El Show Del Suicidio

ACTO III El hombre se levanta de su asiento, mira al publicó, comienza a llorar, sus piernas tiemblan y empieza a gritar. Una mujer entra por un costado del escenario, entrega una caja de madera al hombre y se marcha. Esté la abre, saca de ella una pistola, la coloca en su boca, comienza a rezar y finalmente dispara. El cuerpo queda tendido sobre el piso del escenario.

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1. El Show Del Suicidio

 

“El telón baja, el público se levanta de su asiento para rugir como bestias, hacen chocar sus palmas para crear un estruendoso ruido que provoca un escalofrío por toda la espalda. Miles de personas reunidas en un solo lugar para apreciar el segundo en el que una mente deja pensar, el segundo en el que un corazón deja de latir, el segundo en el que alguien deja de existir”

ACTO I

Las luces se apagaron para dejar el teatro en completa oscuridad. Durante cinco largos minutos no hubo ni un solo sonido en el lugar.

ACTO II

Un reflector se encendió para mostrar a un hombre sentado sobre una silla de madera en el centro del escenario. En su mano sostenía un espejo. Miro su pálido rostro durante tres minutos.

ACTO III

El hombre se levanta de su asiento, mira al publicó, comienza a llorar, sus piernas tiemblan y empieza a gritar. Una mujer entra por un costado del escenario, entrega una caja de madera al hombre y se marcha. Esté la abre, saca de ella una pistola, la coloca en su boca, comienza a rezar y finalmente dispara. El cuerpo queda tendido sobre el piso del escenario.

El Telón se cierra y las luces se encienden.

La gente se levantó de su asiento y aplaudió con gran euforia. Uno podía ver la felicidad en sus ojos, incluso algunos derramaban lágrimas, estaban tan conmovidos.

Lo que os acabo de relatar es nada menos que la primera de muchas obras que se llevaron a cabo en el teatro Usher. Y si en verdad se lo preguntan, nunca imagine que se convertiría en un éxito tan grande.

Todo comenzó a mis diecisiete años. Fue mi primer contacto con el mundo del teatro. El telón se abrió y quede maravillado; Un par de mujeres danzando y cantando, con un vestuario de lo más encantador, una escenografía más que decente, un grupo de niños coreando y corriendo por todos lados creando un alboroto. Al final no entendí muy bien la trama, pero quede más que encantando al ver todo eso desarrollándose frente mis ojos. Salí del teatro con un solo pensamiento en la cabeza “Convertirme en un famoso Dramaturgo”

Estudie por varios años, colabore en varias obras locales y finalmente me convertí en “Nada” A mis treinta años estaba totalmente frustrado, solo y sin dinero. Una fría noche de noviembre salí a caminar por las calles, alcoholizado después de visitar un feo y mugroso bar en el centro de la ciudad. Camine y camine hasta que me encontré frente una gran muchedumbre que susurraba y gritaba aterrada mientras unas luces de sirena inundaban toda la calle. Mire hacia arriba y vi a un hombre de algunos veinte años de edad en el sexto piso de unos departamentos. El hombre gritaba y lloraba mientras un policía y algunas personas le suplicaban que no saltara. Después de cinco aburridos minutos en los que no ocurrió nada interesante, el hombre decidió bajar de allí. Sano y salvo. El hombre había creado tanto alboroto, había logrado captar la atención de cientos de personas. ¿Qué hacía toda esa gente ahí? ¿En verdad estaban preocupados por la vida del joven? Ni uno solo conocía al joven suicida, ninguno de ellos había siquiera cruzado unas pocas palabras con él. La idea me llego a la cabeza rápidamente. Solo estaban allí por una sola razón, querían ver a un hombre morir. Querían sentir la adrenalina en el cuerpo al ver un cuerpo inerte, sin pulso y sin vida. Querían ver sangre derramada por todo el pavimento, la curiosidad de ver un cuerpo abierto y expuesto. ¿Por qué querrían ver eso? Porque el hombre es morboso, el hombre es enfermo, el hombre es mezquino y sobre todo curioso. Desafortunadamente el hombre no salto y no alimento el morbo de aquella muchedumbre. Pero yo podría…sí, claro que podría alimentarla.

