El Justiciero.

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  • Publicado: 30 sep 2014
  • Actualizado: 30 sep 2014
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El justiciero esta listo para cobrar una nueva victima, un nuevo pedido, un nuevo juicio. Pero algo le dice que esta vez es diferente, que algo malo va a pasar. Mientras que Benjamin espera sentado en el sotano, el Juez comienza a afilar su enorme cuchillo, listo para la acción. Esta no es una novela, es unicamente un cuento de aproximadamente 10 paginas. Disfruten y den comentarios.

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2. Secretos sin revelar, muertes innecesarias.

Benjamín no sentía nada más que miedo. No tenía enojo, ni odio, ni rencor, ni remordimiento, solo miedo; Miedo no a morir, sino a las historias que sus padres le contaban de niño: Sobre Dios, el demonio, ángeles, el cielo y el infierno. Tenía miedo a que el Infierno fuera peor, o incluso, si llega a ser mejor.

-¿Sientes culpa por algo más?

"Si, por mi familia,"-pensó.- "Por Javier (mi amigo), por mi esposa, por mi hija, por las veces que he llegado borracho, por las veces que me maltrataban y no hice nada, por las veces en que me insultaron, me escupieron en la cara, que me dejaron moretes, y nunca me defendí, de las veces que he tenido que dar mordidas para mejorar mi situación, de las veces que he robado...”

-Realmente no entiendo para que sigues haciendo esto. Ya dame por muerto. ¡Yo lo quiero y tú terminarías con tu trabajo rápidamente!

-¿y?

-¿Como que "y"? ¡Acabarías rápido con todo esto!- Ya estaba rendido. No había forma de sobrevivir a esta experiencia. No podía recordar nada bueno en su vida, y la tensión de intentar saber que pensaba el Justiciero sobre él era demasiada. ¿Lo mataría? “Seguro que si” pensó.

-¿Pero y si hay algo que no te has dado cuenta, algo que quizá cambie las cosas para bien, y te deje vivo? ¿Qué te de esperanzas? ¿Algo que te mantenga con vida?

-¡No hay nada! ¡Ya no hay forma de que me salve!

El juez no dijo ni una palabra. Se quedó parado frente al acusado

-¿Por qué haces esto? ¿Disfrutas tu tiempo ajusticiando gente?

-Sí, pero no es por eso.

El Juez suspiró, y después de 30 interminables segundos para Ben, el Justiciero decidió hablar.

-Hace unos años, comenzaba a trabajar como asesino. Me pagaban para matar a ciertas personas, y después del día C era un trabajo muy pedido. Ganaba dinero a montones, y solo tenía que apretar un gatillo. Pero un 29 de Junio me pidieron que matara a un hombre; blanco fácil: sombrero, ropa amarilla, barba. Nadie viste así. Un par de horas después, ya andaba yo en la cima de un edificio, apuntando directamente a la cara del pobre hombre. Cuando disparé el gatillo, el culatazo intentó empujarme, y el ruido llego en abundancia a mis oídos. Por lo que pude apreciar, fue un tiro perfecto. La bala atravesó el cráneo justamente por en medio de los ojos. Al día siguiente, leí en las noticias mi asesinato anterior, pero me encontré con algo peor.

Benjamín lo miró fijamente.

-Supuestamente se encontró a un asesino en el mismo edificio donde yo estaba, y unos días después fue ejecutado por la orden de un líder narco. Desde que empezaron a gobernar aquí no hay forma de juzgar a nadie correctamente, solo yo. Y por eso, quiero hacer bien mi trabajo.

<Ahora… ¿Te tengo que repetir la pregunta?

Benjamín se quedó atónito, mirándolo con la boca abierta y sin poder decir ni una palabra.

-No… no tienes que…

Benjamín comenzó a pensar que lo podría sacar de la situación. Pasaron 10 minutos de silencio, y Benjamín no encontró salida alguna.

-Yo maté a mis padres.

Benjamín miró al juez, observó cómo sus ojos, abiertos como platos, estaban fijos en el… esos ojos marrones… tan conocidos…

-¿Qué dices?...

-Dije que yo los maté. Yo… es mi culpa… que murieran.

El juzgador, si bien andaba sorprendido, calculó sus palabras y posibilidades.

-¿Por qué dices que es tu culpa? ¿Podrías relatarme lo que sucedió?

Benjamín lo miró con esos ojos pesimistas que ha tenido por los últimos 10 años, tomó un respiro hondo, lo soltó y habló.

 

 

Era el año 2009, una noche tranquila y silenciosa. Aquél chamaco pequeño seguía preguntándose donde estaba su hermano, pero era hora de dormir.

-Má… Tengo sueño…

-No te preocupes, ya vamos a dorm…

-¿Puedo dormir en el sofá? ¿O en la entrada? Para esperar a Jaime.

