenar cuando yo no apareciera y la sirvienta le dijera que me había ido con mi valija.

Sé que no debería estar pensando en eso porque estaba mal, yo había dejado la villa por voluntad propia y no debería preocuparme por lo que Landon vaya a pensar. Pero es difícil, sé que no lo quiero y tampoco lo amo, solo me siento atraída por él pero aún así es difícil de olvidarse de alguien tan dulce y al mismo tiempo tan misterioso como Landon.

Cuantas mujeres habrían deseado tener la suerte de convivir por un tiempo con Landon, como yo. Al menos podía llevarme esa satisfacción conmigo misma porque había disfrutado de ese espécimen de hombre perfecto. Había compartido abrazos y probado sus labios y eso nunca nadie podría quitármelo. Era un recuerdo que se quedaría ardiendo en mi interior.

Abaniqué mi rostro con mis manos porque sentía demasiado calor. La desventaja de estar en un hotel de tres estrellas es que no había aire acondicionado. Sentía que me estaba derritiendo. Tal vez era una buena idea salir del hotel y pasear por el centro o ir a la playa. Después de todo no había paseado por Wellington en todo el tiempo que llevaba aquí.

Tomé mi bolso que estaba sobre la mesita de noche y guardé la llave del cuarto para que no me pasara lo mismo que me pasó en el motel Afrodita. Me colgué el bolso en el hombro, me puse mis zapatos y salí de la habitación.

En el centro de Wellington había muchas cosas por admirar, como las estatuas, los hermosos jardines, la biblioteca central de Wellington, los edificios y muchas cosas más. Pero lo que más anhelaba por ver era el jardín botánico, había visto demasiados anuncios invitando a la gente para que fueran porque se estaba realizando una confraternización entre los lugareños y los turistas. Era algo así como una mezcla de todo tipo de culturas para compartir; habría comidas, shows y muchos más.

Tomé un taxi que me llevó hasta mi destino. Estaba emocionada por todo lo que iba a ver y a las personas que pretendía conocer. Compré una manilla para entrar al jardín botánico y poder ser miembro de la confraternización. Entré al lugar y me quede anonada ante el jardín de bosque nativo protegido. Había un montón de colecciones de plantas y de exhibiciones estacionales. También había una variedad de especies extranjeras, incluyendo una extensa rosaleda. Me adentré más en el lugar y pude apreciar que había muchos senderos serpenteantes en el jardín que llevaban a la colina. Si miraba hacia arriba podía ver los focos que se usan para navidad como si fuera un techo que cubría casi todo el jardín. En el jardín se encontraba un gran invernadero de estilo Victoriano, la casa de la Begonia, la rosaleda de Lady Norwood, y el Treehouse Visitor Center, también había un estanque de patos, e incluso un lugar para observar luciérnagas visibles a lo largo de los paseos en el jardín principal.

Todo era maravilloso, parecía salido de una fantasía o un sueño. Ya veía por qué este lugar era uno de los más visitados por los turistas en Wellington, era increíble y valía totalmente la pena conocerlo.

Seguí el camino de un sendero que terminaba justo en frente de un árbol que estaba decorado con luces y debajo de sus ramas había una mesa con una gran variedad de comida. Al rededor habían personas de todas partes del mundo de gustando la comida. Pude distinguir americanos, alemanes, italianos, españoles y muchos más. Me acerqué tímidamente porque estaba sola, simplemente quería observar todo de más cerca.

Justo era en estos momentos donde deseaba tener una cámara fotográfica aquí para guardar el recuerdo de este momento. Todo estaba bellamente decorado con luces y flores. Sin mencionar el delicioso y exótico olor que había a distintas rosas y flores.

― ¿Cómo te llamas? ―se me acercó una joven que parecía ser de mi edad y que llevaba un papelito prendido en su blusa donde decía "coordinadora"― Mi nombre es Connie.

―Anabelle ―le respondí con amabilidad― Un gusto conocerte.

―De Francia ¿cierto? ―me preguntó.

―Sí. ¿Se nota mucho el acento?

―Un poco ―me sonrió― ¿Cuánto tiempo llevas aquí en Wellington?

―Tres semanas y media.

Mientras hablaba con Connie cruzaba los dedos para que no haya visto el periódico o alguna revista que delatara que me había estado quedando en la villa de Landon. Lo último que quería era que pensara que era su amante porque tal vez ella podría ser mi amiga.

―Bastante tiempo como para que ya hayas conocido todos los lugares turísticos, así que voy a suponer que estas no estás de vacaciones sino por otras razones.

―Supones bien ―dije nerviosa― Estoy aquí porque me uní a una fundación de caridad para niños huérfanos y abandonados.

― ¿Te uniste a la fundación de Landon Bloomberg? Bueno no debería ni preguntar eso porque es la única fundación que solo se dedica a ayudar niños.

―Sí, exactamente esa ―me tembló la voz― Aunque no sabía que era la única fundación que se dedica a los niños. Supuse que habría otras.

―Entonces puedo tener por seguro que ya conociste a Landon. Esta buenísimo ¿verdad?

