El Jardin de Anabelle

Para una niña como Anabelle el dolor no existía, su máxima felicidad venia de su jardín de flores. Sin embargo algo le molestaba, y algo deseaba con mucho entusiasmo, ser reconocida por sus padres. Una simple pero hermosa rosa Amarilla cambio su forma de pensar. Una simple pero hermosa rosa Amarilla los hizo ver con claridad.

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1. Pueblo Pradera

 

''No es necesario ver para creer''

 Para mis padres, quienes no se parecen en nada a los padres de Anabelle 

 

  En el pequeño pero esplendoroso Pueblo Pradera todos eran felices, se encargaban de ejercer la agricultura o la cría de ganado, como buenos granjeros que la mayoría de ellos eran. Cada uno abastecía el gran comercio de la familia Arteaga que llegaron desde España-Barcelona; La familia Escobar era una de las que más le servía al comercio, por su gran producción en la granja, sin embargo la familia Inciarte no daba mucho por ofrecer y poco a poco sus habilidades de cosecha iban decayendo hasta quedar en la ruina, hasta podrían perder su casa junto con su granja, pero no se rendían hasta el momento de ahora. La familia la formaban Sabrina, y Marcos padres de Anabelle, la niña pequeña de 10 años.

  La niña Anabelle estaba siempre preparada a las 7:00 am para ir a la escuela, y hoy no iba a ser la excepción. Su rutina de arreglarse a sí misma estaba lista, ahora mismo bajaba corriendo por las escaleras para tomar su desayuno, los ricos huevos revueltos con pan tostado de su madre siempre le parecían una delicia. Al comer, tan rápido como pudo, espero la merienda que su madre le tenía siempre que iba a la escuela y volando desapareció por la puerta con una despedida a gritos hacia sus padres.

  Al llegar a la escuela se sentía a gusto y feliz por comenzar un nuevo día, y al mismo tiempo cansada por la situación de su familia.

  Paso la mañana deprisa y a la hora de salir de la escuela el maestro Román se acerco a ella

    -Anabelle, pequeña. Quieres que te lleve a casa hoy? -pregunto el maestro ofreciéndose amablemente.

  A la niña le pareció buena idea, esta vez no quería ir caminando a casa sola...y acepto

    -Sí, Muchas Gracias, Maestro. Pero esta vez no voy a casa, voy al comercio antes.

    -Vas a ayudar a tu padre pequeña? -Esta vez el maestro se inclino para hablar con ella.

    -Sí, mi papi regresa muy cansado cada día. Mami y yo lo estamos ayudando de tarde.

  El maestro la guió hacia su pequeño auto, un poco oxidado y sin pintura, y condujo hacia el comercio mientras hablaban sobre las tareas que la pequeña tenía que realizar de la escuela.

  Al llegar se encontraron con la madre de Anabelle quien le agradeció al Maestro por traer a la niña en su auto.

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