ABAJO LOS HOMBRES

Victoria Harris, es una soñadora y una romántica empedernida, ha buscado el amor desde que comenzó a gustarle el género opuesto, pero lo que la vida le ha dado es todo lo contrario. Desde su primera confesión todo fue de mal en peor, conociendo pasteles y recibiendo plantones, por esto termina desechando el amor y odiando a morir a los hombres…o al menos eso pretende.
Jared Merill-Brown no tiene nada de romántico y mucho menos de soñador, de hecho con lo que nunca ha soñado—ni piensa hacerlo en un futuro— es verse babeando por una mujer para que lo dome y lo tenga como un perro tras sus faldas. Un hombre exitoso, siempre consigue lo que quiere, con cuerpazo de dios griego y sonrisa perfecta dan el resultado de un mujeriego en potencia. Hasta que literalmente se cae y con él su mundo.
La vida da muchas vueltas y encontramos el amor en el momento y de la manera más inesperada, pero ¿podrán dos tercos que no dan su brazo a torcer aceptar el amor que los golpea?

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10. capitulo 10

Dios mío…está aquí. En la tienda.

 

Después de semanas de no haberlo visto. Tiene que ser justo aquí donde me lo encuentro. Y no está solo. Se me revuelve el estómago. Esta con una rubia despampanante probablemente es…Camille, la bataclana.

Seguro  que a muchas les ha pasado, y estarán de acuerdo que es una de las sensaciones más horrible que una puede sentir. Es algo de fracción de segundos, te desestabilizas, tu corazón se para en seco, se te revuelve el estómago y lo único que quieres es…huir, salir corriendo y vomitar todo el dolor que te produce la imagen.

Ellos…sonrientes, abrazándose y…por favor que no se besuqueen.

Duele. Me duele verla a ella agarrando su brazo, entregándole miradas que prometen….y el sonriendo, rozando su mano, confortándola…

 

¿Por qué?

 

Para remate, del laptop comienza a escucharse la canción soulmate de Natasha Bedingfield y llena todo el ambiente haciéndolo densamente triste, estúpida Ivette que siempre anda cambiando las canciones.

Veo que se pasean, viendo la ropa, ella acaricia los vestidos y luego fija sus ojos en el sector de lencería, van cuchicheando como… ¿enamorados? , los ojos de ella repentinamente recaen en mí, veo como, entre cosas que se dicen, se acerca y lo besa y yo en un ataque de cobardía me escondo detrás del laptop entre lo que se puede, no quiero estar aquí, quiero que se vayan. Esas horribles puntadas que siento en el corazón son aún más fuertes, me siento asqueada, traicionada… ¿por qué? Yo no lo quiero, es igual que todos o peor, frio, arrogante y, el idiota más grande del mundo que me dice las cosas como son, sin tapujos, que me ha dado el mejor sexo de mi vida y que me hace reír de la nada. ¿Qué me pasaba?

Con todo el corazón, o lo que queda de él, espero que se hayan ido. Miro por sobre el laptop y veo que Jared está tomando una braguita transparente. Enarca una ceja, ladea su cabeza y hace esa medio sonrisa que es su mejor arma. De pronto alza la vista y nuestras miradas se encuentran, el corazón me empieza a latir rápido, me entra pánico, pero no puedo correr, tengo que aguantarme. Él frunce el ceño, no tengo idea lo que cruza por su mente, abre ligeramente su boca.

—jared!

La rubia lo llama, y él se tensa de inmediato, su boca se cierra formando una línea, suelta la braguita y agacha ligeramente la cabeza, mirando de reojo a su “nueva adquisición”

—Jad, mira lo que encontré!—dice la rubia poniéndose encima el corsé lila…—ven acompáñame—lo tomo de la mano dirigiéndose a los probadores— se buenito y quédate aquí.

Jared no dice nada, se rasca el cabello y asiente. La bataclana cierra la puerta del probador y Jared se queda ahí como estatua, yo ya no tengo más fuerzas para verlo, así que me concentro en otras clientas que recientemente entraron. Miro de reojo hacia donde está él y sigue sentado como si no me hubiera visto, una señora se acerca a mí y me distrae de seguir viendo su ancha espalda. La señora me pregunta por las tallas de un vestido y se las digo, vuelvo a mirar de reojo hacia Jared, cretino.

Cuando la señora termina de cancelar el vestido, escucho a la rubia anunciar que esta lista.

 

—Jad, prepárate

 

A Jared parecía no importarle. De vez en cuando sentía que su mirada se ponía en mí, yo por otro lado mantenía mis ojos en la pantalla del laptop, haciendo parecer que estaba metida en algo importante cuando en realidad solo movía el estúpido mouse.

