Boda En Claro De Luna

La noticia llego en una carta, una elegante carta con una elegante prosa y un elegante sello. Al abrirlo y pasar la vista a través de toda la hoja, mis ojos se tornaron cristalinos y una pequeña gota proveniente de mis lagrimales mancho la esquina inferior del papel. Pero no fueron lágrimas de angustia o tristeza, si no de felicidad pura.

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1. Boda En Claro De Luna

 

La noticia llego en una carta, una elegante carta con una elegante prosa y un elegante sello. Al abrirlo y pasar la vista a través de toda la hoja, mis ojos se tornaron cristalinos y una pequeña gota proveniente de mis lagrimales mancho la esquina inferior del papel. Pero no fueron lágrimas de angustia o tristeza, si no de felicidad pura. Tome una maleta, la llene rápidamente sin darme cuenta de lo que llevaba y subí al auto para recorrer miles de kilómetros.

Siempre he amado los viajes largos en carretera. Miro por la ventanilla y me convierto en un espectador que observa y descubre el mundo a través del cristal. Mientras observo los largos postes de luz que alumbran la fría noche, mientras observo las montañas y los pájaros que corren a mi lado les contare un poco sobre mi bella Elissa

De cabello rubio, corto hasta sus hombros. De ojos grandes y coloridos, de día verdes, de noche azules. De labios delgados pero de un rojo vivo. Una nariz que se arquea un poquito hacía arriba con una finura excepcional. Y un cuerpo que podría cautivar hasta los más admirables y  sobresalientes pintores y escultores.

La encontré de casualidad sentada en el banquillo de un parque, totalmente perdida en la lectura de un libro de bolsillo que tenía en las manos. Pase la tarde completa admirándola desde el otro lado de la acera. Como ya dije, siempre me ha encantado ser el espectador que lo mira todo a través del cristal. El motor de mi auto descansaba mientras perplejo la observe hasta que el sol se metió.

La noche llego para darme hermosos sueños, sueños en los que podía imaginar y escuchar la voz de mi Elissa, sueños en los que podía acariciar su cabello, y sueños en los que podía rosar sus labios. Al amanecer me sentía completamente vació, necesitaba más, necesitaba verla, necesitaba tenerla frente mis ojos o mi estómago explotaría de ansiedad. Todos los días concurrí al mismo parque, a la misma hora, frente la misma banca, pero ella no aparecía. Pasaron los días y pasaron los meses y por fin, por fin apareció.

Una inmensa rabia me invadió, una rabia que subía como lava caliente por todo mi cuerpo, que comenzó en mis tobillos y fue ascendiendo y ascendiendo quemando todo a su paso hasta llegar a mi cabeza, y entonces explote. Regrese a casa y con mis propias manos destruí todo lo que había en mi noble morada. Los cuadros que colgaban en la pared se hicieron trizas uno por uno, las ventanas reventaron con la furia de mis puños, las paredes fueron golpeadas hasta que mis nudillos se rompieron, pero no importaba, nada de eso importaba, lo que importaba ahora era que mi bella Elissa estaba ahora con otro hombre, sentados en el banquillo, mirándose uno al otro y riendo sin parar. Necesitaba hacer algo, necesitaba hacer algo pronto antes de que mi cordura muriera juntó la imagen de mi amada.

Logré dar con su paradero. Trabajaba en una vieja tienda de discos en la que adolescentes y drogadictos iban y se abastecían con lo más nuevo de la industria musical. Eran las once de la noche cuando cerro el local y se encamino hacía el tren. Tome la misma línea que él, y pasados algunos minutos ambos bajamos y lo seguí sin que se enterara. Llegamos a un edificio de apartamentos de clase media. Tuve la grandísima suerte de que el apartamento donde vivía fuera el número dos, el cual estaba en el primer piso, las ventanas me eran accesibles. Me mantuve oculto detrás de unos arbustos hasta que todas las luces se apagaron. Me fue muy pero muy sencillo entrar, tan solo corrí la ventana  y entre. Y tan fácil como colocarle la almohada por algunos segundos con cierta presión, su corazón se detuvo después de dar un poco de pelea.

