Un año sabático

Anabelle Moreau tiene todo lo que puede desear. Un trabajo como pianista, amigas que trabajan con ella y un lujoso ático. A pesar de todo hay algo que le hace falta y se resiste en probar de nuevo: enamorarse. Sin embargo ella comenzará a reconsiderarlo cuando conoce a Landon Bloomberg.

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4. Capítulo III : Un buen viaje

―No creo que Landon Bloomberg sea el tipo de hombre que reciba un no por respuesta. Deberías reconsiderarlo.

―La verdad es que no me interesa ―le contesté irritada porque no dejaba de insistir con algo de lo que ella sabía que no saldría ganando.

―Bueno, no necesitas ponerte de mal humor.

―Lo siento ―le respondí e hice una mueca de cansancio― Es que estoy estresada, es solo eso.

―No tiene importancia ―una sonrisa se formó en su rostro― ¿Ya terminaste de pedirme todo lo que necesitas?

―Sí, creo que todo ―suspiré― Espero no olvidarme nada.

―Entonces me retiro y te dejo hacer tu maleta tranquila, estaré en la sala haciendo las llamadas.

―Gracias ―le respondí y ella salió de mi habitación.

Guardé todo lo necesario en mi maleta y saqué mi pasaporte del cajón de mi mesa de noche y lo guardé en mi bolso junto a todos mis documentos. Ya estaba lista y todo estaba bajo control. Estaba más que nerviosa pero iba a tratar de relajarme.

Salí de mi habitación con mi maleta y Gabrielle estaba sentada en el sofá esperándome.

―Hasta que estuviste lista ―suspiró aliviada― Vamos porque si no perderás tu avión.

Cuando llegamos al aeropuerto había una cantidad desconcertante de paparazis esperando para tomarme fotografías y si tenían suerte sacarme información de hacia dónde me dirigía. Con la ayuda de la seguridad del aeropuerto me escoltaron dentro y me llevaron a la sala vip de la aerolínea mientras Gabrielle hacia mi chequeo y depositaba mi maleta. Mientras esperaba a Gabrielle vi un kiosco de revistas, me acerqué con pequeños pasos para echarle un vistazo a lo que había ahí.

No era mala idea comprarme una revista para leer en el avión mal que mal eran muchas horas de vuelo y nunca podía dormir cuando estaba en un avión.

Agarré la primera revista que vi, ya que Gabrielle me hizo señas para que me diera prisa.

Me acerqué hasta el vendedor y le pagué la revista. Luego me encaminé hasta donde estaba Gabrielle.

―Toma aquí está tu pasaje y tú pasaporte ―habló Gabrielle y me pasó un pequeño estuche donde se encontraban mis documentos.

―Gracias ¿y la dirección de la casa donde me quedaré? ―le pregunté mientras guardaba el pequeño estuche y la revista en mi bolso.

―Sí, casi lo olvidaba ―sacó una nota de su bolso y me la entregó― Ahí está la dirección, no te costara llegar si tomas un taxi, la casa está en el centro de la ciudad así que estarás bien ubicada mientras vivas ahí.

Suspiré un poco nerviosa y apreté mis dedos provocando un leve sonido.

No todos los días uno se va de un viaje a la otra punta del mundo donde no conoces a nadie y peor un viaje que va a durar un año.

―No estés nerviosa Anabelle ―Gabrielle me sonrió con dulzura― Estarás bien. Conocerás a gente con un punto de vista diferente al tuyo y podrás aprender más sobre su cultura y sus costumbres. Deberías sentirte muy orgullosa de lo que estás haciendo, no cualquiera lo haría. Me alegra que tengas la fuerza para empezar de nuevo desde lo de Dante. No le digas a Michelle que te dije esto porque si no se molestara mucho conmigo, ya sabes ella quería que hicieras la gira.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y con todas mis fuerzas evité ponerme a llorar, Gabrielle era la madre del grupo que conformábamos Michelle, Gabrielle y yo. Siempre salía con ese tipo de frases reflexivas que hacían que se me ablande el corazón y también daba consejos muy útiles.

Todo lo que me dijo ella hace un momento me llegó al alma, es tan cierto lo que dice y espero que todo se cumpla. Desde ahora estaré muy orgullosa de la vida que estoy a punto de llevar ahora en adelante.

