Un año sabático

Anabelle Moreau tiene todo lo que puede desear. Un trabajo como pianista, amigas que trabajan con ella y un lujoso ático. A pesar de todo hay algo que le hace falta y se resiste en probar de nuevo: enamorarse. Sin embargo ella comenzará a reconsiderarlo cuando conoce a Landon Bloomberg.

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9. Capítulo VIII : Perdidos

Llevé las cajas hasta el depósito y las apilé junto a las demás que había llevado antes.

Estaba exhausta de alzar tanto peso, llevaba toda la mañana acarreando cajas con donaciones que habían llevado a la fundación porque organizamos una campaña de solidaridad para que la gente de Wellington dejara cosas que ya no utiliza y nosotros las distribuiríamos a todos los orfanatos. Sin embargo no se cuanto tiempo iremos a tardar en distribuir todas estas cosas ya que son demasiadas.

Había llegado a la conclusión que los neozelandeses son personas muy generosas y solidarias, desde que hicimos el anuncio de la campaña, ellos no dudaron en regalarnos cosas y hasta ahora tenemos tantas donaciones que casi habíamos llenado todo el depósito con cajas que contienen ropa y juguetes.

Salí del depósito y cerré la puerta detrás de mí, salí del recinto y observé cómo la gente seguía dejando cosas. Me acerqué a la mesa donde estaban Margaret y Beatriz.

―Anabelle necesitamos tu ayuda por aquí ¿podrías llevarle estas cajas a los muchachos? ―dijo Beatriz una señora mayor que es voluntaria de la fundación.

Apuntó la mesa donde estaban Landon y Raúl organizando las donaciones en cajas con nombres de distintos orfanatos.

―Es que en un momento comenzaran a repartir las donaciones y mientras más rápido comiencen mejor ―me explicó.

―Claro ―le respondí.

Me daba terror acercarme a la mesa donde estaba Landon, no lo había visto o hablado con él desde que nos besamos, ya que ese mismo día él viajó con el pretexto de un viaje de negocios Aunque los dos sabíamos muy bien el motivo por el cual había viajado por tres días.

Yo no tuve las agallas para irme de Bloomberg Hall mientras él estuvo de viaje, no me pareció correcto irme sin avisarle antes, por eso tomé la decisión de esperar a que él llegara para irme.

Mientras él estuvo fuera me concentré solo en la fundación y pasé parte de mi tiempo enseñándole a tocar el piano a los niños que traíamos aquí. También planeé con todos los que trabajan conmigo en la fundación, la campaña de solidaridad y eso me mantuvo ocupada la otra parte de mi tiempo. Rara vez pensé en Landon durante el día pero en las noches era diferente, solo podía pensar en él y cuando lograba dormirme él aparecía en mis sueños.

Hoy trataría de hablar con él y decirle que iba a irme de la villa y que estoy muy agradecida por todo. No podía continuar mas viviendo con él, no era bueno para mí.

Caminé insegura hasta la mesa donde estaba Landon, me aferré a la caja que llevaba en mis manos y me acerqué, él me miró con una sonrisa en su rostro y dejó de hacer lo que estaba haciendo para prestarme atención.

― ¿Que llevas ahí? ―me preguntó refiriéndose a la caja.

―No lo sé, supongo que son juguetes por el peso. Beatriz me dijo que te los trajera ―le respondí.

―Muy bien ―me contestó y recibió la caja que le tendí. Estaba dándome media vuelta para marcharme cuando me habló nuevamente― Anabelle antes de que te vayas, quería preguntarte si podrías acompañarme a repartir estas cosas, iba a ir con Raúl pero se le presentó un asunto importante con su familia y no podrá ir.

―Mmm, bueno yo había quedado en ir con Margaret a comer luego de acabar aquí, pero es más importante ir a repartir estas cosas.

―Si no puedes ir no hay problema, podría preguntarle a alguien más.

― ¡No! ―le respondí rápidamente― Yo iré.

Me sentía nerviosa pero también quería hablar con él. En algún momento tendríamos que hablar sobre lo que pasó el otro día y también tenía que decirle que me iría de la villa.

―Después de todo yo vine aquí por los niños ―continué.

Landon asintió y recogió dos cajas y caminó hasta su Range Rover Evoque. Hice lo mismo que él y lo seguí, colocamos las cajas en la cajuela del auto y volvimos hasta la mesa para recoger más cajas y dejarlas en el auto.

***

― ¿Estás seguro que es por aquí? ―le pregunté― Es la tercera vez que veo ese árbol -apunté un árbol que se encontraba a la izquierda de la carretera.

―Según la dirección es por aquí, pero yo tampoco estoy tan seguro ahora.

―Deberías llamar al orfanato para que te den la dirección correcta.

