El Justiciero.

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  • Publicado: 30 sep 2014
  • Actualizado: 30 sep 2014
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El justiciero esta listo para cobrar una nueva victima, un nuevo pedido, un nuevo juicio. Pero algo le dice que esta vez es diferente, que algo malo va a pasar. Mientras que Benjamin espera sentado en el sotano, el Juez comienza a afilar su enorme cuchillo, listo para la acción. Esta no es una novela, es unicamente un cuento de aproximadamente 10 paginas. Disfruten y den comentarios.

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1. Comienza un nuevo trabajo

Llegando a casa, entró a la cocina y saco su cuchillo, gordo y un poco manchado de sangre por el ultimo ajusticiamiento.

Pero no tenía suficiente filo.

Si quería cumplir su negocio, necesitaba un cuchillo tan filoso como un sable de los antiguos Samurái, de Japón; uno que partiera huesos sin que el aire incluso se interpusiera en su camino, cortando lo que hay en su paso, desde un simple madero hasta una pluma que cae del cielo. Pero se tenía que conformar con un cuchillo de carnicero.

Miró su arma, y, a pesar de las manchas de sangré, encontró su reflejo. Las enormes ojeras eran consecuencia de todas las noches despierto, ajusticiando a sus presas. Su cara nostálgica y sus ojos llorosos ya eran parte de su propia personalidad, y su corvadura en su espalda era prácticamente permanente, y sus brazos, siempre tímidos y mostrando inseguridad, en cualquier lugar que va…

Excepto en un ajusticiamiento.

Dejó a su reflejo en paz, y se dirigió al mueble de la cocina, debajo de su lavatrastos; se agachó y abrió una puertilla, y sacó su preciada afiladora; tan hermosa… tan peligrosa… tan preciada y precisa… y tan útil. Buscó un enchufe para conectarlo y después de enchufado, lo encendió. Un sonido tan grave, pero a la vez tan especial salió de su preciosa maquina creadora de los cuchillos más filosos existentes. Al escuchar tal sonido, del triste y nostálgico rostro del justiciero nació una sonrisa, pequeña, pero una sonrisa.

El negocio de un justiciero no era muy buscado, a menos de que los asesinos falten, en tal caso, eran más que bienvenidos. Su precio, si no era barato en su totalidad, era lo justo; no tenía que salir a la calle, subir a una simple terraza y disparar a alguien con un francotirador, no, su trabajo es más complicado que eso. Primero, recibe su llamada, recibiendo 5 cosas de la presa: su nombre, su edad,  su dirección y su teléfono, tanto de celular como de su casa. Después comienza a investigar sobre el hombre que ajusticiará. Para el día siguiente, dependiendo de la edad, podrá tener información de su trabajo y su situación familiar, y por lo tanto, donde trabaja. Se secuestra al acusado y se lleva a su casa, y de ahí en adelante, comienza el juicio. Si vive solo, las líneas de su teléfono estarán cortadas y su celular bloqueado, mientras que si vive con su familia, una pequeña carta llegará a su puerta, diciendo las verdades que al justiciero se le ocurra, dependiendo de qué situación tenga. De ahí en adelante, es la parte más difícil, en el juicio, el Juez deberá escuchar a su pobre presa, quien tendrá que decir y mencionar todas las cosas malas que ha hecho, según su memoria, seguido de las cosas buenas que ha logrado. Si el acusado se niega a hablar, se tiene permiso de usar la fuerza con él, torturándolo, amputándolo, acusándolo, culpándolo, de lo que se pueda.

Al final del juicio, como cualquier otro de la antigua cámara de la justicia de la nación del pasado, se elegía si el acusado era culpable o no, o en caso de que la justicia sea comprada por el cliente (lo que era habitual), si moriría rápidamente o no.

Este caso era especial, lo presentía, sabía que había algo raro con este cliente, porque el acusado no hizo ningún tipo de fuerza en contra del secuestro. Y el hecho de que el que ordeno el juicio haya pedido la decisión por vida o muerte, más que la voz en el teléfono parecía distorsionada, no mejoraba las cosas.

