Un año sabático

Anabelle Moreau tiene todo lo que puede desear. Un trabajo como pianista, amigas que trabajan con ella y un lujoso ático. A pesar de todo hay algo que le hace falta y se resiste en probar de nuevo: enamorarse. Sin embargo ella comenzará a reconsiderarlo cuando conoce a Landon Bloomberg.

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6. Capítulo V : Conociendo a los niños


Estaba bajando las escaleras para ir al comedor a desayunar, cuando me encontré a Landon hablando por su celular, al verme sonrió y me hizo una seña para que esperara que terminara de hablar.

Me apoyé en la balaustrada de las escaleras y miré a Landon que estaba concentrado en su conversación. Él llevaba un exquisito traje gris Armani y una impecable camisa blanca, combinados con una corbata roja de seda de la mejor calidad también Armani y unos gemelos de oro macizo. Como de costumbre, llevaba el pelo peinado hacia atrás y estaba recién afeitado. Sus zapatos negros italianos, tan pulidos que parecían espejos, debían de costar una pequeña fortuna.

Cortó la llamada y se acercó hasta mí.

―Buen día ―me saludó― ¿Qué tal dormiste?

―Bien, ¿Tú?

―Muy bien ―me sonrió.

¿Podría haber algún momento en el que Landon no esté sonriendo? no es que me moleste solo que todo el tiempo esta con una sonrisa en el rostro haciéndome sentir cada vez mas atraída hacia él.

― ¿Vamos a desayunar? ―me sacó de mis pensamientos.

―Claro, vamos ―le dije volviendo a la realidad un poco ruborizada por todos los pensamientos que estaba teniendo sobre él.

Me sujetó el brazo con su mano, bronceada y ancha. Tenía la muñeca fuerte y los dedos largos y estilizados. No llevaba anillos, pero si llevaba un reloj Cartier de oro con diamantes incrustados.

Llegamos hasta el comedor y el desayuno ya estaba servido. Nos sentamos en los mismos lugares de la noche anterior y comenzamos a comer en silencio.

***

Estábamos en la tercera planta de la casa, Landon insertó una tarjeta corporativa en el ascensor que daba acceso al helipuerto situado en la azotea de la casa.

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron, dándonos acceso al pequeño vestíbulo previo al helipuerto. Había un helicóptero negro con franjas blancas con el nombre de National Petroleum, esperándonos en la pista.

Landon había comprado el helicóptero con el motivo de transportarse cuando tuviera que ir a reuniones con personas importantes, para ir a la oficina y al recinto oficial de la fundación. Pero lo que yo creo es que lo compró porque le gustan los helicópteros tanto como los autos.

Landon saludó con un gesto a un técnico uniformado y entonces me ayudó a subir al aparato y luego él hizo lo mismo.

― ¿Aquí iremos a la fundación? ―le pregunté.

―Sí, claro ―me respondió y comprobó una serie de interruptores. Se puso unos auriculares, para luego pasarme unos a mí― Abróchate el cinturón ―me avisó y él hizo lo mismo.

― ¿Tú vas a pilotear esto? ―le pregunté titubeando.

―Sí, pero no te preocupes tengo licencia para hacerlo. Pase clases durante meses cuando compré el helicóptero ―me dijo tratando de tranquilizarme.

Suspiré con alivio y me relajé en el asiento.

Landon aterrizó el helicóptero en una pista que estaba al lado de la fundación. Me ayudó a bajar del helicóptero y me agarró automáticamente del brazo. Yo sabía que solo era un gesto educado, pero tuve que tragar saliva.

Cuando su piel hizo contacto con la mía me hizo sentir un cosquilleo. Y estaba tan cerca... Landon me parecía más alto y más masculino que nunca.

Incluso podía oler su loción de aftershave y su perfume masculino. A su lado, yo parecía muy pequeña y eso despertó una sensación de vulnerabilidad que me sorprendió. Esto nunca me había pasado con ningún hombre.

Últimamente pensaba demasiado en Landon. Y eso no podía llevarme a ningún sitio.

Caminamos hasta llegar al lugar de la fundación. Afuera tenía un letrero con el nombre Bloomberg, niños con una causa. Fundación para niños huérfanos.

Entramos y había una recepción, dos sofás y una máquina de café.

Landon saludó a la recepcionista con movimiento de cabeza y seguimos caminando por un pasillo a la izquierda, paramos fuera de una puerta blanca y dentro se escuchaban niños hablando y riendo.

Me emocioné porque estaba a segundos de conocer a niños que necesitaban de mí, no por aprender a tocar el piano, sino porque necesitaban cariño y yo estoy más que dispuesta a dárselos.

Abrí la puerta y todos los niños volcaron a vernos a Landon y a mí.

Todos los que estaban en el cuarto parecían tener desde los ocho años para arriba.

―Chicos y chicas, ella es Anabelle Moreau, la nueva voluntaria de la fundación ―me presentó Landon― Espero que la traten bien durante el tiempo que estará con nosotros.

Una chica que estaba al fondo del cuarto, levantó la cabeza de golpe cuando escuchó mi nombre y abrió mucho sus ojos cuando me vio.

― ¡Estas aquí! ―gritó la chica y corrió hacia donde yo estaba y me abrazó― Sabia que vendrías.

― ¿Antonia? ―le pregunté.

―Sí, soy yo.

Le correspondí su abrazo y apoyé mi cabeza en la de ella.

―Te prometí que vendría y aquí estoy.

