INCUBO: Cui me incubus

Ruth Relish se ve obligada a irse a vivir a América junto a su madre. Nuevo continente,nuevo país,nueva ciudad,nuevo instituto,nuevos amigos...y nuevos intereses. Allí conocerá a Gael, un chico que es mas que misterioso y no le dejara saber todo sobre él. o quizá si...

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1. La llegada a América

Prólogo

 

―América...―suspiré mientras salía del aeropuerto.

Llevaba mis dos maletas;una en cada mano. No me hacía ninguna gracia estar en América. No podía creer que papa hubiese dejado que mama se saliese con la suya.

 

"Acababa de llegar leed instituto cuando mi padre me dio la noticia. Me pidió que me sentara en un el sillón del comedor y así hice. Al poco, llegó él junto con el teléfono fijo aun en las manos. Quizá no comprendía por qué ahora, por qué después de tanto tiempo ella preguntaba por mi.

 

A llamado tu madre―dijo fríamente.

Mi sonrisa, mi brillo en los ojos y mi voz desaparecieron por completo.

Hacía doce años que no sabía dada de ella. Ella nos abandono a mi padre y a mi cuando apenas tenía 4 años. Advirtió que se iba a América y que, una vez logrado su sueño, volvería a por mi.

¿Qué quiere?―logré preguntar.

A logrado lo que quería en América y ahora quiere que tu vayas con ella―me explicó triste. Intentaba sonreírme pero su sonrisa era amarga.

No quiero ir papa...me quedare contigo―dije segura. No vivíamos como reyes pero no quería ir con mi madre. No podía creer que me abandonara cuando yo tenía 4 años...

Ruth, mi vida, en breve deberás elegir una universidad y con lo que cobro no podré pagártela―dijo mirando el suelo.

Papa...me da igual, trabajare después del instituto―dije poniéndome en pie y acercándome a él.

Mi padre me miro entristecido. No quería dejarme marchar y yo no le ayudaba en estos momentos para que fuese mas fácil. Pero, simplemente no me quería separar de él.

Por favor, querida, no lo pongas mas difícil.―me acarició la cabeza en un intento de consolarme. "

 

Quien diría que ese viaje sería lo mejor y lo peor que me ocurrió en mi vida...

 

 

 

 

Chapter 1

 

 

 

 

 

 

Esperaba en la cafetería en la que mi madre me había pedido que le esperase cuando llegase del aeropuerto.

Era un lugar pequeño, con poca gente dentro y aquello me agradaba, era tranquilo, silencioso y tenía paz allí. Era extraño, no esperaba tener paz en un lugar como ese. América no parecía nada tranquila,aunque en realidad, no sabía nada sobre América...

 

Esperé durante una hora a que la que se hacía llamar mi madre llegara, pero, no aparecía. Mire el reloj de mi móvil cansada. Morgan, el nombre de mi madre, tenía suerte de que yo no tuviese el suficiente dinero para compran un billete e irme de allí en ese preciso instante porque si no seguro lo hubiese hecho.

 

Vi entrar por la puerta a una mujer de pelo castaño que aparentaba unos 25 años de edad. Flaca, alta, de ojos oscuros. No había duda, era ella.

Nada mas me vio fue directa hacía donde yo me encontraba con una sonrisa en su rostro. Me dio un fuerte abrazo.

―Te he echado mucho de menos―dijo sin soltarme.

Yo no le devolví el abrazo y cuando me soltó la mire fríamente. No podía creer que estuviese delante mía y me estuviese tratando como si no hubiera pasado nada.

Se sentó en la silla que se encontraba en frente mía y pidió un café descafeinado. Yo me había pedido unas tostadas, ya que eran las 7 de la mañana y tenía algo de hambre.

―Has crecido mucho―me acarició la mano izquierda, con la derecha estaba sujetando la tostada a la que le acababa de pegar un bocado.

―He crecido 12 años ni mas ni menos―respondí seca.

Trajeron el café de Morgan y ella se quedó mirándolo entristecida.

―Debía hacerlo, si me quedaba allí no cumpliría mi sueño y si en esos tiempos no podríamos haber vivido todos aquí―hizo una pausa y me miro―Juro que quería traerte conmigo, pero no podía. Veo que Julián te cuido muy bien.

La mire enfadada.

―Sí, mi padre―llamado Julián―me cuido muy bien y no me abandonó.

―Perdóname hija mía―casi le pego una bofetada cuando me llamó así. No tenía derecho a decir que yo era su hija.

―Solo dime―la interrumpí., ¿Por qué después de tanto tiempo preguntas por mi?

―Vayamos a casa, te lo explicaré todo.

 

 

 

 

En menos de media hora llegamos a una casa bastante grande. Con jardín amplio, una verja que separaba todo el territorio de la casa de al lado que tampoco estaba nada mal.

Estaba segura, nos encontrábamos en el barrio rico de toda América.

 

Mi madre me miro y me sonrió al ver mi expresión. Nunca había visto una casa tan grande con una piscina en el centro.

 

Alguien que parecía ser el mayordomo abrió la verja y hizo la reverenciaría ante mi madre. Esta pasó y me pidió que pasara. Me presentó al mayordomo que se llamaba William.

 

William nos guió hasta una sala de estar con dos sillones y un sofá, ademas de una mesa de centró en la que había unas pastas.

―Ahora cuéntame―le pedí.

―Prometí que volvería a por ti y eso hice. Ademas, quiero que tu universidad sea una de las de aquí, yo me ocupare de todo.

Me quedé mirándola pensativa, ir a una universidad en América no me importaba.

―Pero hay una condición para eso―advirtió―. Debes quedarte aquí desde ahora y terminar el instituto en uno de los de América.

Fruncí el ceño. ¿Qué pasaba entonces con papa?¿Y con mis amigas?¡Mi vida!

Mi madre no tenía derecho a quitarme mi vida que era lo que estaba haciendo ahora mismo.

No era justo, me había abandonado por 12 años y ahora quería volver como si nada hubiera pasado.

―No puedo abandonar a papa―fue lo único que llegué a decir.

Mama cogió una pasta que había en el plato sobre la mesa de centro.

―Piénsalo de esta forma―hizo una pausa―Ahora hay una gran crisis, sin ti tendrá una boca menos que alimentar, nada de caprichos, ropa, libros, materiales.

Comenzó a nombrar cosas y mas cosas.

―Bien, ya te e entendido―dije levemente molesta.

―Bien, ¿aceptas el trato o no?

 

Mire el suelo. Asentí levemente, aquí todo serían ventajas y papa podría vivir algo mas tranquilo. Ademas, él ya sabía que me iba a quedar en América.

 

Mi madre sonrió feliz y me dio un abrazo. Cogió mi mano y me llevo arrastras hasta una habitación.

Era grande, con las paredes pintadas en lila y el techo en blanco. La colcha de la cama era purpura y tenía varios almohadones sobre ella.

Había un armario blanco en frente de la cama, una ventanal en frente de la puerta que daba a un balcón. A parte había un escritorio con un portátil y una mesita a cada lado de la cama.

Mi madre entró en la habitación y abrió una puerta que estaba pegada a la pared.

―Y aquí esta tu baño propio.

Asentí comprensiva.

―Bien, William traerá tus maletas en nada.

Se fue del cuarto dejándome sola mirando todo.

 

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