―Gracias Gabrielle no sé cómo expresarte con palabras como me hizo sentir todo lo que dijiste.

―Lo sé ―me agarró una mano con la de ella y me la apretó con cariño― Ya va a ser hora de que subas al avión. Todo va a estar bien, solo trata de relajarte ―dijo haciéndome sentir segura.

―Gracias ―le sonreí y la abrasé― Espero que vayas a visitarme.

―Tenlo por seguro que Michelle y yo iremos a verte.

Llevaba un largo tiempo en el avión, como nunca antes cuando me senté en mi asiento del avión, me dormí. Ahora que estaba despierta no sabía qué hacer, en la pequeña televisión que había en el respaldar del asiento de adelante estaban pasando una película pero ya estaba comenzada así que no tenía sentido que la mirara.

Recordé la revista que había comprado en el aeropuerto de París-Charles de Gaulle y la saqué de mi bolso. Era la revista Forbes la abrí y comencé a ojearla hasta que en un artículo un nombre me llamo la atención.

"Landon Bloomberg, propietario de National Petroleum de Nueva Zelanda. Su producción diaria suma 12.5 millones de barriles de petróleo, lo que la convierte en la petrolera más grande del mundo, también es la primera empresa del mundo en producción de gas natural.

Este año este hombre encabeza el primer lugar en la lista de hombres más ricos del mundo, por primera vez, con un patrimonio neto de $100 billones. Con apenas 27 años ha logrado amasar mucho dinero y emprender su empresa por sus logros, su astucia y por la facilidad que se le da para los negocios.

También forma parte de la exclusiva lista de los hombres más codiciados del mundo, como no es de extrañar con el primer puesto..."

Al lado del artículo había una imagen de Landon Bloomberg.

Mis ojos no podían creer lo que veían, él es un espécimen magnifico. Lucía en la fotografía un traje plomo con pequeñas rayas color beige, llevaba una camisa celeste con rayas blancas y una corbata roja que lo hacía verse sencillamente espectacular con su piel aceitunada.

Ataviado así tenía un aire elegante, sofisticado, misterioso e increíblemente masculino.

Se podía apreciar en la imagen sus fuertes brazos bajo las mangas del traje, sus piernas bien torneadas y su rostro, ay, su rostro era como si hubiera sido tallado a mano. La simetría perfecta de su rostro era sorprendente, tenía pómulos altos, mandíbula ancha, de ojos grandes y profundamente azules y sus labios carnosos y masculinos. El pelo negro azabache peinado hacia atrás lo hacía verse muy guapo.

Ahora entendía la emoción de Gabrielle cuando él se había ofrecido a darme hospedaje, comencé a sentir una punzada de arrepentimiento por no haber aceptado su ofrecimiento.

No sé qué me estaba pasando, me siento hechizada ante la belleza de este hombre y eso que es solo una fotografía. Si me paso esto con solo ver una imagen no quiero saber que pasara cuando lo conozca en persona.

Este hombre hizo que mis hormonas se alteraran como si se tratara de una adolescente en desarrollo. Aleje todos los pensamientos de mi cabeza en los que incluían a Landon y me tranquilicé porque esa actitud no es propia de mí.

Yo simplemente no debía sentirme atraída por ningún hombre, tal vez me comience a gustar y no podría soportar su rechazo. No era correcto que este hombre me pueda gustar, de seguro es un playboy arrogante como son todos los hombres multimillonarios.

Me acomodé bien en mi asiento y guardé la revista en mi bolso.

***

Desembarqué del avión y me encaminé hasta la cinta por donde salen las maletas. Me extrañó ver a un hombre vestido con un traje levantando un letrero con mi nombre.

No recordaba que Gabrielle me haya dicho que algún chófer me iba a recoger para llevarme a la casa donde me iba a quedar. Recuerdo que me dijo que tomara un taxi.

Un poco insegura me acerqué hasta el señor que parecía tener unos cincuenta años.

―Disculpe señorita. ¿Es usted Anabelle Moreau?

―Si soy yo ―le respondí y fruncí el ceño.

Me sonrió, me tendió su mano y yo se la estreché.

―Un gusto conocerla ―el comenzó a caminar y cuando se percató que no lo seguía se dio la vuelta― Sígame señorita la llevaré con el señor Bloomberg, él está esperándola en la limusina.

― ¿Que hace él aquí?

