La Nueva Peste

Abrí los ojos y me encontré frente a un hermoso paisaje, en donde la arena es blanca y el agua vasta y cristalina. Camine unos metros y me encontré con una chica en el suelo, su cabello era castaño y su piel tostada por el sol…

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1. La Nueva Peste

 

Las olas reventaban con fuerza contra las rocas, las nubes ocultaban poco a poco el sol mientras este regalaba sus últimos rayos de luz del día. La espuma rosaba nuestros pies, y la fina arena se escurría de entre sus dedos.

¿Acaso no te parece hermoso el atardecer? —Pregunto Ellen. Miraba hacía el frente totalmente perdida.

Allí estaba de nuevo, a lo lejos…la silueta amarilla.

Tyler…Tyler… ¡Tyler!  ¡¿uhm?! El atardecer… ¿No te parece hermoso? Oh…si…claro.

Comenzó a rascarse el antebrazo hasta que una mancha roja quedo imprimida en su piel.

No sé cómo es que comenzó todo…no sé cómo es que llegamos aquí. Simplemente un día desperté y me encontré frente un hermoso paisaje, en donde la arena es blanca, y el agua vasta y cristalina. La cabeza me dolía y no recordaba nada, ni siquiera mi nombre.

La encontré a pocos metros, dormía en la arena. Su cabello era castaño, y su piel un poco tostada por el sol. Despertó y me miro con curiosidad, no se espantó  ni hizo preguntas.

Tu nombre será Tyler —Dijo un día— es un bonito nombre… ¿Cuál será el mío? No lo sé Vamos tienes que pensar en uno…necesitamos nombres. En verdad no se me ocurre ninguno. Mmmm… si no piensas en ninguno entonces tendré que… Ellen —Exclame— Ellen Me gusta —Sonrío y corrió hacía el agua.

Encontramos una pequeña choza, dentro había dos camas y un armario lleno de ropa. Dormíamos, y al despertar, justo enfrente de la casa aparecían cajas llenas de comida y agua.

Así vivimos durante varios días; Despertábamos, comíamos lo que había en las cajas, caminábamos por la playa, nadábamos y dormíamos de nuevo. Ninguno de los dos pensaba en cómo es que llegamos aquí, o al menos ninguno de los dos lo menciono en voz alta. Hasta el día de hoy.

Salimos para recoger las cajas, acomodamos la mesa, llenamos nuestros platos de alimento y entonces lo solté

Ellen… ¿Alguna vez has pensado en eso? ¿Pensado en qué? —Respondió mientras llenaba su vaso de leche. Ya sabes…en eso Tyler, tienes que ser más específico. No te hagas la tonta…  —Levante la voz con violencia— ¿Alguna vez lo has pensado?

Soltó los cubiertos, se levantó de su asiento y se marchó por la puerta. La seguí y la tome en brazos. Su rostro estaba rojo y sus ojos soltaban lágrimas.

He tenido sueños —Dijo entre sollozos— Lo he visto Tyler… ¡Lo he visto! ¿Qué has visto? Tienes que decírmelo Ellen…ya no lo soporto más, estoy tan confundido. Los hombres de amarillo, los hombres de amarillo nos han hecho cosas…ellos nos han…

Sus ojos se abrieron como platos y su boca hizo un rictus de horror.

¡¿Qué hombres?! ¡¿Qué nos han hecho!? —La agite con fuerza, pero no parecía responder— ¡Ellen! ¡Ellen! ¿Qué nos han hecho? Ty…ty…ty…ler…

Gire rápidamente la mirada y…

Abrí los ojos y me encontré frente a un hermoso paisaje, en donde la arena es blanca y el agua vasta y cristalina. Una linda chica se me acerco, su cabello era castaño y su piel tostada por el sol.

Hola —Dijo— ¿Quién eres tú? No lo sé —Respondí— no puedo recordarlo. Mmmm…ni yo puedo recordar el mío… ¡Ya se! Qué tal si nos ponemos un nombre… el tuyo podría ser Mmmm… Roy. ¿Qué te parece? Me parece bien… y tu podrías ser Mmmm Helena —Dije entusiasmado.

Teníamos techo y hogar, comida y todo lo necesario. Un día despertamos y allí en nuestra habitación se encontraba un perro, color gris, con una lindas orejitas puntiagudas y una cola larga y juguetona. Helena decidió llamarlo Tyler —Es un bonito nombre— Dijo. Paseábamos los tres por la playa, recorrimos muchos kilómetros ese día, hubiéramos caminado más, de no ser porque nos encontramos con un gran muro de concreto, se extendía a lo alto y a lo largo. Regresamos a casa sin decir una sola palabra. Pero fue allí cuando ese pensamiento me invadió la cabeza “¿Cómo es que llegamos aquí?”

Un extraño olor invadía la choza, un olor pútrido e insoportable. Desperté por aquella fuerte peste y me encontré con Tyler; Yacía tirado en el suelo, su piel era de un color marrón, y todo su cabello estaba regado por todas partes. Tenía varios agujeros en su cuerpo, en los cuales podía verse en su interior una extraña masa gelatinosa color rojo, la cual palpitaba y emanaba ese horrible olor.

¡Roy! —Grito Helena aterrada.

Corrí hacía la sala para ver que sucedía. La puerta estaba abierta y en el marco de madera había tres extraños, tenían puesto un gran traje amarillo de plástico, y una mascarilla de gas en su rostro.

Al parecer ha funcionado —Dijo uno de ellos. Me debes diez grandes… —Dijo otro de ellos dándole un codazo a su compañero— Te dije que esta nueva fórmula iba a ser la correcta.

Me acerque a ellos pero retrocedieron asustados.

No dejes que te toquen esos bastardos —Grito uno aterrado.

Levantaron sus manos y me apuntaron con un arma.

Levante las manos y me seguí acercando, a mis espaldas Helena ahogaba un grito.

¿Quiénes son ustedes? —Dije— Mi nombre es Roy… ¿Puedo ayudarlos en algo? ¡Más te vale que retrocedas o disparare! ¿Alguien sabe cómo es que llegue aquí? —Continué caminando. ¡Dispárale a ese maldito hijo de puta!

Se escuchó un ensordecedor disparo, algo se clavó en mi pecho y caí al suelo, comencé a sentirme liviano y cansado, mis ojos se cerraban poco a poco.

Maldición… ven a ver esto —Grito uno, aun podía escuchar y ver un poco, mis sentidos desaparecían poco a poco— Mierda… miren como termino el perro. Dios mío es un asco.

Frente a mí, un hombre de amarillo se sentó y se quitó su mascarilla.

Vaya, sin duda contigo podremos acabar con muchos, eres el arma más letal que jamás haya creado el hombre…sigo sin poder creerlo —Dijo mirándome. ¿Cómo llegue aquí? —Dije, y con mi último esfuerzo levante mi mano para tocar su rostro.

Antes de cerrar los ojos y dormir por el cansancio que me causo aquel dardo en mi pecho, pude observar esto: El hombre que toque dio un salto y comenzó a gritar, los otros hombres de amarillo llegaron corriendo, comenzaron a gritar también, uno saco un arma de un bolsillo, esta arma se veía más pesada y amenazante. Comenzó a balbucear algunas cosas y disparo tres veces hacía el hombre que lloraba en el suelo.

Abrí los ojos y me encontré frente a un hermoso paisaje, en donde la arena es blanca y el agua vasta y cristalina. Camine unos metros y me encontré con una chica en el suelo, su cabello era castaño y su piel tostada por el sol…

 

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