La madre, mantuvo el silencio por unos eternos 5 segundos, 5 segundos que tardó en salir un sollozo de su boca, se la tapó y con la otra mano buscó un pañuelo para secarse esos ojos marrones tan hermosos que tenía.

-Tu madre y yo… ¡haremos guardia! Y esperaremos a que aparezca tu hermano.- le dijo su padre.-si llega a aparecer, serás el primero en saberlo.

-Gracias.-dijo aquél triste jovencito, mientras se levantaba de la antigua silla de madera que usaba todos los días. Subió las escaleras de pino con cuidado, abrió la puerta de árbol de su habitación, y se acostó para dormir, mientras escuchaba a sus padres conversando sobre algo, tal vez la desaparición de Jaime, o quizá de su hijo, Benjamín

Ben no durmió en toda la madrugada, pensaba en Jaime, y en cuando regresaría; pero un ruido en las afueras, quizá algún madero rompiéndose, lo apartó de sus pensamientos. No perdió tiempo y corrió a la alcoba de sus padres.

-¡Mamá, papá! Hay alguien afuera, quizá en el granero…

Los dos se miraron a los ojos, y rápidamente se levantaron, se vistieron con sus batas y camisones y buscaron la escopeta que llevaban escondida en el armario.

-¡Ben! Escucha.- Su madre parecía demasiado asustada, pero sabía que tenía esperanzas de que Jaime apareciera.- Tu papá y yo vamos a salir a ver quién está afuera. Tú quédate escondido en el sótano, mientras salimos a investigar.

-Si mamá.-Las lágrimas de miedo le salían a montón y corrían por sus mejillas, temiendo por sus padres, de que lo dejen solo.

-Tienes que ser valiente. Más valiente que Max1, ¿ok? Recuerda que él puede con todos, así tienes que ser.

-¡No se vallan! Quédense conmigo.

La madre volteó a su esposo, y en ese momento pareció que sin palabras, habían tenido una conversación completa.

-Me quedaré contigo.-Dijo su madre.

Entonces, madre e hijo entraron al sótano, mientras el padre salió de la casa y se dirigió al granero. Estaban realmente asustados, mientras guardaban silencio en el húmedo y podrido sótano, lleno de herramientas y víveres. La oscuridad era realmente agobiante, atrapante y asfixiante todo a la vez.

-Mamá, papá estará bien?

-Claro que sí, tú no te preocupes.

El silencio reinó por toda la casa, tan solo los crujidos de la madera y un par de grillos escondidos salían de repente; Toda la casa en silencio total.

Y se escuchó un rechinar.

-¿Que fue…

-shhhh…-La madre parecía preocupada, al menos para Benjamín así era la situación, pero no le preocupaba su vida, sino la de su hijo. “¿Cometería suicidio si algo así pasara? ¿De qué sería capaz?” Sus pensamientos no la dejaban en paz ningún instante, mientras atentamente escuchaba el sonar de cada paso en el techo del sótano.

“Está en la cocina… No, en la sala de estar…”

Un disparo interrumpió los pensamientos de la madre. No sabía si era de ellos, quienquiera que sean, o de su esposo. Sea como sea, Benjamín hecho un grito por el tiro.

-Perdón ma…- Decía casi sollozando.-Perdón…

-No te preocupes…-Podía escuchar los pasos lentamente acercándose a la puerta del sótano, paso a paso, lentamente.- Ben, necesito que seas fuerte, escóndete en esa caja, y pase lo que pase, no hagas ruido ¿Entendido?

-Pero…

-¡Corre!

Benjamín estaba escondido en una caja de madera cuando entró el invitado inesperado con una magnum. Ben, después de esta noche, no logrará olvidar el arma, y conocerá que tipo de arma es con el tiempo.

-Hola.-Dijo sarcásticamente.- ¿Qué tengo aquí? Una hermosa jovencita dentro de un sótano, a más o menos 5 kilómetros de cualquier otro poblado, y completamente sola.

-Aléjate.

-Jojojo… ¡le gusta jugar rudo!

-¡Fuera de mi propiedad! Si no te largas de aquí, mi esposo llegará y te destrozará esa barriga que tienes.

El Gordo extraño comenzó a caminar en círculo alrededor de la madre de Benjamín, y sin dejar de verla, se empezó a acercar más y más a ella, y cuando ya estaba a una distancia considerablemente cerca de ella, le puso el arma en su cabeza y le jaló aquella castaña melena tan hermosa que tenía.

-Harás lo que yo te diga. Y uno nunca sabe cuándo el de la pistola tiene el gatillo muy sensible, ¿no lo crees?

La madre de Benjamín dejó de pelear al sentir el arma de fuego justo en su cabeza.

