Venganza Deseada

"B" es un asesino, con problemas psicológicos principalmente Trastorno bipolar y de personalidad. Pero muy en el fondo, tiene una mente brillante, es muy inteligente. Después de cometer su primer gran asesinato. B es atrapado por el detective John Gross y por la psicóloga Beatrice Lodge. El asesino tiene un odio hacia estos dos, por lo cual mientras se encuentra en un hospital psiquiátrico planea su venganza, contra sus dos captores y el hijo de la pareja que asesinó. Beatrice, John y Daniel tienen que escapar de B y su aliado inesperado.

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5. El ATAQUE

Llego a la casa de mis padres, si, ha de sonar ridículo que yo, un adulto, graduada de la universidad siga bajo el mismo techo que mis padres. Pero me puedo justificar, diciendo que estoy a punto de comprar un apartamento. Como sea, la casa es enorme y antes de que llegue a la calle donde se encuentra me doy cuenta que el alumbrado público no funciona en este momento. La calle esta oscura y un escalofrió me recorre por la espalda, por un momento me siento incomoda en el asiento y me remuevo un poco. Llego al frente de mi casa y aprieto el botón verde del control remoto. Frente a mí el compuerta de la cochera se eleva, cuando considero que está lo suficientemente alta ingreso y finalmente apago el coche. Mi cabeza esta que duele, las cienes me palpita fuerte y constantemente, me las froto de manera suave y calmada. Me recuesto segundos y después tomo mi bolsa de mano y desciendo del automóvil. Aprieto un botón que está en una de las paredes de la cochera, sobre este está el interruptor de la luz, lo aprieto y por fin me puedo desplazar por el lugar. Busco en mi bolso las llaves y cuando por fin siento el frio metal, las extraigo del bolso con cuidado, para después insertarlas en la perilla. La puerta se abre y entro en mi casa.

La casa es fria, pero antes de que suba la temperatura, pongo seguro en la puerta de cristal principal. Cuando por fin me siento cómoda con la temperatura me quito el abrigo y los tacones y los meto en el closet de blancos. Y me pongo las pantuflas blancas, que me dieron como recuerdo, en la boda de mi hermana. Dejo la bolsa en el perchero y me dirijo directo a la cocina, sin antes haber agarrado mi teléfono celular. Checo las publicaciones en Facebook, pasándolas rápido conforme deslizo mi dedo sobre la superficie táctil. Y me encuentro con una noticia interesante “Automóvil cae de puente, con dos personas dentro y otra desaparecida”. Abro la noticia y se dirige directamente al link, mientras carga la página de internet. Entro a la alacena y saco una bolsa de palomitas, la abro y finalmente el paquete lo meto en el microondas. Pasan los dos minutos, abro el paquete, lo vació en un bowl amarillo y me dirijo al cuarto de televisión para ver una película. Pero cuando enciendo la T.V. recuerdo que el DVD está en mantenimiento y decido buscar una película en la televisión por cable. Paso los canales rápidamente, no tan rápido por lo cual puedo ver exactamente lo que está pasando. Después de varios minutos logro encontrar una película de mi agrado y comienzo a verla.

Es una película contemporánea, la cual ha tenido un gran éxito hace como cinco años, una película de un niño que descubre que sus padres eran magos, después él decide ir a la escuela de magia y hechicería Hogwarts. La que estoy viendo me parece que es la de El prisionero de Azkaban. Y en ese momento recuerdo que hace una hora me iban a enviar un correo con el progreso de Berni, busco mi celular a mí alrededor pero no lo encuentro. Después de varios minutos recuerdo que lo deje en la cocina, corro por el rápidamente y cuando llego a la isla de la cocina. Me doy cuenta que ya no está ¿Dónde lo deje entonces? Me regreso caminando al cuarto de televisión, que se encuentra en el segundo piso. Y cuando regreso mi noche cambia por completo.

