El Jardin de Anabelle

Para una niña como Anabelle el dolor no existía, su máxima felicidad venia de su jardín de flores. Sin embargo algo le molestaba, y algo deseaba con mucho entusiasmo, ser reconocida por sus padres. Una simple pero hermosa rosa Amarilla cambio su forma de pensar. Una simple pero hermosa rosa Amarilla los hizo ver con claridad.

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2. La rosa amarilla

Anabelle era una niña muy amable y servidora, abnegada; ayudaba a todos sin importar que, y le producía felicidad. Y en este preciso momento cargando bolsas de estiércol con esfuerzo que aunque aborrecía su olor, se sentía bien, pero ella solo pensaba en llegar a la granja para darle amor a sus rosas. Los padres de la niña nunca fueron buenos agricultores, en cambio Anabelle era todo lo contrario, lo que ella sembraba, florecía justo como ella lo deseaba. Ellos nunca le creían, decían que no lo había heredado de ellos ya que eran pésimos con la cosecha, como también le decían -Si nosotros no podemos, porque habrías de poder tu? Y esto la desanimaba pero no lo suficiente como para abandonar su jardín de flores que abarca una cuarta parte de la granja. Ese pequeño jardín era todo para la pequeña, le hablaba a las flores y las trataba con cariño, eran sus amigas más preciadas y ella se sentía feliz estando junto al jardín, cuidándolo y haciéndolo crecer cada vez más. Marcos observo a Anabelle quien sostenía una gran y pesada bolsa de estiércol, acercándose a la pequeña con una gran sonrisa de orgullo sostuvo la bolsa por ella y la deposito en el camión, detrás de el corría la pequeña juguetona con Toto su pequeño amigo fiel tratando de alcanzarlo hasta el camión. El sol a estas horas del día se volvía abrazador. Luego de una tarde maravillosa junto a sus padres en el comercio, se fueron directos y cansados a su casa. Al pisar la húmeda grama de la granja una sonrisa se dibujo en la cara de Anabelle y corriendo fue hacia su pequeño jardín con todas sus herramientas para sembrar y cultivar, y puso manos a la obra. Al terminar de sembrar nuevas semillas observo con atención su pequeño jardín y noto que una hermosa rosa florecía pero era primera vez que Anabelle se sorprendía por ver una rosa florecer y eso era porque la rosa era del color del sol. La hermosa rosa acabo de florecer frente a sus ojos tan rápido como ella podía observar. Anabelle pudo jurar que destellaba, que iluminaba la noche. -Siento que vuelvo a renacer! -se escucho una voz, procedente de la rosa. Anabelle grito sin poder creer lo que se presenciaba ante ella. -Que te pasa niña? Esto no se ve como una buena bienvenida. -dice la rosa que movía su tallo como si pudiera bailar. -Pero...pero...puedes hablar? -dijo la pequeña quien miraba a la flor sin poder disimular su gran sorpresa. -Claro que puedo! Después de todo las flores también somos consideradas seres vivos o no? -Eres muy hermosa -dijo la niña. -Ay! Pero sí que me abochornas, creo que empiezas a caerme bien -dijo la rosa. Y este fue el comienzo de una nueva amistad, los días de Anabelle se volvieron una rutina. Ir a la escuela, luego al comercio a ayudar, Ir a su jardín y hablar con la flor que era su parte favorita. Día tras día Anabelle trataba a la flor como a una persona, una parte de su mente reaccionaba poco después, dándose cuenta de que hablaba con una rosa. Le contaba todo sobre todos, sobre sus padres y la situación en la que estaban, sobre la escuela y las tareas que tenía que hacer, sobre el comercio y sobre sí misma. Un día Anabelle decidió ir a contarles a sus padres sobre la hermosa rosa amarilla que hablaba, luego se dio cuenta que fue una equivocación, sus padres no le creyeron y amablemente le dijeron que debería dejar de imaginarse cosas, que no estaba bien, la niña se sintió abatida al ver su reacción y llorando fue a encerrarse en su habitación. No insistió mas y no le conto a sus padres cuanto crecía y cuan real se sentía. La pequeña fue hacia la rosa y hablo con ella al respecto. -Pequeña, Los adultos crean historias de niños pero no las creen. Cuál es el resultado de eso? Jamás obtendrán lo que quieren con esa mentalidad. -la pequeña asintió con la cabeza entendiendo lo que quería decir. Paso el día y Anabelle ya estaba lista para ir a la escuela, bajo corriendo las escaleras para tomar el desayuno, al terminar agarro su merienda y se despidió de sus padres. -Ana, cuídate si? Siento un mal presentimiento -le dice Sabrina un poco asustada. La pequeña se despidió con una sonrisa. Anabelle apenas cruzaba la calle para llegar a la escuela y sin siquiera poder parpadear vio una luz que la hizo entrecerrar los ojos y luego todo oscureció.
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