Un año sabático

Anabelle Moreau tiene todo lo que puede desear. Un trabajo como pianista, amigas que trabajan con ella y un lujoso ático. A pesar de todo hay algo que le hace falta y se resiste en probar de nuevo: enamorarse. Sin embargo ella comenzará a reconsiderarlo cuando conoce a Landon Bloomberg.

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3. Capítulo II : La carta que cambió todo

Abrí la carta que tenía en mis manos y comencé a leerla.

Querida Anabelle:

Mi nombre es Antonia y tengo catorce años.

Te escribo esta carta para mostrarte mi admiración hacia ti. Eres todo un ejemplo de logro de sueños. Has conseguido a los diecinueve años lo que muy pocas personas han logrado, y sé que no ha sido fácil. Te felicito por cumplir tus sueños.

Mi sueño es ser una pianista como tú, cuando salga del orfanato lo primero que voy a hacer es entrar a clases de piano para llegar a ser igual de famosa que tú.

Espero algún día tener el privilegio de conocerte y hasta podemos tocar juntas el piano, eso sería increíble.

Me despido de ti con un beso, espero recibir una respuesta aunque no estás obligada a responderme.

Guardé la carta en su sobre y la dejé sobre la mesita.

Me da lástima que esa niña viva en un orfanato, porque mientras tanto ella no puede aprender a tocar el piano y se nota que le gusta. Tal vez ir a Nueva Zelanda no sea una mala idea, podría visitar a Antonia y quedarme un tiempo allá y darme un descanso de mi carrera.

Aunque no entiendo como esta carta llegó hasta aquí si Gabrielle mi asistente se encarga de leer y responder este tipo de cartas. Y lo que más me extraña es como una niña de catorce años había averiguado mi dirección.

Me levanté del sofá y fui directo hasta mi habitación, cogí el teléfono inalámbrico y marqué el número de Michelle.

Después de dos toques atendió mi llamada.

―Hola Anabelle ―me saludó― ¿Hay algún problema? no acostumbras llamarme a este número para charlar.

―No, es solo que me llegó una carta de una fanática a mi ático.

― ¿Acaso Gabrielle no se encarga de ese tipo de correspondencia? ―preguntó sin interés.

―Sí y eso es lo más extraño porque toda las cartas de mis fanáticas le llegan directamente a Gabrielle, no me explico cómo consiguió mi dirección.

―Google ―respondió como si fuera lo más obvio del mundo― No olvides que eres famosa y constantemente publican cosas sobre tu vida en internet y es muy fácil saber datos sobre ti.

―Odio ese detalle de mi vida ―me quejé.

―Pero tienes que acostumbrarte Anabelle. ¿Me contaras por qué tienes tanto interés en la carta?

―Sí ―hice una pausa y continúe hablando― Una chica huérfana la escribió.

―Ohh ya veo ―dijo comprendiendo― ¿Y que decía la carta?

―Que le gustaría ser una pianista como yo cuando salga del orfanato, también dijo que le gustaría conocerme y tocar el piano conmigo.

―Sabes tengo una idea, tal vez podrías ir al orfanato y visitarla.

―Ya pensé en eso y si, voy a ir a verla.

―Excelente, ahora mismo reservo una limusina para que pase a recogerte el viernes ―dijo con entusiasmo― ¿Qué orfanato es?

Sabía que Michelle enloquecería cuando supiera que iba a ir a Nueva Zelanda, ya que ella quería que yo haga la gira por Europa.

―No creo que sea posible ―le respondí con un tono de burla en mi voz― El orfanato esta en Nueva Zelanda.

― ¡¿Qué?! ―gritó Michelle― Sabes que no puedes ir, todavía tengo esperanzas de que hagas esa gira por Europa.

―Michelle ya hablamos de esto ―comencé a exasperarme― Y dije que no voy a hacer esa gira y que quiero vacaciones. Esta es mi oportunidad de tomarme unas vacaciones y hacer algo productivo que no sea ir a tomar el sol al Caribe, o a alguna isla paradisíaca.