-Vaya… Eres lista. Escúchame bien, lo que quiero que hagas es traerme todas tus pertenencias valiosas, desde tu televisión, tus joyas y… ese anillo.

-¡NO! El anillo…-la presión que sintió en su cabeza aplicada por la magnum le selló la boca al instante.- Llévate lo demás, pero deja mi anillo. Por favor.

-Déjame pensarlo… NO.

En ese momento, un disparo de escopeta se escuchó fuera de la casa. El intruso bajó su arma de forma instantánea, dando la oportunidad a la madre de Benjamín de morder en la mano del intruso. El hombre gritó y soltó la magnum que tenía en sus manos, y velozmente la apuntó a su dueño.

Solo faltaba un poco de fuerza en su dedo para que la bala saliera disparada al extraño.

En ese momento de tensión, la madre se empezó a alejar del hombre y más a su hijo, que era público a la terrible situación.

-Ben, sal de aquí.

El asaltante parecía sorprendido al ver al pequeño mocoso detrás de los costales de harina, pero aprovechó la situación acercándose poco a poco al pequeño montón de ladrillos.

-Pero mamá…

-¡Pero nada! A mí no me pasará nada, te lo dig...- Y el ladrillo chocó con su rostro, desfigurando su hermoso ojo.

Benjamín comenzó a correr a la salida, pero era demasiado tarde. Su madre, en un intento de apuntar al bandido, le falló su puntería a falta de su ojo y la bala se dirigió directamente al tanque de gas, ese maldito tanque de gas que su padre no había cambiado desde el 86. La bala perforó fácilmente el metal oxidado y creó una chispa, una pequeña y diminuta chispa que, como el asesinato de un hombre en 1914 causó la Primera Gran Guerra, Prendió en fuego toda la casa de madera en pocos instantes.

 

 

-Mi padre murió de un tiro por parte de otro de los bandidos. Cuando vieron la explosión, huyeron, y me dejaron a mí, solo, con el rostro desfigurado y dolor por todo el cuerpo. Y desde entonces, he pensado que si no hubiera dicho a mis padres que había un intruso, mi padre no habría muerto, se hubiera quedado dormido mientras nos robaban. Quedaríamos pobres, pero vivos. Igual con mi madre, si no hubiera estado ahí en el sótano, no hubiera estado distraída mientras que el ladrillo destruía su ojo y causaba su fallo de puntería. De una forma u otra, es mi culpa sus muertes.- Una lagrima pasaba por su mejilla cuando calló.

Y el justiciero sonrió.

-No fue tu culpa.

-¿De qué hablas?...

-Tu solo hiciste lo que creías correcto, y fue una decisión, buena o mala, decisión. Y la vida está llena de ellas.

-Pero… eso no quita de que sea el culpable.

-Tal vez, pero si solo hablas de que es tu culpa, jamás aprenderás la lección que la vida te da. Y es tu responsabilidad afrontar las decisiones que tomaste, y no solo decir como tal magdalena “por mi culpa, por mi culpa”. Y en este caso nada se pudo hacer, pero hay otras donde puedes cambiar las cosas, tomar la responsabilidad de tus actos. Por ejemplo, ¿Qué hiciste cuando viste al drogadicto…

-Mike, su nombre era Mike.

-Muy bien, ¿hiciste algo cuando viste a Mike muerto con una aguja en el brazo y destornillador en el pecho? ¿Solo te quedaste sentado y no hiciste nada? ¿Te fuiste de ahí y te olvidaste de él? Si hubieras llamado a la policía, tu condena hubiera sido menor. En vez de quedarte ahí y malgastar el dinero de tu tío por tus estupideces, pudiste haberte entregado. O lo pudiste haber enterrado, ¡y no solo dejarlo ahí tirado!

-¡Basta!- Dijo Benjamín llorando.- Basta… No quiero saber más…

-Incluso ahora dejas de tomar la responsabilidad. Y la última y grande responsabilidad que no quieres afrontar: Pudiste haber llamado a un psicólogo, pedir ayuda a alguien, un consejo, en vez de llamarme a mí para que acabara con tu vida. Un suicidio, nada más que eso. Solo que en esta vez, yo sería el que jale el gatillo.

Ben ya no quiso hablar, así que el justiciero decidió tomar un descanso, subió las escaleras del sótano y cerró la puerta detrás de él, se dirigió a la cocina y encendió la cafetera.

“¿Verdaderamente le haré el favor?” pensaba, “¿Realmente lo mataré?”

Después de pensar en todo lo que Benjamín le había dicho, en las mentiras y engaños que habían convencido a Ben, y en las trágicas historias de aquel hombre, seguía sin decidir si terminar con su vida sería un peor castigo a dejarlo ir.

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