Un año sabático

Anabelle Moreau tiene todo lo que puede desear. Un trabajo como pianista, amigas que trabajan con ella y un lujoso ático. A pesar de todo hay algo que le hace falta y se resiste en probar de nuevo: enamorarse. Sin embargo ella comenzará a reconsiderarlo cuando conoce a Landon Bloomberg.

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5. Capítulo IV : Bloomberg Hall

Me miró levantando sus cejas, mientras esperaba una respuesta de mi parte. Comencé a jugar nerviosamente con mis manos y bajé la mirada hacia el suelo.

―Supongo que tendré que quedarme en tu casa ―susurré.

―Bien ―dijo él entusiasta― Es mejor que vayamos primero a mi casa así puedes descansar, después de todo tu viaje ha sido muy largo y debes estar cansada.

―Sí, tienes razón estoy muy cansada.

Landon se inclinó hacia adelante y tocó el vidrio que dividía la cabina donde estaba el chófer de la parte donde nosotros estábamos sentados.

Después de darle indicaciones al chófer, Landon se sentó de vuelta en donde había estado sentado unos segundos antes.

―Mañana te llevaré a conocer a los niños de la fundación, hasta conseguí un piano para que comiences a darles clases.

―Excelente ―sonreí― Y es muy amable de tu parte el haber conseguido el piano.

―No tienes que agradecerme. En realidad soy yo él que tiene que agradecerte. Gracias por participar en la fundación.

―No es nada ―le contesté― Lo hago porque me gusta.

― ¿Por qué elegiste Nueva Zelanda?

―La verdad fue porque una niña huérfana de aquí, me escribió una carta. Su carta fue muy conmovedora.

― ¿Si? ¿Cuál es su nombre? ―me preguntó Landon.

―Antonia ―le contesté.

Se quedó un momento pensando y frunció su ceño cuando pareció darse por vencido.

―No la recuerdo.

―No pretendas recordarlos a todos después de todo conoces a muchos niños. Tu fundación ayuda a todos los orfanatos de Wellington.

Estuvimos charlando todo el camino hasta la casa de Landon. Cuando vi la entrada de su casa me quedé con la boca abierta. La definición casa no le hacía justicia, era una gigantesca villa.

La entrada consistía en una gran verja negra de hierro, enclavada a unos muros de piedra de casi dos metros que rodeaban toda la villa. A la derecha de la entrada había una roca muy grande donde tenía grabado "Bloomberg Hall". Y a la izquierda se encontraba una caseta de vigilancia con dos guardias custodiando la entrada.

Ellos al reconocer la limusina abrieron la verja.

Subimos por un camino empedrado y bordeado por árboles flanqueados a los dos lados del camino. Los alrededores de Bloomberg Hall eran esplendorosos: Prados bien cuidados con flores de todos los estilos y arbustos de múltiples variedades. Casi al final del camino había una curva, la cruzamos y se abrió un amplio camino de entrada frente a una impresionante y gigantesca casa estilo mediterráneo, color beige con hiedra trepando por los muros, de tejas rojas que brillaban bajo el sol rodeando la azotea. La casa estaba en lo alto de una colina que estaba en medio de jardines formales con fuentes de agua. Un jardín digno de un palacio. Frente a la entrada, había una gran fuente de agua con flores al rededor. Al lado de la casa había un garaje donde se podía visualizar varios autos.

Aunque había decidido no mostrar entusiasmo alguno, la belleza de la casa hizo que la frase saliera de mis labios sin que pudiera evitarlo.

―Qué bonito ―murmuré.

Cuando la limusina se detuvo frente a la escalinata, una cantidad de sirvientes algo exagerada estaban parados ahí para darme la bienvenida.

El chófer salió de la limusina y abrió la puerta trasera. Se apartó dejando que Landon saliese, cuando el salió de la limusina se dio la vuelta y me tendió la mano para ayudarme a salir. Con gusto la tomé y salí sin dificultad.

No podía creer lo que estaba ante mis ojos, la casa era preciosa. Me encantaba el estilo mediterráneo. Los balcones que rodeaban la segunda y tercera planta de la casa le daban un toque elegante y hermoso. Sin duda esta villa debió costar muchos millones.

Sentí la mirada escrutadora de Landon pero no me convencí a mirarlo. Tenía que admitir que me ponía muy nerviosa su presencia. Bajé mi mirada al suelo esperando a que me llevara adentro pero eso no pasó. La curiosidad me venció y lo miré, él tenía una sonrisa de satisfacción en el rostro.