―Solo has esta última gira y veras el cambio que tendrá tu carrera, será mucho más estable de lo que es ahora ―insistió Michelle y yo lancé una palabrota.

―Ya decidí lo que voy a hacer ―le respondí― Me voy a tomar un año sabático, iré a Nueva Zelanda y enseñaré a los niños huérfanos a tocar el piano ―dije orgullosa.

― ¿Un año sabático? ―se burló― Eso es de adolescentes Anabelle.

―Según yo sé que no solo los adolescentes se toman años sabáticos. Y si puedo lo voy a hacer. Soy joven y tomo mis propias decisiones y he decidido que me voy a tomar un año para mí, para conocer Nueva Zelanda y para ayudar a los que me necesitan ―dije con vehemencia.

―Sabes, estoy pensando en sacarle provecho a este viaje tuyo ―dijo Michelle con recelo.

― ¿Cómo? ―le pregunté indagadora.

―Primero tengo que planearlo con tu publicista ―dijo trémula― Te llamaré luego para darte todos los detalles.

Sin dejar que le respondiera colgó el teléfono y me dejó con las palabras en la boca.

Tal vez como dijo Michelle se le podría sacar provecho a este viaje, si hicieran publicidad y todos se enteraran que estoy yendo a Nueva Zelanda a enseñar a niños huérfanos y algunas personas podrían seguir mis pasos y hacer lo mismo. Aunque eso no es correcto, pero es la única forma de convencerla de tomarme un año para viajar. Sé que no es su decisión pero es mi representante y mi mejor amiga también y no quiero tener problemas con ella, cuando lo único que quiere es lo mejor para mí.

Dejé el teléfono inalámbrico en su lugar y justo cuando me disponía a salir de mi habitación, tocaron la puerta principal.

Un poco extrañada porque no esperaba a nadie, caminé hasta la puerta, no sin antes mirar por la mirilla de la puerta y observar quien era.

No vi a nadie así que saque el pestillo de la puerta y la abrí. Mi madre se encontraba parada al fondo del pasillo por eso no logre verla por la mirilla, cuando me vio sonrió y caminó hasta mí.

―Mi cielo ―me miró con cariño y llevó una mano hasta mi mejilla― ¿Cómo estás?

―Bien mamá ―le sonreí― ¿A qué se debe tu visita?

― ¿Acaso no puedo visitar a mi hija? ―me preguntó claramente ofendida y frunciendo el ceño.

―No quise decir eso, me refiero que es extraño que me visites sin avisar.

Asintió con la cabeza y desfrunció el ceño, me hice a un lado y ella entró en el departamento.

―Solo estaba cerca de aquí, así que decidí pasar a visitarte.

― ¿Quieres sentarte? ―le pregunté, apunté hacia la sala y cerré la puerta.

Sin contestarme caminó hasta uno de los sofás y se sentó. Me di cuenta de que estaba nerviosa, eso se significaba que quería decirme algo. La seguí y me senté en el sofá que estaba en frente de ella.

― ¿Me dirás la verdadera razón por la que viniste?

Frunció su boca en una extraña mueca y evitó mi mirada mirando al suelo.

―Mamá ―la llamé con impaciencia.

―Es sobre Marie.

Escuché su nombre e inmediatamente me puse incomoda. Me erguí en mi lugar y la miré furiosa. Ella no me podía sostener la mirada.

― ¿Qué pasa con ella? ―respondí con indiferencia.

―Marie se va a casar.

― ¿Si? ―respondí fría― ¿Con quién?

―No puedo decirte, es más ni siquiera quería que tú supieras que se va a casar.

― ¿Entonces porque viniste a contármelo?

―Porque es tú hermana y tenía la esperanza de que arreglen las cosas.

