La Broma Del Siglo (Un Juego De Asesinos)

Jeff ha sido mi mejor y único amigo desde que tengo memoria. Desde pequeños cometíamos las más pesadas y ruines travesuras. Desde romper ventanas y disparar balines a los perros. Éramos la pesadilla de cualquier vecino

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2. La Broma Del Siglo (Un Juego De Asesinos) Parte Dos

 

Escuche a alguien caminar por una escalera cuesta abajo. Sus zapatos golpeaban la madera y la madera llegaba a mis oídos. Después el picaporte, la puerta abriéndose, de nuevo los zapatos golpeando la madera, pero esta vez acercándose. —Para ser una persona nada cuerda y con filias asesinas, deben admitir que tengo un oído bastante desarrollado, más que cualquier persona que presume contar con todas sus facultades mentales ¿No lo creen?—. Sus jadeos estaban frente a mí. Su cálida respiración acariciaba mi piel. Todo estaba oscuro, pero no porque las luces estuvieran apagadas, o porque la luna haya decidido ausentarse por una noche —No amigos míos— Era por otra razón. Algo estaba obstruyendo mi vista, un pedazo de tela. Lo podía sentir apretando con fuerza en mis cavidades orbitarias. Mis manos estaban atadas a mi espalda, mi boca estaba sellada con cinta —Evitando así, que pudiera decir alguna blasfemia de lo más ofensiva para cualquier madre, o inclusive para cualquier Dios— En dado caso de que mi lengua hubiera estado suelta, aquel hombre que estaba frente a mí, se hubiera llevado una desagradable sorpresa para sus delicados oídos. Ya que ofender era mi único recurso —No se puede hacer mucho estando atado a una silla—. Me encontraba en un lugar mal oliente, donde las ratas chillaban, y una gotera caía detrás de mí, caían llenando la habitación de sonido “Clac. Clac” Rugían las gotas contra el suelo.

Así que querían algo de diversión ¿No es así? —Sonó la voz frente a mí— ¡Malditos hijos de puta!

Se alejó un poco y arrastro algo, el sonido de aquel objeto raspando contra el suelo se detuvo a pocos metros.

Pues bien —Continuo— El tío Tommy tiene muchos juegos divertidos ¡Cabrones!

Camino de nuevo, ahora buscaba algo, las herramientas tintineaban, los cajones se abrían y cerraban, después se detuvo y se posó delante de mí por segunda vez. Toco mi cabeza, desato el nudo que sentía en mi coronilla, y la presión en mi cavidad orbitaria desapareció. Ahora con los ojos bien abiertos, puedo  contarles lo que podía ver; Como había sospechado, me encontraba en un sótano, las ratas corrían de un lado a otro. A mi izquierda, en una situación igual a la mía, se encontraba Jeff. Y quitándole la venda de los ojos, el viejo que hace momentos estaba chillando a causa de mis golpes y amenazas. Se preguntaran como es que llegué aquí. Pero si lo supiera amigos míos, ya se los hubiera dicho.

El viejo se sentó en una silla frente a nosotros. Y viéndolo, pensé  “Que feliz se ve la gente cuando no es la víctima” El viejo saco una moneda de su bolsillo, la sostuvo en el aire, mostrándola en todo su esplendor. Plateada y grande, gastada y con una gran historia tras de sí.

Veamos mocosos. Antes de jugar, solo puedo decir algo. —Se aclaró la voz y soltó un pequeño suspiro— Se metieron con la persona equivocada, y es que ¿En qué demonios estaban pensando? ¿eh? De todas las casa que hay por allí, tuvieron que elegir la única en donde vive el mismísimo Lucifer —Soltó una risita— Esta bien…Esta bien, no me comparare con ese cabron rabo rojo.  ¿Saben porque? —Dio una pequeña pausa esperando respuesta, la cual nunca llego— Bueno, ya que están tan callados hoy, se los diré. No me pienso comparar con él, porque yo puedo ser mucho más ruin y peligroso. Porque tengo esto —Se froto las manos— Tengo dos manos que pueden hacer mucho daño, dos manos que habitan en este mundo, el mundo en el cual vives —Me señalo— dos manos que pueden tomar esto —Se inclinó y busco algo detrás de la silla, saco un serrucho nuevo y sin oxido— Y abrirte el cráneo hasta mostrar que es lo que hay dentro de esa cabecita tuya. Mis pequeñines…Bienvenidos al mismísimo infierno.