― ¿Te gusta? ―me preguntó con una sonrisa en el rostro.

Se lo veía tan bien, con las manos en los bolsillos de su pantalón en una pose totalmente despreocupada y con una mirada relajada. Yo debía estar hecha un desastre después del largo viaje y peor por los nervios que no me habían abandonado desde que vi a Landon en el aeropuerto.

― ¿Que si me gusta? Tienes un gusto exquisito Landon ―lo halagué con una voz que traté de hacer sonar despreocupada pero que se escuchó muy chillona para mi gusto.

―Me alegro de que te haya gustado ―se acercó a mí y me tomó por el brazo― Mira todos ellos trabajan aquí y estarán a tu disposición para servirte en lo que quieras ―me dijo y apuntó a toda la gente que estaba en fila al frente de nosotros, les sonreí amablemente y les hice un gesto con la cabeza como saludo― Ahora entremos.

Subimos la magnífica escalinata de la casa que acababa en un hermoso pórtico flanqueado por gigantescas columnas. El pórtico tenía sillones de mimbre y unas hamacas de madera color café chocolate. Abrió la puerta doble de madera y hierro en forma de arco que era por lo menos de un metro de altura; me condujo dentro de la casa. Entramos a un enorme y fabuloso vestíbulo. En medio del amplio vestíbulo había una mesa redonda donde encima había un florero muy elegante de cerámica pintado a mano y tenía unos hermosos lirios adornándolo. En frente había unas escaleras grandes e imponentes en espiral con la balaustrada de hierro negro. El techo era una cúpula de la que colgaba justo en medio de las escaleras una inmensa y fabulosa araña de cristal, con cristales multicolores.

Me quedé sin palabras.

Pasamos bajo un marco en forma de arco y nos adentramos en la sala principal que estaba dos escalones más abajo del nivel del piso. Paredes beige, pisos de mármol antiguo, cortinajes de brocado en los altos ventanales, arañas de cristal y muchas pinturas valiosas con elaborados marcos dorados esparcidos por doquier. La casa por dentro estaba decorada entre clásico y moderno, un poco de las dos. Estaba amueblada con un mobiliario muy elegante y lujoso. Tenía flores decorando en algunos lugares estratégicos, había tres sofás beige de terciopelo, una hermosa alfombra persa sobre el lustroso piso de mármol y la chimenea de piedra estaba en frente de los sillones, encendida dándole un ambiente cálido al lugar.

―Me encanta tu casa. Es muy acogedora ―le comenté mientras caminábamos.

―Gracias, te haré un recorrido luego.

Landon caminó hacia las escaleras todavía sujetándome el brazo. Subimos sin decir palabra alguna y cuando llegamos a la planta de arriba, esta estaba rodeada por pasillos que conducían a distintas habitaciones. Caminamos hacia la derecha y recorrimos un gran pasillo, al final había una puerta doble de caoba. Cuando llegamos a esta paramos en frente.

―Esta es tu habitación ―me reveló Landon.

Dio un paso hacia adelante y abrió las puertas. Yo me quedé fascinada con la exquisita decoración.

La habitación, era preciosa no habían palabras para describir lo hermosa y elegante que estaba decorada. Era el dormitorio más suntuoso que había visto jamás. Era enorme, con cielo abovedado soportado por columnas. El suelo relucía como si fuera un espejo. Pesadas cortinas de brocado blanco cubrían los enormes ventanales y tenía una hermosa terraza con vista al jardín trasero. La habitación estaba decorada en tonos pasteles. La cama era grande y de dosel blanco, con cortinas de seda color celeste pálido y estaba decorada con ricas telas. Todos los muebles de la habitación hacían juego con la decoración.

Me solté del agarre de Landon y me adentré en la habitación observando todo con admiración. Me di la vuelta con una sonrisa y Landon estaba apoyado en el marco de la puerta, mirándome con una sonrisa en el rostro y disfrutando de mi reacción.

De seguro él estaba pensando que nunca en mi vida había visto algo tan lujoso como su hogar y si en realidad lo estaba pensando, está totalmente en lo correcto.

―Las puertas a ambos lados de la cama llevan al cuarto de baño y a tu vestidor ―me indicó Landon.

―Es muy hermoso, gracias.

―Me alegro de que te haya gustado, espero que te sientas como en casa y que si algo te molesta me lo hagas saber ―me dijo él.

―No tengo palabras para agradecerte todo esto ―agarré un mechón de mi cabello y comencé a liarlo en mi dedo― No era necesario que me dieras un cuarto tan lujoso, ni nada por el estilo.