El bowl de las palomitas esta tirado en el piso, la televisión no tiene señal, solo se ve la típica nieve (puntos negros y blancos). Los vellos de los brazos de me erizan, junto con los de la nuca. Las escaleras están hechas de madera, por lo tanto rechinan cuando alguien está subiendo y en este momento están rechinando. ¡Alguien viene!, no son mis padres lo sé perfectamente, ellos están de viaje por algunos días. Los rechinidos son cada vez más cercanos, corro hacia la puerta rápidamente del balcón, que se encuentra en el cuarto de televisión. La abro rápidamente y salgo hacia el balcón, el aire me pega brusco en la cara. A pesar de todo hace frio afuera y eso me atonta un poco, pero finalmente reacciono. A un metro de distancia o un poco más hay unas escaleras marinas. Paso sobre el barandal metálico y en ese momento los rechinidos de las escaleras de madera cesan. Mi corazón se acelera y cuando estoy en el borde decido brincar rápidamente.

Estoy descalza por lo tanto un pie se resbala y trastabillo hacia atrás. Pero me tomo con fuerza de las manos y bajo rápidamente. Estoy en el jardín, empiezo a buscar una manera de salir de mi casa pero para eso debo de volver a entrar. Deslizo las tres puertas de vidrio corrediza. Pero ninguna se abre, hasta que encuentro la ventana de un metro por veinticinco centímetros del cuarto de la señora de limpieza. Debajo de la ventana están los botes de basura, trepo en uno y entro por la ventana. Me cuesta entrar, por un momento mis bustos no me permiten pasar haciendo que me altere y acelere mucho. Estoy a punto de pasar, cuando me toman del pie derecho, empiezo a agitarlo fuertemente, siento como levanto levemente del piso a mi agresor y los botes de basura se caen, lo sé, lo escuche perfectamente. Por fin me suelta y logro entrar. Caigo sobre la cama y me lastimo la nariz, siento como se quiebra bajo mi cara. Gimo y cuando me levanto me comienza a doler, un dolor intenso y la nariz me palpita “Me la he quebrado” pienso, me la muevo levemente y me duele muchísimo y me doy cuenta que mi suposición es cierta. Corro hacia afuera de la habitación, llego al cuarto de lavado y se escucha como rompen uno de los cristales de la puerta corrediza.

Me quedo estupefacta al ver una sombra al fondo, me escondo rápidamente entre la lavadora y la secadora, pero antes tomo una de las bolsas de detergente que esta sobre una de las repisas. Mientras me quedo quieta, en mi escondite abro con los diente las bolsa, haciéndole un hoyo lo más grande posible. Me queda un sabor horrible, doy alrededor de dos arcadas, pero controlo mi estómago. Ahorita no puedo yo misma cometer errores que me puedan llevar a la muerte. Cuando escucho que ya está adentro del cuarto de lavado, cuento las pisadas del atacante. Y cuando ya son tres me levanto y le aviento rápidamente la bolsa de detergente en la cara, la cual no logro reconocer.

Lo empujo contra la pared y antes de salir del cuarto, cierro la puerta rápidamente, con una decisión inquebrantable. Corro a la puerta principal, giro el pomo y me doy cuenta que tiene seguro. Corro hacia el perchero y cojo mi bolsa tan fuerte que tiro todo. El perchero, los abrigos, las sombrillas y demás. Busco en mi bolsa y tomo las llaves del automóvil y las de la casa. Corro y por fin abro la puerta principal, la azoto y le pongo seguro para ganar más tiempo. Corro por la cochera rápidamente, aprieto el botón del portón y corro hacia el coche y antes de que me suba el portón se detiene apenas a treinta centímetros sobre el suelo. Desfilo rápidamente hacia el botón y vuelo a reincidir con él una y otra vez. Y me doy cuenta que mi agresor bajo la toma de corriente y ahorita no hay luz. Con la pena del mundo y con los nervios de punta me agacho y me deslizo debajo del portón, lo hago rápidamente y logro salir. Corro a la esquina más cercana y cuando estoy a punto de esconderme se escucha que rompen un vidrio y descubro que el que me atacó ya salió de mi casa. Espero en la esquina, escondida, para saber a dónde va ir mi agresor y correr hacia el sentido contrario. Cuando se levanta después deslizarse por debajo del portón, espero callada. Me sentí aliviada, al darme cuenta que camina hacia el otro lado, pero de pronto se da la vuelta, me mira fuertemente, con unos ojos penetrantes y conocidos para después correr rápidamente hacia mí. Me doy la vuelta y salgo corriendo, para poder escapar.

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