Su nueva adquisición sale en todo su esplendor. El corsé le queda como un guante ajustándose a sus curvas y sus pechos llenan perfectamente el modelo. Era perfecta, con su pelo rubio ondeando y cayendo hacia adelante, piernas largas y una piel blanca, parecía una muñeca. La odio.

—¿te gusta lo que ves?—dice contorneándose.

—está bien

— ¿Solo bien?— se acerca más a él hasta chocar sus pechos con el torso del muy cabron. Alza los brazos y junta sus manos entorno  al cuello de “Jad”.

—Estas genial—dice descolgándola suavemente de él.

—bien, ya verás, esta noche dirás más que “genial”—afirma. Se devuelve al probador y de nuevo regresa esa espera incomoda. Esta vez él se para, tantea una cosas, me mira de vez en cuando e intenta acercarse, pero no lo hace. Vuelve a los asientos de los probadores, esperando que salga la rubia, seguramente pensando en todas las cosas que hará en la noche, el no pierde el tiempo, solo lo pasa bien.

Cuando su novia sale viene con el corsé al mostrador y una sonrisa triunfante estampada en su cara.

—me lo llevo—dice y me entrega una de sus tantas tarjetas de crédito que puedo divisar en su billetera. Se apega al pecho de Jared.

Yo solo asiento. No puedo mirar a la cara a ninguno de ellos, al menos no por mucho tiempo, ni siquiera puedo hablar, tengo un nudo en la garganta que me aprieta cada vez más. Dejo el mugroso corsé dentro de la bolsa y se lo entrego junto con la tarjeta.

—gracias…—me sale en un ligero susurro

Ella sonríe—gracias a ti.

 

Y se van. En todos esos eternos segundos él no me miro, de hecho rehuía mirando hacia otros lados, su boca se mantenía cerrada…el silencio otorga ¿no? Unos minutos habían bastado para consumir todos mis ánimos, no quería seguir ahí, así que me dispuse a cerrar la tienda y me fui, apenas eran las seis y algo de la tarde.

Veo los taxis pasar, pero no quiero tomar ninguno, tampoco quiero llegar rápido a casa, porque si lo hago seguro Ivette comenzara con su interrogatorio y mi cabeza, ni mi corazón, están para ello. Camino y camino sin rumbo solo quiero cansarme y caer en sueño rápido. Me detengo en algunas vitrinas de tiendas mirando…la nada. Me siento horrible, como si algo me hubiera arrollado, los sonidos de la calle, las risas, la gente pasar, todo me es indiferente. Tan indiferente que no me fije que estaba cruzando una calle, si no es por el fuerte bocinazo no me habría dado cuenta que casi me atropellan. Susurre un disculpe y cruce al otro lado, mire el cielo y ya estaba oscuro, hora de tomar un taxi y volver a casa, si seguía así de seguro la próxima vez me mataban.

Tomo el primero que encuentro. Adentro esta cálido en comparación con lo fría que me siento en este momento, le digo al conductor la dirección y me arrullo en la esquina izquierda del auto mirando a través de la ventana. En la radio empieza a sonar Dancing on my own de Robyn. No es una canción que pondría en mi playlist, en realidad la letra no pega con la melodía, porque escuchándola con cuidado es penosa.

 

Somebody said you got a new friend

Does she love you better than I can?

 

¿Amarlo?...no… yo no lo amo.

 

I’m in the corner, watching you kiss her, ohh

I’m right over here, why can’t you see me, ohh

 

Literalmente estaba así…

 

I keep dancing on my own.

 

Llego a la puerta principal y la empujo suavemente. Subo las escaleras rezando por no encontrármelo o peor escuchando como de bien se lo pasan, estoy a cuatro escalones de averiguarlo. Uno…Dos…Tres…y Cuatro. No se oye nada, por lo que agradezco dentro de mí.

Entro a casa e Ivette no está, mucho mejor, me digo mentalmente. Encuentro una nota cerca del teléfono.

 

 

                                                           Tori,

Salí con Steve, no te preocupes

                                                           por mi estaré en su casa.

                                     Ivette.

 

Me dirijo a mi pieza, me descalzo con los mismos pies y me meto en la cama. Soy como un peso muerto.

Rememoro lo que paso, desde que entro hasta que se fue. La manía de a veces torturarse uno mismo con recuerdos.

¡Ya basta! si el siguió con su vida yo también tengo que hacer lo mismo

 

I keep dancing on my own.

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