Agradecía a Landon todo lo que estaba haciendo por mí, él estaba tratando de dar una buena impresión y de hacerme sentir a gusto. Sé que él lo hace con la mejores intenciones pero yo vine desde París dejando todo los lujos que tenía para vivir aquí como una persona normal.

No sabía cómo decirle que aceptaría quedarme aquí pero solo por un tiempo y luego pensaba alquilar una casa y mudarme sola, sé que si se lo decía podía parecer grosera y malagradecida pero intentaría decírselo de la mejor manera para que él me comprendiera.

―Tranquila no es una molestia para mi darte todo esto, pero si no te sientes cómoda puedo cambiarte de habitación a una más pequeña.

―Está bien, es solo que desde ahora quiero que no te tomes muchas molestias en mí.

―Como tú quieras ―respondió relajado― Te dejaré descansar ahora. Por tu valija no te preocupes que luego alguien del servicio lo ordenará todo.

―Gracias ―le sonreí y caminé hasta quedar parada frente a él.

―Vendré por ti a las siete para bajar a cenar. La cena siempre la sirven a las ocho. Con el tiempo que tendremos antes podré darte un recorrido para que conozcas la villa.

―Me encantaría, a las siete estaré lista.

Landon me miró por última vez con una sonrisa en el rostro antes de salir por la puerta y cerrarla detrás de él.

Miré a mi alrededor y memoricé todos los detalles de la habitación, lujo a gran escala se me vino a la cabeza. Esto es mucho más lujoso de lo que es mi ático en París. Todo en esta habitación es perfecto desde el papel tapiz de las paredes hasta las alfombras que estaban esparcidas por la habitación. Caminé hasta la acogedora cama y me recosté en el mullido colchón que estaba acomodado con un edredón y sabanas de seda. Tenía cuatro cabeceras grandes y varias pequeñas por decoración. No pasó mucho tiempo hasta que me quedé dormida.

Desperté más relajada, me apoyé en mis codos y me senté. Bajé mis pies de la cama hasta que toqué el suelo y me levanté. Me fijé la hora en el reloj que descansaba en la mesita de noche, eran las seis en punto. Me quedaba exactamente una hora para prepararme para ir a cenar. Caminé hasta el vestidor y entré en el, era tan grande que podía hasta usarse como una habitación más pequeña. Mi ropa ya estaba ahí y al parecer mientras dormía alguien entró a ordenar mis cosas. Tomé un vestido blanco de seda, sencillo y un conjunto de lencería blanco de encaje para cambiarme y caminé hasta el baño.

El baño hacia juego con la decoración del dormitorio. Los azulejos eran en un tono de celeste pálido y los accesorios del baño eran dorados. Había una palma en el baño y preciosos platos de cerámica tenían productos de Lancôme y Dior.

Abrí la ducha y me deshice de mi ropa para darme un baño. Luego de salir de la ducha me vestí, me puse unas sandalias color negras y me maquillé. Mi cabello lo cepillé y lo dejé suelto, para finalizar me puse mi perfume de Chanel y unos aretes dorados.

Ahora solo faltaba que Landon llegara para que me mostrara la villa y luego iríamos a cenar al comedor.

Y como si lo hubiera invocado con el pensamiento tocaron la puerta de mi habitación, la puerta se abrió lentamente hasta la mitad y Landon metió medio cuerpo y me buscó con la mirada hasta que me encontró parada al lado del tocador.

―Ahí estas ―me dijo observándome― ¿Estas lista?

―Sí, vamos ―caminé hasta la puerta y Landon se hizo a un lado para que pudiera salir de la habitación.

― ¿Pudiste descansar? ―me preguntó en un intento de comenzar una conversación.

―Sí, la cama es muy cómoda apenas me acosté y me dormí.

―Me alegro ―dijo satisfecho― Vamos al jardín, quiero enseñártelo. Estoy seguro de que te encantará.

Bajamos hasta la primera planta y cruzamos la sala principal hasta llegar a una puerta de vidrio corrediza que contactaba hacia el jardín trasero. Landon la abrió y salimos a una galería donde había unos asientos de mimbre y dos reposeras. Cruzamos la galería hasta llegar al jardín. Todo era maravilloso, tenía fuentes de agua, esculturas y se notaba que el jardín había sido hecho por un paisajista. Todo estaba inundado de flores, árboles y arbustos. Luciérnagas alumbraban zonas que estaban oscuras, otorgándole al lugar un aspecto mágico y de en sueño. Había una zona donde había puros arbustos florales justo ahí, olía a diversas fragancias deliciosas. En medio de todos eso arbustos había una banca de hierro negro, perfecto para sentarse y relajarse leyendo un buen libro.

