Venganza Deseada

"B" es un asesino, con problemas psicológicos principalmente Trastorno bipolar y de personalidad. Pero muy en el fondo, tiene una mente brillante, es muy inteligente. Después de cometer su primer gran asesinato. B es atrapado por el detective John Gross y por la psicóloga Beatrice Lodge. El asesino tiene un odio hacia estos dos, por lo cual mientras se encuentra en un hospital psiquiátrico planea su venganza, contra sus dos captores y el hijo de la pareja que asesinó. Beatrice, John y Daniel tienen que escapar de B y su aliado inesperado.

8Me gustan
8Comentarios
1114Vistas
AA

3. EL SEGUIMIENTO

Han pasado varios días desde que el ingreso en el hospital psiquiátrico. Y la culpa me carcome desde entonces. En estas noches que han pasado, he tenido pesadillas que a mi parecer son infinitas, despierto llena de sudor con el corazón a mil por hora. Así que hoy casi una semana después decido ir a verlo. Con mi abrigo de piel, salgo de mi edificio caminando sobre la calle blanca por la nieve, recorro varias cuadras y desciendo al subterráneo.

Varios minutos después me encuentro sentada en el metro, el transporte se agita ligeramente. Voy sobre la línea Trébol, la gente está muy alegre, animada, yo me encuentro sombría en un rincón, por lo tanto nadie se percata de mi presencia hasta que desciendo en la estación 5 Norte. Camino por el largo pasillo y llego a las escaleras que suben hacia la avenida donde se encuentra el hospital psiquiátrico. Llego a la avenida en segundos, viro hacia la derecha y me acerco hacia mi objetivo. Varios montículos de nieve se encuentra en la orilla de la calle y niños se encuentran jugando con ellos, atravesándose en mi camino, no me molesta, en realidad me agrada y esbozo una sonrisa, la cual intento esconder antes de que la noten los niños, si no me pedirían que me una a ellos, lo cual no podría hacer estoy sobre el tiempo de visitas. Llego al hospital un complejo de tres pisos, color verde grisáceo. Todas las ventanas poseen protección, para evitar cualquier accidente con los pacientes. Ingreso después de varios minutos de preguntarme “¿Debería hacerlo?”.

Finalmente después de casi una hora de espera voy a ir a visitarlo, a verlo. Por una extraña razón siento que debo hacerlo, que debo hablar con él, sin importar nada. Me piden que deje mi bolsa y mi abrigo en la entrada y después camino por el pasillo, a los laterales hay puertas de las diferentes habitaciones, donde se escuchan diferentes sonidos, pero sobre todo a lo lejos se escuchan unos gritos terroríficos y despiadados. Llego al final del pasillo que parece hospital, a una puerta de doble hoja, el guardia que me está acompañando me hace un ademan de que puedo pasar e ingreso en la habitación con el policía canoso a mi espalda. Una carcajada escandalosa se escucha justamente cuando ingreso, sé que proviene del señor de mediana edad que se encuentra sentado en una silla junto a la única mesa existente en el lugar. Me doy cuenta que es “B” él cual encerré en este lugar hace días, el cual vine a buscar. A su espalda esta una ventana de techo a piso.

― ¿Cómo has estado Berni? ― recuerdo que cuando hacíamos John y yo la investigación, descubrí que su madre lo llamaba Berni, por lo tanto le hablo así para que se sienta en confianza.

― De la chingada, te confieso― dice de manera recta y esboza una sonrisa, suena muy seguro pero a la ves distante, como si el B que conocí ya hubiera sido quebrantado, pero está bien, por eso vino aquí.

― ¿Por qué? ¿Qué te ha sucedido? ― logro decir con la culpa dentro, después de una larga pausa incomoda. Tengo que dejar las cosas en claro.

― Por tu maldita culpa ¿Tu crees? ― me responde en forma sarcástica― Me consideran loco, solo porque mate algunas personas― ríe― Lo MAS CÓMICO…― levanta la voz― ES QUE MUCHA GENTE MATA PERSONAS Y NO LAS METEN EN ESTE… COMO SE DICE… ¡MANICOMIO! ―la última palabra la dice con desprecio y furia. Acerca su cara hacia mí, con los ojos inyectados en sangre y poniéndolos como platos, como si estos se salieran casi de sus cuencas. Yo me encuentro sentada del otro lado de la mesa. El policía se pone en postura de guardia, pero cuando B se alega este se vuelve a poner en su estado neutro.

― Hay que aceptar las consecuencias de nuestros actos― le respondo firme, con el corazón a mil por hora― Y la forma en que tu mataste a esas personas, tus amigos, no fue muy linda que digamos.

― Si, si, si― entorna los ojos― ¿A qué viniste exactamente? De seguro ha echarme un choro mareador― vuelve a entornarlos y suelta un pequeña risa― No quiero, gracias. ¡Vete!

― No. Solo quiero aclarar algo, yo solo hacia mi trabajo― digo calmadamente, para intentar apaciguar a B― Estas aquí por tu bien.

― Estoy harto de que me digan eso― se levanta y se abalanza hacia mí, sobre la mesa. Suelto un grito muy femenino al lastimarme la muñeca. Caigo hacia atrás con todo y silla, antes de que el me dé un remoquete, el policía dispara un dardo. Le da en el brazo a B, este cae hacia un lado y antes de que este cierre los ojos. Me hace una seña obscena con la mano derecha y con muy poca fuerza dice― Maldita.

Salgo de esa habitación, sin esperar que recojan a B. Siento un poco de odio hacia el pero a la vez la culpa no desaparece, en realidad aumenta. Antes de que salga del hospital, me encuentro una doctora que corren en dirección a la habitación donde estaba hace un rato. La detengo tomándola del brazo.

― ¿Usted es la doctora de Berni?             

― Si soy la Dra. Michelle Falk― me dice y me extiende la mano. Yo se la estrecho― ¿Y usted quién es?

― Soy una amiga de Berni, Dra. Lodge― digo― Me gustaría que me avisara, todo el resto de la estadía de Berni aquí, acerca de su progreso― tomo una tarjeta de presentación que tengo en mi bolsillo de la camisa que traigo, se la extendió. Ella la toma, la lee y segundos después asiente y nos despedimos. Por un momento me arrepiento, pero quiero darle seguimiento a su progreso.

En los siguientes días (todos), me llegaron correos o llamadas de la Dra. Falk, informándome del progreso de B. Cada vez que me hablaba se me formaba un nudo en la garganta, pero unas semanas después ya no. Fue una noche cuando recibí la noticia, el progreso de Berni. Aparentemente, los ataques de ira se esfumaron de la noche a la mañana y su actitud había mejorado. Por lo tanto si su conducta continuaba así, en una semana seria llevado a la prisión.

Pasaron los días y la fecha en que lo daban de alta, llegó.

Join MovellasFind out what all the buzz is about. Join now to start sharing your creativity and passion
Loading ...