―Lo sabía, sabía que vendrías ―dijo mientras estrujaba su cabeza en mi pecho.

―Me alegro de que hayas creído en mi promesa. ¿Como estas?

―Estoy bien, gracias.

― ¿Quieres pasar tu primera clase de piano ahora? ―le sonreí con cariño.

―Sí, sí y sí ―gritó con emoción y alegría.

Busqué a Landon con la mirada y él estaba apoyado en el marco de la puerta mirándonos a Antonia y a mí. Nuestras miradas se conectaron y le regalé una cálida sonrisa que él me devolvió.

Yo estaba aquí gracias a él, estaba disfrutando gracias a que él acepto mi colaboración con la fundación. Toda esta alegría que estaba sintiendo se la debía a él y de alguna u otra forma se la devolvería.

Cerré los ojos y disfruté del cariño que me estaba brindando con un abrazo la personita que tenía entre mis brazos.

― ¿Sabes dónde está el nuevo piano que trajo Landon? ―le pregunté a Antonia separándome de nuestro abrazo.

―Sí, está en la sala de al lado. Ahora temprano nos lo mostraron y ahi supe que vendrias.

―Déjame que le pregunte a Landon que opina de la idea de las clases y luego yo te aviso ¿Bueno?

―Sí, yo esperare allá con mis amigas ―apuntó a un circulo de niñas que hablaban y reían entre ellas.

―Claro, ahora vuelvo.

Me acerqué hasta Landon con una sonrisa en el rostro y me paré justo en frente de él que me miraba con una mirada curiosa y con los brazos cruzados en su pecho.

― ¿Qué tal la estás pasando? ―me preguntó.

―Excelente, pero vengo a preguntarte si podemos ir a la sala donde está el piano para que comience a impartirles clases a los que les interese y tal vez hasta toque un par de melodías antes.

―Me parece una grandiosa idea.

Toda la mañana la pasé tocando melodías con las niñas, mientras los niños estaban sentados en el suelo mirándonos y disfrutando de la música. Al medio día fuimos al comedor y yo ayudé a servir el almuerzo para los niños.

Por su parte Landon una hora antes de que vayamos al comedor, se disculpó porque tenía que ir a su oficina ya que tenía varias reuniones pendientes, pero prometió volver a las tres para recogerme.

Ya había almorzado con las colaboradoras que estaban en la fundación. Todas eran muy amables. Y a los niños ya los había recogido un bus que los llevaría a su orfanato.

Todos estábamos descansando. Realmente fue un día duró, entretener a los niños y hacerlos jugar es una tarea muy difícil pero todo vale la pena con tal de verlos felices y alegres.

―Anabelle ―me llamó Margaret una de las colaboradoras, mientras entraba en el recinto― Landon ya llego para recogerte.

―Gracias ―me levanté de la silla donde había estado sentada descansando y caminé hasta la puerta de entrada― Adiós, nos vemos mañana ―me despedí de todos en la habitación.

―Que te vaya bien con tu novio ―dijo Raúl un chico que trabaja con la fundación.

Me ruboricé y abrí mis ojos muy grandes.

―Él no es mi novio ―dije tartamudeando.

―Sí, claro ―dijo con sarcasmo la recepcionista de la cual desconocía su nombre hasta ahora― Él ni siquiera podía quitarte la mirada de encima mientras estabas con los niños y cuando tocabas el piano.

―Y te estás quedando en su villa, donde no lleva a ninguna mujer según dicen los rumores ―terció Margaret que hasta ahora no había dicho nada sobre el tema.

―Pero eso no quiere decir que es mi novio ―crucé los brazos sobre mi pecho y levanté una ceja desafiando a todo el que piense lo contrario― Él solo quiso ser amable por eso me invitó a quedarme en su casa y sobretodo recién lo conocí ayer.

―Todos notamos como te miraba ―dijo Raúl.

Abrí la puerta y salí pero antes me di la vuelta y miré a todos con una sonrisa en el rostro.

―No es mi novio ―dije en un tono bajo para que Landon no escuchara.

Di media vuelta y caminé hasta el Porsche deportivo color negro que estaba afuera del recinto.

Landon estaba apoyado en la puerta de pasajero con las manos en los bolsillos del pantalón de su traje y estaba sonriendo de lado con coquetería.

―Pero lo será ―escuché que gritó Margaret desde adentro y no pude evitar soltar una carcajada.

Llegué al lado de Landon y noté que me miraba con curiosidad.

― ¿A qué se refería Margaret con eso? ―me preguntó Landon.

―Nada ―le respondí nerviosa― Ella solo estaba bromeando.

― ¿Sobre qué?

―Sobre una broma entre las dos, nada importante ―jugué nerviosa con mis manos y decidí cambiarle el tema― Veo que ahora no vamos en el helicóptero.

―Bueno, si no me quieres decir... ―dijo con resignación― Y mi piloto fue a recogerlo a la empresa para que yo pueda venir aquí en el Porsche.

Suspiré aliviada y agradecí que él no hubiera insistido más sobre el tema. Porque no hubiera sabido que responderle y admitirle que me estaban molestando con el tema de que él es mi novio, no era una opción decirselo. Nunca podría decirle que las colaboradoras piensan que tenemos una relación íntima.

Me abrió la puerta de pasajero. Lo miré un momento a los ojos y me adentré en el auto. Él lo rodeó con elegancia y se subió a su lugar. Encendió el auto y arrancó.

 

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