―Es hermoso ―le dije impresionada y abrí mi boca con asombro.

―Sabía que iba a gustarte ―me tomó de la mano y me jaló para que lo siguiera mientras nos adentrábamos más en el jardín.

Caminamos en medio de un camino que estaba formado por unos arcos de madera con preciosas enredaderas. Al final del camino había una laguna artificial que tenía un puente para cruzar hacia el otro extremo. Landon y yo lo cruzamos y del otro lado había arbustos que no dejaban ver qué había detrás de ellos como si fueran muros. Landon y yo nos adentramos entre el camino que formaban los arbustos y pude apreciar una roca de la cual salían unos toboganes y una cascada que descendían hasta la piscina, a un lado había un jacuzzi, y los dos estaban rodeados por mesas de hierro forjado color negro, sombrillas color caqui y a unos metros de distancia habían unas reposeras. Todo esto estaba escondido detrás de los arbustos. Era increíble poder apreciar como esta villa está hecha a la perfección para satisfacer.

Cuando vuelva a París no dudo de que me mudaré a las afueras de la ciudad para vivir en una villa donde la tranquilidad domine todo y yo pueda relajarme y vivir sin preocupaciones. Claro que no será una tan grande como esta.

Aunque no comprendo como Landon puede vivir en semejante lugar tan grande y sin compartirlo con nadie. Tiene muchas personas del servicio, pero el punto es una familia. Algunas veces él se debe sentir muy sólo, tal vez es por eso que insistió para que me quedara.

―Más tarde después de cenar, si quieres nos podemos dar un baño en la piscina ―dijo Landon sacándome de mis pensamientos.

― ¿De noche? ―le pregunté― De seguro la piscina va a estar muy fría, y vamos a agarrar un resfriado.

Landon llevó su cabeza hacia atrás y soltó una carcajada y luego me miró con gracia.

―No nos meteremos a esta piscina, entraremos a la piscina climatizada que está dentro de la casa.

Lo miré un poco avergonzada y me ruboricé.

―Igual no creo que sea posible, no me he traído bañador.

―En la casa hay varios bañadores nuevos, que puedes utilizar.

¿Por qué hay varios bañadores para mujer aquí? De seguro es una de sus técnicas para llevarse a las mujeres que vienen a su casa por cualquier circunstancia, a la cama. El solo hecho de pensar en eso me da ganas de vomitar.

Iba a contestarle que no gracias hasta que una de las mujeres del servicio apareció.

―Señor, el chef me mando a decirle,, que la comida ya está lista y que puede pasar al comedor.

―Gracias ―Landon le respondió y la mujer se dio la vuelta y volvió a la casa― Vamos ―me dijo Landon y me ofreció su brazo para que caminara junto a él.

Tomé su brazo y así volvimos a la casa. Cuando entramos a la estancia del comedor, pude apreciar una mesa para doce personas. En la mesa había dos lugares acomodados para que nos sentáramos a comer. Caminamos hasta ahí y Landon aparto la silla para que yo me sentara y luego él se sentó en su lugar que quedaba justo en frente del mío.

―Espero que te gusten los mariscos, porque eso es lo que cenaremos ―me dijo Landon.

―Me gustan ―le contesté― Y cambiando de tema ¿A qué hora iremos mañana a ver a los niños?

―Después del desayuno iremos a verlos.

Cenamos y charlamos mientras comíamos. Me contó muchas cosas sobre la fundación de los niños y desde cuando la creo, también me comentó como se decidió a abrir su empresa y que hasta ahora esas dos cosas eran lo mejor que había hecho en su vida.

Ahora nos encontrábamos caminando hacia mi habitación. Llegamos hasta la puerta y nos paramos un momento.

―Hasta mañana ―le dije con intención de entrar a mi cuarto lo más rápido posible.

―Espera un momento ―me tomó del brazo cuando me disponía a entrar a mi cuarto― Por si me necesitas estoy en la habitación de al lado.

―Gracias, te buscaré si tengo algún problema.

―Hasta mañana ―se acercó a mí y depositó un beso en mi mejilla. Su respiración chocó con mi rostro provocando que todos los vellos de mi cuerpo se erizaran y fue como si una corriente eléctrica inundara el aire.

 

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