―Mhmm si ―contesté notablemente incomoda y evité la mirada de Connie― Es una buena persona.

―Buena persona mi abuela, quisiera saber si es bueno en la cama ―dijo entre risas― Es el soltero de oro aquí en Wellington, son muchas las que han tratado de atraparlo pero él es demasiado discreto con su vida privada y pocas veces se lo ve en lugares públicos.

―Tal vez ya está saliendo con alguien más y no está interesado en ninguna de las solteras de aquí.

Ay no, no, no. ¿Por qué tuve que decir eso? Había parecido una gata marcando territorio. Fue totalmente involuntario, las palabras salieron sin que pudiera controlarlas, porque escuchar que alguien hable así de él hizo que mi sangre hirviera de celos.

―Tal vez si o tal vez no ―dijo mirándome suspicaz― Y ¿tú tienes pareja Anabelle?

―No ―bajé la mirada― Rompí con mi novio de varios años, no hace mucho.

―Cuanto lo siento ―me dio un apretón en el hombro y me miró con comprensión― ¿Cómo se llama? Tú sabes, tu ex.

―Dante Bassi, es italiano.

― ¿Dante Bassi? 1.80, ojos turquesa, su pelo hasta los hombros y castaño. Porque si es él está aquí y no me refiero a Wellington en especial sino en la confraternización.

Me puse pálida, me comenzó a faltar el aire y sentí como mis piernas me flaquearon. Si no me sostenía a algo iba a perder el equilibrio y a caer de bruces al suelo.

Gracias al cielo Connie lo notó y me agarró del brazo.

No podía ser, tenía que venir a encontrármelo aquí, al otro lado del mundo, donde eran mínimas las probabilidades de encontrármelo. Decir que tenía mala suerte estaba por demás porque era demasiado evidente.

―Tu reacción contesta la pregunta. No te preocupes si no quieres verlo no lo veras.

―No puedo creerlo ―balbuceé― Por qué justo cuando quiero olvidarlo.

Connie me paso un brazo por encima de mis hombros y me llevó hasta una banca cercana.

― ¿Te hizo demasiado daño?

Asentí con la cabeza porque no era capaz de hablar. Amaba a Dante pero me dolía su abandono, saber que él estaba aquí era muy confuso porque no sabía si quería verlo para abrazarlo o para darle una bofetada.

―Los hombres son así, todos son iguales nos tratan como si fuéramos un objeto y no como a personas. Sabes, no eres la única a la que le han roto el corazón, pero entiendo lo que debes de estar sintiendo así que espérame te traeré un vaso de agua.

Connie se levantó y se perdió entre un sendero que se dirigía hacia la colina. Y yo me quedé sentada esperando a que volviera.

Sentía un dolor en el pecho y sabía que era por Dante solo él me hacía sentirme de esa forma. Como si no yo valiera nada por lo que luchar. Aunque no quería sabía que tenía que hablar con él, preguntarle si me dejó por lo que creo o si hubo alguna otra razón. No podía seguir más con esa incógnita en mi cabeza, sino no iba a vivir tranquila nunca.

Me puse de pie y comencé a caminar sin saber a dónde tenía que ir, pero con un objetivo claro que era encontrar a Dante.

Y lo vi, parado frente a una banca donde había más tipos. Reconocí su cabello, su estatura, la forma en la que se quedaba de pie cada vez que esta conversado y hasta su risa que era como melodía para mis oídos.

No sabía si debía acercarme o esperar a que me viera, tal vez si esperaba demasiado toda la valentía que había sacado desde lo más hondo de mí ser se haya esfumado.

Me acerqué con tranquilidad y pensando en que iba a decirle o como iría a ser su reacción al verme. 
¿Y si pensaba que estaba siguiéndolo? Aunque no creo que llegue a pensar eso. Era Nueva Zelanda ni la persona más obsesionada podría perseguir a alguien de París a Italia y de Italia a Nueva Zelanda. Era otro continente que no era para nada cerca del nuestro.

Le di dos golpecitos en la espalda y su risa cesó como la de los tres hombres que estaban en la banca observándome. Lentamente Dante se volteó y al verme casi se le cae la boca al suelo por la impresión.

―Aa... Anabelle ¿qué estás haciendo aquí?

― ¿Podríamos hablar un segundo en privado por favor?

―Claro ―dijo rápidamente― ¿Cómo has estado? ―me preguntó mientras comenzábamos a caminar hacia el lado contrario de la banca.

―Bien y al parecer tu también estas bien. No quiero que pienses que te seguí porque para mí fue una total sorpresa encontrarme contigo aquí.

―No, no claro que no pensé eso. Es prácticamente imposible de todos modos, llegué ayer y me voy mañana a Australia a visitar a mi novia. Solo estoy de paso ―sonrió.

Le di una media sonrisa y miré al suelo porque no quería verlo sonreír. Su sonrisa era mi delirio y no quería volver a caer porque esa sonrisa ya tenía una dueña.

―Tengo que hablar contigo, ya te debes imaginar de que.

―Sí, tengo una idea más o menos.