―Vino a recogerla, por supuesto.

Fruncí todavía más el ceño y lo miré entre cerrando mis ojos.

― ¿Por qué? ―le pregunté confundida.

No tenía sentido alguno que ese hombre venga a recogerme al aeropuerto, ni siquiera lo conocía. También no me explicaba como sabía cuándo y a qué hora llegaba mi avión.

―Él no me da explicaciones a mi señorita, simplemente me da órdenes.

Asentí con la cabeza y él volvió a caminar. Yo simplemente me limité a seguirlo.

Llegamos hasta la salida del aeropuerto donde había una limusina negra esperando.

El señor se dirigió hasta la puerta trasera de la limusina y la abrió. De ahí salió Landon con un movimiento elegante y sexy.

Una cosa es mirarlo en una revista y otra mirarlo en persona. Realmente la realidad supera cualquier fotografía.

Landon es increíblemente alto, debía medir un metro noventa y algo, incluso era muy alto para mí que media uno setenta y cinco. El pelo lo tenía peinado hacia atrás y pude apreciar de cerca el azul de sus ojos. Su mirada penetrante estaba enmarcada por unas cejas espesas y morenas. La nariz recta, no le restaba ni un ápice de atractivo a los pómulos altos y al mentón cuadrado. Desde luego, era el epitoma de la belleza masculina. Era tan guapo que parecía mentira, pero era un hombre de carne y hueso.

Su cuerpo era perfecto, tenía brazos firmes y musculosos, tenía el pecho amplio y las caderas estrechas, sus piernas eran largas y bien torneadas. Llevaba un traje negro y una camisa blanca, con una corbata color amarilla. Era el hombre más guapo que había visto en toda mi vida.

Estaba estupefacta ante el poder de atracción que sentía hacia Landon. Me prometí a mí misma que sería una fugaz mirada y me encontré con que no podía apartar los ojos de él. Es que es un hombre impresionante.

Nuestras miradas se encontraron y durante unos segundos algo sucedió entre los dos, una química indefinible que nos sorprendió a ambos. Aparté la mirada avergonzada y sentí como toda mi sangre se subía hasta mis mejillas y supe que él había notado que me ruboricé ya que me miraba con una mirada burlona.

―Soy Landon Bloomberg ―sonrió y pude ver su perfecta hilera de dientes blancos― Bienvenida a Wellington.

A mí siempre me había gustado la voz masculina ligeramente ronca. Pero la voz de este hombre era completamente ronca y masculina, un sonido que hacia vibrar mi columna hasta los dedos de mis pies.

Que Dios me ayude. ¿En qué me eh metido? Esto no va a funcionar, no con este hombre. Aunque yo quisiera. Es demasiado atractivo y masculino como para no fijarse en él. Y yo no me fijaba en los hombres. Al menos ya no.

―Yo, yo ―tartamudeé nerviosa― Soy Anabelle Moreau, es un placer conocerlo.

Me extendió su mano y yo le estreché la mía. La sujetó y sin dejar de mirarme a los ojos le dio un suave beso en la palma de mi mano, dejándome a mi totalmente turbada. No era capaz de mirarlo a los ojos, pero tampoco de desviar mi mirada de él.

―Créame, el placer es todo mío ―me contestó.

Aquello anuló cualquier respuesta que hubiera tenido preparada. Me quede de pie, paralizada por el cosquilleo que me recorrió el brazo con el contacto de sus labios en mi mano.

―Bueno tenemos un largo día por delante, es mejor que nos vayamos ahora ―dijo él.

Asentí y lo miré esperando que caminara hasta la limusina.

―Sí, vamos ―le contesté― Espera ¿Y mi maleta?

―El chófer ya la recogió y está en la cajuela, ahora vamos.

Abrió la puerta de la limusina y yo me acerqué ahí muy nerviosa. Landon esperó a que yo entrase primero para luego entrar él y cerrar la puerta.

―Hoy iremos directo a Bloomberg Hall y mañana visitaremos a los niños.

― ¿Bloomberg Hall? ―le pregunté y es que no sabía a qué se refería.

―Te hospedaras en mi casa ¿no?

―La verdad es que ya tengo una pequeña casa en el centro alquilada...

―Mi asistente se encargara de eso, puedes quedarte en mi casa ―me interrumpió y yo no sabía que contestar, me había dejado sin palabras.

 

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