Landon aparcó el auto a un lado de la carretera, sacó su celular del bolsillo trasero de su pantalón, marcó un número y se bajo del auto para hablar tranquilo.

Tenía miedo de que nos hayamos perdido porque ya estaba oscureciendo y este orfanato es a las afueras de Wellington.

Hace como unos veinte kilómetros atrás que no veo letreros de gasolineras, posadas o restaurantes; no entiendo cómo es posible que hayamos estado dando vueltas al mismo lugar, solo espero que le den la dirección correcta del orfanato y podamos llegar y tal vez pasar la noche ahí o en una posada cerca ya que va a ser muy tarde para volver a la villa.

Escuché a Landon cortar la llamada y caminar de vuelta al auto.

―Malas noticias ―me dijo y a mí se me paralizó el cuerpo del solo hecho de afirmar que estábamos perdidos― No sé en qué momento entré por el desvío incorrecto y estamos muy lejos del orfanato, pero no te preocupes porque ya sé dónde estamos y me encargué de buscar en el GPS de mi celular algún lugar donde podamos pasar la noche y lo único que encontré a unos kilómetros de aquí fue un motel. Si estás de acuerdo podemos pasar la noche ahí.

―Por mí no hay problema. Mañana temprano iremos a dejar las cosas al orfanato y es mejor si estamos cerca, así evitamos perdernos de nuevo.

―Bien pero solo si es que no estás muy cansada iremos.

***

Llegamos al motel Afrodita, Landon aparcó el auto en el estacionamiento y luego los dos bajamos y entramos en la recepción. Detrás del escritorio estaba una mujer regordeta durmiendo con una revista de chismes sobre sus piernas.

Me acerqué al escritorio y presioné la campanilla que estaba ahí, mientras Landon esperaba detrás de mí.

La mujer sobresaltada abrió los ojos, se puso de pie y soltó una risita nerviosa.

―Discúlpenme es que en esta época no acostumbro a tener muchos clientes y me he quedado dormida ―nos dijo avergonzada e incómoda la mujer― Pero, ¿En qué puedo servirles?

―Queremos dos habitaciones para pasar la noche ―respondió Landon.

La mujer abrió un cuaderno que tenia sobre el escritorio y comenzó a hojearlo.

―La habitación veintitrés y veintidós están disponibles ―dijo la mujer al mismo tiempo que volteó para descolgar las dos llaves de unos gancho que habían en la pared― ¿Pagaran con crédito o efectivo?

―Efectivo ―respondió Landon y acto seguido sacó su billetera del bolsillo trasero de sus vaqueros.

―Serán cincuenta dólares neozelandeses por las dos habitaciones.

Él le extendió el dinero y recibió las llaves de las habitaciones.

― ¿A nombre de quien registro las habitaciones? ―preguntó la mujer.

―Landon Bloomberg.

La mujer al reconocer el nombre de Landon levantó la mirada del cuaderno y lo miró por un momento y luego me miró a mí con cara de asombro. Y como no iba a estar asombrada si no todos los días tiene de cliente a uno de los hombres más ricos del mundo.

Landon carraspeó y ella continuó escribiendo.

―Necesito que firme aquí se... señor Bloomberg ―dijo nerviosa la mujer mientras apuntaba el cuaderno.

Él recibió el bolígrafo que la mujer le tendió y firmó el cuaderno mientras en su rostro tenía una sonrisa con cierto aire de gracia y arrogancia por la reacción de la mujer.

En toda esta situación yo me mantuve al margen pero no puedo negar que tenía ciertas ganas de reír por la cara que tenia la mujer pero por educación no lo hice.

***

Estaba recostada en la cama con la sabana y el cobertor hasta el cuello, no podía dormir porque no tenía sueño y tampoco estaba cansada, podría atribuirle a mi falta de sueño el tormento que estaban siendo mis pensamientos por el hecho de que Landon estaba recostado en una cama a solo una pared de distancia de mí.

No había tenido oportunidad para hablar con él sobre lo que ocurrió entre nosotros, para aclararle que fue un error y de mi decisión de irme de la villa.

Tal vez sería bueno que habláramos sobre eso ahora y así podría comenzar mañana a buscar alguna casita para alquilar y así irme lo más pronto posible.

No era bueno para mí convivir con Landon bajo el mismo techo si había atracción entre nosotros. No podía permitirme a misma tener una aventura con él. Tengo que concentrarme en mis prioridades que ahora mismo son los niños, para lo que vine hasta Wellington. Gracias a Landon no me he podido concentrar del todo en los niños y es que nunca me esperé que vendría aquí y me comenzaría a gustar un hombre, después de todo uno de los motivos a parte de los niños por los cuales vine hasta aquí fue para olvidar a los hombres y concentrarme en una actividad productiva, pero al parecer el destino tiene otros planes para mí.