―Seamos claros Dante, me dejaste sin ninguna explicación y no volví a saber de ti. ¿Por qué te fuiste así? No te costaba nada despedirte y al menos aclararme porque te ibas.

―Sé que hice mal pero después de la noticia que me diste no podía quedarme, siempre supiste cuales eran mis sueños y mis metas. Si me quedaba contigo tenía que renunciar al más grande de todos y no pude. Lo siento.

―Así que si fue por lo que suponía. ¿Ni siquiera por amor fuiste capaz de quedarte o de darme una explicación?

―Anabelle lo que yo sentía por ti no fue amor. Yo pensé que sí, pero me di cuenta cuando conocí a mi actual novia que lo que sentía por ti era cariño y instinto de protegerte ―dijo calmado y con suavidad para no lastimarme― Mas que todo era costumbre a estar contigo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y me quedé sin habla. Que podía decirle si me estaba diciendo la verdad, estaba siendo sincero conmigo. Se fue porque quería alcanzar sus sueños como yo lo hice y eso estaba bien, no me dijo nada porque no quería lastimarme. Aunque era inevitable, el daño ya estaba hecho.

Sabía que él estaba pasando por un momento incómodo, no podía consolarme y tampoco podía irse y dejarme sola.

―Tranquila Anabelle. Lamento haberte hecho daño, no era mi intención pero entenderás que tenía que seguir con mi vida.

Me limpié mis lágrimas con el dorso de mi mano y asentí la cabeza.

― ¿Estamos bien? ―me preguntó.

―Sí, estamos bien.

―Quiero que sepas Anabelle que fuiste alguien muy importante para mí y siempre contaras conmigo. Pero entenderás que mi corazón le pertenece a Allie mi novia.

―Lo mismo digo, solamente quería aclarar todo contigo y sacarme el peso que llevaba conmigo.

Él me sonrió comprensivo y asintió la cabeza. Se acercó a mí y me envolvió en sus brazos.

―Cuídate Anabelle y cuida tu corazón también ―me susurró al oído.

Nos separamos y él se despidió con la mano y volvió con sus amigos que lo estaban esperando.

Lo miré una última vez y caminé devuelta al banco donde había estado anteriormente con Connie y me senté.

Ya sabía la verdad, la culpa de que Dante me dejara era mía y solo mía. Me lo merecía por ser egoísta con él porque solo pensé en lo que yo quería y en mi felicidad sin pensar en la de él.

Sentí una mirada penetrante que se me clavaba en la espalda. Tenía una idea de quién era pero con tantas revelaciones hoy no tenía ganas de discutir o llevar la contraria a nadie. Me di la vuelta y Landon estaba caminando hacia mí. Tan hermoso y atractivo como siempre.

―Te fuiste ―me dijo al llegar hasta mi― No me dijiste nada.

Me sentí culpable y ridícula por lo que había hecho. Me arrepentí de haberme ido como me fui luego de todo lo que él había hecho por mí.

―Lo siento ―fue lo único que se me ocurrió decir.

―No tienes que disculparte es solo que no me gusta que se metan en mi vida personal y al publicar la noticia me molestaron pero me molestó más todo lo que dijeron de ti -me explicó.

―No hay problema Landon, nosotros sabemos la verdad y eso es lo que importa.

―Ahora lo sé. Perdóname tu igual por todo lo que te dije ―me agarró las dos manos y entrelazó nuestros dedos.

―Ya estas perdonado ―le sonreí.

―Estabas llorando ―me miró con preocupación― ¿Qué pasó?

―Si ―le respondí porque sería ridículo mentirle cuando todavía seguía derramando lágrimas― Nada por lo que debas preocuparte.

Le sonreí y él me limpió las lágrimas que resbalaban por mis mejillas con sus besos.

―Nunca te vuelvas a ir así, por favor.

―No te prometo nad...

Antes de que pudiera terminar de hablar Landon de abalanzó sobre mis labios y me besó con desesperación. Me envolvió con un brazo mi cintura, mientras que con la otra mano me agarraba la nuca para acercarme más a él.

Tal vez enamorarme de Landon no era tan mala idea.

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Aceptaré mi castigo. Si quieren lincharme háganlo, me lo merezco por no subir capítulo. En serio que les pido disculpas a todas las personas que leen esta historia y que esperaron pacientemente por un capítulo, no tengo pretexto para decirles porque no subía es que simplemente no sabía que escribir estaba cero creatividad. Pero mírenlo tiene sus ventajas esperar porque les llega un capítulo largo y en donde podrán aclarar dudas y sembrar otras. Si soy demasiado mala. Bueno quería comentarles que he visto que a medida que subo capítulo veo que son menos las personas que leen y que dan me gusta. Sé que sonare demasiado cargosa pero porfa recomienden la historia a sus amigos, familiares a quienes quieran y si les gusta nada les cuesta regalarme un voto y si quieren decirme que les pareció me pueden dejar un comentario. 
No tengo nada más que decir, así que hasta el próximo capítulo.

Ps. La foto del multimedia son algunas partes de cómo me imagino el Jardín Botánico de Wellington.

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