El Jardin de Anabelle

Para una niña como Anabelle el dolor no existía, su máxima felicidad venia de su jardín de flores. Sin embargo algo le molestaba, y algo deseaba con mucho entusiasmo, ser reconocida por sus padres. Una simple pero hermosa rosa Amarilla cambio su forma de pensar. Una simple pero hermosa rosa Amarilla los hizo ver con claridad.

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3. Creer para ver

 Miles de lagrimas brotaron ese día, el día estuvo tenso, las nubes tristes y el cielo oscuro. Todo el pueblo estuvo presente en el funeral de la pequeña Anabelle, los maestros, amigos, vecinos, hasta la familia Arteaga -los dueños del comercio-, todos ellos pensaban que lo que le había pasado a Anabelle era algo terrible y abominable.

  Sabrina se posaba frente al cuerpo de la pequeña llorando desconsoladamente, mientras que Marcos sostenía sus hombros con una lágrima en la mejilla.

  Pasaron los días y nada volvió a ser lo mismo, la pequeña quien traía alegría y esperanzas al pequeño pueblo ya no estaba y sus esperanzas y alegrías se consumieron con su muerte, se encontraban en un abismo. Pero no debió de ser así.

  Al despertar una mañana, Sabrina recordó las palabras de Anabelle que nunca creyó

    -Mami! Quiero presentarles a alguien, es una rosa amarilla, es muy bonita y es mi amiga.

  Sabrina llamo a su esposo y camino con él hacia la granja en busca del pequeño jardín de Anabelle, que al darse cuenta ya no era tan pequeño. Abarcaba más de un cuarto de parte de la granja tanto que estaba abarrotado de rosas y sus colores eran tan llamativos que los podías ver a distancia. Al acercarse observaron lo maravilloso de aquel jardín, se dieron cuenta que subestimaron a la pequeña Anabelle, se dieron cuenta que no mentía, que cometieron una aberración por no haber creído en su hija. 

    -Siento mucho su pérdida -se escucho una voz, que sorprendió a los padre de Anabelle y observaron de donde provenía.

 De una hermosa rosa del color del sol, Sabrina pudo jurar que destellaba, que iluminaba la noche. Y por un momento olvidaron su sorpresa por la rosa que hablaba y le respondieron como a cualquier persona. Sabrina se puso a llorar y la rosa se movió ligeramente y comenzó a hablar.

    -Ustedes, tan solo…deben creer, para poder ver.

  Y eso fue lo último que escucharon de aquella rosa, quien pasando el tiempo cada vez crecía más y más y más.

  Todo cambio, y no fue para mal. Los padres de Anabelle, tuvieron éxito con la producción en su granja y superaron a la familia Escobar quien abdico de abastecer al comercio por su baja producción de alimentos. Conservaron el jardín de Anabelle y lo cuidaban tanto como si fuera su propia hija. La Rosa Amarilla creció tanto que lo consideraban un fenómeno de la naturaleza, tiempo después se convirtió en uno de los símbolos más importantes del pueblo que poco después creció hasta ser una gran ciudad.

  Nadie jamás olvido a la pequeña Anabelle, y mucho menos a la rosa amarilla.

  Y los padres de Anabelle jamás dejaron de creer.  

 

 

PD: ''Creer para ver'' es lo contrario de ''Ver para creer'' frase original con la que no estoy de acuerdo, por motivos religiosos o como lo quieran llamar. Y mi razón para creer en lo contrario de esa frase es: Ningún creyente, o religioso necesita ver a su ''Dios'' -ser supremo omnipotente- para poder creer en él. 

 

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