Cuando su cuchillo estuvo lo suficientemente filoso, caminó a la puerta de la cocina y apagó la luz, y fue directo al sótano de su casa, donde se encontraba su presa.

Al abrir la puerta, la luz entró primero, iluminando al hombre amarrado por brazos y piernas en la silla, con un saco en su cabeza. Un doloroso chirrido salió del inmueble de la casa; y mientras el justiciero bajaba lentamente las escaleras, se escuchaba el rechinar de la madera, al mismo tiempo que las pequeñas arañas y cucarachas viviendo debajo de estos escalones se escabullían en la oscuridad.

Fue entonces que le retiró al acusado su bolsa de fibra de la cara; unos ojos marrones que lo miraban, una nariz alargada y una boca pequeña se le hicieron familiares, igual que el día que secuestró a Benjamín, el difamado hombre del cual iba a sacar todos sus crímenes.

Era de noche, las luces apagadas, incluso en la calle ya que no eran necesarias después de los toques de queda que decretó el mes pasado el gobernador de la ciudad; Benjamín estaría regresando del bar junto a uno de sus amigos, así que el juez tuvo la oportunidad de entrar a su casa y esperarlo.

Cuando Benjamín encontró su casa, a pesar de su mala visión y confusión a causa del alcohol, el auto se detuvo y el acusado salió del coche, se acercó a su hogar, abrió torpemente la puerta y la atravesó, se giró para cerrar con seguro la puerta y cayó noqueado por la botella que usó el Juez.

Aún tenía pedazos de vidrio clavados en el rostro.

-¡Despierta!-Dijo el juzgador, mientras vertía agua fría de una jarra a un vaso.-¡¡DIJE QUE DESPERTARAS!!- le lanzó el agua de la jarra, y después se tomó el agua del vaso.

-¡Ya estaba despierto!

-No, no te movías ni respondías. De cualquier forma, debía asegurarme.- El juez caminó alrededor de Benjamín, mientras que pensaba que iba a usar primero.-¿Qué tal si empezamos con Glorieta? Mi fiel cuchillo…-mostró su arma de carnicero al enjuiciado, mientras observaba con gozo el rostro de Ben.- ¿Quieres saber cómo es que la conocí? Es una historia muy divertida, verás… Hace unos 15 años, estaba trabajando en un restaurante, ya sabes de esos que no valen ni una cuarta parte de tu mesada; por cierto, en tu trabajo pagan muy bien, al menos para ser un simple secretario, ¿no? Volviendo a lo que decía, yo trabajaba ahí, era el ayudante del “chef”  si lo quieres llamar así. Ese desgraciado gordo me maltrataba todo el tiempo, me daba de látigos cuando no hacia lo que me pedía, y cierta vez, un 27 de agosto de 2019, comenzaron los revueltos en México, en el día C…

-¿Día c?

-Día catástrofe, como lo decimos en las colonias pobres. En fin. Ese día, estábamos en el restaurante preparando unas chuletas empanizadas, con unas lechugas sin desinfectar y un gargajo de moco en la salsa del cliente, cuando unos gritos comenzaron a escucharse afuera, nadie sabía que era, así que uno de los meseros se asomó afuera para ver que sucedía, pero tan pronto que asomó su cabeza, ¡BUM! Su frente estaba tan hueca como la boca de los clientes al gritar unos segundos después. Todos gritaban y huían afuera, al tiempo que los disparaban uno a uno los setas, ¿por qué? Me preguntaba en ese momento, pero lo supe unos instantes después, cuando llegaron más de 300 personas, con cadáveres de la policía empalados en varias estacas que cargaban algunas camionetas. Uno de ellos entró al restaurante y disparó hacia el cocinero, pero solo le dio en el hombro, suficiente para dejarlo en el suelo, mientras gritaba de dolor. El narcotraficante salió de ahí, no encontró ningún uso el gastar una bala para mí. Entonces estaba yo, sentado frente al hombre que tanto me maltrató durante años, y encontré el cuchillo para la carne, tirado junto al agonizante. Podría haberlo dejado ahí, a que se desangrara, pero no, no podía hacerlo, “era demasiada crueldad” me dije a mi mismo, y entonces levanté el cuchillo, yo sonriendo, de un tajo rápido, a la edad de 14 años, acabé con su vida. Sus sesos estaban regados por el suelo al igual que litros de sangre. Pero lo importante es que hasta este momento, sigo preguntándome si lo hice por el bien del hombre, o por mi propio gusto. Pero si valiera por mí, el recibió su justicia. Al igual que tú, recibirás la tuya.