―No hay nada que arreglar ―subí mi tono de voz― Ella dejó de hablarme sin ningún motivo, traté de hablar con ella pero me estuvo evadiendo, yo ya no puedo hacer nada más.

―Pero es tu hermana menor, tú como la mayor deberías hablar con ella. Si quieres puedes venir a mi casa ―tomó aire para darse valor y continuó hablando― Se está quedando conmigo hasta casarse.

Así que ahí se ha estado quedando, con razón cuando fui a su departamento Marie ya no estaba viviendo ahí. Ella siempre tuvo la costumbre de aprovecharse de la generosidad de mi madre cuando se quedaba sin trabajo y no le quedaba de otra más que pedirle dinero o como ahora vivir bajo su mismo techo. Gracias al cielo se está casando y ya no será más responsabilidad de mi madre porque más que eso es una carga pero nadie lo admite.

―Sabes mamá puedo ser la mayor, pero las dos somos adultas y su actitud conmigo no es justificable.

Mi madre se levantó del sofá y caminó hasta la puerta.

―Sabes Anabelle, yo solo trato de tener a mi familia unida, nada más. Si no quieres poner de tu parte te quedaras sola.

Abrió la puerta, me echó una última mirada antes de salir y cerrar la puerta.

Como podía echarme a mi toda la culpa, de algo que yo no provoqué. Yo amo a mi hermana y siempre la voy a amar. Pero ella decidió alejarse de mí, no puedo obligarla a nada y eso mi madre no lo entiende.

Me levanté del sofá y caminé hasta mi piano, me senté y comencé a tocar.

Me relajé instantáneamente y me dejé llevar por la melodía. Olvidé mis problemas y a todas las personas que me hacen daño, solo existíamos mi piano y yo.

***

Un día había pasado desde la llegada de la carta que cambió todo para mí. Por supuesto que le mande una respuesta a Antonia donde le prometía que nos veríamos muy pronto. Ya había hecho que Gabrielle averigüe de que ciudad y de que orfanato había sido enviada la carta.

Por su parte Michelle se había encargado de buscar fundaciones de caridad que ayudan a los huérfanos en Wellington, la ciudad donde vive Antonia, para que yo me uniese.

Encontró una donde ayudan a todos los orfanatos del país, incluyendo el de Antonia. Por lo tanto ese me pareció el más conveniente.

Caminé por mi cuarto con Gabrielle caminando atrás mío.

―Gabrielle necesito que reserves un pasaje para Nueva Zelanda, en el primer vuelo que haya para hoy.

Gabrielle lo anotó en su libreta, junto a todo lo que le había pedido anteriormente, tenía que organizar todo lo más rápido posible porque esperaba irme hoy mismo a Nueva Zelanda. Quería escapar de mi vida cuanto antes mejor.

― ¿Algo más?

―Reserva una limusina para que venga a recogerme para ir al aeropuerto, también necesito que le digas a Rosa que ya no tiene que venir a limpiar tres veces por semana con que venga una vez a la semana está bien.

―Si no te preocupes, ahora mismo voy a hablar con ella.

―Y no te olvides de alquilarme una casa en la ciudad, no tiene que ser grande, la quiero pequeña porque viviré sola ―le recordé.

―No va a ser necesario ―me contestó Gabrielle― El presidente de la fundación el magnate Landon Bloomberg se ofreció a darte hospedaje en su casa por el tiempo que vayas a quedarte.

En el rostro de Gabrielle irradiaba felicidad y se notaba que estaba emocionada.

Parecía como si Gabrielle no supiera que a mí los hombres me eran indiferente desde que Dante me dejó. Por supuesto que no iba a aceptar esa proposición, quien sabe si ese hombre tiene otras intenciones.

―Pues dile que no gracias ―respondí fría y ni me inmuté para mirarla.

No quería pensar en ningún hombre después de lo que pasó con Dante. No estaba loca para convivir por un año con un hombre que nunca en mi vida había visto y que de seguro es un mujeriego.

 

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