“Si no fuera porque mis manos están atadas, y porque estoy a punto de cagarme en los pantalones del miedo, le aplaudiría eufóricamente por su gran discurso”

Les explicare las reglas del juego, Tu —Señalo a Jeff— Serás cara, y Tu —Ahora señalándome a mí— Serás Cruz. Ahora, voy a lanzar esta moneda, y si cae cara —Miro a Jeff, y le apunto con el serrucho— Te voy a cortar un maldito brazo. Y si cae Cruz —Me miro a los ojos y continuo— Ya te imaginaras que es lo que pasara ¿cierto? El que pierda todas sus extremidades, pierde el juego. Y el que pierda —Hurgó entre sus bolsillos, y saco una pistola—  Entonces se enfrentara contra mi bella revolver. ¿Entendido? Entonces comencemos.

Lanzó la moneda, pude ver como giraba en el aire, cambiando de lado; cara…cruz…cara…cruz. Mis piernas temblaban, nunca había sentido tanto miedo en mi vida, nunca había sido la víctima. El viejo la atrapo y la cubrió con su mano, ocultándola con su puño.

¿Listos? —Pregunto emocionado.

Abrió el puño y miro su interior, sus ojos se agrandaron, y sus arrugas se movieron para dar paso a una gran sonrisa. Tomo la moneda entre sus dedos y la mostro. Un cálido líquido corrió por mis temblorosas piernas. No me había orinado encima desde que era un malcriado niño de siete años. El viejo rio y se acercó a mí con el serrucho.

Tin…marin…tin…marin…de don… —Comenzó a jugar, seleccionando uno de mis dos brazos— Tin…Marin… ¡Vaya! Creo que será el izquierdo. Espero que no te duela bastante. Después de todo es la izquierda, no la extrañaras ¿Cierto?

Comenzó a hundirla en mi hombro, moviéndola de arriba hacia abajo. El hueso crujía al ser rosada con los filosos desniveles de la sierra. Subía la velocidad, y mi hueso estaba cediendo. Si no fuera porque me encontraba amordazado, los gritos que soltaría podrían ser escuchados a miles de kilómetros, incluso tuve la fantasía de que algún policía escuchara mi agonía y me salvara el pellejo. La sierra estaba ya cerca de terminar su tarea. La cinta termino cediendo y cayó, dando paso a un atronador grito, que incluso hizo que el viejo diera un salto asustado. Allí abajo, mi grito reboto por toda la habitación. Las ratas se escondieron, y el viejo me golpeo hasta que me calle.

Sera mejor que te calles de una puta vez, que ya casi termino. —Me dijo enfadado.

Lo único que podía hacer era sollozar en silencio, mientras todo mi cuerpo temblaba. No creo que el cuerpo humano este hecho para recibir tanto dolor. Mientras terminaba de cortar mi brazo, di un concierto de gritos, insultos. Escupí, llore, y pataleé, Hasta que algo cayo pesadamente al suelo. La presión se me bajo, y comencé a sentirme helado en el momento que mire hacia abajo y mi izquierda me saludaba desde el piso. Incluso me sentí más ligero. El viejo volvió a taparme la boca. Y regreso a su asiento.

No estuvo tan mal ¿Cierto? Incluso ahora luces mejor, se te ve con más estilo.

La herida emanaba un rio de sangre. Contemple un momento el charco que estaba dejando. “Mi sangre es bellísima, es más roja de lo normal, y tiene un brillo tan peculiar” Pensé. Levante la mirada. Y me di cuenta de que Jeff también miraba mi sangre, con sus ojos de depredador. “¿En que estará pensando?” me pregunte.

Segundo Round mis amigos.

Lanzo de nueva cuenta la moneda, la atrapo y la mostro. “Cara” Solté un suspiro y sentí ganas de llorar, no podía soportar más.

Vaya suerte tienes… —Dijo el viejo sorprendido— Pero que se le puede hacer, reglas son reglas.

Se acercó a mí de nueva cuenta y cortó mi brazo derecho. Esta vez el dolor no fue tan intenso. Mi cuerpo comenzó a dormirse, todo era como un sueño. Mi brazo cayó al suelo y el viejo regreso a su asiento.

Tercera ronda chicos.

Lanzo la moneda, la atrapo y rio.

