Venganza Deseada

"B" es un asesino, con problemas psicológicos principalmente Trastorno bipolar y de personalidad. Pero muy en el fondo, tiene una mente brillante, es muy inteligente. Después de cometer su primer gran asesinato. B es atrapado por el detective John Gross y por la psicóloga Beatrice Lodge. El asesino tiene un odio hacia estos dos, por lo cual mientras se encuentra en un hospital psiquiátrico planea su venganza, contra sus dos captores y el hijo de la pareja que asesinó. Beatrice, John y Daniel tienen que escapar de B y su aliado inesperado.

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6. El DESCUBRIMIENTO

La calle empieza a iluminarse conforme paso las cuadras, voy corriendo lo más rápido que puedo, por lo tanto no tardó mucho en llegar a la calle con iluminado publico correcto. El atacante me está siguiendo y mis nervios están de punta. Vivo en un fraccionamiento grande, por lo tanto demoro en llegar afuera de este. La avenida es amplia, pero a esta hora de la noche, no hay muchos automóviles, solo los autobuses se encuentran con varias personas, así que busco uno con urgencia. Por lo tanto giro a la derecha y corro sobre la acera de la avenida. Corro cuadras, mientras me vuelvo varias veces para ver si me está siguiendo y solo veo algo lejos a una persona corriendo detrás de mí. Trae una sudadera azul, no puedo ver su rostro, es de complexión ancha. Me es conocido pero no puedo recordarlo. Corro unas cuadras más hasta el entronque con otra avenida. Del otro lado de la avenida sobre la que estoy corriendo encuentro una parada de autobús y al parecer viene uno a menos de medio kilómetro. Es mi oportunidad, mi oportunidad de sobrevivir.

Me vuelvo y noto, con dificultad, la cara de preocupación del atacante, sabe perfectamente que me voy a escapar, por lo tanto aprieta el paso y empieza a ganar ventaja. “¡Me está pisando los talones!” pienso.

Yo también aprieto el paso, cruzo la calle inmediatamente. Trato de ganarle al autobús, antes de que llegue a su parada. Cruzo el camellón decorado con flores, de un salto. Corro aún más rápido y por el sonido de las pisadas de mi contrincante sé que está a unos metros de mí. Justo cuando voy a llegar a mi pecho le dan espasmos, me empiezo a hiperventilar. Mi garganta me duele, me falta oxígeno, intento calmarme respirando despacio, sin detenerme, solo bajando un poco la velocidad. Cuando me siento mejor y las manchas negras desaparecen de mi vista, corro rápido, por fin arribo a la parada cuando el autobús está llegando.

Me subo inmediatamente, saco las pocas monedas que tengo y se las tiendo al conductor. Le digo que si puede arrancar, pero en ese momento mi atacante le hace señas de que se detenga y el conductor solo me dice:

― Perdone, pero esperare al siguiente pasajero― suelto un bufido.

Me doy la vuelta y corro hasta el final del autobús, y me escondo entre los dos últimos asientos. Por lo tanto no me logra ver cuando el sube al autobús. Desde la parte inferior de los asientos puedo ver todo, sé que mi atacante trae zapatos de correr azul. Hay otras diez personas ahí, así que no me encuentra. Después de alrededor de un minuto que el autobús se encuentra en movimiento, él se cambia al segundo asiento y comienza a buscar, no me encuentra y se queda charlando con la señora de tacones del quince. La voz de él me es conocida, por lo tanto su nombre por fin aparece en mi cabeza. Es Berni, al que encerré en el hospital psiquiátrico y por eso se trata de vengar.

Berni se cambia a la cuarta fila, cuando la señora se baja en una de las estaciones del centro. Se queda sentado un rato, después me doy cuenta que se desespera y comienza a caminar hacia el fondo del camión. Mi corazón late rápidamente, como si intentara salirse por mis costillas, por un milagro el camión se detiene por completo y se queda a oscuras. Ocasionando que Berni detenga su marcha, el chófer a lo lejos grita:

― Se le acabo la batería, permítanme tantito― después desciende el autobús. Y Berni continua caminando, con el sonido frío y metálico bajo sus pies. Sus pies no vacilan en ningún momento, pisa firme y decididamente. Uno de mis pies resbala por error y queda al descubierto en milésimas de segundo, lo regreso inmediatamente esperando que no lo haya visto, pero lamentablemente si lo vio. Aprieta el paso hacia mí, mi corazón sigue palpitando rápidamente y siento que mi vida ha terminado aquí. En este autobús, publico. Y me pregunto que aparecerá mañana en los periódicos.

“Mujer asesinada en transporte público ¿Por qué?”

Y yo misma respondo esa pregunta. Por tonta, por entrometerme en cosas que no. Y yo pensaba que estaba haciendo el bien, pero en realidad ¿Si lo estaba haciendo? No dudo un momento y susurro: Si, estaba haciendo el bien.

 

Encojo mis piernas lo más que puedo y cuando Berni está apunto de atacarme, doy con fuerza una patada hacia el frente, empujándolo hacia atrás, resbala con las escaleras y queda entre ellas y la puerta del autobús, me levanto y corro hacia afuera. Cruzo el autobús y cuando estoy a punto de bajar noto por el rabillo de mi ojo, que ya se levantó y se encuentra enfadado.

Bajo del autobús y el conductor me grita:

― ¡No espera! Ya lo he arreglado― pero no le respondo y corro hasta perderme en la masa de edificios del centro de la ciudad.

 

Lo he perdido, finalmente me libre de él. Pienso en llamar a la policía pero se perfectamente, que no funcionara. Sucederá lo mismo ira a juicio y en su traslado a la cárcel, escapara. Es lo único que le admiro a Berni, es excesivamente inteligente. La única forma de evitar que me mate, seria matándolo primero.

 

John vive cerca, unas cuadras adelante. Tendré que hablar con él, pero… ¿Me aceptara después de haberlo rechazado? Espero que sí, si no tendré que buscar otra manera de resolver mi problema. Camino cuadras, bueno en teoría me encuentro caminando rápidamente, a pesar de que ya no me siga Berni. Pero aun así me siento insegura y desprotegida así que mejor corro.

 

El edificio de John está enfrente de mí, por lo tanto me apresuro de tocar el timbre. Busco su nombre en la lista de timbres. John Gross, lo encuentro en el de hasta arriba ¿El penthouse es suyo? Mi dedo titubea un poco, pero finalmente aprieto el botón. Pasan dos minutos y no recibo ninguna respuesta. Me desespero y comienzo a apretar rápidamente, mientras las lágrimas brotan de mis ojos. Por fin se escucha algo.

― ¿Quién es?― se escucha la voz de John, de forma ronca, del otro lado del comunicador.

― Estoy en un problema― rompo en llanto― Necesito tu ayuda. Soy Beatriz.

― ¿Qué sucedió?― se escucha alarmado― No me digas, entra. Ahorita bajo por el elevador. Se escucha que el seguro de la puerta se abre y cuando estoy a punto de entrar… Alguien me toma por atrás fuertemente, me pone una tela sobre la boca y la nariz. “¿Sera Berni? ¿Acaso esto es cloroformo?” ese es mi último pensamiento antes de que todo haya oscurecido.

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