Me puse de pie y me coloqué un albornoz que estaba colgado en el armario de la habitación. Amarré el cinturón en mi cintura y abrí la puerta. Caminé hasta estar frente a la puerta de la habitación en la que se está quedando Landon.

No sabía si tocar o no la puerta, que tal si ya estaba dormido y se molestaba conmigo por interrumpir su sueño. Tal vez no era tan buena idea hablar con él ahora.

Sacudí mi cabeza y me di media vuelta para volver a mi habitación.

Que estaba pensando cuando decidí hablar con él a esta hora. Creo que no soy lo suficientemente valiente como para enfrentarlo y arreglar las cosas.

Agarré la manija de la puerta y traté de abrirla pero esta no cedió.

Y ahí fue cuando recordé que en ningún momento recogí la tarjeta para abrir la puerta cuando salí para hablar con Landon.

¿Ahora que iba hacer?, la ventana también estaba cerrada no había forma de entrar.

No me quedaba de otra más que tocar la puerta de Landon y contarle lo que me pasó pero él me preguntaría porqué salí de la habitación y no podía decirle que para hablar con él pero que me desanime y decidí volver a mi habitación y cuando quise entrar me di cuenta de que había dejado la llave dentro. Él pensaría que era una idiota.

Pero no me quedaba de otra...

Volví a caminar hasta la habitación de Landon y golpeé suavemente la puerta y esperé a que me abriera.

Tardó un momento en abrir la puerta pero finalmente la abrió y me miró con el ceño fruncido.

De seguro se estaba preguntando porqué estaba ahí, cuando debería estar dormida.

― ¿Te ocurre algo? ―me preguntó preocupado.

Se pasó una mano por el rostro, se estrujó los ojos y luego me miró esperando a que yo le respondiera.

―Me quedé fuera de mi habitación. Salí a tomar aire y olvidé sacar la tarjeta conmigo ―le respondí avergonzada y miré hacia abajo para que no notara que me había ruborizado.

Él se hizo a un lado y con su mano hizo un ademan para que entrara en la habitación. Todavía mirando abajo entré y esperé detrás suyo a que cerrara la puerta.

―Puedes tomar la cama y yo dormiré en el sofá.

―Gracias ―le respondí.

Saqué una almohada de la cama junto al cobertor y los deposité en el sofá. Caminé hasta la cama, me recosté y me cubrí el cuerpo con la sabana.

Landon caminó hasta la puerta de entrada porque al lado estaba el interruptor de la luz.

Y yo no pude evitar echarle una mirada a su cuerpo, ya que cuando me abrió la puerta estaba tan avergonzada que en ningún momento levanté la vista del suelo.

Él solo llevaba sus vaqueros a la cadera con el botón desprendido, dejando ver su trabajado torso y el borde de sus bóxers.

Aparté mi mirada de su cuerpo con un rubor en mis mejillas. Gracias al cielo él había apagado la luz y no pudo notar mi escrutinio.

Si antes no podía conciliar el sueño porque Landon estaba a una pared de distancia, ahora peor que estábamos compartiendo habitación. Estaba muriéndome de los nervios y me sentía ansiosa aunque él ya hace un buen rato que se había dormido, lo sé porque podía escuchar sus leves ronquidos.

***

Desperté por el ruido de la ducha, estrujé mis ojos y me puse de pie. Miré a mi alrededor y recordé lo de anoche y no pude evitar sentirme una estúpida.

¿A quién se le olvida dejar la tarjeta en la habitación? Solo a mí tenía que pasarme este tipo de cosas por despistada.

Me acomodé bien el albornoz, el cual llevaba desde anoche porque había dormido con el puesto. En lo que me disponía para abrir la puerta de la habitación, Landon apagó la ducha y luego de un momento abrió la puerta del baño y salió con una toalla liada en su cadera.

―Perdón ―me dijo al verme― Pensé que seguías dormida.

Me relamí los labios inconscientemente al verlo.

Que hacia este hombre para verse tan condenadamente sexy con sus pequeñas gotas cayendo de su pelo y de su cuerpo, tenía unas terribles ganas de saltarle encima.

Cuando me di cuenta de que estaba tan sumida en mis pensamientos que no aparté la vista de su cuerpo y que él seguía mirándome me ruboricé al instante.

―Acabo de despertar pero ya me estaba yendo, así podrás cambiarte más tranquilo ―le respondí nerviosa― Iré a buscar a alguien a la recepción para que me den otra tarjeta de mi habitación.

―Me parece bien ―me contestó con una sonrisa en el rostro― Te veo luego.

 

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