Benjamín sentía en ese momento que sus ojos iban a salirse de sus cuencas, su presión arterial estaba al tope, y asustado intentó moverse, cuando el justiciero de un movimiento rápido lanzó un tajo a la mano, pero se detuvo antes de hacer alguna herida seria.

-Déjame en paz… yo no merezco esto… ¡Yo no pagué por esto!

-Todos dicen eso, Benjamín, ¿pero adivina qué? Todos, en algún momento de la vida, tenemos que pagar lo que hemos hecho…

Antes de que pudiera terminar, Ben lo detuvo.- ¡No! Es en serio, yo te pagué por esto, yo quería que alguien me dijera si mi vida valía un comino.

Estupefacto, el juez se llenó de dudas, pero la mayoría no las conocería, y mientras se preguntaba sus razones para tal acción, se volteó para buscar una silla donde sentarse.

-Al cliente lo que pida, si no quieres tortura, así será. De paso, ¿no quieres un jugo de naranja, o quizá un espagueti a la mantequilla?- dijo irónicamente.- Tal vez un coctel o quizá… ¡UN PUTO BOLETO A DISNEYLANDIA! Yo soy quien decide si te mereces morir o no. Tú me pagaste para hacer un trabajo, así que en ese caso sería mejor que terminara el trabajo sin que haya interrupciones. Si termino rápido ¡te daré una paleta! Pero de ti depende que esté envenenada o no…

Benjamín se quedó atónito, pero pese a su rabia bajó la cabeza en  forma de rendición.

-Eso quería ver. Ahora, empecemos. Cuéntame de tu vida.

-Pues, que te puedo decir, mi esposa me acaba de dejar, me abandonó con nuestro hijo, porque supuestamente la había golpeado cuando estaba borracho. Yo no lo recuerdo, no recuerdo haberla tocado ni con un solo pétalo de una rosa. Y aun así, se fue.

-A menudo la gente piensa que el alcohol es la salida hacia los problemas de todos los días. ¿Qué problemas tienes tú?

-Pues en mi trabajo soy administrador…

-Pero eso ya lo sé, también sé que el día que te volviste administrador, la mitad del dinero que tu tío te heredó desapareció misteriosamente. ¿Sabes acaso tú que le pasó a ese dinero?

-¡ESO NO TIENE NADA QUE VER! ¡FUE UN FALLO DEL BANCO!

-Un fallo del banco fue haber aceptado ese dinero para que dejaras de ser cajero. Eso se toma en cuenta. Todo tipo de corrupción se toma en cuenta…

-¿Y TU COMO SABES ESO?

-Es mi trabajo saberlo. Tú me pagaste para conocer todo sobre Benjamín.

-¿ENTONCES PORQUÉ NO ME MATAS AHORA MISMO?

-Simplemente quiero ver si me dices la verdad, lo que claramente no estás haciendo. Sé que tuviste que abandonar tu escuela, tu universidad, tu carrera de contador por una tontería que hiciste.

-Si…

-Y de ahí vino tu hijo, supongo.

-De hecho, fue en una fiesta de los compañeros, íbamos a terminar el primer semestre. Y uno de ellos metió drogas en las cervezas. La fiesta se fue al carajo, no recuerdo nada de esa noche. Al día siguiente estaba desnudo con una mujer delgada y morena, que terminó siendo mi esposa. Esa equivocación arruinó toda mi carrera.

-Pero esa no fue la primera vez que tomaste alguna droga, y saliera mal.

En ese momento, Benjamín abrió sus ojos como platos, y comenzó a tartamudear.

-N… no… esa no fue l…la pri… primera vez.

-¿Cuando fue?

-A los dieciséis años.

-No sé qué sucedió en ese día,- dijo el juez.- pero sé que después de esa noche estuviste 3 años en el tutelar de menores.

