ABAJO LOS HOMBRES

Victoria Harris, es una soñadora y una romántica empedernida, ha buscado el amor desde que comenzó a gustarle el género opuesto, pero lo que la vida le ha dado es todo lo contrario. Desde su primera confesión todo fue de mal en peor, conociendo pasteles y recibiendo plantones, por esto termina desechando el amor y odiando a morir a los hombres…o al menos eso pretende.
Jared Merill-Brown no tiene nada de romántico y mucho menos de soñador, de hecho con lo que nunca ha soñado—ni piensa hacerlo en un futuro— es verse babeando por una mujer para que lo dome y lo tenga como un perro tras sus faldas. Un hombre exitoso, siempre consigue lo que quiere, con cuerpazo de dios griego y sonrisa perfecta dan el resultado de un mujeriego en potencia. Hasta que literalmente se cae y con él su mundo.
La vida da muchas vueltas y encontramos el amor en el momento y de la manera más inesperada, pero ¿podrán dos tercos que no dan su brazo a torcer aceptar el amor que los golpea?

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2. Capitulo 2

 

Después del episodio del “psicópata”, pues nunca más supe de él. Ya casi son dos semanas desde ese día, no es que me haya pasado rollos, para nada…bueno un poquito, es que el tipo estaba muy bueno ¿ quién no cae con los tipos guapos, eh? Ahhh, pero esos son los peores, porque te hacen ojitos y caes altiro, no te das ni cuenta y amaneces en la cama de un motel abrazando un vacio y después pfff ni en pelea de perros lo vuelves a ver, no es como que me haya pasado…bueno en realidad sí me paso, pero una vez.

 

Nos vemos pronto, nena

Soy consciente de que era pura habladuría de un playboy calenturiento, sin embargo esas palabras aun me perseguían.

 

¡TORI!

 

La voz de Ivette me saca de mis pensamientos— ¿Tori qué te pasa? Estabas como idiota mirando la pantalla del laptop—me mira con el ceño fruncido

—No… nada, no pasa nada.

—Ya… ¿me quieres ver la cara de tonta?—pregunta haciendo una careta de lo mas ridícula.

—La verdad es que ahora la tienes, así que tengo que aprovechar.

Ivette abre tanto la boca que seguro se le desencaja, y con tal imagen yo me eche a reír— serás burra—me dice y también se une a mi risa.

En este momento estamos en el trabajo, verán, después de habernos conocidos cuando éramos asistentes de ventas en una tienda de ropas en el mall, nos propusimos juntar lo que más podíamos en dinero, pedir un préstamo y luego abrir nuestra propia tienda de ropas y he aquí que nuestro sueño se hizo realidad, Femme Glamour, aunque no es totalmente de ropa, también vendemos lencería, accesorios y cosméticos muy monos. Es la tienda más bonita de la calle, aunque eso es lo que cualquier dueña siempre dirá de su propia empresa, con un estilo victoriano, y los maniquíes vestidos con un excelente gusto, obra de Ivette, no obstante yo tenía la última palabra porque mi amiga es un poquito…ya saben, exhibicionista, aun así la ropa exclusiva con estilo más los accesorios y todo adecuadamente combinado es sin duda una atracción para las mujeres y también para los hombres, en especial la lencería. Por lo general nos turnamos para ir a trabajar, una semana ella, otra yo. Esta semana es mía y hoy, pues a Ivette le entraron ganas de venir acompañarme, según ella porque no tenía nada que hacer y estaba aburrida, según yo solo vino para sacarme información. Ese día después de la fiesta, a pesar de estar entonada, ella sí se dio cuenta de mi cambio de humor. La primera semana, intento sonsacarme información, yo no le dije nada sobre lo que ocurrió, no quería darle mucha importancia ya que hacerlo solo serviría para pasarme más rollos de los que tenia, así que le decía simplemente que estaba… pensando.

—En serio, tu andas en algo y no me lo quieres decir, que feo.

La miro y sé que no se va a dar por vencida, el que la sigue la consigue según dicen, e Ivette siempre gana…por cansancio. De todas formas me sentía pésimo no contándoselo, somos como hermanas, nos contamos todo— o “casi” todo— y nos ayudamos.

—Está bien, te lo diré— me rindo.

Mi amiga sonríe de oreja a oreja satisfecha con el logro de su campaña de continua insistencia por dos semanas. Acerca el taburete en el que se sienta y se acomoda cruzando sus piernas, me mira con los ojos expectantes y con las orejas bien paradas como dos par de antenas para captar todo, espera y yo no digo nada.

— ¿y? ya escúpelo.         

Ruedo los ojos, a veces es tan exasperante.

—Conocí a un tipo—contesto volviendo la vista al laptop.

— ¿¡Que!?...y ¿Cuándo?, ¿Cómo?, ¿Quién?…espera—se detiene y me agarra del hombro para darme la vuelta—fue en la fiesta, por eso andabas como babosa. Ahora explícame el cómo y quién es el que te hizo cambiar de opinión a los cinco minutos — dice burlándose.

—No he cambiado de opinión—señalo malhumorada—es solo que la situación fue de lo más extraña, y me dejo pensando.

—Ya cuéntame, que rogona te haces—se queja.