Las calles estaban oscuras y olían tan mal que era difícil inhalar aire. Caminaba nervioso y miraba cada que podía a mis espaldas, no me sentía seguro, ni siquiera cargando con un arma en mis bolsillos. Las calles siempre me dieron miedo, el mundo es un lugar peligroso, y si no eres un hombre peligroso entonces pasabas automáticamente a ser la víctima, el débil, la carnada de los leones de las calles. ¿Podría yo convertirme en un hombre peligroso? Bueno, estábamos por verlo.

Finalmente me encontré con lo que estaba buscando. Un joven que aparentaba tener algunos treinta años pero que en realidad había vivido solo veinte. Se me acerco. El joven me alargo las manos y me pidió algo de dinero. Era el momento de la verdad, era el momento de convertirme en un hombre peligroso. Saque de mi bolsillo el arma y le apunte al rostro.

¿Pero que es lo que quiere? —Dijo el hombre asustado. Por favor venga conmigo. No me lastime —Comenzó a llorar— Yo solo soy un don nadie. Por esa misma razón lo necesito.

Impacte de lleno en su cara con el frio y pesado metal de mi pistola, de su ojo comenzó a emanar sangre.

No…no me lastime más por favor —Esbozo entre sollozos el sucio vagabundo. He dicho que vengas conmigo.

Coloque el cañón en su boca abierta, casi llega hasta su garganta. El olor a putrefacción era casi insoportable, ni siquiera él podría decir cuándo fue la última vez que esa boca fue cepillada. Después de varios minutos y algunos golpes más, decidió acompañarme.

Comprendí que no se puede contar con la gente en una situación de peligro ajeno. Lo comprendí mientras caminaba por entre largas cuadras apuntando con un arma a un sucio joven en la espalda y lo obligaba a seguir andando. Lo comprendí mientras introducía al joven a mi casa gritándole que dejara de lloriquear de una puta vez. Lo comprendí al ver cómo la gente miraba mis acciones con miedo en sus ojos, sin hacer algo por ayudar al joven. Mientras miraban con la boca abierta y preferían no involucrarse por miedo a salir heridos.

Amarre al joven en una silla, lo coloque en el sótano. Le cubrí la boca y me fui a dormir. Al día siguiente baje para ver cómo estaba. Sus ojos estaban hinchados por haber llorado tanto tiempo, y sus pantalones estaban empapados de orina.

Buenos días —Le dije.

El joven me respondió agitándose, y pataleando.

Solo te haré una simple pregunta. —Lo mire a los ojos— ¿Quieres salir de aquí y seguir viviendo?

Le quite la cinta de la boca.

Hijo de puta —Me escupió en el rostro, estaba furioso— ¡Déjame salir maldito hijo de puta! Bien, lo intentaremos mañana.

Volví a colocarle cinta en la boca. Tome de entre mi caja de herramientas unas grandes pinzas y le corte uno de los dedos del pie. Apague la luz y me fui.

Regrese a las tres semanas. El sótano tenía un olor insoportable. Cuando encendí la luz pude ver como las ratas corrían a buscar refugio. El joven estaba sentando entre sus heces, las ratas habían mordido todo su cuerpo, casi habían acabado con la piel de su pierna izquierda y las heridas estaban empezando a infectarse. Tape mi nariz con un trapo, no podía soportar tal peste.

Volvamos a intentar —Dije— ¿Quieres salir de aquí y seguir viviendo?

Quite la cinta de su boca.

Sí, quiero salir de aquí —Le costaba trabajo hablar, estaba tan débil. ¿Entonces quieres seguir viviendo? Sí. Respuesta equivocada.