Pero sin duda este no es tu día —Dijo mirándome a los ojos.

La mostró, y la moneda parecía reírse de mí. Esta vez comencé a llorar. Lloraba como un niño pequeño, recordé las veces en que miraba el rostro de mis víctimas, y sentía un inmenso placer al ver como sus lágrimas caían sobre sus cálidos cachetes, mirándome con miedo, con rabia, y con agonía. Recordé los ojos de aquel perro que tanto dolor sufrió por nuestra culpa. Si acaso no me hubiera detenido y le hubiera quitado la trampa de osos, tal vez si jamás hubiera lanzado la piedra sobre su cabeza, tal vez…quizás tal vez, hoy no me encontraría en esta situación. Pero el placer manda, y el placer siempre recompensa. Y aunque sé que hoy podría ser mi último día respirando el bello aire del planeta. No me arrepiento de haber quitado unas cuantas vidas con mis manos. Lo único que me hace sentir reconfortado, es el pensamiento de que vaya a donde vaya después de morir, seguiré haciendo daño, causando estragos y sufrimiento. Porque como ya dije, el placer siempre manda.

El viejo se acercó a mí, y yo estaba listo para recibir aquel castigo, recibir todo ese dolor. Porque aquí entre nosotros mis amigos, debo admitir que muy dentro de mí, ese dolor me agrada, me hace sentir el peso de todas las muertes que ocasione,  y de todas las que me faltan por realizar. Hundió el metal en mi rodilla y comenzó a cortarla a toda velocidad, mientras sudaba y sangraba, miraba a aquel viejo, y me sentía acogido, aunque no lo crean, sentía afecto por ese vil viejo “Sin duda eres uno de los nuestros” Pensaba. Cerré los ojos y espere a que todo terminara. Pero una voz que rápidamente reconocí llego a mis oídos.

Detente… Vamos detente… es mi turno…déjame un poco.

Gire rápidamente la mirada y logre ver como Jeff se reincorporaba de su silla. Sus brazos ya no se encontraban atados, su boca estaba libre y parlanchina, y sus ojos tan fríos como siempre. Se acercaba rápidamente.

Vamos Tío, creo que ya ha sido demasiado —Dijo Jeff.

Le metió la mano al bolsillo, y saco lo que anteriormente nos había presentado como el premio al perdedor. El viejo le dio un fuerte empujón y el arma voló por el aire, cayendo en el piso, a pocos metros.

No me interrumpas cuando estoy en algo ¡Mierda! —Dijo molesto el viejo.

Jeff se precipito a buscar el arma, se arrodillo y la cogió. El suelo estaba cubierto por mi sangre, sus rodillas se mancharon, pero no pareció importarle, de hecho estaba enjuagándose el rostro con mis líquidos vitales, se retorcía en ellos y la lamía como un pobre animal. El viejo término de cortar mi pierna, se paró y camino hacía su asiento, se le veía agotado. Con la frente llena de sudor.

Ya deja de jugar Jeff —Le dijo el viejo mirando el techo y secándose el sudor con la manga— Ahora termina lo que empezaste.

Jeff se levantó, su rostro y su camisa estaban cubiertas de sangre “Mi sangre” Se paró frente a mí. Coloco el arma en mi frente, se le veía bastante excitado, sus manos temblaban y no paraba de pasarse la lengua por los labios.

No quiero que pienses que esto es algo personal Richie — Comenzó a hablar— En verdad eres mi único amigo en el mundo, y el mejor que pude tener, juntos pasamos por muchas cosas ¿Cierto? Nos divertíamos tanto. Pero tienes que entender Richie, que estoy enfermo, y tú sabes que ya no hay mucha gente por ahí para matar. Falta demasiado para que acabe el invierno y mi estómago me está matando, No pienso, mejor dicho: No puedo esperar a que la nieve desaparezca —Sus ojos comenzaron a lagrimear, jamás lo había visto en él, jamás había visto sentimiento alguno en esos ojos— Así que por favor perdóname gran Richie, perdóname por favor. —Cerro los ojos— perdóname

Escuche el martilleo del arma, después las luces se apagaron, el telón se cerró, la gente aplaudió en mi cabeza. Y antes de dormir y dejar de existir un pensamiento corrió por mi cabeza “Te perdono Jeff, no te culpo de nada, después de todo…eres uno de los nuestros”

 

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