-No hice nada… fue un error…

-¿Seguro? Entonces ¿Por qué sudas tanto?

-¡Por el cuchillo!

-mmm… touché.- dijo el Juzgador, mientras que agarraba su cuchillo y lo acercó a su cuello.- Mira, sé que tienes miedo de este cuchillo, lo suficientemente filoso para cortar una mosca en dos, así que te pregunto otra vez… ¿POR QUÉ ESTAS SUDANTO TANTO?

-Porque si… hice algo…

El juez sonrió.

-Continúa…

Benjamín suspiró y comenzó su relato.

-Conocía a este tipo, el nombre era Mike. Éramos “amigos”, siempre nos juntábamos a fumar en un callejón cerca del colegio…

-¿Y cómo conseguían los cigarros?

-Él los conseguía, a mí no me culpes de nada…

-Pero aun así los conseguías, incluso si eran ilegales. Continúa, quiero saber que pasó.

-Pero ya lo sabes ¿No?

-Sí, pero quiero saberlo de ti.

-Muy bien. Nos juntábamos todas las tardes después de salir de la escuela, estábamos en primero de preparatoria. Un día él llegó con una aguja, y me ofreció drogarme con él.

-Y aceptaste…

-Sí… acepté.- Benjamín suspiró.

-¿Qué sucedió?

-Pues fue alucinante. Vi cosas rarísimas y me sentí mareado y confuso, pero me gustó. Me gustó tanto que todas las tardes dejamos de fumar para inyectarnos, no nos podíamos permitir las 2. Pero un día llegó Mike a la casa de mi tío con una droga más potente de lo normal. Yo no quería drogarme más. Aun así, el terminó convenciéndome. Después de que la aguja atravesó mi piel, mi mente se fue a otro lado, mientras que mi cuerpo se quedó en la tierra. Cuando desperté, estaba en el apartamento de Mike, pero también estaba él, con un destornillador clavado en el pecho. Escapé de ahí, solo para que la policía llegara a sospechar de su muerte. Me interrogaron y llegaron a la conclusión de que yo lo había matado, ya que mis huellas digitales estaban en el destornillador de su pecho. Me acusaron de asesinato e iban a ponerme 30 años de prisión, pero mi tío, que era muy adinerado, pagó un gran soborno para que pudiera salir antes. Me quedé en el tutelar de menores hasta los 19 años. Tres malditos cumpleaños me pasé en esa prisión. Cuando salí, ya me habían hecho todo tipo de cosas. Un día hasta tuve que recoger el jabón. Fue horrible.

-No entres en detalles.-suspiró el juez.-Se perfectamente lo que hacen en una prisión, aunque nunca he estado preso en una, uno de mis clientes me pagó por entrar a una y matar a un preso. No es bonito. Creo que tuviste suerte de que fue en el tutelar.- Caminó a una esquina del sótano, y cogió una silla vieja. La puso frente al acusado y se sentó.-Creo que tomaremos un descanso. ¿Quieres agua?

-Sí… por favor…

El justiciero se levantó y subió las escaleras. Entonces, cuando estaba en la puerta, giró su cabeza, preguntándose si debía cerrarle la puerta o no, pero siempre decidía cerrarla, y esta no era la excepción.

“Creo que va a morir” pensó mientras se preparaba una taza de agua caliente. “Este va a tener que morir, no creo que haya hecho nada bueno en su vida.”

El juicio fue difícil, y terminó engañando al acusado. El juez no conocía realmente que había dado una mordida a su gerente, solamente lo supuso, ni sabía lo que le había pasado a los 16 años. Únicamente sabía datos generales como que entró a una universidad del DF, pero salió de repente sin explicación alguna, y poco tiempo después se casó con una mujer embarazada. También sabía que había entrado al tutelar, pero nunca supo por qué. Su único mérito es el saber mentir bien. Y aun así, siempre conseguía la información que quería.

El microondas hizo un sonido agudo, avisando que su agua estaba lista. Sacó la copa y se sirvió té. Tomó un vaso de plástico y lo llenó de agua  fría, y se dirigió al sótano.

-Aquí tengo tu agua.- Le dijo a Benjamín.- disfrútala. Quedan 20 minutos.

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