No podía dejar el cuerpo allí expuesto, tenía que llevármelo lo antes posible antes de que alguien se diera cuenta y llamara a la policía. Busque por todo el apartamento cosas que me fueran útiles, y al ver un paquete de bolsas negras rápidamente me llego la idea a la cabeza. Cogí un largo cuchillo y me di en la tarea de compactar el cuerpo. Fue más difícil de lo que creí, ya que no es fácil cortar un cuerpo con un simple cuchillo, pero no había ninguna herramienta que me facilitara el trabajo. Partir el hueso era tardado y difícil. Mis manos y mis músculos ya me dolían cuando los primeros rayos de luz comenzaron a filtrarse por las cortinas. Pero antes de que dieran las nueve, había terminado y metido todo en tan solo dos bolsas —Sin duda lo había compactado bien—  Mi ropa estaba demasiado manchada, y para que mi plan funcionase, tuve que robar algo de su guardarropa. Ropa que me quedo un poco apretada y me hacía lucir como un idiota. Pero si algún policía o algún curioso preguntara que es lo que traigo allí, diría que es mi ropa sucia, y voy en camino a la lavandería. Y así es como hice, y todo salió bien.

—Para no arruinar la sorpresa, no os diré todavía donde escondí el cadáver, mis pequeños amigos—

Pero no todo salió como lo planeé, fui de nueva cuenta todos los días al mismo parque, al mismo banquillo y mi Elissa no se encontraba allí. Mi angustia creció conforme más se prolongaba nuestro encuentro. Pasados ya algunos tres meses tuve la necesidad de rastrearla, buscar algún nombre, alguna pista, algún domicilio que me guiara a su belleza. El hombre que trabaja ahora en la tienda de discos, el cual era amigo del cadáver embolsado, me dijo que su nombre era Elissa y que ella y cadáver embolsado habían sido pareja desde hace ya bastante tiempo. Le conté que era un amigo de la infancia y que me era urgente encontrarla. Dicho esto no dudo ni un segundo y me dio su domicilio.

La casa era bonita, de un color amarillo pastel, con un jardín cuidado y una cerca bien pintada y nada gastada. Me acerque a la puerta y toque el timbre. Esperaba que la puerta se abriera y de ella saliera Elissa, mirándome con confusión y preguntándome quien era y que quería. Pero no fue así. La puerta se abrió y de ella salió un hombre de algunos cincuenta años, el cual era bastante amable.

 ¿De casualidad se encuentra Elissa? —Pregunte.

El hombre o mejor dicho el padre de mi bella Elissa, me invito a pasar, me ofreció una taza de café y me contó que su hija se había marchado hace ya dos meses, no dijo a donde, solo dijo que necesitaba aclarar su mente.

La desaparición de su novio la dejo bastante afectada —Dijo el viejo dando un sorbo a su taza.

Me despedí amablemente, y le dije que si tenía noticias de ella por favor se contactara conmigo. Le di mi domicilio y mi código postal.

Y la carta por fin había llegado hoy. Así es como conocí a mi bella Elissa, y ahora por fin voy a encontrarme de nuevo con ella. Tengo todo preparado.

Cavé y cavé hasta que golpeé la madera. La saque de ese oscuro y sucio hoyo. La vestí con el vestido blanco más bonito que pude encontrar, prepare el altar, prepare los anillos. Incluso tengo a mi lado a nuestro padrino de bodas, el señor cadáver embolsado, el cual apesta como un demonio, pero que no podía perderse este día por nada del mundo. Me vestí con mi traje de gala, me peine y eche colonia encima —Todo debía ser perfecto— La levante y le coloque el anillo de oro en el dedo anular de su mano izquierda.

Que hable hoy o que calle para siempre —Dije y mire a Cadáver embolsado— ¿No? Me lo suponía… Entonces… Puede besar a la novia. —Dije mirando al cielo, el cual era alumbrado por una enorme y bella luna.

Acerque mi rostro al suyo y nuestros labios se juntaron y se fundieron…  

 

 

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