Tape su boca y me fui. Los días corrían y de vez en cuando bajaba y le regalaba un poco de comida y agua. Volví a intentarlo después de un mes. Ahora las ratas habían llegado hasta el hueso. Se le veía tan mal. Sus ojos ya no expresaban nada, miraban la nada sin sentimiento alguno. Su piel estaba pálida y sus ojeras eran tan grandes que preocupaban. Le quite la cinta. Ni siquiera se molestó en mirarme cuando le volví a preguntar.

¿Quieres salir de aquí y seguir viviendo?

No respondió. Así que volví a preguntar, pero su boca permanecía cerrada. Tome su rostro e hice que nuestras miradas se toparan. En cuanto vi su iris totalmente inexpresiva supe que lo había logrado.

Lo prepare todo. Desempolve la agenda telefónica y comencé a hacer llamadas a las personas que podían brindarme la oportunidad de presentar mi nueva obra de teatro ante el público. “No te arrepentirás, es la mejor obra que he escrito en toda mi carrera, podría ser nuestra oportunidad de brillar” Son algunas de las cosas que les dije a aquellas personas. Finalmente cedieron e hicimos los arreglos. “—La trama es una sorpresa —Dije mil y un veces— No puedo Decírtelo.” Llego el día, bañe al joven de la silla, el cual no respondía ni hacía movimiento alguno. Cure sus heridas, o al menos lo intente y lo logre en un veinte por ciento. La verdad es que se estaba muriendo, pero todavía había tiempo para que brillara. Salí y le compre el traje de gala más bonito que encontré, lo vestí y lo lleve al teatro. Era hora del show.

“Ya les he contado como fue el primer show. Ya les he contado como reacciono el público. Pero no les he contado lo que ocurrió después”

Lo había logrado. Había logrado satisfacer el morbo de toda esa gente, y ellos estaban ahora tan complacidos. Pero comenzaron a pedir más y más. “Estaban…estaban tan hambrientos” Salí de nuevo a las calles y secuestre a más gente, a más don nadies. Repetí el mismo procedimiento. En algunos era más complicado hacerlos perder la esperanza, las ganas de vivir. Pero al final todos terminaban cediendo y entregando sus cuerpos al mundo del teatro. Pronto el show se volvió tan popular que entre el público podías ver; Policías, Diputados, gobernadores, padres de iglesia, monjas y de más. El teatro jamás había estado tan lleno en toda su historia. Incluso después de un tiempo, El show se volvió tan popular y aceptado por la sociedad, que ya no tenía que ir a secuestrar y someter don nadies. Pronto los jóvenes venían a mí, querían ser parte del show, sacrificar su vida frente a miles de personas. Todo por amor al teatro.

Pero como todo en esta vida, tiene que llegar el final. Y os he contado esto para no irme con la boca cerrada, para que todos conozcan el origen de tan popular fenómeno, para que conozcan a su creador, a la mente ingeniosa que logro satisfacer su hambre por el morbo, por la sangre, por la curiosidad. Estoy ya tan cansado, tan aburrido, e incluso tan asqueado de vivir entre ustedes. Hoy presentare mi más grande obra maestra, la última y la más esperada.

Camino por entre los pasillos. El telón se abre, la gente comienza a aplaudir, a rugir, a comportarse como lo que en realidad son “Bestias” Me paro en medio del escenario y el reflector me llena de luz. Todas las miradas están en mí. Están hambrientos, vienen por una noche más de satisfacer sus fantasías. Y no los culpo, son seres humanos. 

Bienvenidos sean todos…Al Show Del Suicidio. —La gente vuelve a enloquecer y a aplaudir al escuchar mis palabras.

Saco del bolsillo mi arma, cierro los ojos, suspiro y puedo oler la madera del piso, el olor del telón, el olor a teatro viejo. Coloco el arma en mi boca…Y jalo el gatillo.

 

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