 

Pues ya ni modo, le cuento como paso todo, desde que llegue hasta cuando me fui, claro que omito los detalles de cómo me hacía sentir y como me lo comía con el pensamiento. Me pregunta sobre cómo es y lo describo tal cual lo recuerdo, Ivette frunce el ceño, abre la boca para decir algo, pero se lo guarda.  Me pregunta si me dijo su nombre, si lo he vuelto a ver, y le digo que no, lo que la deja aun mas extrañada. Yo ni sé de qué se extraña tanto, es un tipo guapo, narcisista y medio loco que conocí en una fiesta, no es como que me vaya a caer del cielo o aparezca en mi puerta ¿Cuál es la probabilidad de ello? NU-LA.

Después de la conversación Ivette se queda tranquila, lo que es raro porque tiende a preguntar más de la cuenta. Ordena la ropa, atiende una que otra vez, pero lo más curioso es que a veces la veo sonreír para sí misma o suelta una risilla cómplice, como cuando alguien guarda un secreto divertido. Últimamente todo el mundo anda loco pienso para mí misma.

El día pasa sin problemas, entre risas con la loca de Ivette. Las ventas son regulares, pero como damos una buena atención sabemos que volverán.

Cerramos la tienda y mientras vamos a tomar un taxi a mi compañera se le ocurre comprar pasteles y otras cosas para hacer en la cena. Me ofrezco a acompañarla, pero me propone que vaya a casa a preparar algo de arroz thai, para que cuando llegue comamos de inmediato, el estomago nos gruñía a las dos así que le hice caso. Tomo el taxi y ella se queda despidiéndose con su mano, las tienda a las que iba solo estaban a dos cuadras así que tampoco se demoraría mucho.

Ya en el edificio subo las escaleras como de costumbre. Abro mi bolso, saco las llaves y rápidamente busco la del apartamento, la pongo en la cerradura y le doy media vuelta, cuando de pronto siento que alguien se apega a mí.

—Hola nena.

Abro lo ojos tanto que parecen salirse de sus cuencas. Me doy la vuelta y ahí está…el psicópata.

— ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? ¿Cómo supiste mi dirección? ¿Me vas hacer daño? Por favor no me mates, yo no te conozco y tampoco te he hecho daño…lo de la fiesta fue una tontera, por favor…—las palabras salen de mi boca como si tuviera verborrea y no paro de decir estupideces, estoy completamente al borde del colapso.

—Oye…tranquila

— ¿Que pretendes?—agarro firme mi bolso y me lo pongo a modo de escudo.

—Oye…

El tipo acerca su mano lentamente, se dirige directo a mi pecho ¡este enfermo me va a violar!

¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO!!!!

Empujo su mano y me meto en el apartamento, agarro la puerta con fuerza y a ojos cerrados la empujo con todo el peso de mi cuerpo.

¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYYYYY!

Salto por el terrible alarido que escucho del otro lado, abro los ojos y veo sus dedos rojos entre medio de la puerta, salgo en seguida y el hombre saca su mano, chillaba y decía unas palabrotas tan fuertes que me dejaron muda.

—¿¿¿¡¡¡Estás loca!!!???— gritonea— ¡Demonios como duele!

¿Qué hago? ¿Debería llamar a la policía?, no puedo perder una oportunidad como esta o… ¿lo ayudo?

Me quedo de piedra viendo como se retuerce, hasta reparo en como parpadeaba rápido para que las lágrimas no caigan y cierra sus ojos fuertemente.

Rayos, ¿qué hice? Me empiezo a sentir pésimo, observo a todos lados buscando una ayuda imaginaria, mientras al tipo se le pone roja la cara del dolor. Escucho un taconeo familiar y echo una mirada a las escaleras, ahí venia Ivette con todas las cosas para la cena hasta que levanta la vista. Se queda perpleja ante la escena.

—¿¡Pero qué diantres!?—Ivette nos miro a los dos—Victoria ayúdalo—me ordena señalándolo con la mano.

— ¡Ivette, es un psicópata!

— ¿Qué dices?—me mira como si fuera yo la loca—Es Jared, el nuevo vecino—me dice acercándose rápidamente al hombre para auxiliarlo.

¿Vecino? ¿Cómo? ¿Cuándo?... ¡bah! pues vecino o no sigue siendo un psicópata— ¿y qué? iba a tocar uno de mis pechos.

Ivette miro al tipo con cara de “¿en serio hiciste eso?”

— ¡Nooooooooo, iba a tomar su brazo, estaba histérica!—chillo—por favor necesito hielo —gimió— siento que la mano me va a explotar.

Rápidamente entramos al departamento, Ivette deja las bolsas en la encimera y trae hielo en un paño para calmar el sufrimiento del hombre. La verdad es que sí parecía que le iba a explotar. Su mano estaba hinchada y se había vuelto roja. Hago una mueca de dolor, ahora lo compadezco.

—Hay que llevarlo al hospital. Victoria llévalo, es tu culpa que este así.

—Pero…

—vayan, cualquier cosa me llamas— me dice, luego se dirige hacia “Jared”— dudo que te hayas instalado completamente en el departamento, no te preocupes la comida va por nuestra cuenta.

—Iv…

—No me mires a mí, no fui yo la que le fracturo la mano—me recuerda lo que hice para hacerme sentir culpable y ceda.

 

Y lo consigue.

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